We were so young but life is a murder.

100 %
0 %
Information about We were so young but life is a murder.
Books

Published on February 17, 2014

Author: seimaramirez

Source: slideshare.net

Description

Novela wwsybliam escrita por Seima Ramírez.

We were so young but life is a murder. We were So Young But Life is a Murder 1

We were so young but life is a murder. Seima Ramírez Escrito por Seima Ramírez y publicado primeramente en http://weweresoyoungbutlifeisamurder.blogspot.com/ se puede contactar con ella a través de Twitter : (@recklessagainst) e o a través de correo electrónico: seimar@hotmail.es para cualquier duda o comentario. ara Escrito entre Junio de 2013 y Febrero de 2014. 2

We were so young but life is a murder. “A TODOS LOS QUE NECESITAN UN ANCLA.” - Seima Ramírez 3

We were so young but life is a murder. Vera Me mira de arriba abajo, sus pupilas azules me recorren el cuerpo semidesnudo, y se posan en mis piernas pálidas y llenas de viejos arañazos. Le miro, preocupada. Tengo miedo, es la primera vez que las ve. -Vera… Su voz es tímida, entrecortada. Pero al mismo tiempo y paradójicamente, resulta segura y firme, cálida. -Dios, no quiero ni pensar lo que piensas de mí. – digo, apartando la mirada de su rostro y contando los pequeños lunares de mi brazo derecho. Se acerca, cada vez más. Está a solo un paso de mi cuerpo, está dentro de mi alma. Me acaricia la cintura, mientras me da la mano. Sus dedos son suaves y fríos, como siempre. Están húmedos, le sudan, está nervioso. Me parece irreal, mítico, fantástico. -Pienso que eres preciosa. Pienso que te quiero. Voy a hablar, pero sus dedos pasan de mi cintura a mis labios, impidiendo que los abra. -Estoy enamorado de ti. De todas tus partes, tus manías, tus defectos se han transformado en cosas bonitas. Tus miradas, tus buenos días, tus besos tímidos. Estoy enamorado de tu historia, de tus cicatrices, de tus lágrimas y de tus risas. Estoy enamorado de ti, y nada en el mundo va a cambiar eso. Juntos. -Juntos. 4

We were so young but life is a murder. Repito la última palabra y siento que somos uno, que somos infinitos. Brillamos más que la luna, por fin. Vera El reflejo en el espejo deja ver como el pelo negro me cubre gran parte de la cara, y cae sobre mis clavículas descoloridas. Ojalá el pelo pudiera taparme la cara entera, seguro que estaría más guapa. Ojalá pudiera esconder mi cuerpo dentro de una mata de pelo, esconder todas las imperfecciones, todas las pequeñas venas traslucidas y todas las cicatrices. Esconderlo todo, como las pulseras esconden las marcas de guerras que he perdido, como la sonrisa fingida esconde cientos de lagrimas. La chica del espejo parece tan inocente, tan calmada. Pero si te fijas, puedes ver como su cuerpo tiembla de arriba abajo. Mi mente vuelve a estar un pleno caos. Ni siquiera sé de qué bando ponerme a favor. Mi mano derecha palpa el aire buscando algo a lo que agarrarme. Todo mi ser busca algo a lo que poder aferrarme, alguien que me diga que todo saldrá bien, alguna razón por la cual sonreír de verdad. Aún no la he encontrado, pero tengo la esperanza de hacerlo algún día. Porque si hay algo que yo no he perdido es la esperanza, aunque algunos días brille por su ausencia. Unas cuantas gotitas calientes se deslizan por mi mejilla, aterrizando en mi ombligo descubierto. 5

We were so young but life is a murder. Los ojos se desvían hacia la pequeña cajita de madera que hay frente al espejo. No quiero hacerlo, pero mi mano se rige por sí misma. Estoy perdiendo la batalla. Al abrirla, el brillo plateado de la fina cuchilla se refleja en el espejo. “Realmente es un brillo precioso” pienso. La agarro firmemente en la palma derecha, y la aprieto contra la piel de mi muñeca izquierda. No paro hasta que un hilo rojo oscuro comienza a correr, manchando la piel hasta hacerla parecer una mora madura. Sí, definitivamente he perdido. Pero sé que habrá más batallas, sé que tengo que seguir luchando. La chica del espejo aún espera ganar alguna, porque si hay algo que ella no pierde nunca, es la esperanza. Jared ¿Alguna vez habéis sentido como os ahogabais con una gota de agua? Bueno, supongo que para ahogarse del todo se necesitan unas cuantas gotas. Gotas… esas pequeñas cosas sin importancia que se van juntando dentro de ti hasta hacerte caer del peso. Pequeñas cosas que se convierten en una razón por la cual querer ahogarse de verdad. ¿Nunca os habéis sentido como si estuvierais dentro de un cuarto que se estrecha cada vez más, que casi no puedes respirar? Esa sensación tengo yo siempre que estoy en casa. 6

We were so young but life is a murder. No es que sea una casa pequeña, todo lo contrario, es tan grande que puedo perderme por habitaciones en las que nunca he estado. Ese es el problema, me queda demasiado grande para mí solo. Mi madre se pasa el día trabajando, mi padre no sé ni dónde está y ahora que no está Marcus no queda nadie en casa excepto Puchi, el pequeño caniche marrón que solo me ladra cada vez que intento acercarme. Supongo que la bolsa donde guardo todas las gotas de agua estalló cuando Marcus dejó de respirar. Vera Unas gotitas rojas se marcan en la manga beige de mi chaqueta de punto. Al verlas casi se me saltan los ojos. Un nudo enorme en la garganta viene precedido por un escalofrío helado que me recorre la columna vertebral. Bajo la mano izquierda hasta apoyarla en mis rodillas para que no quede a la vista. Mierda. Duele, pero tengo más miedo de que alguien se dé cuenta de lo que pasa que del dolor. Supongo que es lógico que no me preocupe por el dolor. El corte ha vuelto a sangrar, debo de haberme dado con la mesa o algo, tampoco era tan profundo. Nerviosa, agarro con la mano derecha la manga de la chaqueta hasta cubrir mis nudillos. Las marcas de sangre siguen ahí como si fueran cicatrices. 7

We were so young but life is a murder. Necesito agua para lavarlas de alguna forma, no puedo dejar que me vean los de mi clase o, peor aún, mi madre al volver a casa. Guardo el volumen de Looking For Alaska que he estado leyendo en la hora libre. Y salgo de la clase, pasando por los pequeños grupos de amigos que se han formado en varias zonas del aula. Sus charlas indiferentes y superficiales me dan arcadas. Cuando estoy en el baño, sola, meto la mano bajo el grifo hasta limpiar el pequeño pero sangrante corte que tengo en el antebrazo. Hago una pequeña mueca de dolor. Pero al fin y al cabo me lo merezco. La sangre adquiere un color precioso por el contraste con mi piel. Y no, no te confundas. No soy fan de la sangre, no me gusta lo sádico, es más, me da un poco de repelús ver como la sangre fluye, excepto si es de mi mismo corte, entonces me relaja de una forma que no puedo llegar a explicar. La sangre actúa como una especia de droga anestésica. Es última hora y el timbre está a punto de sonar, así que saco mi móvil del bolsillo pequeño de la mochila de cuero y conecto los auriculares, después de haberlos desenredado. Es increíble lo mucho que se enrollan estas cosas. Avanzo por el estrecho pasillo evitando golpes de codos y aguantando la respiración para poder pasar por el hueco que hay entre las taquillas. Me miran al pasar, incluso puede que alguno me hable. No les escucho. Otros simplemente hacen una mueca cuando me ven pasar a su lado. Supongo que vuelvo a tener la misma mirada perdida de siempre. Fuera llueve, pequeñas gotas que empapan antes de que puedas meterte bajo el techo de una casa. Una pena no haber traído una sudadera con capucha. 8

We were so young but life is a murder. No hay nadie esperándome fuera. Jared La voz de Cobain resuena por toda la habitación. Mi nuevo cuarto es el más pequeño de toda la casa. Lo he elegido precisamente por eso, y nada más instalarme llené todos los huecos de pared beige visibles con posters. Cómo odio el color beige… Desde la cama subo el volumen de la música con el mando a distancia del pequeño reproductor. Esa es una ventaja de estar solo en casa. El pequeño choque casi me pasa desapercibido por el volumen de la música, pero me doy cuenta de que lo que he oído ha sido real cuando un maullido suena incluso más alto que los acordes de guitarra eléctrica. Me levanto de la cama de un salto, igual algún gato ha entrado en la casa y se ha asustado al ver a Puchi. Me dirijo hacia la puerta abierta, con la decisión de ir hasta el cuarto de los aperos que hay junto a la entrada de la casa y donde normalmente descansa Puchi. Pero me detengo justo antes de cruzar el umbral. Otro maullido. El sonido viene desde el otro lado de mi posición. El patio trasero. Parece imposible que un gato pueda trepar por todo el seto que asedia el jardín, pero cuando me asomo por la gran puerta acristalada allí está. 9

