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Tijan - Carter Reed

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Information about Tijan - Carter Reed
Books

Published on March 15, 2014

Author: lindamartinez9809

Source: slideshare.net

Description

Emma decidió saltarse el gimnasio y se fue a casa temprano. Fue la última decisión fácil que tomó, porque encontró a su compañera de habitación siendo violada por su novio. Tenía dos opciones. Llamar a la policía y ser asesinada por las conexiones de la mafia de su familia o matarlo primero y esperar sobrevivir. No había ninguna opción para ella. Mató al cabrón primero y fue a la única persona que podía protegerla.

Carter Reed.

Él es un arma para las familias de la mafia que rivalizan, pero también es el secreto de Emma. No sólo fue el mejor amigo de su hermano, sino que ella es la razón por la que se convirtió en esa arma en primer lugar.
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Índice Sinopsis Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Capítulo 18 Capítulo 19 Capítulo 20 Capítulo 21 Capítulo 22 Capítulo 23 Capítulo 24 Capítulo 25 Capítulo 26 Capítulo 27 Capítulo 28 Capítulo 29 Capítulo 30 Capítulo 31 Capítulo 32 Biografía del autor

Sinopsis mma decidió saltarse el gimnasio y se fue a casa temprano. Fue la última decisión fácil que tomó, porque encontró a su compañera de habitación siendo violada por su novio. Tenía dos opciones. Llamar a la policía y ser asesinada por las conexiones de la mafia de su familia o matarlo primero y esperar sobrevivir. No había ninguna opción para ella. Mató al cabrón primero y fue a la única persona que podía protegerla. Carter Reed. Él es un arma para las familias de la mafia que rivalizan, pero también es el secreto de Emma. No sólo fue el mejor amigo de su hermano, sino que ella es la razón por la que se convirtió en esa arma en primer lugar. E

Capítulo 1 l idiota está aquí, fue lo primero que me pasó por la cabeza mientras me acercaba a nuestro apartamento. Era mi departamento —mío— y tenía que escabullirme dentro porque el novio de mi compañera de cuarto era un pervertido. Siempre me colaba por la puerta trasera en cuanto veía su auto en el estacionamiento, pero esta vez fue diferente. Estaban en la sala de estar y mi compañera dio un grito. Oí un golpe después, cuando él la abofeteó, y eso la detuvo. No podía moverme, pero podía verlos ahora. Entonces, él le gruñó que se callara antes de regresar al asunto. Ella se mantuvo gimiendo, pero no dijo palabra mientras empezaba a empujar dentro de ella. No podía apartar la mirada. La estaba violando. Mi estómago se revolvió. No podía creer lo que estaba pasando delante de mí. Él siguió balanceándose mientras la sostenía delante de él. Con sus piernas, la mantenía atrapada debajo de su cuerpo y se cernía sobre ella con un firme agarre en sus muñecas. No se detenía. Mi compañera de cuarto estaba quieta en señal de rendición. La había derrotado, la había roto, y yo estaba presenciándolo todo. Vómito y odio se levantaron por mi garganta, pero los reprimí. No saldrían de mí, no cuando tenía la oportunidad de hacer algo que sabía iba a lamentar. Pero incluso sabiendo eso, la decisión ya había sido tomada en mi mente. Mallory volvió a gritar. Su agonía era desgarradora. Mi mano tembló antes de que él le ordenara de nuevo que se callara. Entonces aceleró el ritmo empujando más fuerte, más profundo. Él siguió su camino, sin importarle quién más podría haber estado en el apartamento. Esta era mi casa. Era la casa de mi amiga. Él no era bienvenido, pero no le importaba. Continuó abriéndose camino dentro de ella. Luego gruñó de placer. El sonido de eso fue directamente a la boca de mi estómago. Quise vomitar una vez más, pero en su lugar mis ojos se endurecieron y fui a la cocina. Abrí el cajón de los cuchillos, pero ninguno de ellos funcionaría. No para él. E

Pasé por la cocina y me arrodillé en el piso de nuestro patio. Saqué uno de las maderas y me apoderé de la caja que sabía que mi hermano hubiera odiado saber que tenía. Otro grito se oyó detrás de mí y mi determinación creció. Mi brazo ya no temblaba. Encontré el arma de la que mi hermano nunca había querido que supiera. La agarré y la levanté sacándola de la caja antes de acomodar la tabla de regreso. Entonces, con mi corazón más tranquilo de lo que debería haber estado, y con una visión más clara de la que debería haber tenido, volví a la sala de estar. Los sonidos de él penetrándola. El sofá se estrellándose contra la pared con cada embestida. Mi compañera gritando con cada movimiento. Parecía como si nunca fueran a detenerse los sonidos, pero apreté con más fuerza la pistola antes de dar la vuelta a la columna. Él los había cambiado de posición. La había sentado contra la pared mientras seguía bombeando dentro de ella. Ahora su cabeza rebotaba contra la pared. Ella estaba pálida como un fantasma, nuevas lágrimas cayendo sobre las secas. Su delineador corría por ellas por lo que su rostro estaba manchado de negro, con moretones comenzando a llenar el resto del espacio en su rostro. Su mejilla estaba ya hinchada y roja donde él la había abofeteado. Tenía cortes en la parte superior de la frente. La sangre brotaba de ellas. Le había arrancado el cabello y tirado tanto de él que estaba sangrado. Sus ojos se encontraron con los míos por encima del hombro. Un gemido salió de nuevo, pero la mano de él mano se cerró sobre su garganta una vez más. Él la apretó más y más, haciendo que su boca se abriera por oxígeno. Mientras más fuerte la asfixiaba, más duro sus caderas se sacudían. Él estaba saliéndose de ella entonces; ella comenzó a convulsionar sin poder conseguir ningún aire. Él apretó más fuerte. Cuando sus ojos comenzaron a volverse vidriosos, vi un destello de algo en ellos. Era para mí. Lo sabía. Y mi mano sostuvo con más firmeza la pistola cuando la levanté en el aire. Sentí el gorgoteo de la liberación antes de oírlo. Lo sentí en el aire, a través del suelo, a través de mi compañera de cuarto. No importaba. Sabía que él estaba cerca del clímax y nunca nada me había disgustado más, pero mi mano se mantuvo estable mientras sostenía la Glock. Entonces quité el seguro y me aclaré la garganta. Se quedó quieto. No miró alrededor. Debería haberlo hecho, pero no lo hizo.

Esperé, mi corazón comenzó a acelerarse, pero él comenzó a empujar de nuevo. —Jeremy. Mi voz fue tan suave, casi demasiado suave, pero él se quedó paralizado de todos modos y movió la cabeza hacia atrás para mirarme. Cuando vio lo que sostenía, sus ojos se volvieron salvajes y ahí fue cuando le disparé. La bala le dio en el centro de su frente. No me sobresalté cuando Mallory empezó a gritar, aún en su agarre. El cuerpo seguía manteniéndola prisionera inclusive tras desplomarse, y se habría mantenido en su lugar si no hubiera sido por las frenéticas manos de ella empujándolo. Su cuerpo cayó al suelo, tanto como sus huesos y tendones se lo permitieron. Sus rodillas estaban todavía dobladas, pero la sangre se filtraba de él lentamente. Se formó un charco debajo que, mientras yo estaba allí, creció y creció. Todavía gritando, Mallory se zafó de él y se desplomó en suelo, no lejos de su cuerpo. Se arrastró por la pared hasta encontrar el último rincón y se acurrucó en posición fetal. Estaba llorando, histérica, y los lamentos no dejaban de salir de su garganta. Me acerqué a ella, pero en vez de calmarla como debería haberlo hecho, puse mi dedo en sus labios e hice un sonido de shhhhh. Cuando se calmó, le susurré: —Debes quedarte callada. La gente oirá. Ella asintió, pero tragó con dificultad mientras sus sollozos se callaban. Entonces me di la vuelta y me deslicé hacia el espacio a su lado. No podía apartar la mirada de él. Un charco de sangre le rodeaba ahora. Se filtraba bajo el sofá. Distraídamente, mi mano encontró la desnuda y sangrante rodillas de Mallory. Le di unas palmaditas para calmarla, pero no podía apartar los ojos de él. Lo había matado. Había matado a alguien. No podía pensar en eso ni comprenderlo, pero todo estaba mal. Debería haber estado en el gimnasio. Iba a tratar de coquetear con el nuevo entrenador, pero había estado cansada. Me salté el gimnasio, sólo por esta vez, y volví a casa en su lugar. Cuando vi su auto, casi me di la vuelta. Odiaba a Jeremy Dunvan. Él estaba conectado a la mafia local y trataba a Mallory como una mierda. Sin embargo, no había vuelto al gimnasio. Pensé que podía colarme en el interior. Siempre estaban en su habitación de todos modos. El rostro de Jeremy había caído hacia nosotras de alguna manera. Recordé que lo había empujado lejos de ella por lo que su cuerpo estaba