We were so young but life is a murder. Un precioso gato marrón y blanco, sin raza específica. Lleva algo en la boca, pero no sé qué es hasta que veo la pequeña casita de madera que sirve como nido a los pajarillos que rondan siempre por la urbanización. El gato lleva un huevo, y tiene la intención de comérselo. Tengo que hacer algo. Salgo al jardín sin camiseta y con unas bermudas, y al instante me muero de frío. El cielo está totalmente cubierto por una densa capa de nubes grises. Y como si el destino estuviera en mi contra empiezan a caer gotitas heladas. En el telediario no han mencionado nada sobre lluvia. Tenía planeado ir a montar en bici por Down Avenue. Mierda. Me apresuro de puntillas hasta donde está el felino. Y este, al verme, intenta escapar con el huevo en la boca. Pero el gato cae al suelo mientras sube por el seto. Me enseña los dientes cuando intento acercarme. Lo siguiente no es una de las cosas más prudentes que podría hacer, pero ese gato está asustado y solo, y yo sé cómo es estar así. Así que lo cojo y lo agarro mientras él intenta zafarse de mis manos y me clava las garras en los brazos. Le quito el huevo de la boca, y lo dejo en el césped. Alzo al gato por encima del seto y éste salta rápidamente hacia el exterior. Una vez que ya no hay maullidos ni gruñidos ni ninguna clase de palabras malsonantes, escucho unos débiles ‘pi pi pi’ que vienen de la casita. La recojo del suelo y la cuelgo en el árbol de flores rosas que hay en medio del jardín, el que está más alejado del seto. Luego introduzco el huevo por la pequeña abertura. 10

We were so young but life is a murder. Cuando entro en casa, estoy completamente empapado. Vera La lluvia toma un color hermoso cuando vas escuchando música. ¿No crees? Parece que las gotas bailan al compás del bajo. Mis Vans rosas empiezan a volverse de un color granate por culpa del agua. Vaya, debería haberme puesto las zapatillas de correr. La lluvia me ha tomado por sorpresa a mitad del camino hacia el metro. No han dicho nada en el telediario respecto a esto. Se me empieza a pegar el pelo a los ojos, y la niebla no ayuda en cuanto a visibilidad se refiere. Gracias a que voy por una calle poco transitada, andando por un carril para bicicletas, puedo evitar que me atropellen. Ya estoy cerca del cartel que anuncia el final de Down Avenue, y solo me hace falta girar a la izquierda para encontrarme con la bajada al metro, que seguramente estará escurriendo agua como si fuera el Mississippi. Me muero de frío, y también de hambre. Agarro mi chaqueta y me la pego lo más fuerte posible al cuerpo para evitar que entre el aire frío. Huele a café y a pan recién hecho. 11

We were so young but life is a murder. Una luz tenue, como si fuera una lámpara antigua, sale desde una tienda llamada The Dope Coffee. Decido entrar a tomarme algo, de todas formas tengo unas ganas nulas de llegar pronto a casa, y menos aún de comer lo que ha preparado mi madre la noche anterior. Además, si digo que ya he comido fuera puede que me libre del almuerzo. La habitación es pequeña y cálida. Con las paredes pintadas de varios colores diferentes. La barra es de un color negro brillante, y junto a ella hay unas cuantas mesas colocadas por filas, también negras. Me siento en una pegada a la ventana, la mesa con el servilletero verde. Espero un rato a que alguien me atienda. Suena una canción de Lana del Rey como música de ambiente. A los pocos minutos, aparece un señor con barba y una libretita en la mano. Se para delante de mí y me hace un gesto con los ojos como preguntando qué quiero tomar. -Un café, con un poco de leche y nada de azúcar, por favor. No apunta nada en la ridícula libreta y se marcha hacia el interior de la barra con un gesto obstinado. A los pocos minutos me trae la taza, manchada de marrón del café. Junto al vaso hay una cucharilla y un sobre de edulcorante. Meto la pequeña cuchara en el líquido humeante que casi le cubre todo el mango. Mi mano derecha se desliza hasta el sobre violeta con la palabra Sugar escrita en el dorso. 12

We were so young but life is a murder. Lo cojo, pero con un movimiento involuntario cierro el puño hasta que los nudillos se me quedan blancos. ¿Qué demonios estoy haciendo? El azúcar está en mi lista de alimentos prohibidos. Suelto con esfuerzo el sobre, lanzándolo hacia la otra punta de la mesa. Miro a mí alrededor, por suerte nadie me ha visto. Cuando cojo la cucharilla para revolver el café, está ardiendo. Siento como el calor me penetra la piel y me hace una quemadura en los dedos. Reprimo un grito. El dolor me hace sentir mejor, por una fracción de segundo me olvido de todo lo demás y solo puedo sentir la quemazón. No es suficiente. Debería haberme traído una cuchilla. Jared 13

We were so young but life is a murder. Cuando las habitaciones se vuelven mundos, cuando las horas se convierten en meses y el tiempo parece ir en cámara lenta y a la vez a toda velocidad, siempre tiendo a imaginarme cosas. Alucinaciones, sueños frustrados. El cielo es tan blanco que casi parece nieve, tal vez lo sea. Por un momento puedo ver a Marcus correteando por el césped nevado, dejando una pequeña huella con sus botas de esquiar, poniéndose perdido de hielo y tirándome bolas de nieve a la cara. Juro que casi puedo escuchar su risa aguda. Luego, el primer pensamiento que me viene seguido a ese, es la cara roja de mi padre con el ceño fruncido y las cejas elevadas como si fuera un gato enojado. Su voz tan ronca y sus decenas de palabrotas. Su mano en mi cara, golpeándome hasta dejar moratón. Siento que me tiemblan las piernas y subo el volumen de la música hasta llegar al máximo. Dejo que el estribillo de la canción se meta en mi cabeza y no me permita pensar más. I don’t know which me that I love. Got no reflection. La imagen de mi padre me vuelve a venir a la mente, esta vez un poco más distorsionada, casi irreconocible. Posiblemente el recuerdo se haya deteriorado con el paso del tiempo, o a lo mejor mi mente lo borró como si tuviera un botón de suprimir. Tiendo a no recordar los momentos malos, casi siempre lo consigo. Otras no, y casi duele más el recuerdo que el momento en sí. 14

We were so young but life is a murder. Un grito ahogado sale de mi garganta mientras en mi cabeza resuena un grito casi inaudible de Marcus. Está encerrado bajo la escalera, lleva su pijama a rayas preferido a pesar del calor de junio. Llora, tiene las mejillas coloradas y agrietas por culpa de la sal. Mi padre está delante de él. Intenta agarrarle los brazos… El recuerdo se desvanece tan rápido como apareció, me doy cuenta de que tengo los labios salados y húmedos. Me levanto y paseo por el pasillo principal. Una habitación vacía a la derecha, dos habitaciones trancadas a la izquierda. La de Marcus permanece igual que siempre, con sus peluches preferidos y su pequeña guitarra eléctrica colgando de la pared. Está cerrada con llave, así evito que nadie entre. Sólo yo tengo una copia. Los policías y forenses intentaron sacar todas sus cosas, mi madre estaba de acuerdo. Yo no. Y bueno, reconozco que casi siempre salgo ganando. La puerta de madera se ve tan inocente, el pasillo está tan tranquilo. Nadie se podría imaginar lo que pasó tras esas cuatro paredes hace unos meses. Las cosas que parecen inocentes nunca lo son. Vera A la mañana siguiente me despierto con el chillido agudo de mi hermano que entra en mi habitación. 15