inclinado en un ángulo extraño, pero sus ojos me miraban. Estaba muerto, así que estaban vacíos, pero aún podía verme. Lo sabía. Un escalofrío me recorrió la columna, mientras miraba el hombre que había asesinado con esos ojos. Me condenaban, al diablo con esos ojos. —Em —sollozó Mallory. Esta vez su llanto rompió mis paredes. El sonido era ensordecedor ahora para mí. Mi corazón se encogió. Me preocupaba que se oyeran en el apartamento de al lado, a lo mejor debajo o por encima de nosotros. Llamarían a la policía. Deberíamos llamar a la policía, pero… nunca había matado a alguien. No, había matado a Jeremy Dunvan. No podíamos llamar a nadie. Encontré su mano y apreté con fuerza. Una de ellas estaba fría y húmeda. Mía. Mi mano estaba pálida mientras la suya estaba cálida por la sangre. Me volví y vi que tenía la otra mano en su boca. Se mantenía respirando mientras trataba de contener sus sollozos. —Nos tenemos que ir. Mi voz sonó dura a mis oídos. Me estremecí de la ira con eso. Ella asintió todavía sollozando, todavía tragando, aún sangrando. —Nos tenemos que ir. —Ella me apretó la mano—. Ahora. Su cabeza se sacudió con otro movimiento, pero ninguna de las dos se movió. No creí que mis piernas volvieran a funcionar. Todo después de eso fue borroso, sólo lo recordaba en flashes: Estábamos sentadas en el estacionamiento de la gasolinera mientras nos mirábamos la una a la otra. Mallory necesitaba limpiarse. ¿Necesitaría un hospital? ¿Debería fotografiarla para demostrar que ella había sido violada? Entonces comenzó a llorar un poco más, y recordé que había matado a alguien. El padre de Jeremy vendría por nosotros. Ningún policía nos ayudaría, no cuando la mitad de ellos trabajaba para el padre de Jeremy, quien trabajaba para la familia Bertal. Su cuerpo sería encontrado en nuestro apartamento, no tuve estómago para deshacerme de él. El baño estaba conectado con el exterior, así que tuve que conseguir la llave. No podía ser vista así. Una de los dos bombillas no funcionaba por lo que la iluminación no era la mejor, pero usé mi teléfono mientras

inspeccionaba todos los moretones de su cuerpo. Estaba cubierta por rasguños desde la coronilla hasta dos grandes ronchas en sus muslos. Cuando los vi y miré hacia arriba buscando sus ojos, me susurró: —Me pateó. Tomé las gafas de sol de Mallory y una bufanda para cubrirle la cabeza. Parecía que ella fuera de un país diferente, pero ocultaba los daños. Nadie nos echó una segunda mirada cuando entramos a un restaurante y pedimos dos cafés. Mi estómago gruñó, pero no podía comer. Las manos de Mallory temblaban tanto que no podía recoger la taza, así que los cafés de ambas se enfriaron mientras estábamos sentadas ahí. Me había adormecido hace mucho tiempo, pero mi labio todavía temblaba. Había estado temblando durante horas. Era más de medianoche. Ninguna pedimos comida. Cuando las meseras cambiaron, pedí un nuevo café. Esta vez, por fin pude disfrutar de él. Mallory jadeó. Mis ojos se dispararon a los de ella y luego sentí el calor de mi boca. Me había quemado a mí misma, pero apenas lo sentía. Después de mi taza, esperé diez minutos antes de tomar la de ella. Sabía que no me iba a quemar. Mallory todavía no podía tomarse la de ella. Era por la mañana ahora. Los teléfonos de ambas sonaron, pero sólo los miramos. Yo no podía hablar. Apenas podía pedirle más café a la nueva mesera. El labio de Mallory había dejado de temblar, pero sabía que sus manos todavía temblaban tanto que las mantenía en su regazo. Entonces se ahogó mientras me recordaba que fuera de baño. Fuimos juntas. Estábamos de vuelta en el auto. El personal había comenzado a susurrar sobre nosotras así que nos fuimos. No queríamos que llamaran a la policía, pero ahora no sabíamos a dónde ir de nuevo. Entonces Mallory dijo: —Ben. Podemos ir con Ben. —La miré de reojo.

—¿Estás segura? —Mi mano estaba tan fría. Apenas sentía el volante cuando lo giraba. Ella asintió, algunas lágrimas deslizándose de nuevo. Había comenzado a llorar cuando salimos de la cafetería. Entonces dijo: —Sí. Él nos ayudará. Lo sé. —Así que nos fuimos a la casa de su compañero de trabajo. La fuerza de lo que había pasado me golpeó en una explosión después de haber estado con Ben durante unas horas. Él abrió la puerta, le echó un vistazo a Mallory y la tomó en sus brazos. Ella había estado llorando desde entonces, y ahora todos estábamos acurrucados alrededor de la mesa de su cocina. Él puso una manta sobre ambas en algún momento, pero no podía recordar cuándo. Mientras ella le contaba lo sucedido a través de sollozos, yo me dejé caer en la silla. Jeremy Dunvan. Él había estado vivo hace veinticuatro horas, respirando. Oh, Dios mío. Lo había matado, sentí un puñetazo en el estómago. No. Me sentía como si alguien me hubiera atado las manos y las piernas tirándome a la carretera, esperado mientras un autobús pasaba por encima de mí, y luego pasaba de nuevo. Y otra vez. Iba a morir. Era cuestión de tiempo. Franco Dunvan trabajaba para la familia Bertal. Ellos mataron a mi hermano. Era mi turno. Pánico helado quemó a través de mí. Ya no podía oír a Mallory. Había sido en defensa propia. Él la iba a matar. Ya la había estado violando. Lo maté porque él me habría matado también, pero esa no era la cuestión. Cuando empecé a luchar por respirar, traté de seguir siendo lógica. La policía no habría ayudado. ¿Por qué tomamos fotografías de sus heridas, entonces? ¿Qué más daba? Nada de eso significaba algo. Huimos. Debíamos seguir huyendo. —Tenemos que irnos, Mals —me ahogué. Ella levantó la vista del pecho de Ben. Él envolvió sus brazos alrededor de ella más fuerte y si era posible ella palideció aún más. —No puedo. —Tenemos que hacerlo. —Ellos iban a cazarnos y a matarnos. “Por favor, Tomino, por favor” había rogado mi hermano por su vida, pero lo empujaron de rodillas y le dieron con un bate. AJ mantuvo su vista en mí todo el tiempo. Mientras yo veía todo más allá del callejón donde lo encontraron, los dos sabíamos que no podían verme. Él me había hecho gatear detrás de una ventilación antes de que lo vieran en el callejón. Yo apretaba mis manos, una con la otra, mientras luchaba en contra de salir gateando y ayudarlo. Él negó con su cabeza. Sabía lo que quería hacer. —¡Emma! Me devolví al presente y vi a Ben frunciendo el ceño. —¿Qué?

Todo parecía tan surrealista. Era un sueño. Todo fue un sueño, eso tenía que ser. Me espetó: —Cristo, lo menos que puedes hacer es estar ahí para ella. —Luego se empujó fuera de su silla y se puso delante de mí. ¿Qué había pasado? “Carter vendrá por ustedes” Había vuelto a ese callejón. Oía los gemidos de mi hermano mientras jadeaba en busca de aire. Él se ahogaba en su sangre, pero se reían de él. ¡Ellos se rieron, maldita sea! “Lo que sea. No eres nadie, Martins. Eres un desperdicio de espacio. Tu chico obtendrá lo mismo si viene tras nosotros. De hecho, queremos que venga tras nosotros, ¿verdad, muchachos?” Tomino había extendido sus brazos hacia fuera anchos y los otros tres se rieron con él. Luego levantó el bate una vez más. AJ me miró. Pronunció las palabras: “Te quiero”. Entonces el bate bajó con toda su fuerza. Me caí de mi silla y el golpe me devolvió al presente. Estaba en el piso ahora. —Jesús, Emma. ¿Cuál carajos es tu problema? —Ben me agarró del brazo y me arrastró hacia arriba. Señaló a la habitación—. Finalmente logré que durmiera ¿y ahora vas a despertarla? ¿Sabes el infierno que pasó? No puedo creerlo. Ten un poco de consideración. ¿Tener un poco de consideración? Él tiró mi brazo y le devolví la mirada. —¿Estás jodidamente bromeando? —¿Lo hacía? Tenía que estarlo haciendo. Lo empujé hacia atrás y luego me abalancé hacia él—. Lo maté, idiota. Maté a ese violador por ella. ¡Le salvé la vida! Ahora necesitaba que alguien salvara la mía.