We were so young but life is a murder. -¡Feliz cumpleaños! Entra seguido de mi hermano mayor, Drew casi parece sonriente esta mañana. -¿Qué hora es? – digo con una voz rugosa por culpa del sueño. -Las siete menos cuarto. Venga, levanta y no seas vaga. Me levanto de un salto. ¡Las siete! No voy a tener tiempo de prepararme, ni de coger la cartera, ni nada. Cojo la primera camiseta que pillo del armario y unos vaqueros, y cuando mis hermanos se van hacia la cocina me los pongo apresuradamente. Me doy un repaso en el espejo. La camiseta es ancha y negra, pero aún así parezco una morsa. El contraste del color oscuro con mi piel me hace parecer enfermiza. Por último, bajo la vista hasta el antebrazo derecho, donde hay cuatro rayas de color granate, ya casi secas. Siento asco. Luego me miro a la cara. Mis ojos negros son inexpresivos. Feliz quince cumpleaños. Me digo a mi misma mientras trato de sonreírme, no quiero estar mal un día como hoy. Tengo que estar alegre y feliz, no por mí, por Daniel, por Drew, por mis padres, no merecen que tenga mala cara el día de mi cumpleaños. Incluso en el reflejo se nota la falsedad de la sonrisa. Jared 16

We were so young but life is a murder. La alarma del móvil me suena a las siete en punto y me sobresalto al escuchar Death Cab for Cutie rompiendo el silencio del sueño que se niega a desaparecer del todo. Terminé el último curso del instituto hace unas semanas, ahora espero a que me lleguen noticias de alguna de las universidades a las que mandé mi solicitud. Casi la mitad de mis compañeros ya recibieron su carta hace una semana, tengo miedo de que no me admitan en ninguna, o de que mi solicitud se extraviara en la agencia de correos. Desde que metieron a mi padre en la cárcel, solo nos llega un sueldo a casa. También es verdad que ahora somos dos personas menos a las que alimentar. Y no nos falta dinero para las facturas ni para la compra del mes, pero hace mucho tiempo que mi madre no se compra ropa bonita, ni se arregla el pelo. Y yo estoy cansado de llevar siempre el mismo par de vaqueros desgastados por las rodillas. Pronto llegaran papeles del abogado de mi padre y del juez del estado, y eso significa pagar impuestos. Así que este verano he conseguido mi primer trabajo. No es un empleo increíblemente grandioso, no es que sea lo ideal en mi curriculum, pero al menos puedo llevar algo de dinero a casa. Servir helados, batidos y postres lácteos en una tienda que tiene por logotipo una vaquita con trenzas no es lo más elegante del mundo. Cuando miro por la ventana veo el cielo despejado, pero aún gris. Un cielo que refleja esperanza. Aún no se ve el sol en lo alto, pero se nota el aire caliente entrando por mis persianas. 17

We were so young but life is a murder. Aún tengo tres horas antes de empezar a trabajar, tengo planeado darme una ducha primero, pasar por la cafetería a tomarme un café con vainilla. Voy al baño y empiezo a calentar el agua. Vera Salgo de la clase de latín y paseo por los pasillos del instituto. Las paredes llenas de carteles, algunos llenos de firmas para ser la reina del baile, otros para ser Gretel en la obra de teatro. Uno contra el Bullying me hace reír. Es irónico que hayan puesto un cartel de ese tipo cuando el ochenta por ciento de los estudiantes del Heritage High lo practican. Incluso han escrito insultos hacia otros estudiantes encima del cartel. Hoy solo tengo dos horas de clases y están ocupadas por el examen de latín. El último examen del año. Drew está en la universidad, tiene una prueba muy importante esta semana y ha quedado con una compañera para estudiar, y Daniel… bueno, Daniel tiene ocho años y está en el colegio a estas horas. Papá estará en el trabajo para cuando yo salga del instituto, mucho antes de lo normal. Así que no me queda otra que andar hasta casa. La idea de pasar toda una mañana con la casa para mí sola hace que me emocione. Estoy segura de que mi madre está con Julie en el hospital. 18

We were so young but life is a murder. Cuando salgo por la puerta principal del centro, enciendo el móvil, y al instante empieza a vibrar. Un mensaje nuevo. Drew quiere que recoja una tarta que ha encargado en la pastelería que está cerca de Down Avenue, me queda de camino. Por un momento no me doy cuenta de que se trata de una tarta, una tarta que no me pienso comer. Tendré que buscarme alguna excusa que no suene ridícula. Al menos, soplaré las velas para pedir un deseo. Al menos, mis padres estarán contentos el día de mi cumpleaños. Sonreír, asentir y actuar como que todo está perfectamente bien, eso es lo que tengo que hacer. Cuando paso por el paso de peatones que hay enfrente del instituto una ráfaga de aire caliente me pone el pelo delante de los ojos y hace que me estremezca. Hace calor, ya se empieza a notar. El verano empieza esta noche. 21 de junio. Último día de clases, último día para mis catorce años, último día en el que puedo llevar jersey o manga larga. Jared 19

We were so young but life is a murder. Dejo el tazón con leche fría encima del muro de la cocina y cojo la cajita de plástico de las fresas. Las introduzco dentro evitando salpicar la camisa azul marina del uniforme. Fresas con leche. El desayuno preferido de Marcus. El desayuno preferido de mi padre. Y, desde hace unos meses, también el mío. No sé si es por pura melancolía o simplemente que se me ha hecho el paladar al sabor agridulce de la mezcla. Desde la ventana de la cocina se ve la bahía a lo lejos. Echo de menos los baños cerca de la costa y el olor a sal en mis brazos. Y así, entre nostalgia y pensamientos melancólicos desayuno antes de ir a por la bicicleta. La mountainbike tiene el color rojo algo descascarillado por la zona de la rueda de detrás, tengo que pintarla un día de estos. Salgo por el porche sin tener cuidado de rayar la madera verdosa y me subo a la bici nada más pisar el asfalto. Pedaleo por la carretera con la piel de gallina, el otro día pasó un coche muy rápido a mi lado y casi me pilla. Deberían hacer un carril bici por esta zona antes de que ocurra algo terrible. El paisaje campestre de esta parte de la ciudad me hace pensar en granjas y cerdos, aunque, desde luego, no hay ninguna clase de animal (excepto gatitos y perros) por toda la zona. Césped húmedo por el rocío interrumpido por casas de madera, columpios hechos con neumáticos y árboles llenos de flores a la derecha. Descampados en venta lleno de carteles a la izquierda. 20

We were so young but life is a murder. Realmente es una pena que hayan excavado la hierba para hacer huecos de tierra que nunca se llegarán a comprar. Paso por delante de un arbusto con camelias rosas y blancas. Y en ese momento se me ocurre algo. Paro la bicicleta junto al bordillo de la carretera y me acerco con cuidado al pequeño árbol. Oigo como mis convers pisan el césped con suavidad. Alargo la mano hacia una camelia de color salmón que me llama la atención y unos cuantos insectos salen volando, rosándome la piel y haciéndome cosquillas. Busco el tallo de la flor, y cierro el puño alrededor. Tiro de él, y aunque cuesta un poco, consigo despegar la camelia del arbusto. La meto dentro de mi mochila con mucho cuidado de no aplastarla y vuelvo a la bicicleta. A los minutos el paisaje verdoso empieza a convertirse en edificios de hormigón y la parte derecha de la carretera toma un color rojizo, para luego dejar sitio a una banda roja señalizada con flechas blancas. No estoy lejos de Down Avenue, por lo tanto en unos diez o quince minutos estaré frente a la puerta de la heladería. Al tomar el carril bici empiezo a ir más rápido, estresado por la hora que marca la pantalla del móvil. Vera 21

We were so young but life is a murder. Daily Cakes huele a pan recién hecho y a crema de moca. Nunca había estado antes en esta pastelería. Es enorme, inmensa. La clase de pastelería donde puedes comprar cupcakes por docenas, todos iguales, como si fueran clones. Tiene una iluminación limpia y pálida, como de hospital. Las servilletas también huelen a medicamentos. De todas formas cojo unas cuantas y las guardo en el bolso, me he quedado sin pañuelos y nunca se sabe cuando los necesitaré. Una mujer con una redecilla en el pelo se acerca al mostrador. -¿Qué quieres? Su voz suena tan borde como aparenta su expresión. -Vengo en nombre de Drew Schneider, encargó una tarta por teléfono y… Me corta, se marcha hacia la cocina y me deja hablando sola. Tarda en volver y me impaciento. Empiezo a dar golpecitos en el suelo con la punta de las zapatillas. Me giro para mirar por la gran pared acristalada, pero el logotipo tamaño extra grande que hay pegado en ella me impide ver la calle. Alguien gruñe detrás de mi cabeza. Me giro. Es la dependienta con pinta de bulldog. -Drew Schneider, pedido número 123. Pone enfrente de mí una caja blanca con el mismo logotipo grabado. -Mi hermano ya ha pagado la tarta por adelantado, creo que llamó ayer a… 22

We were so young but life is a murder. -Sí, claro. Que tengas un buen día. Me frustra la forma en la que me habla, pero al poco ese sentimiento desaparece y vuelve transformado en mareo. Cuando abro la puerta de la pastelería el aire me da en la cara, todo a mí alrededor da vueltas sin parar. Hay un banco de madera cerca, así que me siento y cierro los ojos. Me recupero a los pocos minutos. Tengo curiosidad por saber qué ha pedido Drew, así que abro la caja. Al instante sale un olor a vainilla que hace que me suenen las tripas. Red velvet. Se ha acordado, Drew se ha acordado. Por primera vez en mucho tiempo, me invade una sensación de felicidad que me llena el estómago. Incluso sonrío, sonrío de verdad. La red velvet siempre fue mi tarta preferida, o lo era hasta que decidí no comer nada con más de 200 calorías. Se oyen risas por detrás de mí y me giro. Un grupo de chicos que reconozco como estudiantes del Heritage High se están partiendo de risa. Me fijo más y veo una cara conocida. Su cara. Daniel Smith está con los chicos del grupo, sus nuevos amigos. 23

We were so young but life is a murder. Cuando pasan por delante de mí, una chica rubia con mechas californianas pone un gesto de asco al mirarme. Su amiga se ríe al verla. Un chico con una sudadera de la universidad del estado se acerca un poco más y se pasa la mano por la barriga. -Ñam, ñam. Todos empiezan a reír, incluido Dani. -Deja un poco para los demás o esa camiseta tan fea te quedará peor.- dice la amiga de la rubia. Cierro la tapa de la caja de cartón, me levanto y echo a andar lo más rápido posible. Tengo los ojos empañados y no quiero que me vean llorar. Voy por la zona de la carretera donde hay sombra. El carril bici. Jared El viento de junio combinado con la velocidad de la bicicleta hace que se me levante la camiseta y dejan al descubierto el pequeño tatuaje de mi costado. El fleco negro vuelva hacia atrás dejando mi frente visible, y eso hace que me incomode. Sin el pelo delante de los ojos me siento desnudo, expuesto. 24

We were so young but life is a murder. Cerca de una casa en obras veo el cartel que anuncia Down Avenue. No me va a dar tiempo de pasarme por el cementerio antes de mi turno. Tendré que ir cuando acabe. Poco a poco los adoquines que forman un camino hacia las tiendas de la avenida van tomando forma, como si fueran un mosaico bien definido. 10 minutos. Acelero el paso sin tener en cuenta el paso de peatones que hay en el semáforo que une la avenida con el parque Rockfield. El ruido de las palomas en las copas de los árboles se mezcla con el rum rum de la correa de la bicicleta. Llego a la parte urbanita, donde hay más personas que en el resto de la zona. En esta calle hay muchos pequeños comercios y pastelerías lujosas. -¡Eh! Alguien grita. Giro la cabeza hacia la derecha y veo como unos policías agarran a un tipo que lleva un bolso de mujer en la mano. Me quedo mirando un buen rato, un espectáculo como este no puede pasar desapercibido en una ciudad tan tranquila como la mía. La bicicleta se desvía un poco hacia la derecha, y entonces enderezo el rumbo. Cuando levanto la cabeza del manillar, veo a una chica correr con la cabeza baja en mi dirección. Está muy cerca de la rueda delantera. 25

We were so young but life is a murder. Vera Me acelero cuando veo que el grupo de amigos viene detrás de mí. Entonces, alguien grita en una esquina de la calle. Levanto la cabeza, pero no puedo ver nada por los ojos llorosos. Una mancha de colores, que supongo que es una multitud curiosa, se ha reunido en esa dirección. Hablan sin parar pero no entiendo ni una palabra de lo que dicen. Oigo un grito de advertencia que proviene de alguna parte, más cercana que la multitud. No puedo alejarme del carril cuando me doy cuenta de que una bicicleta mugrosa viene hacia mí muy deprisa. Me quedo bloqueada, con la cabeza en blanco y todo mi mundo dando vueltas alrededor. El chico que conduce no puede frenar a tiempo, y me grita desesperadamente para que me aparte. Pero no puedo moverme del sitio. Entonces se estrella contra mi cuerpo, tirándome al suelo. Caigo encima se la caja de cartón donde va la tarta, y se escacha por un lado. El chico sale volando del sillín y aterriza cerca de mí, agarrándose la cabeza para protegerla de los golpes. Un dolor en la pantorrilla me evade de mi imaginación y me trae de vuelta al mundo real. En vez de mirarme la pierna, donde noto que el pantalón se ha humedecido, miro hacia atrás para buscar al grupito de Dani. 26

We were so young but life is a murder. No están por ninguna parte, aunque puedo ver una cabeza rubia que parece ser de la chica con la que estaba, dentro de la multitud de personas expectantes. Luego miro al chico que está sentado a mi lado, en el suelo. Tiene los antebrazos fuertes, como si hiciera remo. También tiene unas heridas ensangrentadas que le ha hecho el asfalto. Enseguida siento la necesidad de tocarlas, de curarlas para evitar que le hagan daño. Él me mira, con los ojos azules como platos. Está asustado. Me levanto del suelo y una oleada de dolor me sube por la pierna. Tengo que volver a sentarme. Es gracioso que algo así me duela menos que un corte de cinco centímetros. -Lo… lo siento. –dice el chico de pelo negro. Se levanta y se sacude la ropa llena de polvo. Después me tiende la mano para ayudarme a ponerme de pie. -¿Estás bien? – pregunta, sigue con esa expresión de asombro. -Sí, tranquilo. -Parece que vayas a llorar. Me quedo callada, con un nudo en la garganta. -No, no es nada. Alergia al polvo. Él asiente y hace un gesto de dolor cuando su antebrazo se desliza por la tela azul marina de su camiseta. 27

We were so young but life is a murder. -¿Te duele mucho? Me mira con gesto de curiosidad, y luego sonríe. Jared La chica tiene los ojos más brillantes que he visto en mi vida. Cuando me fijo veo que su iris negro está cubierto de una capa de lágrimas que amenazan con caer. Tiene la camiseta negra tan sucia que las letras que hay en la parte de delante apenas se leen. Me parece reconocer el logotipo, pero no estoy seguro. -¿Quieres un pañuelo? También tengo crema antibacteriana… - dice con voz dulce, entrecortada por una respiración nerviosa. Me extraña las cosas que lleva en su mochila del instituto. ¿Crema antibacteriana? Como no le contesto, saca de la mochila desteñida un pañuelo de color verde menta, con el logotipo de Daily Cakes en el dorso. Alarga el brazo para que le dé el mío. Luego empieza a limpiarme las heridas del antebrazo. Tiene una delicadeza al pasar el pañuelo que solo una abuela puede tener al curar a su nieto, pero se lo agradezco. Cuando tiene el pañuelo manchado de rojo y del negro del polvo, saca un pequeño bote blanco. 28

We were so young but life is a murder. Se echa un poco de crema transparente en los dedos, y me la pone en los raspones. Con cuidado, como si me acariciara la piel. La crema pica, pero no digo nada. Estoy sorprendido de la forma de actuar de esta chica, tan extraña. -Tengo tiritas, pero dudo que pueda tapar todo esto con una.- dice, encogiéndose de hombros. ¿Tiritas en la mochila del instituto? Luego lo guarda todo de nuevo, y se gira hacia una caja de cartón espachurrada que hay en el suelo. -Mierda, mierda…-dice. Se pone a recoger todo del suelo. Me agacho y la ayudo como puedo. Hay trocitos de color rojo por el carril, y huele a vainilla con leche. -Red velvet. La chica me mira asombrada, con unos ojos enormes y brillantes. Asiente, pero no dice nada. Luego abre la caja como puede, y ve como la tarta tiene un lado totalmente aplastado. Hace un gesto de horror con los labios. -Perdona, iba demasiado rápido y no pude parar a tiempo. -No pasa nada. 29

We were so young but life is a murder. Cierra la tapa de cartón, justo cuando leo las palabras Cumpleaños y Vera encima de la crema blanca del pastel. Me fijo en su pierna izquierda. El pantalón vaquero ha tomado un color oscuro por esa parte. Me agacho y le levanto la pata del pitillo con cuidado. No me detiene. Como me temía, tiene la pierna ensangrentada, pero no parece tener nada más que un corte pequeño. Cuando ella lo mira, se pone pálida y se agacha para bajarse el pantalón. -Parece que te has cortado, ¿quieres sentarte o algo? – le digo. Mueve la cabeza en sentido de negación, luego se pone la caja de cartón bajo el brazo y se va lo más rápido que puede. Miro el móvil, yo debería hacer lo mismo o llegaré tarde a mi primer día de trabajo. Vera Volar, volar tan alto que puedas tocar las constelaciones con la punta de la nariz y mancharte las mejillas con polvo lunar. Volar tan lejos como te lleve el viento, cruzar los siete mares y todos los planetas conocidos y por conocer. Desaparecer. Lo que realmente necesito es fundirme con la cama y dejar de existir durante un tiempo. 30