Capítulo 2 uando me desperté, todo estaba aturdido. Nada tenía sentido, y mi espalda me estaba matando. Protestó cuando me estiré de la bola que había formado y los espasmos se dispararon. Casi grité, pero eché una mano sobre mi boca para amortiguar el sonido. No podía hacer ruido. Un sexto sentido me puso alerta, pero luego fruncí el ceño cuando diferentes ruidos se sintieron detrás de mí. Una olla resonó contra una sartén, y hubo un chisporroteo de algo que se freía, el que fue cubierto rápidamente con una maldición antes de que la alarma de incendios se activara. Me di la vuelta mientras me encontraba en medio de un colchón tirado en un rincón de una sala de estar. Escudriñé a lo largo de los dos sofás frente a mí que me encasillaban en la esquina, y lo recordé: Estábamos en casa de Ben. Mallory había estado gritando y llorando. Mallory fue violada. Caí de nuevo sobre el colchón con un golpe. Jeremy Dunvan. El pánico creció en mí, pero luego la puerta se abrió de golpe. Salté hacia atrás y grité. Seguí gritando cuando se cerró de golpe y alguien corrió hacia la sala de estar. Aunque veía que era una amiga, no podía dejar de gritar. “Jeremy”. Mi propia voz me impresionaba. La explosión de la pistola volvió y me pareció ver mi mano retroceder de nuevo. “Debes quedarte callada. La gente oirá” Con un grito angustiado, cerré la boca y me derrumbé. Inclinándome hacia adelante, enterré mi cabeza en la almohada. Otro chillido me atravesó. ¿Qué había hecho con la pistola? Oh Dios. Había dejado pruebas. No podía recordar dónde la había puesto. Unas suaves manos tocaron mi hombro. —Emma. Oí la voz de Amanda, una de las pocas personas en quien confiaba. Ella se arrodilló a mi lado y me aferré a ella. —Vamos. Levántate. —Su dedo se deslizó debajo de mi barbilla y levantó mi cabeza. Jadeé en busca de aire, no podía respirar. Todo mi C

cuerpo se retorció hacia adelante, y empecé a golpear mi pecho. El pánico se arremolinaba ahí. Me estaba ahogando. Oh Dios. El arma. ¡Slap! Mi cabeza giró hacia la izquierda, pero nunca sentí el aguijón de su mano. Fue suficiente para que me tirara hacia atrás, así podría respirar de nuevo. Aclaré mi visión mientras sentía mi pulso reducir la velocidad y agarré los codos de Amanda. —Gracias. Ella se empujó el cabello rubio de la cara y sonrió. Era una sonrisa amable, y no me importaba que fuera de piedad. La agarré y la aferré con todas mis fuerzas. Ella no tenía ni idea, no podía tenerla, pero estaba allí. Di una respiración entrecortada. —Amanda. Ben se detuvo en la puerta entre la cocina y la sala de estar. Tenía un delantal blanco atado alrededor de su cintura y estaba sin camisa. Los pantalones vaqueros que llevaba debajo estaban arrugados y rotos en las rodillas. Parecía que había dormido con ellos, pero luego vi las rayas en su pecho y me di cuenta de que había dormido sobre ellos. Había sostenido a Mallory durante la noche. Ella hizo un gesto con la mano hacia él. —Estamos bien. Estaremos allí en un segundo, ¿de acuerdo? Él entrecerró sus oscuros ojos. Fruncí el ceño mientras veía lo despeinado que tenía el cabello, como si una mano hubiera corrido a través de su cabeza una y otra vez. Vi las marcas rojas de arañazos en su pecho y me disparé sobre mis pies. —¿Me estás jodiendo? —Emma. —Amanda se puso de pie a mi lado. Trató de bloquearme, pero empujé a un lado todos los cuarenta y un kilogramos de ella. —¡¿Te acostaste con ella?! ¿Tuviste sexo con ella anoche? Él frunció el ceño y se rascó el pecho. Mis ojos se estrecharon cuando vi más arañazos, largos y rojos. Estaban en toda la longitud de su delgado torso; el rosa contrastando en contra de su pálida piel. Un diferente malestar se apoderó de mí. Gorgoteó hasta lo más profundo y amenazó con hacerme vomitar, pero no podía moverme. Sólo podía mirar con asco. Él suspiró mientras su mano se levantaba a su cabello. La mano envuelta alrededor de un puñado de su cabello negro y tiró de ellos antes de volver a respirar hondo. Sus hombros luego cayeron y su mano bajó a su lado.

—¿Qué querías que hiciera, Emma? Ella no quería sentirlo más. Quería sentirme a mí. Quería el toque de otro hombre. —¿Funcionó? —escupí. Sabía que no lo había hecho. Su mirada cayó al suelo. La toalla que tenía en la otra mano se deslizó hasta el suelo. Luego levantó sus sombríos ojos hacia mí. —Ha estado llorando desde entonces. —¡Ben! —Oh, vamos, Amanda. —Sus brazos se levantaron—. Tú no estuviste aquí. Yo era el único. Sabía lo que debía hacer. Mallory fue un completo desastre toda la noche y ésta —Su mano me señaló—, era una zombi también. Esta es la primera señal de que está viva desde esa noche. Pensé que tendría que llevarla también al hospital. Mi corazón se detuvo. —No lo hiciste. —No. —Sus ojos brillaron con disgusto—. Pero debería haberlo hecho. Debería haberlo hecho. Ella no debería estar aquí. Ambas no deberían estar aquí. Tú no deberías estar escondiendo… —¡Nos van a matar! —¿Quién? —gritó de nuevo hacia mí. Tenía las manos en puños, y las levantó en el aire—. ¿Quién, Emma? ¿Quién podría ser tan peligroso que, en lugar de ir al hospital, viniste aquí…? —¡La mafia, idiota! Me lancé hacia él, pero Amanda envolvió sus pequeños brazos alrededor de mí. Sus pies se clavaron al piso y me giré de nuevo a los sofás. Caí sobre ellos, pero me revolví y me paré de nuevo. Mi cabello cayó para cubrir mi cara. Lo tiré hacia atrás y levanté la mirada hacia él. Mis ojos eran salvajes. Furia candente corría a través de mí, pero fue cuando él dio un paso atrás que me di cuenta de cómo debía verme. Loca. Respiré hondo y traté de calmarme. Mierda, era duro. —¿Dónde está ella? —Durmiendo. —Él cruzó los brazos sobre su pecho y su barbilla se movió hacia abajo—. Y se quedará de esa manera. Necesita dormir, Em. Tiene que empezar a curarse, y necesitará todo el descanso que pueda conseguir. Pasé mis manos por mi oscuro cabello. Quería arrancarlo. Quería que el dolor se calmara en mí. Cualquier sufrimiento estaría bien, nada lo suficientemente fuerte como para arrancar el dolor dentro de mí. Entonces grité. Un jadeo/medio-gorgoteo arrancado de mí mientras me hundía hasta

mis rodillas. Dios, no podía ser más dramática, pero infierno santo. Me iría al infierno. Iban a matarme. —Emma. —Amanda estaba a mi lado otra vez. Me instó a volver a mis cabales, y las dos nos movimos para acurrucarnos en el sofá. Yo no era una persona sentimental, pero me aferré a ella en ese momento. Necesitaba toda la fuerza que me estaba dando. El caos estaba rebotando dentro de mí, rebotando a mi alrededor a un ritmo rápido. No podía evitarlo. No podía centrarme con el fin de obligar a todas esas emociones a alejarse. —Emma. Cerré los ojos cuando sus suaves manos fueron a mi cara. Ella la levantó y comenzó a inspeccionar cada línea de agotamiento que tenía. Luego dijo con voz suave: —Debes limpiarte, cariño. Vamos a la ducha. Te ayudaré. Negué. No serviría de nada. —Vamos. —Su mano acarició mi lado y empezó a tirar de mí hacia arriba. Su agarre era fuerte. Ben estaba arraigado en su lugar mientras nos observaba. Su mirada era dura y la mano con la que tapaba su rostro no podía ocultar el agotamiento. Comprendí entonces que él podría bien haber caído a mi lado. Éramos un desastre, ambos, pero entonces vi la puerta cerrada del dormitorio. Una risa enferma me encogió de repente. Ninguno de nosotros estaba tan desastroso como ella. Mallory. Él la había violado. Una imagen de sus ojos rotos devolviéndome la mirada mientras sus caderas se empujaban dentro de ella. Me estremecí con el repentino destello, y esta vez el vómito me superó. Corrí al cuarto de baño, cayendo de rodillas. Frenética, levanté la del inodoro justo antes de que todo se empujara fuera de mí. Lo hice otra vez. Y otra vez. Más vino después de eso y, al final, lo único que pude hacer fue sostenerme del inodoro para evitar caer. Iba a morir. —Oh, cariño. Emma querida. —Un paño frío se presionó contra mi frente mientras Amanda se arrodillaba junto a mí. Limpió algo antes de que lo presionara en mis mejillas y luego lo rodara bajo mis labios. —Tienes un aspecto horrible, pero vas a estar bien. Todo estará bien. Cerré los ojos con más fuerza. No quería ver el resto de la pena en sus ojos. No podría soportarlo, no de ella. Sus ojos eran tan azules como el cristal, no podían ocultar la emoción en ellos. Tenía que limpiarme.