We were so young but life is a murder. Cuando llego a casa parece que incluso el aire me pesa tanto que me hunde y me tira hacia el suelo del salón. Dejo la tarta escachada encima de la mesita de la sala, ni siquiera me molesto en encender las luces ni abrir las ventanas. Me siento en el piso, notando el frío traspasando la tela de mis vaqueros. Apoyo la espalda en el sofá y doblo las piernas hasta pegarlas al pecho. Antes me molestaba esta postura, pero con el tiempo he ido perfeccionando la técnica, evitando que el estómago se convulsione por los sollozos. De la mochila descolorida saco una de las servilletas de la pastelería y me limpio los ojos hasta dejarla negra por el maquillaje. Las mejillas se quedan oliendo a medicina y me producen náuseas. Tranquila, vamos a estar bien. Hoy no debería ser un día triste, vamos. ¡15! Me repito ese mantra a mí misma mientras destrozo el pañuelo con los dedos, haciéndolo migajas y esparciéndolas por todo el suelo. Mi pelo se llena de pisquitos blancos y húmedos. Entonces me viene a la cabeza el brillo plateado que implica mi propio consuelo. Alargo la mano hacia la mochila pero me detengo cuando tiro de la cremallera. Hoy no. Empujo de una patada el bolso lleno de libros hasta dejarlo en la otra esquina del salón, y me tapo la boca con la mano. Es insoportable, pero el recuerdo de Drew, Daniel y mis padres me alivian un poco y hace que me entren fuerzas para evitar usar la cuchilla. 31

We were so young but life is a murder. No me doy cuenta de que me estoy mordiendo la mano hasta que el sabor a óxido y a sal me llena las papilas gustativas. No paro de apretar la piel con los dientes. Al menos eso me mantiene cuerda entre pequeños grititos de agobio. No sé cuánto tiempo pasa hasta que me quedo dormida en posición fetal, sobre el suelo ya caliente por mi contacto corporal, tarareando una canción por lo bajo. Jared Dejo mi ficha en una estantería empotrada a la pared después de fichar al entrar en la heladería. El suelo linóleo está tan sucio que se me resbalan los zapatos, tropezando de vez en cuando con algún que otro pañuelo manchado de nata y cosas diversas. No hay nadie en las mesas ni detrás de la barra metálica. Muevo la cabeza de un lado a otro con la mirada perdida, aturdido y sin saber qué hacer ni con quién debo hablar. Me acerco al muro acristalado donde están las muestras, algo vacías, de las clases de helados que se pueden tomar. Una mano plasticosa me toca el hombro justo cuando llevaba contadas diez virutas de chocolate en el stracciatela. -¿Eres Jared Meyer? 32

We were so young but life is a murder. Una mujer madura, pero con sonrisa de niña me mira directamente a los ojos de forma inquisitiva. Asiento con la cabeza. -Soy Helena, se supone que tengo que enseñarte a manejar todos estos cachivaches antes de la hora de apertura. Me tiende la mano y yo le devuelvo el saludo -Ten, ponte esto en el pelo e intenta que todos esos mechones queden bien tapados, no queremos una multa de sanidad. Me molesta su comentario y lo tomo como un insulto. Sí, hace tiempo que no me corto el pelo, pero tampoco lo llevo andrajoso. Me lanza un delantal de color blanco y un gorro de tela azul marina, más oscura que la camiseta. Helena señala hacia mi derecha con el mentón, indicándome que hay un espejo donde puedo verme mejor para colocarme la ridícula gorra. Agarro todos los mechones negros que me caen por la frente y los meto en la tela. Me siento tan extraño con la cara tan desnuda… La pequeña cicatriz de mi frente queda al descubierto y me trae malos recuerdos. Apenas es una fina línea rosada, con pequeñísimos surcos a causa de los puntos. El ruido de un motor me sobresalta y casi me doy de bruces contra el mostrador al girarme hacia Helena, que está frente a una gran máquina plateada, manoseando un montón de botones. 33

We were so young but life is a murder. -Acércate, Jared. Cuando estoy junto a ella, alcanza un vasito verde y presiona una manecilla de la máquina. Empieza a salir helado blanco e impoluto. -Esta es para los helados de yogur, primero pones el helado y luego le añades el complemento que el cliente te diga. Helena se gira hacia la zona de muestras. -Aquí están todos los otros tipos de helados, ya sean en vasos o cucuruchos, todos llevan una etiqueta con su nombre. Solo tienes que coger la cucharilla y servir tantas bolas como sea necesario. Me acerca una hoja de papel plastificada, llena de fotos y nombres extraños. -Estos son los especiales, todos llevan nombres de actores y gente famosa. Guárdate la hoja, ahí tienes las instrucciones para saber cómo preparar cada uno. Y ya está, básicamente. ¿Alguna pregunta? -No, todo claro. No parece tan difícil. Sonrío a Helena mientras ésta se mete por la puerta trasera del local para luego volver con un cepillo y empezar a ordenar la heladería. Quedan veinte minutos para abrir. Vera 34

We were so young but life is a murder. Me recojo el pelo en una coleta despeinada, yo y las horquillas no nos llevamos demasiado bien. El elástico naranja no queda bien, ni mucho menos, con la camiseta y los pantis estampados que he cambiado por los vaqueros. El pantalón de licra multicolor me empieza a quedar grande, se ha ido estirando con el paso del tiempo y ahora es mucho más cómodo para estar por casa. Como estoy sola y el calor del verano empieza a colarse por las paredes y el suelo, me permito el lujo de andar descalza. Bajo a la cocina y me siento en el murillo con las piernas colgando. Encima de la mesa de madera está la tarta servida en un plato. La verdad es que tiene una pinta horrible. Espachurrada, el pastel de color rojo parece carne cruda y no es nada apetecible. La siguiente canción de mi USB suena por el reproductor del salón mientras las campanas de la iglesia están de duelo. La casa se ve tan tranquila y apaciguada que me transmite esa serenidad. Después de haberme lavado la cara y haber cambiado mi indumentaria por una más cómoda, me encuentro muchísimo mejor. Un ruido de llaves suena tras la puerta principal, y al minuto entran Drew y Daniel cargados con libros y archivadores, cada cual más grande que el anterior. -Veraaaaaaaa – me llama mi hermano pequeño, alargando las vocales – Estamos en casa. -¿Nos has echado de menos? – pregunta Drew. -Uy si, no he podido vivir sin vosotros dos por casa, ha sido horrible. – digo irónicamente. 35

We were so young but life is a murder. -Tranquila, ahora tienes un verano entero para estar conmigo. Además, no creo que Drew nos moleste mucho en los próximos siglos. – Daniel deja un tocho de hojas impresas con un montón de texto encima de unos archivadores. -Cállate Dan, en dos semanas tengo un examen muy importante de final de curso que tengo que aprobar si quiero acabar la carrera en cuatro años. -¿Todos esos archivadores petados de folios son para un solo examen? Mis ojos se abren de par en par al ver la gran cantidad de cosas que han dejado encima de la mesa. -Un examen de cuatro horas y media. – Señala Drew, con cara de sufrimiento. Mi hermano mayor, de casi veinte años, está en primer año de carrera. Estudia medicina, para especializarse en cirugía reconstructiva. Es, y fue, un estudiante de primera. Todos sobresalientes y notables. Todo lo contrario que su hermana. -¿Qué demonios le ha pasado a la tarta? Daniel está horrorizado, mirando la mezcla roja y blanca hecha pedazos. -¡Dan! No hables así. – Drew agudiza la voz para imitar a mi madre, siempre tan conservadora con nuestro vocabulario. -He tenido un accidente con una bicicleta. – Me encojo de hombros – Un chico despistado se chocó conmigo y yo caí encima de la caja. Ahora la tarta más que terciopelo rojo parece hormigón ensangrentado. -Es cierto, mira. Si hasta tiene trocitos de asfalto entre el pastel. 36

We were so young but life is a murder. Los dos empiezan a reír, a mi no me hace tanta gracia porque me recuerda a las heridas del chaval de la bici. Un codo destrozado, rojo y con pedacitos de asfalto incrustados. El estómago me da un vuelvo. Drew parece notar una mueca de repulsión en mi cara, porque al momento calla y observa la tarta con cara de lástima. -¿Sabéis? Yo no pienso comerme esa cosa, aunque huele de maravilla. ¿Por qué no vamos a algún sitio a tomarnos un trozo de pastel? -O unos helados. – dice Dan. Siempre ha sido un forofo de los helados de mango que venden en el centro. -O unos helados. – repito yo con una sonrisa. Vera Los adoquines del centro de la ciudad resbalan con mis nuevas convers. Drew me ha hecho un ‘regalito’ por mi cumpleaños al rato de llegar a casa. Envueltas en papel escarlata estaban este par de zapatillas negras, con la puntera blanca y los cordones perfectamente atados en un pequeño lazo. Así milenios que necesitaba renovar mi zapatera, y las convers negras estaban en el primer puesto en mi lista de preferencias, por lo que el regalo de Drew me hiso más que emocionarme. -Mi regalo viene esta noche, cuando papá y mamá estén en casa. Ya verás, seguro que te gusta. 37

We were so young but life is a murder. Daniel no para de hablar de que me tiene una gran sorpresa preparada, algo que ha hecho el mismo durante bastante tiempo. -Papá me ha ayudado un poquitín. – dice disculpándose – Pero la idea es mía. Se le ha caído una paleta y tiene un hueco cuando sonríe. Entramos en una nueva heladería del centro, donde el menú anuncia desayunos y meriendas. El local está abarrotado, pero aún quedan algunas mesas libres. Nos sentamos en una con cuatro sillas y yo pongo mi bolso en el asiento que queda libre. Estamos lejos de los ventanales y eso me hace sentir ansiedad, siempre he sido un poco claustrofóbica cuando hay demasiada gente a mi alrededor. El aire huele a miel y al ácido del yogur natural con chocolate caliente. -¿Qué queréis tomar, chicos? Una mujer de mediana edad nos atiente con unos ojos infantiles y una voz algo rasposa. Acerca una libretita a la mesa para poder apoyarse y escribir mejor. Los guantes de látex blancos que lleva deja ver su esmalte de uñas rojo. -Helado de mango. – dice Daniel. -Yo tomaré un café doble. Pónganos un pedazo de pastel red velvet, por favor. – Drew me mira como buscando mi aprobación. Asiento. 38

We were so young but life is a murder. -Yo quiero un Blueberry Queen, sin miel. La mujer apunta todo y se va a atender a la mesa contigua antes de desaparecer en la barra. Hoy es un día especial, intentaré comer lo más normal posible. Jared Helena pincha una hoja de libreta garabateada en el tablón de anuncios con una chincheta redonda y toca la campanilla que anuncia un nuevo pedido. Estamos llenos hasta los topes, y solo somos tres atendiendo a los clientes. Lara, una chica sureña de pelo casi blanco y ojos celestes se encarga de la máquina de helados de yogurt, mientras que Albert, un chico mejicano, es el responsable de los crepes y los gofres. Yo sirvo los helados normales y las bebidas especiales. Nadie acude a la llamada del nuevo pedido, el estrés es palpable en el aire y yo soy el único que no está ocupado ahora mismo. Por ser el nuevo me han puesto el trabajo más fácil y menos sucio. Me acerco y arranco la hojita sin descolgar la chincheta, que se queda en el corcho. Mesa nueve: helado mango, red velvet, café doble y Blueberry Queen. Por alguna razón o capricho del destino, todo lo que hay anotado en el pedido me corresponde a mí. 39

We were so young but life is a murder. Saco un bol de plástico transparente y lo lleno con tres bolas de helado de mango, luego le pongo el pequeño tubito de galleta que lleva el nombre de la heladería grabado. La cucharilla de color azul viene empaquetada en papel. La coloco al lado del bol de helado en una pequeña bandeja con el número 9. El pedazo de red velvet está en la nevera, lo pongo en la misma bandeja junto a otras tres cucharillas. Le doy al botón de la máquina de café y dejo que se llene un vaso de plástico mientras preparo el Blueberry Queen. Cuando todo está puesto en la bandeja, toco la campana y Helena la recoge. Me quedo mirando en su dirección, y entonces me doy cuenta de que en la mesa nueve hay una chica que me resulta familiar. Ojos vidriosos y grandes. Es la chica red velvet de esta mañana. Vera La camarera deja todo encima de la mesa y se va. El olor de mi Blueberry Queen, contaminado por el aroma a vainilla del pastel, es tan delicioso que se me hace la boca agua. Nada más rozar la mezcla de leche, arándanos y chocolate blanco mi paladar da un vuelco y cierro los ojos, disfrutando del momento. 40

We were so young but life is a murder. El enrevesado diseño del espaldar de la silla se me clava en los omóplatos y me incomoda, pero el ambiente hogareño y fresco que proporcionan las lámparas de luz blanca al local hacen más llevadera la estancia en la heladería. El ruido del parloteo de los demás clientes contrasta nítidamente con el silencio sepulcral que hay en nuestra mesa. Dan está demasiado ocupado en comerse su helado de mango sin mancharse que no levanta la cabeza del bol transparente. Drew parece negarse a dar conversación. En los últimos días, mi hermano mayor ha estado ocupadísimo con la universidad. El cambio de bachillerato le ha costad más de lo que quiere dejar ver. Se pasa las tardes en la biblioteca de la academia con una de sus compañeras, aunque intuyo que hay algo más que estrés por los exámenes entre ellos. En este momento se dedica a escribir en el teclado de su móvil a toda velocidad. Cuando lo gira para meterlo en el bolsillo de sus vaqueros, puedo ver el nombre de Lucy Penysville y su perfil de chat. La foto de una chica sonriente, de ojos oscuros y pelo castaño, me mira desde la pantalla táctil. Es la chica con la que Drew queda por las tardes para ‘estudiar’. Ahora que sé su nombre, tengo algo con lo que negociar con mi hermano si algún día lo necesito. Se me ocurre una idea para entablar conversación. Entonces, me toca a mí romper el silencio incómodo. -Drew, ¿Cómo te va con Lucy? 41

We were so young but life is a murder. Jared El local empieza a quedarse vacío y la hora del cierre se empieza a acercar. Lara y Tommy se han quitado ya el uniforme y hablan con otros trabajadores. Los chicos que se esconden detrás de la puerta de la cocina no parecen ser más mayores que yo, al parecer el dueño de la heladería tiene preferencia por las personas con apariencia universitaria e infantil. Ese pensamiento me recuerda a Helena. Ella debe tener al menos unos treinta y largos, pero su mirada y sus facciones aparentan casi una década menos. Escuché decir a Tommy que Helena es la mujer del propietario, y que por eso trabajaba aquí. “Helena es una mujer muy amable, y no lo digo porque sea mi jefa. Pero en la cocina pierde bastante. Menos mal que tiene la cuña de ser la esposa del dueño, que si no…” Esas fueron las palabras textuales del mejicano cuando le he preguntado sobre ella. Aparte de nosotros tres, hay otros cuatro trabajadores que se encargan de cocinar las distintas recetas de helados y postres. No conozco el nombre de ninguno de ellos. Parecen que están haciendo planes para salir después de que acabe el turno. Por lo visto, yo no estoy incluido en esos planes. De todas formas, me apetece irme a casa y descansar. Estoy hecho polvo por culpa del trabajo, y aún me queda un largo camino en bicicleta para volver. Vera 42

We were so young but life is a murder. No tardamos ni veinte minutos en llegar a casa. Drew conduce a una velocidad casi ilegal por las calles de la ciudad, ignorando las quejas, insultos y pitazos de los demás conductores cabreados. Mamá y papá deberían haber llegado ya del trabajo. Esta noche le toca hacer la cena a Drew, y como no llegue puntual se llevará la bronca del siglo. Mis padres son muy estrictos con él, por ser el mayor. Cuando entramos por la puerta, pasando por el porche de madera, la luz del recibidor está apagada. Hay un silencio total en casa, aunque hace más de una hora que mis padres han salido de la oficina. Drew enciende la luz y deja su cartera sobre la cómoda, cuelga sus llaves en el pequeño gancho detrás de la puerta y yo empiezo a dirigirme hacia mi cuarto. Dan sale pitando hacia la cocina, este niño siempre tiene hambre. -¿A dónde vas? – pregunta Drew. -Voy a mi cuarto, quiero ponerme algo más cómodo y dejar la cartera. No dice nada más y se va a la cocina. Yo paso por el largo pasillo que lleva hasta mi habitación, que tiene la puerta abierta. Entro y enciendo la luz. Dejo el bolso sobre la cama deshecha y me limpio las manos sudadas en la camiseta. Me recojo el pelo en un moño y me tapo la cara con las manos. Me duele la cabeza y tengo sueño. Me echo hacia atrás en la cama, dejando los pies calzados por fuera. La camiseta negra se me sube hasta el ombligo, dejando ver los huesos de mis caderas. Tengo que comprar ropa nueva, bf. 43