Mallory me necesitaba. Y entonces, mientras continuaba pensando en mi compañera de cuarto, empujé el resto de mi miedo a un lado. Cuando abrí los ojos, me di la vuelta y miré a Amanda finalmente a los ojos. A diferencia de sus ojos azules, los míos eran oscuros, casi negros, y ella no podía ver nada. No vería el esfuerzo que me tomó no vomitar más basura. Estaba contaminada. —Maté a un hombre. —Lo sé, cariño. —Ella se inclinó y apoyó su frente contra la mía. Sus manos continuaron pasando la toalla sobre mis mejillas—. Vamos a salir de esto. Tenemos que hacerlo. —¿Cómo? Hice una mueca por el temblor de mi voz. Era débil. Patética. “Vendrán por mí, Ems. Tienes que ser fuerte. ¿Me escuchas? Tienes que ser fuerte.” La voz de mi hermano estaba en mi cabeza. Esos recuerdos no me ayudaban ahora. Amanda frunció el ceño. —¿Qué? —Nada —dije mientras levantaba un brazo y trataba de apartarla, sólo un poco. Necesitaba espacio para respirar. “No importa quién llame a la puerta, no contestes. No confíes en nadie, en nadie, excepto en Carter. Ve con Carter. Él se encargará de todo. Él cuidará de ti, Ems. Lo prometo.” Apreté los dientes. Tenía que dejar de pensar en mi hermano. —¡EMMA! ¡VEN AQUI! —gritó Ben desde la sala de estar. Me levanté para gritarle por chillar, pero entonces oí las palabras de la reportera y me congelé. —Jeremy Dunvan se cree desaparecido. —Una foto de él brilló en la pantalla del televisor. Él se reía en la fotografía, sonriendo con una mirada despreocupada a quien fuera que la tomó. Entonces la reportera llenó la pantalla con una expresión sombría en su rostro. Su mirada era seria mientras fruncía el ceño a la cámara. —Si tiene alguna información sobre el paradero de Jeremy Dunvan, llame al número que está en la parte inferior de la pantalla. Una vez más, si tiene algún conocimiento en absoluto de lo que podría haberle pasado a Jeremy Dunvan, por favor llame a este número. Ella continuó repitiendo el mismo mensaje. La policía fue notificada por el padre de Jeremy, Franco Dunvan, temprano en la mañana que su

hijo de treinta y dos años había desaparecido cuando no regresó a casa anoche. Ella lo recitó una y otra vez. Empecé a sentirme mal. Más fotos de él se mostraron. En algunas estaba con sus amigos. Llevaba un uniforme de softbol en una, en otra tenía una cerveza en la mano. En todas parecía amable, guapo, no en absoluto el monstruo que vi hace veinticuatro horas. Un sonido estrangulado salió de Ben mientras miraba boquiabierto hacia el televisor. Una de sus manos estaba doblada en su cabello de nuevo. La otra agarró el control remoto contra su pecho. Sus ojos eran frenéticos. —Pensé que habías dicho… Él se detuvo. Su boca se cerró, luego se abrió de nuevo, y luego se cerró una vez más. Su pecho se hinchó mientras parpadeaba rápidamente por un segundo. —Mierda, Emma. ¿Qué hiciste? Mis ojos se estrecharon y me abalancé sobre él. Se echó hacia atrás, con el miedo brillando sobre él, pero le robé el control remoto y apagué el televisor. —Él la estaba violando. La estaba matando. Me hubiese matado también. —Me detuve y tragué más de un nudo en mi garganta. Mis ojos empezaron a nadar—. Hice lo que tenía que hacer. Ben hizo un gesto hacia el televisor. Su brazo se movió antes de que lo dejara caer a su lado. —Franco Dunvan. Dijeron Franco Dunvan. ¿Sabes quién es? —Sí —le susurré. Dios sí. Parpadeé más lágrimas. Estaba segura como el infierno de que sabía quién era él; había sido quien ordenó que golpearan a mi propio hermano. “Si alguna vez necesitas algo, ve con Carter.” Sacudí la cabeza para aclarar las últimas palabras que mi hermano me dijo antes de salir corriendo de nuestro apartamento. Lo seguí. Él no me quería, pero cuando me notó en el callejón, era demasiado tarde. Ellos aparecieron al final y él me escondió, permanecí oculta. Me obligué a empujar los recuerdos lejos y hablé con Ben. —Te lo dije anoche. —El día antes de ayer. —¿Qué? —Detuve todo. —El día antes de ayer —murmuró Ben, perdido en sus propios pensamientos—. Vinieron aquí hace dos días.

Un gemido salió de mí. Él había estado muerto desde hace dos días. Espera, ¿había estado? El tiempo ya no tenía sentido para mí. Pero tenía razón. Yo siempre iba al gimnasio después del trabajo a las cinco de la tarde, pero ese día salí antes de tiempo y omití ir al gimnasio. Fue hace dos noches cuando lo maté. Había dormido durante casi veinticuatro horas. Parpadeé sorprendida. ¿Mallory también? Miré rápidamente, pero Ben negó. —Sólo se quedó dormida hace una hora. No he dormido nada yo tampoco. Oh. Amanda llegó a mí alrededor y tomó el control. El televisor se volvió a encender. Cuando se sentó en un sofá, Ben se sentó a su lado. Ambos se acomodaron con una mirada determinada en sus rostros: Iban a ver las noticias. Iban a escucharlo todo. Y entonces, con mi estómago apretándose en mil nudos, me volví y me acurruqué en el sofá. Traté de prepararme para lo que iba a oír. —Las autoridades llevarán a cabo una búsqueda exhaustiva de Jeremy Dunvan y hemos sabido que las autoridades federales se pondrán en el caso. Creen que la desaparición de Jeremy Dunvan puede estar conectada a una cadena de peleas entre bandas. Ahora —Su voz se hizo más clara—, nos han dicho de fuentes fidedignas que Franco Dunvan, el padre de Jeremy Dunvan, es miembro de alto rango de la Familia Bertal. Las autoridades federales han estado intentando durante años conseguir pruebas contra el Sr. Joseph Bertal para acusar a posiblemente treinta miembros de su organización criminal. —Ahora, Angela —una voz profunda habló en esta ocasión. —¿Sí, Mark? —Ella era muy alegre. —¿Las autoridades creen que esta desaparición puede estar conectada a la pelea entre la familia de Bertal y la familia de Mauricio? Había tanta emoción en su voz. —Mientras no se nos diga con certeza que se enfilan en la investigación hacia la familia de Mauricio, ciertamente parece probable. El gobierno siempre trató de conseguir pruebas contra Carter Reed, alguien cree que es un alto funcionario en la familia de Mauricio. Mi corazón se detuvo. Me volví para ver la pantalla ahora. Había una foto de él. Contuve el aliento. Me había olvidado cómo eran de claros sus ojos azules o cuán poderosa era la mirada que enviaba a quien había tomado la fotografía. Él parecía dispuesto a matar a quien estuviera detrás de la cámara, pero luego otra imagen vino después. En esta usaba un esmoquin negro

mientras salía de un auto negro. Había levantado una mano para bloquear su cara de ser fotografiado, pero ellos habían sido más rápidos. Una sonrisa burlona curvaba la parte superior de su labio, pero incluso a través de las líneas borrosas de la imagen granulada sus rasgos más llamativos eran inconfundibles. “Ve con Carter” Las palabras de AJ flotaron de regreso a mí, pero no podía. Probablemente debería hacerlo, pero no había manera. Él había sido el mejor amigo de mi hermano hace más de diez años. Se había unido a la familia de Mauricio después del asesinato de AJ y, por lo que escuché, había matado a todos los que habían sido parte de la muerte de mi hermano. Un escalofrío me recorrió la primera vez que me dijeron eso, y esos mismos temblores se sintieron de nuevo. Nuestra ciudad era grande, pero en ese mundo, nunca se era lo suficientemente grande. Se corría la voz rápidamente y todo el mundo pronto había llamado a Carter el Asesino Frío. No sólo había matado a los que ordenaron golpearlo, sino quo mató a los que dispararon, al chico de respaldo, al chofer, y al mensajero que había dado el dato. Los había matado a todos ellos, moviéndose más rápido de lo que nadie podía imaginar. Mientras estaba en la secundaria e iba de una casa de acogida a otra, lo vi un par de veces. Hubo momentos aleatorios cuando estaba esperando el autobús de la ciudad y él salía de un restaurante. Siempre estaba rodeado de otros hombres, chicos grandes y corpulentos. Me asustaban entonces, y sabía que me iban a asustar ahora. Luego, en la universidad, debido a que asistí a una local, le echaba un vistazo en clubes nocturnos cuando iba con mis amigos. Nunca pedí un trato especial, ni siquiera sabía si él se acordaba de mí, pero sabía que los clubes eran de su propiedad. La mayoría de ellos eran los más populares; mis amigos más cercanos querían ir de todos modos, y me gustaba ver si podía encontrarlo. Cuando lo hacía, era lo mismo, siempre a la distancia. Con los mismos hombres que lo rodeaban, pero había momentos en que tenía a una mujer con él. Ellas siempre eran hermosas, casi demasiado hermosas para ser humanas. Siempre tenía lo mejor. Suspiré mientras más imágenes eran proyectadas en la pantalla de la televisión. Con cualquier historia que pudiera estar conectada a la mafia local, su foto siempre era transmitida. Los medios de comunicación lo amaban. Era precioso, con pómulos llamativos, ojos azules que me recordaban a los de un lobo, y cabello rubio oscuro. Todo eso además de unos 183 centímetros de cuerpo esbelto con hombros musculosos. Nadie sabía que yo lo conocía. No me atrevía a decirle nada a nadie. Si lo hacía... Me mordí el labio mientras consideraba eso ahora. ¿Mallory me

pediría que fuera con él? Si alguien me podía ayudar, era él. ¿Pero esto? ¿Le confiaría esta información? ¿Qué había matado a uno de sus enemigos? “No confíes en nadie, en nadie, excepto en Carter. Ve con Carter. Él se encargará de todo. Él va a cuidar de ti, Ems. Lo prometo” Me dolía tragar, pero cuando abrí los ojos otra vez, Mallory estaba en la puerta del dormitorio. La manta estaba envuelta alrededor de su frágil figura. Lágrimas secas estaban apelmazadas en sus mejillas y me devolvió la mirada. Él la rompió. Lo vi en ese instante. Entonces tomé mi decisión. Iría con Carter, pero si él no podía ayudarme, yo me ayudaría a mí misma. Mataría al hijo de puta de nuevo. Si su padre venía tras de nosotras, yo la protegería. Me protegería a mí misma. Carter se levantó de entre sus rangos cuando éramos niños. Lo hizo para vengar a mi hermano. Si podía hacer eso, podría mantenernos vivas. Yo tenía que hacerlo.

Capítulo 3 uando salí del taxi fuera del Octave, vacilé por un momento. ¿Qué demonios estaba haciendo? El público ya estaba alineado en la manzana mientras esperaban entrar a la discoteca más popular de Carter Reed. Era la más exclusiva, pero también la más escandalosa. Cuando mi vida había sido más normal, hace cuarenta y ocho horas, mis amigos y yo disfrutábamos del más sofisticado de sus clubes. Tocaban música tecno, mezclada con los éxitos del pop, y la gente no me hacía imaginar BDSM1 ocurriendo en cualquier esquina sombreada del club. Con este club, sin embargo, había una razón por la que muchos querían llegar al interior, aseguraba confidencialidad. Una gran cantidad de celebridades venían e iban a sus palcos privados, pisos por encima de la pista actual de baile. Pero había también otra multitud, la multitud criminal, lo que lo hacía tan reservado y exclusivo a la vez. Cualquiera podía ir con la certeza de que todo lo que sucedía en Octave se quedaba en Octave. Debían tener guardias por todo el club, sin embargo. Carter no era estúpido. Estaba lejos de ser estúpido. Mientras que algunos de los clientes más hostiles podían sentir que podían salirse con la suya, había un límite. A pesar de que sólo había estado en el interior de Octave una vez, no podía estar completamente segura de mis sospechas. Conocía a Carter. Nunca había aprobado esas cosas cuando éramos niños. Sin embargo, muchas cosas habían sucedido desde entonces hasta ahora. Mientras tragaba a través de mi garganta seca, lo recordé totalmente. Había matado a un hombre y ahora estaba esperando que Carter me ayudara. —Señorita. —El taxista tocó su bocina—. Tiene que pagar. Esto no es un paseo de caridad. —Oh. Hurgando en mi bolso encontré el dinero y se lo entregué. Cuando él empezaba a irse, una pareja riendo que se tambaleaba desde el club se metió por la puerta. Yo aún no había cerrado. Su luz de servicio se apagó mientras oía al chico murmurar una dirección antes de que él comenzara a chupar en el cuello de la chica. Entonces el taxi se alejó, y yo me quedé en la acera. Grandioso. 1 BDSM las siglas quieren decir B: Bondage, D: dominación y disciplina, S: sadismo y sumisión M: Masoquismo. Es un tipo de práctica sexual. C

Una vez más. ¿Qué demonios estaba haciendo? Miré la fila esperando para entrar. La mayoría de ellos estaban vestidos con casi nada, mientras yo llevaba una camisa de manga larga y unos vaqueros. Por supuesto, Amanda había tenido que prestarme sus pantalones vaqueros, así que se me pegaban como una lapa, pero estaba cubierta. No había manera de que entrara en ese club, no así. Así que tomé una respiración profunda y vi cuánto tiempo estaría en esa fila. Pasarían horas antes de que llegara a la puerta. Mientras me mordía el labio, consideré ir por toda la fila y acercarme a los cuatro gorilas frente a mí. Mientras me echaban un vistazo, vi sus miradas planas. Mi instinto me decía que otros lo habían intentado y habían sido rechazados. Contuve el aliento, podía ser que incluso me prohibieran entrar al lugar. Entonces, toda mi esperanza se habría ido. Mientras un gran sedán negro pasaba delante del club y daba vuelta en el callejón de atrás, empecé a seguirlo. ¿Podría meterme por allí? Pero no. El auto se detuvo y cuatro hombres más corrieron a la puerta de atrás, mientras se abría. Un hombre y una mujer se apresuraron a salir y a ir por una puerta lateral. Ella había estado riendo, vestía un llamativo vestido rojo, y el tipo tenía un traje de negocios. La puerta se cerró con una firmeza estridente mientras el brabucón golpeaba dos veces el techo. El auto se fue y los cuatro tipos volvieron a tomar posiciones ante la puerta. En ese momento, la puerta se abrió de nuevo y otro gran tipo caminó por el callejón hacia mí. Tragué. Esto era todo. Esta era mi oportunidad. Cuando él comenzó a venir hacia mí, extendí la mano por su brazo, pero mi muñeca fue agarrada antes de que hiciera contacto. Me quedé helada. Mis ojos se ampliaron mientras veía que tenía un apretado agarre en mi brazo. Sus ojos eran duros, casi demasiado fríos. —¿Sí? —gruñó. Tragué de nuevo. Traté de evitar que mis rodillas se doblaran. —Yo… yo… —Dilo, cariño. Tienes cinco segundos. Oh, Dios. Tragué la pelota de baloncesto en mi garganta. —Yo… conozco a Carter Reed. Yo… ¿Podría…? Quiero decir… ¿él está…? Él sonrió, la dureza de esa mirada se deslizó por mi espalda. —Tú y todos los demás, cariño. ¿Quieres hablar con él? Ve al final de la fila y espera tu turno. Pero… —Sus ojos se deslizaron por mi cuerpo y subieron—. Vas a perder tu tiempo. No conseguirás entrar vestida así.