We were so young but life is a murder. Por un momento cierro los ojos y casa me quedo sopa, pero Dan entra en mi habitación chillando, como siempre. -¡Daniel, te he dicho mil y una veces que no puedes entrar en mi cuarto sin llamar! Imagina que me estuviera cambiando o algo. -¡Puaj! – dice en tono de burla. Puaj, pienso yo. -Drew quiere que le ayudes en una cosa de literatura, dice que igual tú sabes. Mi hermano es horrible en literatura, algo que no compartimos. -Voy. Me levanto a duras penas y sigo a Dan hasta la cocina, que tiene las luces apagadas. -¿Por qué está todo apagado? Dan se ríe y enciende las luces detrás de mí. -¡Sorpresa! – dicen al unísono mis padres, mis hermanos, Erin, mi mejor amiga, y Lucy Penysville. Me llevo un pequeño susto. No me esperaba a nadie. Pero cuando asimilo la situación, corro a abrazar a Erin. Hace meses que no nos vemos. Su familia se mudó a Coney Island en enero. Está distinta, cambiada. Está preciosa. -Feliz cumpleaños Vera Marie Schneider. –dice utilizando mi segundo nombre. Erin es mayor que yo, pero siempre dice que yo parezco más vieja. La abrazo muy fuerte, y ella salta un poquito. Cuanto la he echado de menos, dios. 44

We were so young but life is a murder. Mis padres se nos acercan y Erin me suelta para cederles el puesto. -Felicidades. –dice mi madre con una sonrisa. Lucy está cogida de la mano de Drew y me sonríe tímidamente. Jared Estoy tirado en el sofá del salón. Sin zapatos y con solo un calcetín gris. No hay nadie en casa. Mantengo las luces apagadas, con la ventana acristalada de la pared de detrás basta. En casa reina el silencio. Es el peor de los ruidos, el más escandaloso, el más inevitable e inconfundible. Pero me da demasiada pereza encender el reproductor. Boca arriba, miro al techo, y la imagen se corta en trocitos cuando un mechó de pelo se me pone delante de los ojos. Hace frío, aunque estamos en verano. La camiseta sin mangas no tapa demasiado. Me he quitado los pantalones nada más llegar. Doy otra calada. El humo sale de mi boca roja por el frío y se expande por la habitación. Sonrío, solo, a la nada. No sé ni cuantos me he fumado ya, pero me da igual. No tengo nada que perder. 45

We were so young but life is a murder. Vera Pongo la ficha cuadrada de la letra E en el tablero. Es una tradición familiar jugar al Scrabble las noches en que nos reunimos todos, como navidad o el cumpleaños de la abuela. He formado la palabra LOVE. Ya llevo 20 puntos. Drew va ganando y se las da de guay por ello. Dan se inventa palabras, papá y mamá han formado un equipo, Erin me ayuda mientras se pinta las uñas de color violeta y Lucy le filtra palabras a mi hermano de vez en cuando. Daniel forma la palabra BADDER. Drew se enfada con él y mi hermano pequeño se pica y se levanta para ir a comer tarta a la cocina. Lucy y Drew se miran embobados mientras se ríen de Dan. Por la noche, mi madre coloca un colchón en el suelo de mi cuarto para que mi amiga pueda dormir. Se irá mañana por la mañana hacia el aeropuerto. Nos pasamos la madrugada hablando sobre su vida ahora. Las cosas le van genial, sale con un chico desde hace tiempo, se ha comprado un coche y está trabajando en una tienda de animales por las tardes. No puedo evitar sentir algo de envidia, ojalá mi vida fuera tan jodidamente perfecta. Estabilidad, a ella le sobra y a mí me falta. -¿Y tú? ¿Qué me dices del instituto? ¿Hay chicos guapos? ¿Alguno especial? 46

We were so young but life is a murder. Erin se ha convertido en alguien bastante superficial, creo. -Bueno… -¡Ves! Sabía que estabas tonteando con alguien. Lo noto en tus ojos. Cuenta cuenta. No sé por qué, pero le miento. No me resulta difícil. Estoy acostumbrada. -Hay un chico muy mono del equipo de fútbol con el que he quedado alguna vez, pero no es mucho de mi tipo, ya sabes. –fuerzo una sonrisa. Apagamos las luces y las pegatinas con forma de estrellas del techo se iluminan en tonos verdes fosforitos. -No puedo creerme que aún tengas eso. ¡Qué infantil eres! – dice Erin, riéndose. Cuando cierro los ojos solo veo fichas de Scrabble formando palabras. Y cuando intento desviar mi mente a otra cosa, veo los ojos azules del chico de esta mañana. Jared Esa mañana me levanto como cualquier otra desde hace meses. El despertador suena, yo me quejo y lo golpeo. Me levanto y voy a la cocina donde me espera una nota de mamá que dice que hay sobras en el congelador. Saco el tapper y preparo café para quitarme el sabor a vómito de la boca. Me visto con el uniforme y me paso los dedos por el pelo enmarañado, intentando que quede medianamente decente en un intento fallido de peinarme. 47

We were so young but life is a murder. El mantel de encaje está quemado por culpa de alguna ceniza que se me perdió hace tiempo, pero a nadie le importa. Me esfuerzo por mantener la casa limpia y ordenada, así parece que vive una familia dentro. Hoy es miércoles, tengo cita en el médico, lo recuerdo cuando veo un pequeño hilo rojo anudado a mi dedo índice. Desayuno y saco la bici del garaje para ir a la heladería. Ya llevo un mes trabajando, puede que me libre de barrer el suelo hoy. Vera En el instituto estamos dando a Edgar Allan Poe, uno de mis escritores favoritos de todos los tiempos, pero soy incapaz de prestar atención a la clase de literatura. Tengo muchísimo sueño, me he pasado la noche sin dormir apenas, para variar. Tengo los brazos apoyados en la mesa, y la marca de mis manos se quedan brillando cuando las aparto. Empieza a hacer frío de nuevo, octubre es un mes duro en nuestra ciudad. Debí haberme traído guantes, porque a la hora del recreo me siento sola, en una esquina del césped húmedo, y tengo las manos congeladas cuando intento escribir en mi libreta de matemáticas, pero la tela de punto de mis guantes me da dentera y no los soporto. Las venitas se me ven a través de la piel pálida, y casi puedo ver el vaho que me sale al respirar por la boca, ya que tengo la nariz taponada. Gracias, frío. 48

We were so young but life is a murder. No hay absolutamente nadie a mí alrededor. Las hojas marrones y amarillas del otoño han caído cerca del banco de madera, las aparto con la punta de mis zapatos y formo un corazón en el suelo. Dejo de escribir cuando oigo unos pasos detrás de mí. Me giro y veo el pelo cobre de Dani. Me saluda con una pequeña sonrisa culpable, y se sienta a mí lado. No hemos hablado desde el día de mi cumpleaños. -Vera, se te ve genial. -dice, por decir algo. No digo nada y me quedo mirándole. Toma esa mirada como una réplica por haberse burlado de mí hace meses. -Oye… lo siento. Solo les seguía el rollo a mi hermana y sus amigos, ya sabes. No quería decir esas cosas, no pienso esas cosas de ti, ya me conoces. Somos amigos. -¿Por qué ahora? -No hemos tenido ocasión de hablar, lo he intentado pero has huido. –dice Dani. -Me traicionaste, Daniel. Te burlaste de mí, y sabes cómo soy con esas cosas. Me mira con cara de lástima. Dani, mi mejor amigo. Dani, este chico de ojos castaños que me mata con solo mirarme. Y es ahí, después de tanto tiempo evitándole, cuando me doy cuenta de que le sigo queriendo. Asiento y se acerca un poco más. -Estás helada. – dice tocándome las manos. 49