Tienes un maldito buen cuerpo, pero tienes que mostrar piel. No estás mostrando nada, cariño. Mi estómago cayó al suelo. Esto no era como yo pensaba que iba a ser, pero ¿a quién había estado engañando? Carter Reed probablemente no me recordaría ya, mucho menos le importaría un comino ayudarme. Pero no sabía qué más hacer, así que di vuelta a la manzana y luego vuelta a la esquina. Suspiré. La fila había crecido otra cuadra. No habría manera de que consiguiera entrar, mucho menos siquiera acercarme a la puerta. Mi teléfono sonó en ese momento, y lo revisé. Era Ben. Rápidamente escribí una respuesta de vuelta. Lo envié y luego otro. Mientras lo leía las lágrimas amenazaron con derramarse, pero avancé todo el camino hasta el final de la fila. Lancé una respiración entrecortada. Esto era lo que necesitaba. Si tenía que esperar toda la noche y todo el día siguiente, lo haría. Tenía que ver Carter. Era nuestra única real esperanza. Le respondí. Sentí más lágrimas venir, pero no podía dejar que se derraman. Esto estaba sobre mí. No importaba su trauma emocional, tenía que hacer esto para asegurarme de que ambas viviríamos. Ben no entendía eso. Él estaba pensando en el aquí y ahora, cómo Mallory había llorado el resto del día y en cómo Amanda y yo tuvimos que ayudarla a ducharse porque había estado tan adolorida. Sus cortes y moretones se curarían. El alma lo haría también, aunque necesitaría más tiempo, pero lo que yo estaba haciendo aseguraría que ella tuviera la oportunidad de sanar. Le envié un mensaje de vuelta a toda prisa. Cuando comencé a apagar mi teléfono, un mensaje apareció antes de que mi pantalla se quedara en blanco.

Puse los ojos en blanco. Mallory sabía cómo elegirlos. La fila se movía a paso de tortuga. Algunas veces los gorilas recorrían la fila. Escogían a algunas de las chicas más bonitas y las llevaban a la parte delantera. A medida que pasaban las horas, me di cuenta de que escogían a ocho chicas para llevárselas a dos tipos. Miré el teléfono un par de veces y cuando eran cerca de las dos, la fila se había reducido lo suficiente para que finalmente estuviera en la esquina. Vi como los autos llegaban, la gente saltaba fuera y se lanzaba dentro. Parecía una tarea imposible para mí llegar allí, y mucho menos acercarme a Carter. Pero cada vez que consideraba irme, me acordaba de Mallory. La imagen de Jeremy con sus manos en su garganta pasó por mi mente. No podía ir con ningún otro. Tenía que quedarme y esperar, pero dos horas más tarde cuando el club finalmente cerró, no me había movido más en la fila. La mayoría de las personas se habían ido, pero unos pocos se habían quedado como yo. Una de las chicas, delante de mí le dijo a otra que las celebridades pronto saldrían y que a veces, examinaban detenidamente la fila y elegían a una chica para llevarse a casa. Su amiga gritó de emoción. Efectivamente, mientras todo el mundo se disponía a salir, las celebridades se abalanzaron como la chica dijo que harían. Sin embargo, no se quedaron para examinar la fila. Tenían a chicas con ellos. Una hora más tarde, después de que todos por fin se hubieron ido, era la última. No tenía ni idea de dónde ir. El gorila de antes salió por la puerta. Me vio y frunció el ceño. Se acercó y preguntó: —¿Estás loca, muchacha? ¿Qué estás esperando? No entregaremos números para la noche siguiente. Tendrás que volver, y hacer fila. Tal vez deberías venir más temprano la próxima vez y vestirte un poco menos, si sabes lo que quiero decir. —Se burló de mí—. No tendrás ningún problema en entrar. —Necesito ver a Carter Reed. Su cabeza se volvió, y puso los ojos en blanco. —¿Hablas en serio? ¿Todavía estás en eso? —se rió—. ¿Sabes cuántas chicas se me acercan y dicen que conocen al jefe? Quiero decir, realmente, adivina. Me tensé con su diversión, pero tenía que soportarlo. Esta era la única manera. —Lo conozco. Era el mejor amigo de mi hermano. —¿Qué dijiste? Me volví y hablé claro:

—Era el mejor amigo de mi hermano. No he hablado con él en años, pero pasó algo. AJ me dijo que fuera con Carter si alguna vez necesitaba algo. Dijo que él ayudaría. —Mi garganta ardía—. No tengo otro lugar a donde ir. Él lanzó un profundo suspiro mientras me miraba de arriba abajo. De alguna manera, vi una pizca de compasión entrar en sus ojos. Luego murmuró en voz baja: —No puedo creer que esté haciendo esto. ¿Cuál era el nombre de tu hermano? —AJ Martins. No parpadeé. No tartamudeé. El nombre de mi hermano era dicho con respeto. Una de sus manos alcanzó la parte de atrás de su cuello mientras me miraba de nuevo, largo y duro. Giró su cabeza alrededor antes de que su mano cayera bruscamente de nuevo a su lado. —No puedo creer que esté haciendo esto. —Pero luego sacó una radio y apretó el botón—. Rogers, ¿sigues ahí? Soltó el botón. —Sí. ¿Qué pasa? Él negó, pero apretó de nuevo. —¿Puedes enviarle un mensaje al jefe por mí? —¿Qué pasa? Él maldijo en voz baja, rodando sus ojos. —¿Puedes preguntarle si conoce a la hermana de AJ Martins? La tengo en la calle, sigue pidiendo ver al jefe. Ha estado aquí toda la noche. —Le avisaré por radio en estos momentos. Espera. —Esta podría ser mi responsabilidad, sabes, cariño. Puedo terminar envasado, incluso por hacerle esa pregunta. Él no pierde el tiempo. Tragué. Sabía exactamente quién era Carter en realidad. Luego, el sonido de interferencia llegó por la radio antes de que la voz de Rogers lo sustituyera. —El jefe dice que la traigas y que la dejes en el penthouse. Vendrá rápido por esto. El alivio me inundó, tanto que un sollozo salió de mi boca y casi me dejo caer a la calle. Mis rodillas no habían dejado de temblar desde la primera comunicación por radio del gorila a su colega. —Hey, quieta allí. —Él tomó mi brazo cuando empecé a caer y me puso en posición vertical. Toda la incredulidad y sarcasmo se habían ido.

Él era el epítome de lo profesional ahora y antes de que tuviera la oportunidad de agradecérselo, ya me llevaba al interior del Octave. La última vez que había estado allí, todo había sido oscuridad. Mi compañera de la universidad me había retado. Su novio era un guardia que nos coló dentro. Había tenido miedo de ir, pero Rosalie me dijo que se ponía húmeda entre las piernas con la idea de esa discoteca. Cuando entramos, comprendí sobre todo lo que el furor era. Había luces intermitentes, pero el resto del club estaba completamente a oscuras. Mientras pasábamos por todos los pasillos y laberintos, rodeando la auténtica pista de baile, había rincones en cada esquina. Más de una vez nos tropezamos con parejas en pleno proceso antes de que supiéramos que estaban allí. Una vez que llegamos a la pista de baile, nunca nos fuimos. Ritmos hipnóticos hacían vibrar las paredes, los pisos, los techos, en todas partes. Y como el club era tan grande, Rosalie y yo nos habíamos quedado como unidas a la cadera, pero había valido la pena la noche de riesgo. Nunca había estado en las drogas, pero mientras bailábamos toda la noche, sentí como que sí lo estuviera. Un estremecimiento de anticipación me recorrió al recordar el resto de la noche, pero en lugar de la oscuridad de entonces, el club estaba inundado con luz ahora. Unos camareros permanecían detrás de sus mostradores mientras secaban vasos y algunas camareras estaban acurrucadas en otro rincón con un fajo de billetes entre ellas. Mientras el gorila me conducía por un pasillo trasero, algunas chicas nos pasaron en dirección contraria. Su cabello aún parecía arreglado y pesado maquillaje cubría sus rostros. Vestían el mismo uniforme, un trozo de cuerda negra que les cruzaba todo el cuerpo. Un pedazo más grande de tela negra cubría sus pechos, pero una chica debió habérselo dejado suelto, ya que sus pechos rebotaban mientras se apresuraba por el pasillo, pero todas tenían un frío reflejo en sus rostros. El gorila murmuró en voz baja: —Son las bailarinas. Les gusta volver a casa tan pronto como acaban en los palcos privadas. No sabía lo que quería decir, pero asentí como si lo hiciera. Pasamos por un montón de pasillos, luego subimos por unas escaleras. Cuando entramos en un túnel, agarré su brazo. —¿Adónde vamos? El ruido del tráfico debajo era fuerte por lo que él se acercó y me hizo seguir adelante. Gritó por encima del sonido: —El Jefe es propietario del hotel detrás del club. Dijo que te lleve al penthouse por lo que iremos al hotel. Tienes que esperar allí hasta que pueda llegar a la ciudad.

¿A la ciudad? ¿Carter ni siquiera estaba en la ciudad? Nos acercamos al final del túnel y él empujó una pesada puerta. Mientras la cerraba detrás de nosotros, todo se quedó repentinamente en silencio. Demasiado tranquilo. La alfombra roja de felpa forraba un pasillo que tenía adornos dorados en las puertas. Incluso había oro en las perillas. Traté de recordar qué hotel estaba conectado a parte posterior de Octave, pero no pude. Parecía caro. El gorila me llevó a los ascensores. Un hombre estaba dentro, vestido con un uniforme gris. Ninguna palabra fue intercambiada, pero él presionó un botón en la parte superior. Entonces esperamos. Subimos diez pisos antes de que las puertas se abrieran para exponer un pasillo con un banco y una puerta a un lado. El hombre del ascensor detuvo las puertas antes de pasar por delante de nosotros. Abrió la habitación para nosotros y regresó al ascensor. Las puertas se cerraron, pero el gorila no se movió del pasillo. Lo miré de forma interrogativa. ¿Qué estaba haciendo? Hizo un gesto hacia la habitación. —Se supone que tienes que entrar. —¿Qué hay de ti? Señaló la pared. —Esperaré hasta que te vayas. Oh. Y luego entré para esperar a Carter Reed.

Capítulo 4 ntré al penthouse con el corazón palpitante, con el pecho apretado, y mis manos heladas. Debería haber estado sudando. Me sentía como si estuviera teniendo un ataque al corazón. Tomé una respiración profunda. ¿Era esto lo que realmente quería hacer? Carter Reed era un asesino. Estaba conectado a la mafia. No sabía qué tan importante fuera para la familia Mauricio, pero sabía que era poderoso. AJ siempre había sabido que Carter sería alguien. Se jactaba de ello conmigo. Me decía que Carter iba a llegar lejos, que tenía la inteligencia para hacerse un nombre por sí mismo. Bueno, lo había hecho, tenía un gran nombre. El lugar era enorme, pero ninguna de las luces estaba encendida. Por alguna razón, no sentía la necesidad de buscar un interruptor de luz. A través de las puertas de cristal del patio, la luz de la luna se filtraba al interior y permitía distinguir al juego de sofás dispuestos de forma circular en el centro del penthouse. Una chimenea estaba junto a uno de los sofás. Dudaba que fuera real, ciertamente lo parecía, pero no sabía cómo era posible en un hotel. Bajé los dos escalones y me hice un ovillo en uno de los sofás. Entonces abracé una almohada contra mi pecho y esperé. Mi corazón aún latía con fuerza. No se había ralentizado en dos días. No sé cuánto tiempo esperé. Se sintieron como horas, podrían haber sido minutos. Mi teléfono estaba conmigo. Podría haber comprobado el reloj, pero me resistí a encenderlo. Después del último mensaje de Ben, lo había encendido a intervalos en momentos aleatorios, pero lo había dejado apagado mientras el guardia me llevaba dentro del Octave. Por alguna razón, me gustaba mucho el silencio. Aunque estaba asustada y mi pulso estaba todavía en las nubes, jalé otro suspiro tembloroso y sentí algo más. Protegida. Me sentía segura, acurrucada en un penthouse de lujo. Era un alivio poder momentáneamente desprenderme de lo que pasó y de lo que había hecho. La primera lágrima cayó en mi mano. Me quedé mirándola, separada de mí misma. No me había dado cuenta de que estaba llorando y no la E

sentía en mi mano. Mis manos estaban cruzadas sobre la almohada, y mientras miraba, más lágrimas se unieron a ella. ¿Cómo podía ser que llorara y no lo sintiera? No podía apartar los ojos de la mancha de humedad que crecía en la almohada. Estuvo empapada en poco tiempo, y entonces el agotamiento se asentó en mi cuerpo. Mis párpados se volvieron pesados y no podía mantenerlos abiertos. Mi cabeza se sentía pesada, pero me eché hacia atrás en posición vertical. Apreté más fuerte la almohada a mi pecho y me senté lo más recta que pude. No sirvió de nada. Mi cabeza cayó hacia atrás y esta vez reaccioné a mí misma en el último momento. Di un sollozo ahogado de nuevo y traté de levantarme, pero después de que me tambaleé y comencé a caer, me agarré a la parte superior del sillón y cedí. Mi cabeza quedó descansando sobre la almohada empapada y me doblé a su alrededor. No pasó mucho tiempo antes de que me desvaneciera. Algo me despertó, y me sacudió brevemente, pero el sueño tiraba de mi de nuevo. Crucé de nuevo la oscuridad. Mis huesos me lo agradecían. Entonces algo me volvió a sacudir. Mis ojos se abrieron y vi una silueta oscura. Estaba encima de mí. Una alarma en el fondo de mi mente me dijo que despertara, que me defendiera, pero mi cuerpo no prestó atención a la alerta. Me desvanecí de nuevo en un profundo sueño. Era pesado. Fue bienvenido, y sucumbí a él. Cuando desperté de nuevo, aún estaba oscuro afuera. Eso no podía ser, pero vi un reloj en la esquina. Decía las 08:00 en punto. Había llegado en torno a las cuatro de la mañana y eran las ocho de la mañana de hoy. Mi respiración se atascó, había dormido durante todo el día. Moviéndome, busqué en mis bolsillos. Mi teléfono no estaba. El pánico se apretó contra mi pecho mientras pasaba mis manos sobre los cojines del sofá, y luego alrededor y debajo de ellos. Aún nada. Me incorporé y miré hacia la oscuridad. ¿Dónde se había ido mi teléfono? No estaba en mí ropa, no estaba en el sofá. Caí de rodillas y tanteé el suelo. Una vez más, nada. Entonces empecé a ir a tientas hasta que encontré una lámpara. Cuando traté de encenderla, la luz no salió de ella. ¿Estaría rota? Pero no, no podría haberlo estado. —¿Dónde estabas cuando AJ fue asaltado? La voz provenía de encima de mí y detrás de mí. Me arrodillé en el suelo mientras mi corazón empezaba a latir con fuerza.

Oh Dios. ¿Qué fue eso? Mi teléfono no estaba. El lugar estaba a oscuras a propósito. ¿Carter no confiaba en mí? Respiré una bocanada de aire temblorosa. ¿Iba a matarme? Él repitió, incluso más tranquilo: —¿Dónde estabas cuando AJ fue asaltado? Thump. Thump. Thump. Mis manos comenzaron a temblar de nuevo y mis palmas se pusieron sudorosas. Me las froté con mis pantalones y abrí la boca, pero no salió nada. Un sonido ahogado fue arrancado de mí. —Te hice una pregunta. Mis ojos se estrecharon. Él estaba de pie, dondequiera que estuviera. Me di cuenta de que era él, pero su voz era más fría. La mayor parte de mi vida le había conocido, pero nunca le había temido. Este era el asesino frío. Él estaba en la misma habitación que yo. Yo había intentado esto. —No lo asaltaron. Esperé. Un segundo. Luego dos. Después, un minuto. Estaba tan callado. —¿Quién agredió a tu hermano? Escupí: —No lo asaltaron. Lo mataron. Mi pecho subía y bajaba al recordar ese día. Un sentimiento de enferma impotencia se apoderó de mí. No podía hacer nada. Quise, quise tan desesperadamente hacerlo, pero AJ me detuvo. No quería que lo ayudara, pero por un momento lo consideré. Pensé en arrastrarme desde detrás de la rejilla de ventilación para poder morir con él, pero sabía que me hubieran hecho algo peor a mí. Así que me quedé. Los viejos sollozos estaban allí de nuevo. Sentí que subían, listos para salir de nuevo. Apreté los dientes y los empujé hacia abajo. No llores, no aquí, no si Carter Reed va a matarme. Él no era el mismo hombre que recordaba. Ese Carter nunca me hubiera hecho esto, ponerme una trampa, aislarme, y luego comenzar un interrogatorio. —¿Cómo? —¿Cómo qué? —La ira comenzaba a hervir en mí ahora. ¿Cómo se atrevía?