We were so young but life is a murder. Se quita los guantes negros y me los pone con delicadeza. Joder, le quiero. Son calientes, suaves y huelen al perfume que él suele utilizar. Estoy enamorada. -Te he echado de menos, Schneider. -Y yo a ti, Smith. – digo. Vera Esa noche, al llegar a casa, me siento en el suelo de mi cuarto y la piel de mis piernas desnudas se queda pegada a la madera. En posición de indio y con el ordenador portátil encendido enfrente, conecto la cámara de fotos con el cable USB y descargo las nuevas ciento veinte imágenes. Tengo la manía de llevarla a todas partes, de fotografiar cualquier momento cotidiano que me parece bonito. Hay arte en todas partes. En la habitación cerrada con llave suena Lego House, y la tarareo, feliz. Selecciono cincuenta fotos de la carpeta y las edito, una a una. Me tomo mi tiempo, me gusta retocar hasta el mínimo detalle. Paso con el cursor por encima de una foto de esta mañana. Salen las manos de Dani y las mías, unidas. Llevo sus guantes. No puedo evitar sentir mariposas. Sonrío como una boba a la pantalla. Le doy a imprimir, y cuando sale de la máquina la cojo con cuidado de no tocar la tinta fresca. 50

We were so young but life is a murder. Le pongo un pedazo de cinta y la pego en la pared, junto a las otras que ya tengo colocadas. Muevo los pies como si fueran alas al volver a sentarme, y me quedo observándolas una a una. Nunca me canso de mirarlas. Apago el portátil y recojo la réflex. Pongo la cámara al lado de la vieja Polaroid de mis padres. Qué daría por tener un carrete vacío. Me acuesto en la cama, boca arriba, contando las estrellas del techo y sonriendo. Sienta bien volver a sentir algo por alguien. Jared La música de la discoteca es ensordecedora. Hemos salido para celebrar mi primer mes y me contrato en la heladería. Harry y Caleb gritan intentando hacerse escuchar, pero no hay manera. Una chica rubia pasa al lado de Harry y se le queda mirando. Va tras ella. Siempre tiene suerte con las chicas cuando salimos. Los flashes de las luces marean, iluminan las caras como en un millón de fotogramas, como si fuésemos a cámara lenta. Parece un anuncio o un video musical. Caleb me hace una seña para que le acompañe a los lavabos. Aquí dentro el ruido es menos molesto, me duele la cabeza. -No deberíamos haber venido, no estoy de humor. -Venga ya, tío. Ya no eres lo que solías ser.- dice, dándome un codazo. 51

We were so young but life is a murder. Sonrío de mala gana. Se apoya en los lavamanos, tiene el pelo por los hombros, negro y despeinado de bailar. Me recuerda a un perro. -Jared, mira. Saca una bolsita de plástico con unas pastillas de colores y me las pone en la palma de la mano. -¿Qué son? -Pastillas hacia el País de las Maravillas, amigo. Me las quedo mirando. Tienen colores llamativos y son pequeñitas y redondas. -Coge una, te sentará bien. Es un regalo. Miro la pastilla violeta, y a pesar de la tentación niego con la cabeza. -Vamos, a caballo regalado no le mires el diente, ya sabes. Odio las muletillas que suelta cada dos por tres, pero es mi amigo, y tiene razón. Además, no tengo nada que perder. Eso es lo mejor de estar solo y no tener nada, eres libre. Cojo la pastillita violeta entre los dedos y la miro con curiosidad. Me la pongo bajo la lengua. Es ácida, como la sal de frutas o los peta zetas que solía comer de pequeño con Marcus. Al pensar en mi hermano, me trago la pastilla. 52

We were so young but life is a murder. Jared Mierda, mierda, mierda. Al despertarme veo el hilo rojo en mi dedo. Pero el dolor de cabeza no me deja pensar con claridad. No me acordaba de mi cita en el psicólogo de mamá. Me levanto de mala manera y me pongo los pantalones vaqueros con los que casi tropiezo. Me abrocho el cinturón y me coloco la camiseta que encuentro encima de la silla. Huele mal. Me miro en el espejo del baño mientras me lavo los dientes a toda prisa y con el ruido del despertador pitando todavía. Mis ojos parecen tomates y amenazan con salirse en cualquier momento. Tengo el pelo fatal, pero me da igual. Me importa un pimiento mi apariencia. Tengo que llegar al hospital psiquiátrico cuanto antes, quizá aún llegue a la cita. Puede que me encuentre con mi madre. Salgo a las carreras y con el cordón desatado, me subo a la bicicleta y pillo el carril rojo hacia el centro. Miro el reloj cada cinco minutos, evitando estamparme contra un poste o contra alguien. Vera 53

We were so young but life is a murder. Esa mañana mi padre tiene el día libre en el trabajo y decide que podemos saltarnos las clases para ir a desayunar a una cafetería del centro comercial. Me pone nerviosa la idea de sentarme frente a un montón de comida, junto a mi familia y una multitud observándome. No tenía planeado comer, pero parece que todo el mundo se ha puesto en mi contra. Cada salida, cada fiesta o cada anuncio me tienta a comer. Pero acepto porque mi padre está muy ilusionado con la idea de pasar tiempo juntos. Mis botas de cuero no evitan que pase el frío húmedo de la calle, y la briza me cala el pantalón, estofándome el pelo. El cielo está gris. Me encanta cuando se torna de ese color, cuando parece que todo es posible, que tienes mucho tiempo por delante. Gris esperanza. Las suelas de las deportivas de mi hermano chirrían constantemente y me incordia. Dan está muy feliz hoy, no para de sonreír y dice que quiere tomar helado para desayunar, a pesar de estar con una temperatura ambiente bastante baja. Drew chatea por el móvil con su novia, para variar. Están muy enamorados, se nota a simple vista. Yo también anhelo enamorarme así, quiero algo bonito. No puedo dejar de pensar en Daniel. La camarera trae una bandeja con dulces recién hechos y humeantes y la coloca frente a nosotros. El olor es absolutamente delicioso. Croissants, donuts y tortitas doradas al horno. Dan está de morros porque no tenían helado a las ocho de la mañana. -Anda, tomate un donut de chocolate, ya verás cómo se te olvida el helado.- dice mi padre. 54

We were so young but life is a murder. -No quiero. – dice mi hermano cruzándose de brazos. -Ay, en momentos así me dan ganas de pegarte, en serio. – digo, mi padre me mira mal. -No empecemos, chicos. Drew está ausente y mi padre es de las típicas personas que intentan que todos participen, así que le pregunta por la universidad. En mi opinión la gente solo pregunta sobre estudios por aburrimiento y por no saber que más decir. Últimamente Drew no habla de otra cosa. Eso me viene de perlas, ya que paso de que mis padres se enteren de que he cateado matemáticas otra vez. Mejor que no me pregunten. Soy la mediana, paso desapercibida constantemente. Entonces mi padre y mis dos hermanos empiezan a hablar sobre una película de aliens que quieren ver, y a discutir sobre cosas que no entiendo y no me conciernen. Mi

Add a comment

Related presentations

Related pages

Adele - When We Were Young (Live at The Church Studios ...

'When We Were Young' is taken from the new album, ... When We Were Young (Live at The Church Studios) AdeleVEVO. Subscribe Subscribed ...
Read more

One Direction - Live While We're Young - YouTube

TAKE ME HOME The brand new album out now! Featuring Live While We’re Young and Little Things. iTunes: http://smarturl.it/takemehome1D Amazon ...
Read more

Cicero - Wikiquote

And so, when we have leisure ... of which the rest were composed, so aptly contributing ... Taylor Caldwell in her novel based on the life of Cicero, ...
Read more

2 teens charged with first-degree murder in ballplayer's ...

... 16, were charged with murder. ... so we decided to kill somebody.’” ... If I lost y’all, I wouldn’t be able to live.”
Read more

Take That - When We Were Young Lyrics | MetroLyrics

When we were young the world seemed so old / Careless and cold / We did what we were told in ... It's my life I'm here with the lovers. And we burned the ...
Read more

14 years old: Too young for life in prison? - U.S. News

... leaving them without the second chance the young are so ... to life imprisonment ... we are saying is: Did these two young men engage in ...
Read more

The Killers - When You Were Young Lyrics | MetroLyrics

Like you imagined when you were young. Can we climb this mountain ... And see the place where you Used to live When you were young. ... it ain't so sweet
Read more

Children Are A Life Sentence - bookordereasy.top

children are a life sentence is available in our digital ... We provide copy of Murder In The ... (Young Math Ser.) in digital format, so the resources ...
Read more

Murder legal definition of murder - Legal Dictionary

Due to the defendant's "wanton disregard for life," the verdict of murder ... the cousin of the miserable young ... his ferocity and cruelties were so ...
Read more