—¿Cómo murió? —Él nunca reaccionó. Su voz se hizo más fría, más tranquila, cada vez que preguntaba. No era humano. No sonaba como él. —¡Con un bate! —le grité a la habitación oscura—. Un maldito bate. Lo mataron con un puto bate y lo vi todo. Me incliné y presioné mi frente en mis rodillas. Tenía la esperanza de que estuvieran frías, que me refrescaran, pero no lo estaban. Mis pantalones estaban calientes y sudorosos. Podía oler rastros de sangre todavía en ellos, aunque me había duchado... ¿lo había hecho? No lo recordaba. ¿La sangre de Mallory todavía estaba en mí o sería de Jeremy? ¿Estaba su sangre arraigada en mí ahora? Me faltaba el aliento. Una parte de mí quería tener todavía la sangre de Jeremy en mí. Él merecía morir de nuevo. Merecía morir de peor manera que una bala en la cabeza. No sé cuánto tiempo estuve así. La sala se quedó en silencio y luego se inundó con luz. Hice mi cabeza hacia un lado y cerré los ojos contra el brusco resplandor. Me cegó. Cuando los abrí, con mi pecho aún jadeante y mi corazón todavía acelerado, todavía no estaba lista para verlo. Pero allí estaba él. Carter Reed. Dejé todo pensamiento, todo sentimiento, mientras lo recorría con mis ojos. Él estaba apoyado contra la pared de vidrio, con los brazos cruzados sobre el pecho, y sus ojos helados centrados en mí. Eran de azul penetrante, como los de un lobo, y me miraba sin parpadear. No mientras asimilaba el resto de él. Solía mantener su cabello rubio oscuro largo cuando éramos niños; se lo metía detrás de las orejas y se lo dejaba crecer hasta unos centímetros por encima de sus hombros. Así es como le gustaba, me dijo una vez. Estaba corto ahora, pero le quedaba bien. Un efecto de vacío se había apoderado de mi oxígeno. Me parecía que no podía conseguir suficiente mientras me daba cuenta de que las últimas veces que lo había visto no le habían hecho justicia, no cuando lo veía de cerca y en persona ahora. Sus pómulos altos conducían a un rostro anguloso, que se movía a unos labios que parecían perfectos. Sus largas pestañas, se curvaban con una perfección natural que las mujeres deseaban tener. Estaba enderezado contra la pared, pero aún se mantenía en contra de ella. Su camisa se pegaba a su pecho y a sus hombros, y a través del lienzo de sus músculos. Había esculpido su cuerpo hasta transformarlo en un arma. Lo había hecho a propósito.

Mierda. Era perfecto. Y era un asesino. Me mojé los labios y me paralicé al darme cuenta de lo que había hecho. No podría haber hecho eso, no aquí. No de esa manera. Pero lo había hecho, y una pequeña sonrisa apareció en su rostro. Sabía el efecto que estaba causando en mí. Traté de empujar todo eso, pero no pude. Me puse húmeda entre mis piernas y algo comenzó a pulsar lentamente en mi interior. Arranqué mis ojos de los suyos. Tomó un gran esfuerzo por mi parte, pero entonces llegó una risa baja y suave de él. —Nadie sabe cómo murió AJ, excepto su hermana. Tenía que asegurarme de que eras tú. ¿Tenía que asegurarse de qué? ¿No se fiaba de mí? La ironía no me pasó desapercibida. Él era el asesino. No yo. Pero no, suspiré con ese pensamiento. Yo también era una asesina. —Sí, bueno... soy yo. Él se empujó de la pared y caminó por entre los sofás, hasta quedar a dos pasos de dónde yo estaba. Bajó la mirada hacia mí, y luego me hizo un gesto enérgico. —Ponte de pie. Lo hice. A regañadientes. Sus ojos se deslizaron por todo mi cuerpo. Fue una lectura intensa, lenta y constante. Sin perderse nada. Sus ojos se detuvieron en mi rodilla, donde sabía que algunos de mis lágrimas habían caído antes de que las detuviera. Entonces instruyó, con la misma voz fría y distante. —Date la vuelta. Mis ojos se dispararon hacia él. —No. —Date la vuelta, Emma. Olas de deseo se apoderaron de mí cuando dijo mi nombre. Di un grito ahogado en su contra. No las quería, no quería eso. Contuve el aliento, él no podía saberlo. Apretando la mandíbula, cerré mis manos en puños y las apreté en mi contra. Deseaba que mi cuerpo no se entregara, pero igual me giré. Diferentes oleadas de humillación vinieron después.

Era una vaca siendo llevada al matadero. Me sentía observada y cortada mientras él continuaba inspeccionándome en silencio. —Has perdido peso. —Señaló la cocina—. Hay pizza allí, si deseas. Apreté mi boca. Mi estómago gruñó y salivé ante la mención de comida. ¿Cuándo había comido la última vez? No podía recordarlo —en la cafetería, después de que matamos a Jeremy. No, después de que yo lo maté. Había tratado de hacerme comer algo, pero no pude. Necesitaba algo en mi estómago, pero cualquier otra cosa hubiera sido vomitada. Lo había llenado con café en su lugar. Me moví a su lado para la comida, pero tomó mi brazo y me apretó contra él. —¡No! —No quería que me tocaran. La imagen de Mallory herida estalló a través de mí, y tiré de mi brazo hacia atrás, pero no me soltó. Entonces me levantó y me empujó contra la pared. Él me sostuvo atrapada en sus brazos—. ¡Dije que no! Traté de levantar las piernas para darle una patada, pero él me tenía paralizada en su agarre. Mientras hervía y me abalanzaba sobre él, sólo mi vientre pudo levantarse de contra la pared. No importaba. Él llevó mis brazos por encima de mi cabeza, y sostuvo ambas muñecas con una sola de sus manos. Presionó sus piernas contra las mías. No me podía mover para nada ahora. Mi corazón latía, pero gemí. Mi respiración se hizo poco profunda y el dolor entre mis piernas era casi insoportable ahora. Él me levantó de nuevo, sólo un centímetro, y miró de arriba a abajo mi cuerpo. Mi pecho se mantuvo agitado. Él podía ver mis pechos a través de mi camisa, pero no me tocó. Me mordí el labio. Quería que los tocara. Quería sentir su mano allí, pero no podía hacer eso. No podía dejar que lo supiera. Un pequeño gemido se me escapó, y sus ojos se dispararon a los míos. Una pequeña llama de sorpresa estaba allí. Se fue al instante. Luego dio un paso atrás. Tan pronto como sus manos me soltaron, me derrumbé en el suelo. Debí haberle dado una patada, algo para que supiera que no lo debía hacer de nuevo, pero había sido más rápido que yo. Siempre lo había sido. Lo habría hecho de nuevo. Habría sido presionada contra la pared una vez más y mi cuerpo no podía soportar eso. Todo era un caos dentro de mí. Él dio un paso atrás. —¿Qué te pasó, Emma?

No podía apartar la mirada de él. Me sostenía cautiva. Mi corazón no paraba de correr. —Estás como gata salvaje. Mis rodillas fueron a mi pecho y envolví mis brazos alrededor de ellos. Con un gemido, metí la frente contra ellas. Quería que todo se fuera. Quería a mi hermano. No quería a Jeremy en la vida de Mallory. Y no quería que Carter tuviera que haberse vuelto el hombre que tenía enfrente de mí. La vergüenza me llenó mientras ese pulso me tomaba de nuevo. Dios, ¿cómo podría desear a este hombre? Era frío, individual. Había matado a otros. Tú también. El persistente pensamiento susurró en el fondo de mi mente. La caja de la pizza fue arrojada a mi lado. El olor me abrumó. Mi boca salivó y mi estómago se apretó. Busqué sin pensar. Puse un trozo en la boca, luego traté de obtener más. Tenía tanta hambre. Después de la tercera porción, contuve el vómito. Mi estómago gruñó de nuevo, pero esta vez de dolor. Entonces me levanté y miré a mi alrededor; entré en pánico al sentir más vómito inundando mi boca. Carter señaló una puerta lateral y entré al segundo. Caí de rodillas alrededor del baño y lo devolví todo. Con cada arcada que me daba, con más fuerza llegaba la siguiente y me pregunté cómo era posible. No había nada en mi estómago. Era como si mi cuerpo quisiera borrar todo tanto como yo. Cuando me detuve, con la boca cubierta de vómito, descansé mi frente contra la tapa y sin aliento para respirar. Me sentía tan débil, tan indefensa en ese momento. Un vaso de agua fue colocado a mi lado. Una suave mano rozó mi cabello hacia atrás mientras Carter se acuclillaba en el suelo. Me miró de nuevo, pero esta vez como el antiguo Carter. El asesino de antes no estaba. Me dio una pequeña sonrisa. —Me ocuparé de ti. El alivio se disparó a través de mí y mi cuerpo cedió. Pero antes de que me deslizara al suelo en un montón desmenuzado otra vez, él me tomó del brazo y me izó a su regazo. Luego, cuando me acurruqué contra él, su mano volvió a mi cabello y lo acarició. Poco a poco, con mi corazón todavía

palpitante, apoyé la cabeza en su pecho y sentí que su otro brazo llegaba a mí alrededor. Finalmente.

Capítulo 5 arter me limpió. Me levantó y me sentó en el mostrador d

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