Saga medianoche 5 balthasar - claudia gray

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Information about Saga medianoche 5 balthasar - claudia gray

Published on July 11, 2016

Author: katherinfol

Source: slideshare.net

1. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 1

2. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 2 CCLLAAUUDDIIAA GGRRAAYY BBaalltthhaazzaarr 5º de la Serie Medianoche Balthazar (2012) AAARRRGGGUUUMMMEEENNNTTTOOO::: Durante siglos, el vampiro Balthazar ha estado solo, sin aliados, sin amor… Cuando Balthazar aceptar ayudar a Skye Tierney, una chica humana que una vez asistió a la Academia Medianoche, no tiene ni idea de lo peligroso que será. Los poderes psíquicos recién encontrados de Skye han llamado la atención de Redgrave, el cruel y seductor maestro vampiro responsable de asesinar a Balthazar y a su familia cuatro siglos atrás. Ahora Redgrave planea utilizar los poderes de Skye para sus malvados propósitos. Balthazar hará lo que sea necesario para detener a Redgrave y cobrarse la esperada venganza contra su asesino. Mientras Skye y Balthazar están juntos para luchar contra él, se van uniendo cada vez más, primero con reticencia y luego de forma imparable. Balthazar se da cuenta de ella podría cambiar su mundo de soledad por fin… SSSOOOBBBRRREEE LLLAAA AAAUUUTTTOOORRRAAA::: Escritora estadounidense nacida en Nueva York en 1971. Amy Vincent, que firma con el pseudónimo de Claudia Gray, ha sido abogada, periodista, pinchadiscos y camarera, polifacética e intermitente carrera profesional que ha acabado desembocando en la literatura. Se dedica a escribir sobre todo libros de juveniles de ficción paranormales y vampíricos.

3. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 3 CCCAAAPPPÍÍÍTTTUUULLLOOO 000111 Los muertos observaban. Skye Tierney sujetó las riendas de su caballo con más fuerza, cerró los ojos y deseó con toda su voluntad que la sensación desapareciera. Pero daba igual. Viera o no las imágenes, sabía qué sucedía cerca de ella: el horror era tangible, y real, como aquel amenazante cielo gris de invierno. Por alguna razón, no mirar era peor. Con una honda inspiración entrecortada, se obligó a abrir los ojos y vio a la mujer, huyendo para salvarse. Pensaba que él no la seguiría hasta aquí. No es el mismo desde que se cayó hace dos meses; cuando se abrió la cabeza, fue como si toda su bondad lo abandonara y otra cosa, más siniestra, llenara ese vacío. Pensaba que no le estaba prestando atención, pero lo hacía. Lo hace. Ahora está con ella, clavándole los dedos en la piel del brazo mientras repite que hay que pararle los pies. Este no es como sus otros arrebatos. Está tan asustada que tiene la garganta seca y solo quiere desplomarse, hacerse la muerta como un necio animal, para que él tal vez se marche, aturdido y confuso. Pero no puede separarse de él ni para caerse; es demasiado corpulento, demasiado fuerte. Con voz temblorosa, le dice que está ofuscado, que lo lamentará cuando recobre la razón. Su frenético tirón para soltarse solo consigue que él la agarre con tanta fuerza que le parece que va a desgarrarle la piel. Los pies le resbalan en la hojarasca cuando trata de pegarle con la mano libre. Él sonríe, como si acabara de ver algo bonito, mientras la hace girar en un amplio círculo, igual que un niño da vueltas a un amigo, igual que él le daba vueltas a ella cuando eran niños, salvo que esta vez se acerca al borde del precipicio y la suelta. Ella chilla, bracea y patalea en el vacío, todo en vano, y la caída es tan larga, tan larga, tan rápida… Skye retrocedió dando traspiés hasta toparse con Sombra. Aún tenía las venas inundadas de adrenalina y un nudo en la garganta. La imagen se desvaneció, pero no así el horror. —Todavía está pasando —susurró. No había nadie para oírla aparte del caballo, pero, cuando Sombra volvió su enorme cabeza negra hacia ella, Skye percibió dulzura en su mirada. Sus padres siempre decían que le atribuía sentimientos que no era capaz de tener ni entender. Ellos no sabían nada de caballos. Apoyó la cabeza en su recio cuello y trató de recobrar el aliento. Pese al caliente abrigo gris y el grueso jersey verde que llevaba, el aire frío le traspasó la ropa y le hizo tiritar todavía más. El viento le revolvió los mechones cobrizos que se le habían salido del casco y le recordó que pronto anochecería y un frío glacial, incluso feroz, invadiría la belleza invernal del bosque público situado detrás de su casa. Y, sin embargo, no se sentía con fuerzas para moverse. Las palabras que ambos se habían dicho pertenecían a una lengua que ella no hablaba ni creía haber oído nunca. Por su ropa y su cabello, le parecieron indios. ¿Había sucedido lo que acababa de ver hacía quinientos o seiscientos años? ¿Se remontaban sus visiones a una época tan lejana? ¿A un pasado incluso anterior? Daba la sensación de que podían no acabarse nunca. Por imposible que pareciera, las visiones de muertes pasadas que había tenido en las cinco últimas semanas, desde la destrucción de la Academia Medianoche, no habían cesado. Skye nunca

4. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 4 había tenido ninguna duda de que las muertes que veía eran reales, no meras pesadillas. Aquel… poder mental, o lo que fuera, se había convertido en parte de ella. No era que no creyera en el mundo sobrenatural antes de aquel invierno; la casa en la que se había criado estaba embrujada. La niña fantasma de su desván había sido tan real para ella como su hermano mayor, Dakota, y también casi igual de pesada escondiendo sus juguetes favoritos para fastidiarla. Skye nunca le había tenido miedo, pues sabía, de algún modo, que era infantil y juguetona. Sus bromas eran livianas y graciosas, travesuras como meter sus calcetines de color rosa en el cajón donde Dakota guardaba los suyos o dar golpecitos en el cabecero de su cama cuando ella estaba a punto de quedarse dormida. Dakota había «conocido» a la niña primero y fue quien le dijo que no tenía nada que temer, que, probablemente, los fantasmas eran tan naturales como la lluvia, el sol o cualquier otra cosa de la Tierra. Así pues, Skye jamás había dudado que existiera algo más aparte del mundo que todos veían. Pese a ello, jamás había sospechado que el mundo sobrenatural pudiera estar tan cerca y ser tan peligroso. Después de estudiar un año en el instituto de Darby Glen, sus padres la habían matriculado en la Academia Medianoche, la cual, a primera vista, era un internado de élite de las colinas de Massachusetts, como muchos otros. Sí, había algunas normas extrañas, y algunos alumnos le parecían a veces muy maduros para su edad, pero eso no era tan raro… pensaba. No, no había sospechado nada extraordinario respecto a Medianoche. Cuando su buen amigo Lucas le dijo que era peligrosa (una escuela para vampiros, nada menos), había supuesto que bromeaba. Hasta que estalló la terrorífica guerra entre los vampiros. Sombra la empujó con el morro, como si quisiera devolverla al momento presente. Skye decidió hacerle caso. Nada le ayudaba más que cabalgar. Recuperó la estabilidad en el suelo nevado antes de poner un pie en el estribo y encaramarse a la silla. Sombra se quedó quieto, a la espera, listo para ella. Pensar que lo tenía porque, a los doce años, había dicho a sus padres que quería un caballo negro con una mancha blanca en la frente… («Vaya tontería —había observado Dakota. Por aquel entonces tenía dieciséis años y su superioridad era exasperante, pero, por alguna razón, aún era la persona a la que ella más quería impresionar—. Los caballos no se eligen por el color. No son juguetes.» Pero había sonreído al decírselo y ella lo había perdonado al instante… No. No iba a pensar en Dakota.) Vale, había sido una tonta. En esa época, no sabía qué buscar en un caballo: firmeza, estabilidad, la capacidad de conocer a su jinete tan bien como podría hacerlo cualquier ser humano. Sombra tenía todo eso, y la mancha blanca. «Debería volver a casa por si llaman papá y mamá», pensó. Incluso sin decirlas en voz alta, las palabras le parecieron huecas. Sus padres estarían en Albany, trabajando. La supuesta razón era que tenían un trabajo muy absorbente, lo cual era cierto. Skye lo sabía. Pero también sabía que el verdadero motivo de que se hubieran enfrascado incluso más en el trabajo durante aquel año era que tampoco ellos querían pensar en Dakota. Hasta su regreso del internado hacía cinco semanas, Skye no se había dado cuenta del extremo al que habían llegado. Tampoco se había dado cuenta de cuánto necesitaba tenerlos en casa.

5. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 5 Pero todos tenían que superar aquella desgracia a su manera. Si eso significaba que ella iba a tener que superarla sola, de acuerdo. Chasqueó la lengua y espoleó a Sombra, cuyos cascos hicieron crujir la nieve cuando echó a andar. Solo habían caído unos quince centímetros, lo cual era poco para el norte del estado de Nueva York a principios de enero. Pronto caería en espesores de un metro o quizá más. Alrededor de Skye, los árboles sin hojas parecían arañar el cielo plomizo con sus ramas peladas. —Ahora ya sabemos que hay que evitar el precipicio —dijo Skye en voz alta, y su aliento formó nubes en el frío aire vespertino—. Otro sitio más por el que no pasaremos. Pronto, habremos trazado una ruta por el bosque que podamos hacer todos los días, una ruta en la que no haya muerto nadie y yo no tenga que pasar miedo. Pero, para entonces, Skye ya presentía que jamás podría eludir la presencia de la muerte. Todo había comenzado en Medianoche, durante aquel horrible último día. Mientras los vampiros libraban entre ellos una batalla tribal que Skye jamás había entendido, todos los espectros atrapados dentro del edificio habían quedado libres salvo uno, Bianca, la chica que Lucas amaba. Por lealtad a él, Skye le había hecho un ofrecimiento espontáneo: llevar a Bianca dentro de sí, dejare poseer por ella, para ayudarla a escapar. Pero Skye no contaba con lo que sentiría al compartir su cuerpo con un muerto, con lo atemorizante que era, aunque se tratara de una persona en quien confiaba de forma instintiva. Y desde luego, no contaba con que, después de ser poseída por un espectro, se quedaría expuesta para siempre a los espíritus de los muertos. Mientras Sombra la llevaba por el tupido bosque, se preguntó si alguien aparte de ella había visto aquellas visiones. Si alguien más sabía que en todo Darby Glen, en sus calles, en sus edificios, incluso allí en el bosque, resonaban los ecos de innumerables muertes… Se sobresaltó al oír un chasquido, pero enseguida sí tranquilizó; no era infrecuente ver zorros correteando por la nieve o ciervos buscando el poco alimento que quedaba en aquella época del año. Casi agradeció la interrupción; mejor concentrarse en el momento presente, en el calor de Sombra, el ritmo de su paso, la belleza del bosque que la rodeaba. Así pues, miró hacia el lugar del que prevenía el ruido con más alivio que alarma… Hasta ver que el autor del chasquido no era un animal sino un hombre. Llevaba un abrigo marrón y estaba quieto, mirándola. Si le hubiera sonreído o le hubiera saludado con la mano o de palabra, Skye no se habría extrañado; a fin de cuentas, aquel bosque era público y, aunque ella y Sombra rara vez se tropezaban con nadie en aquella época del año, no era la única que lo encontraba bonito en invierno. Pero el hombre no hizo ninguna de esas cosas. Solo siguió mirándola con una expresión casi altiva cuya familiaridad le resultó desconcertante. —Vamos, Sombra. —Skye animó al caballo a apretar un poco el paso, no muy asustada todavía. Aquel hombre, quienquiera que fuera, le daba mala espina, pero ella iba a caballo y siempre sería más rápida que él. O eso pensaba. Sombra apretó el paso y Skye tensó todos los músculos de su cuerpo para mantenerse firme sobre la silla. Los cascos del caballo partieron ramillas y el hielo crujió, pero Skye oyó algo más que eso. Oyó pasos detrás de ellos.

6. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 6 Volvió la cabeza y vio al hombre del abrigo marrón, siguiéndolos con una seguridad extraordinaria en aquel terreno tan traicionero. Su desconcertante expresión no había cambiado, pero ya no llevaba las manos en los bolsillos. Las cerraba y las abría, sin cesar, como si se preparara para realizar una actividad extenuante. Como, por ejemplo, estrangular a una persona. Lo cual, probablemente, solo era una paranoia suya, decidió Skye; no podía permitir que sus visiones afectaran a todo lo que pensaba. Pero, cuando volvió a mirar el camino, se preguntó si debía animar a Sombra a avanzar más deprisa. El terreno era pedregoso y estaba nevado, pero no parecía demasiado peligroso. Espoleó al caballo, no en exceso, solo lo suficiente para darle a entender que era hora de apretar el paso. Sombra echó a trotar con brío, o con tanto brío como se lo permitió la maleza; en todo caso, a la suficiente velocidad como para dejar atrás a cualquier ser humano que no se hubiera puesto a correr. Una vez más, Skye volvió la cabeza. El hombre la perseguía. Y la estaba alcanzando. Aquello era real. No era una paranoia, una visión sobrenatural de una muerte o una alucinación histérica suscitada por lo que había vivido en Medianoche. Aquel hombre era real, quería hacerle daño, y la perseguía a toda velocidad. Espoleó a Sombra y chasqueó las riendas, la señal para que echara a galopar. Por traicionero que fuera el terreno, el caballo reaccionó de inmediato. Skye se agachó para esquivar mejor las ramas que amenazaban con darle en la cara. La respiración se le aceleró y el aire glacial le irritó la garganta. El miedo se apoderó de ella, pero también lo hizo la indignación, tan honda que casi lo venció. ¿Cómo se atrevía aquel idiota a perseguirla? Era un ser repulsivo y le habría gustado poder fustigarlo, pero sabía que no había tiempo que perder. Por encima de ella oyó un ruido extraño entre las ramas. Alzó la vista y, pese a lo deprisa que se movía, distinguió su silueta. Estaba a unos seis metros de altura, saltando de árbol en árbol como si no pesara nada. «Oh, Dios mío —pensó—. Es un vampiro.» Aquel no era como los vampiros de Medianoche. No trataba de disimular su verdadera naturaleza. Se movía con más rapidez que Sombra. Iba tras ella. Quería matarla. Sombra tropezó tan repentinamente que Skye, pese a ser una experta amazona, no pudo mantenerse en la silla: salió despedida hacia delante y se dio un golpe tan fuerte contra el suelo helado que se le cortó la respiración. Aturdida, se levantó con dificultad. Había un fragmento de su casco en la nieve; de no haber sido por él, aquello habría sido su cráneo. Se había rasguñado la mano izquierda y la herida le sangraba en abundancia. Miró su caballo, que no se había movido desde el tropezón, como si se hubiera quedado petrificado: si tenía una pata rota, habría que sacrificarlo. Oh, Dios mío. Sombra no… Pero, en ese momento, el vampiro saltó al suelo a solo unos metros de ella y Skye tuvo que huir. Corrió a todo correr, pero el vampiro era más veloz. La adelantó de un salto y la obligó a detenerse. Frenética, se quitó el casco y se lo colocó delante del pecho: era el único escudo que tenía, pero el vampiro se echó a reír. Se reía de ella. Jugaba con ella. Y, por desgracia, Skye no podía hacer nada para evitarlo.

7. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 7 —¿Te has hecho daño? —preguntó. Tenía la voz suave y agradable; hablaba como si acabara de encontrarla allí, herida, y quisiera ayudarla. Por supuesto, ella no iba a morder el anzuelo, y él lo sabía. Aquello solo era un juego que lo divertía. Pues Skye no iba a jugar ni en broma. —Lárgate. El vampiro se agachó y metió dos dedos en el rastro que su sangre había dejado en la nieve. —Queda muy bonita sobre la nieve blanca, ¿verdad? —dijo, con aire ensoñador—. Como las rosas de un ramo de novia. —Luego, se llevó los dedos a los labios y lamió la sangre. Entonces, le sucedió algo: la mirada se le tomó vidriosa, la mandíbula se le aflojó y el cuerpo se le quedó petrificado. Aquello era muy extraño, pero era una oportunidad y Skye no tenía ninguna intención de desaprovecharla. Echó a correr hacia Sombra. Si estaba herido…, no, no podía pensar en eso. Si no lo estaba, tal vez podría volver a montarlo y escapar. Con la cabeza dándole vueltas, se obligó a correr más aprisa y buscó la silueta negra de su caballo entre las sombras cada vez más densas del ocaso. La noche no tardaría en caer… Hasta que una mano la agarró por el codo y le dio un tirón tan brusco que ella gritó. Al volverse, vio que el vampiro ya no estaba obnubilado. La tenía cogida con tanta fuerza que le hacía daño y, aunque lo intentó, no pudo soltarse. —Vamos a dibujar rosas rojas en la nieve —susurró él. «Voy a morir», pensó Skye. Pero, en ese momento, alguien se colocó detrás de ella y dio un empujón al vampiro que lo arrojó más lejos de lo que cualquier ser humano habría sido capaz. Después de volar casi siete metros, el vampiro se dio contra el tronco de un árbol y cayó al suelo. Skye se volvió y se quedó boquiabierta cuando vio a su salvador. Allí, con su marcado perfil recortado en el cielo crepuscular, había otro vampiro, un vampiro que ella conocía. Susurró su nombre casi sin darse cuenta: —Balthazar.

8. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 8 CCCAAAPPPÍÍÍTTTUUULLLOOO 000222 Balthazar había ido allí buscando a Skye Tierney. Gracias a Lucas, se había enterado de que estaba en apuros. Pero no esperaba tener que vérselas con otro vampiro nada más llegar. Por otra parte, tampoco lo esperaba su oponente, que no iba a tardar en llevarse su merecido, le gustara o no. Balthazar estaba decidido a conseguir que no le gustara nada. —Balthazar. —Skye tenía los ojos como platos, tanto del susto como de la sorpresa—. ¿Qué haces aquí? —Voy a darle una paliza a este tío. No te acerques, y vete de aquí, si puedes. —Ella obedeció y se alejó para ponerse a salvo. Eso significaba que Balthazar no tendría que preocuparse de protegerla y podría concentrarse en hacer que aquel vampiro lamentara haber decidido alimentarse de una muchacha indefensa en el bosque. Su oponente se levantó, solo un poco aturdido después del golpe. Balthazar ya contaba con ello. Arremetió contra él con todas sus fuerzas. El elemento sorpresa era lo único que tenía a su favor. No bebía sangre humana a menudo y estaba claro que aquel vampiro sí lo hacía. Además, tenía el presentimiento de que era más viejo que él. Más fuerte y poderoso. La sorpresa dio resultado. Balthazar consiguió derribarlo y lo inmovilizó contra el suelo. Cogió una rama próxima, una corta que haría las veces de estaca. Aunque no le gustaba matar a los suyos y lo evitaba siempre que podía, en aquel caso la alternativa era no eliminar una amenaza para la vida humana. De ninguna manera. No obstante, cuando alzó la estaca para asestar el mortífero golpe, sucedió un hecho inesperado. Reconoció al vampiro. —Lorenzo —dijo. Conocerlo era más motivo para matarlo, no menos, pero la sorpresa de ver a un vampiro con el que había compartido los momentos más terribles de su pasado lo dejó petrificado, con la estaca aún entre las manos—. ¿Qué diantres haces aquí? —Podría hacerte la misma pregunta. —El asombro de Lorenzo era similar al suyo; aquel encuentro era una horrenda coincidencia, nada más. La inmortalidad parecía aumentar las probabilidades de que se produjeran coincidencias. Si transcurría el tiempo suficiente, los caminos se cruzaban de forma ineludible, incluso los que más se deseaba evitar. —Deja en paz a esa chica. ¿Por qué la persigues? —Porque ella es humana y nosotros somos vampiros, algo que a ti siempre se te olvida. Anda, pregúntame lo que de verdad quieres saber —dijo Lorenzo—. Pregúntame si he venido con Redgrave. Dijo el nombre con mucha dulzura, como si se tratara de un padre o un amante. Por lo que Balthazar sabía, era un poco de ambas cosas. Oír aquel nombre siempre le provocaba un escalofrío tanto de horror como de odio. «Redgrave.» —¿Dónde está? —preguntó. Su voz casi fue un gruñido. —Demasiado lejos para verte morir. Lorenzo lo golpeó en el pecho con las manos abiertas, casi con fuerza suficiente para romperle alguna costilla. Aunque no lo mandó muy lejos, le bastó para quitárselo de encima. En un instante,

9. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 9 los dos vampiros estaban de pie, encarados. Balthazar conservaba la estaca; esa era la única ventaja que tendría a partir de entonces. Lorenzo de Aracena, nacido en la España del siglo XVI, era un supuesto poeta que nunca jugaba limpio. A menudo era sumiso con su creador, Redgrave, el vampiro más siniestro que Balthazar había conocido o esperaba conocer, pero se rebelaba con la misma frecuencia. A veces, su creador lo apartaba de él por sus propios motivos; Lorenzo siempre acababa regresando con el rabo entre las piernas, deseoso de que alguien le ordenara qué hacer, qué pensar, a quién matar. Siempre sería esclavo de alguien. A la larga, casi todos los vampiros lo eran. Balthazar no era esclavo de nadie. No sabía si sería lo bastante fuerte para matar a Lorenzo, pero estaba resuelto a intentarlo. —¿Quieres quedarte tú con la chica? —Lorenzo sonrió, casi con educación—. Lo siento, pero es imposible. —No va a ser tuya —respondió Balthazar. Tampoco alteró la voz, pero, en su fuero interno, vaciló: era extraño que Lorenzo lo desafiara por Skye en particular. Para ellos, el mero hecho de verse era motivo suficiente para pelearse. Pero ¿por qué quería quedarse con ella? Era una chica cualquiera, una víctima oportuna escogida al azar. ¿O no? —Tantas posibilidades —dijo Lorenzo—. Tantas oportunidades. Demasiado jugosas para desperdiciarlas peleándome contigo. Y entonces desapareció. Como si se lo hubiera tragado la tierra, un don que algunos vampiros desarrollaban con la edad, pero solo después de uno o dos milenios. Lorenzo carecía de aquel don; solo había salido disparado sin hacer ningún ruido. Balthazar se volvió y echó a correr en la dirección que había tomado Skye. No había averiguado qué se traía entre manos Lorenzo. Solo sabía que no era nada bueno, y que Skye necesitaba su protección. La alcanzó no lejos de allí; se había detenido junto a un gran caballo oscuro que parecía suyo y estaba arrodillada, mirándole los cascos delanteros. Lorenzo no se veía por ninguna parte y el bosque estaba en silencio. Parecía que, de momento, el peligro había pasado, pero Skye no podía haberlo sabido. —Habría sido mejor que hubieras huido —dijo Balthazar. —Si tú ganabas, no me hacía falta huir. Si perdías, no me servía de nada. El otro vampiro es más rápido que yo. Lo cual, de hecho, era un buen argumento. A Balthazar le gustó su temple frente al peligro. —¿Está herido tu caballo? —Sombra está bien, creo. —Skye parecía tan aliviada como si hablara de un buen amigo y no de un animal—. Pero quiero asegurarme, y ahora mismo estoy tan asustada que no sé si el que tiembla es él o yo. —Deja que lo mire yo. —Balthazar chasqueó la lengua, una antigua costumbre que casi había olvidado, pero todavía daba resultado. Sombra le dejó pasarle la mano por las patas, que estaban ilesas—. Tenías razón. No está herido. Solo asustado. Solo entonces miró a Skye con detenimiento. Sus largos cabellos, que, si la memoria no le engañaba, eran cobrizos, parecían casi negros en la oscuridad. Aunque aún respiraba con rapidez,

10. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 10 estaba sorprendentemente serena para lo que le había sucedido, y cuán peor podría haber sido. Tenía las mejillas sonrosadas después de la precipitada persecución. —Hay que irse de aquí —dijo ella—. ¿Sabes montar? —Resultaba útil antes de que inventaran el automóvil. —Oh. Claro. —Skye solo tardó un momento en reaccionar—. Sombra puede llevarnos a los dos hasta la caballeriza. Vamos. —Miró alrededor, como si otro vampiro pudiera abalanzarse sobre ella en cualquier momento. Aunque Balthazar no percibía la presencia de más vampiros, su sugerencia de irse de allí cuanto antes le pareció acertada. Así pues, cuando Skye montó, Balthazar no vaciló. Una vez en la silla, con Sombra tranquilo, Skye le ofreció la mano izquierda mientras sujetaba las riendas con la derecha; su dominio del caballo era tal que pudo sacar los pies de los estribos y conseguir que Sombra siguiera calmado solo mediante la misteriosa comunicación que existe entre ser humano y animal. Balthazar metió un pie en el estribo y montó con facilidad; llevaba mucho tiempo sin hacerlo, pero sus músculos conservaban el recuerdo. Un momento después, estaba sentado detrás de Skye, tan cerca que se tocaban, muslo con muslo y hombro con hombro, y, por un momento, no pudo evitar fijarse en el calor que ella desprendía. En cuán rápido le latía el corazón. —Agárrate —dijo Skye mientras volvía a meter los pies en los estribos y asumía de nuevo el mando. —Estoy listo. Skye espoleó a Sombra y el caballo comenzó a llevarlos de regreso a la civilización. De regreso a la seguridad, habría dicho Balthazar, pero en ese momento no estaba seguro de eso. La respiración de Skye formó nubes en el aire glacial. La suya, no. La caballeriza no resultó ser una gran empresa comercial, como ya lo eran casi todas en los Estados Unidos del siglo XXI, sino una construcción de menores dimensiones hecha con anchas planchas de madera y situada a poca distancia de la casa de Skye. Aunque había luz eléctrica en lugar de velas, los toscos faroles negros le trajeron gratos recuerdos de otros tiempos. El olor a heno también lo transportó a otra época. Cuando estuvieron cerca, preguntó: —¿Saldrán tus padres? ¿Tenemos que ocultarles qué soy, qué hago aquí, ese tipo de cosas? —Están en Albany. Son activistas, y su propuesta se está debatiendo, así que apenas los he visto más de diez minutos diarios desde Navidad. —Eso no es mucho. —Tienen sus motivos. —Skye lo miró con picardía—. Además, ¿por qué razón no iba a decirles la verdad? Eres un viejo amigo del internado que ha venido a saludarme. —¿Saben lo de Medianoche? ¿Lo que era en realidad? —No. Yo ya había decidido que prefería terminar el bachillerato en mi instituto de toda la vida antes que en una institución mental. Aunque no estoy segura de que haya alguna diferencia. — Skye suspiró y desmontó. —¿Hay alguien más en casa? ¿Tienes hermanos?

11. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 11 Skye se puso rígida al oír la pregunta y Balthazar vaciló antes de apearse del caballo, sin estar seguro de por qué era un tema tan espinoso. Entonces Skye dijo, con sequedad: —Mi hermano murió el año pasado. Solo estoy yo. —Lo siento. No lo sabía. —No pasa nada. Estoy sola, pero sé cuidarme. Era evidente que Skye no quería hablar del tema, de modo que Balthazar desmontó sin decir nada más, condujo a Sombra a la caldeada caballeriza y comenzó a desensillarlo. La otra única montura, una yegua rojiza, relinchó como si les diera la bienvenida. Skye no se entrometió. Se limitó a observarlo mientras colgaba los arreos y cepillaba a Sombra. Solo habló cuando pareció convencida de que Balthazar sabía cómo cuidar de un caballo. —Dime, ¿cómo sabías que debías aparecer en el bosque de esa manera? ¿Vas por ahí buscando personas en apuros como… un Batman vampiro o algo así? Balthazar tuvo que sonreír. —Ojalá. No. Lucas me dijo que tenías problemas y me pidió que viniera a ver cómo estabas. Aunque no me habló de ningún ataque de vampiros. —No había habido ninguno. Hasta hoy. Solo le escribí por… —Era obvio que le costaba hablar del tema—. Por las visiones. Las muertes. —Así que sigues viéndolas. —Lucas había explicado a Balthazar que a Skye la acosaban lo que parecían espectros. No obstante, en lugar de ser poseída por ellos, presenciaba muertes continuamente, con todos sus detalles. Primero, había que encontrar un patrón—. ¿Te pasa con más frecuencia ahora? ¿Te ocurre de noche, de día, después de haber o no haber hecho alguna cosa…? Skye negó con la cabeza. La luz del farol le bruñó los cabellos e intensificó su tonalidad cobriza. Balthazar apenas se había permitido fijarse en ella, pero en ese momento advirtió que era una chica increíblemente hermosa. —No tiene que ver con nada que haga o no haga. Solo tiene que ver con dónde estoy. Si estoy en un sitio donde ha muerto alguien, lo veo. Pero es más que verlo: sé cómo se sintieron todos. La víctima y el asesino, si es un asesinato. —¿No son todos asesinatos? —Solo los homicidios creaban espectros; si Skye veía otras muertes, ellos no tenían nada que ver. —A veces lo son. Pero otras muertes solo son… repentinas. Violentas. Ninguna es serena. — Skye se cruzó de brazos, como si quisiera protegerse—. La primera que vi fue cuando volvía de Medianoche. Había un atasco en la interestatal y, mientras estábamos parados, vi un accidente, sus consecuencias y un cadáver quemado… Creí que me había vuelto loca. O que, después del caos de Medianoche, estaba, no sé, desequilibrada. Pero cuando vi el accidente una y otra vez, cuando vi cómo moría el hombre, lo oí, incluso lo olí, supe que tenía que ser real. —Se estremeció—. ¿Sabías que el humo puede oler a sangre? Puede. —Sí, lo sé. —Mejor no entrar en detalles—. Entonces, tienes esas visiones siempre que estás cerca de un sitio donde se ha producido una muerte violenta. —Es como si los muertos quisieran que les preste atención. Como si quisieran que experimente lo que les pasó. Cuando me pasa, tengo que hacer un esfuerzo por recordar quién soy y dónde

12. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 12 estoy. Quiero pararlo, pero a veces no puedo. ¿Es por eso…? ¿Te ha enviado Lucas porque sabes mucho sobre esa clase de cosas? —Por desgracia, no. —Balthazar seguía cepillando a Sombra; había olvidado cuánto le ayudaba a concentrarse aquella actividad sencilla y repetitiva. Trabajar con coches era divertido, pero no podía compararse con cuidar de un caballo—. Lucas y Bianca habrían venido en persona, pero, últimamente, la Cruz Negra les ha dado problemas. —¿La Cruz Negra? —Oh. Me había olvidado de que tú no lo sabes. —Por primera vez, Balthazar cayó en la cuenta de que Skye apenas sabía nada del mundo sobrenatural. Pese a todo lo que había visto y hecho, gran parte del mundo de Balthazar continuaba siendo un misterio para ella—. Son cazadores de vampiros. No te preocupes; Bianca y Lucas están bien. Pero querían que me enterara mejor de lo que te pasa y me asegurara de que estás bien. En cambio, resulta que ahora te persigue un vampiro. Skye se pasó el pelo por detrás de la oreja en un obvio intento de concentrarse, aunque aquello debía de resultarle abrumador. —Vale. Entonces, los vampiros están… en todas partes. No solo en Medianoche. —No solo en Medianoche. Muchos nos esforzamos por llevar una vida normal y nos las apañamos, pero algunos son peligrosos. Y el vampiro con el que te has tropezado hoy… se las trae. «Se las trae»: qué corto se había quedado. Pero no quería explicarle toda la verdad a menos que fuera necesario: eso solo la aterraría. Sobre todo, no quería entrar en las laberínticas complejidades de su largo pasado. —¿Volverá? —preguntó Skye—. ¿O solo ha sido… una coincidencia? —No lo sé. —Y a Balthazar no le gustaba no saberlo—. Voy a quedarme unos días para asegurarme de que se ha largado. Así que no te preocupes demasiado. Pero tendrás que dejar de cabalgar sola por el bosque a estas horas, ¿vale? —No te preocupes. No tengo ninguna prisa por repetir la experiencia. —Skye lo miró a los ojos, solo un instante, casi con timidez. Él no entendió por qué; al fin y al cabo, se conocían desde hacía casi tres años. Cierto que nunca se habían dicho más de unas pocas palabras, pero él le había pedido los apuntes de historia del siglo XX en una ocasión para adquirir una perspectiva moderna y no eran perfectos desconocidos. Además, ella siempre le había parecido extravertida, franca… incluso atrevida. Por fin lo entendió cuando Skye dijo: —Ya sé la respuesta a esta pregunta, pero, aun así, tengo que hacértela. Tú, tú eres un vampiro, ¿verdad? —Verdad. —Balthazar le escrutó el rostro, pero ella no manifestó temor ni repugnancia—. ¿Te preocupa? —No tanto como probablemente debería. —Skye rió de sí misma—. Es decir, ya lo sabía. Más o menos. Pero supongo que necesitaba oírtelo decir. Era posible que Skye desconfiara de él a partir de entonces. Si lo hacía, la comprendería. —No me alimento de humanos. No corres peligro conmigo. —Lo sé. Y, si no lo hubiera sabido antes, ahora ya lo tendría claro.

13. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 13 —Todo lo que necesites saber sobre este tema, puedes preguntármelo. A lo mejor no conozco la respuesta, pero, si la sé, te la diré. Ya es hora de que conozcas toda la verdad. —Vale. Es bueno saberlo. —Cuando Skye se pasó la mano por el cabello, Balthazar advirtió que todavía le temblaba un poco. Aunque trataba de disimular, seguía afectada por el ataque de Lorenzo. Le puso su ancha mano en el hombro y dijo: —Oye. Ve a casa y entra en calor. Duerme un poco si puedes. Yo me pasaré toda la noche aquí fuera. Mañana hablaremos de todo. —¡Mañana! —Skye hizo una mueca—. Es mi primer día de clase. Se me había ido por completo de la cabeza. Hasta ahora me daba horror. Pero, después del ataque del vampiro, ya no me parece tan terrible. —No va a ser tan terrible, ya verás. Y hablo en serio. Esta noche puedes dormir tranquila. El vampiro no volverá a molestarte. —¿Quieres entrar en casa? Mis padres tardarán horas en llegar y no van a enterarse. Y aquí hace frío. —Vigilaré mejor la casa desde aquí. No te preocupes. A los vampiros, el frío no nos afecta tanto como a los humanos. Skye lo miró y su expresión reflejó su vulnerabilidad y su gratitud mejor que cualquier palabra. A Balthazar se le despertó su instinto protector, y otra cosa… «Con humanas, no», pensó. Era una antigua regla suya. —Gracias por rescatarme —dijo Skye—. Tendría que habértelo dicho antes. —Para eso estoy aquí. —Balthazar lo había dicho medio en broma, pero era un buen modo de verse a sí mismo. Mejor, al menos, que casi todas las otras razones que tenía para existir. Se quedó fuera, observando el cálido resplandor de la ventana que debía de corresponder a la habitación Skye, durante otra hora. No había ni rastro de sus padres, pero, más importante, tampoco lo había de Lorenzo. «Ya han cazado en esta zona —se dijo mientras se abrazaba el cuerpo porque su abrigo negro apenas le protegía del frío glacial que hacía en el norte del estado de Nueva York durante el mes de enero—. Sí, ha pasado al menos un siglo, pero da igual: Lorenzo conoce este sitio. Así que es fácil que haya venido solo. Puede que Skye solo estuviera dónde no debía.» Esa era la explicación que Balthazar prefería: la que significaba que Skye ya no corría peligro. Lorenzo había fracasado en su intento y sabía que Balthazar estaba allí para frustrar sus planes de caza. Se marcharía a otra parte. Skye estaría a salvo. Pero quizá no fuera tan sencillo. Miró la ventana de Skye y vislumbró su silueta, ágil y armónica. Vio incluso el abundante cabello que le caía sobre un hombro y se sorprendió de que le pareciera tan incitante. Justo cuando comenzaba a sentirse culpable, como si, en vez de vigilarla, la estuviera espiando, ella apagó la luz. De inmediato, Balthazar se puso más alerta; si Lorenzo regresaba, sería entonces cuando atacaría, cuando creyera que Skye había bajado la guardia. Rodeó la casa, un edificio grande y

14. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 14 moderno que parecía estar situado en las afueras de la ciudad, y escuchó con atención, no solo con los oídos sino con todos sus sentidos, incluidos los que advertían a un vampiro de la presencia de otro. Nada. Por fin, decidió que podía arriesgarse a buscar comida. Aunque jamás se lo habría dicho a Skye, ni a casi nadie más, ni siquiera a otros vampiros, tenerla mientras sangraba le había abierto el apetito. Cómo lo detestaba. Mirar a una chica guapa, apreciarla, querer ayudarla, pero no poder olvidar que una parte de él la consideraba una presa. Entró en el bosque que rodeaba la casa y olfateó el aire invernal. Pino, tierra, aves diversas (la mayoría, búhos y gorriones, demasiado difíciles de capturar y de poco provecho), el sudor del caballo cuando había llegado, un vestigio del delicado perfume de Skye, pero también un olor más almizclado, a animal de caza. Sí. Un ciervo. Y cerca. Avivado su apetito, se adentró más en el bosque y echó a correr sin hacer apenas ruido para no espantar a su presa. Ya imaginaba la espesa sangre llenándole la boca, calentándole las entrañas, procurándole otra vez el simulacro de vida que tanto deseaba… Pero no percibía el olor de la sangre del ciervo dentro de su cuerpo, y ya debería hacerlo. Se detuvo a unos metros de él, una silueta inmóvil apenas visible en la oscuridad de la noche. Estaba tendido en la nieve, con el cuello retorcido. El corazón no le latía. Pese a su decepción natural de depredador por haber perdido una presa, Balthazar se arrodilló junto al ciervo muerto para investigar. Le habían abierto la garganta, probablemente hacía varias horas; solo el frío glacial había retrasado tanto su descomposición que él todavía no había percibido el hedor. No le quedaba ni una gota de sangre en el cuerpo. Al pasarle la mano por el pelaje, palpó las incontables dentelladas. Lo habían devorado varios vampiros. Y le habían extraído toda la sangre a través de los mordiscos. No habría hecho falta abrirle la garganta. El cazador solo lo había hecho por placer. Como tantas otras veces. Balthazar cerró los puños al pensar en el vampiro que había encabezado aquel grupo, cuya firma veía escrita ante él en la carne desgarrada del ciervo: «Redgrave». «Está aquí.»

15. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 15 CCCAAAPPPÍÍÍTTTUUULLLOOO 000333 Como de costumbre, Skye se despertó al oír el despertador de su teléfono móvil. Pero, a diferencia de otras veces, cuando se volvió para acallarlo de un manotazo, le dolió todo el cuerpo. Al principio, su mente adormecida solo pensó: «Estoy molida». Luego recordó el porqué y se incorporó con brusquedad, con las sábanas blancas agarradas contra su pecho. Respiró hondo para tratar de calmarse mientras la adrenalina le inundaba las venas, casi tan desconcertada por el recuerdo del ataque como por el ataque propiamente dicho. ¿Era posible que hubiera sucedido de verdad? ¿Y era posible que Balthazar More hubiera aparecido para salvarla? Aquello se parecía más a una de sus fantasías de sus horas de estudio en Medianoche que a la realidad. Pero los rasguños de los brazos y sus músculos doloridos no mentían. Cuando miró el móvil, vio que tenía dos mensajes nuevos. Uno era de su mejor amiga de Medianoche, Clementine Nichols, a la que había mandado un mensaje explicándole la locura de la noche anterior. Su respuesta: Dios!, en serio? + vampiros? En Darby Glen? Están x todas partes? TEN CUIDADO. El rescate de Balty parece excitante. Esa baba! Típico de Clem, combinar la advertencia de que se protegiera con una broma sobre lo colada que había estado por Balthazar. No reconoció el número de móvil del otro mensaje, pero se quedó boquiabierta cuando lo leyó: Skye, anoche estuve indagando. La presencia de vampiros en tu ciudad puede ser más peligrosa de lo que pensaba. No te asustes: no hay ningún motivo para que te persigan a ti. Pero sé cauta. Voy a quedarme un tiempo para investigar. Cuídate, y mucha suerte en tu primer día de clase. Allí había varios datos interesantes. Aquel era el número del móvil de Balthazar. (Añadir a contactos: sí.) Balthazar era la clase de chico que utilizaba una ortografía y una puntuación perfectas incluso cuando escribía mensajes de texto, lo cual era sexi, en un sentido un poco raro. Lo llevaba claro, si la excitaban las comas. No solo no había imaginado el ataque del vampiro, sino que, además, parecía que debía estar alerta por si había toda una plaga en la ciudad o algo parecido. La cosa no pintaba bien. Balthazar iba a quedarse un tiempo, por unos motivos tan escalofriantes que la idea no tendría que haberla emocionado tanto como lo había hecho. Y, por último, lo más deprimente de todo: tenía que ir a clase.

16. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 16 Empezó a levantarse e hizo ademán de coger la ropa vieja que se ponía todas mañanas para limpiar la caballeriza. Pero recordó que no la había sacado. Desde hacía un tiempo, se encargaba su vecina, la señora Lefler, a cambio de poder montar a Sombra cuando le apeteciera. Habían llegado a aquel acuerdo ese otoño, cuando Skye tomó la difícil decisión de dejar a Sombra en casa en lugar de llevárselo a las caballerizas de Medianoche; en esa época, creía que montarlo podría servir de algún consuelo a sus padres. Pero eso no había dado resultado y aquella sencilla tarea, que, pese a dejarla sucia y cansada, había formado parte de su mundo casi todas las mañanas de su vida desde que tenía doce años, ya no estaba. Y era muy mala señal de lo poco que se divertía que incluso echara de menos limpiar caca de caballo. Refunfuñó y se tapó la cabeza con la almohada. Mejor enfrentarse al ataque de un vampiro que al instituto de Darby Glen. Ya contaba con que su primer día de clase en el instituto de Darby Glen sería malo, pero resultó que había sido demasiado optimista. Una chica con la que casi no se había relacionado en primaria (¿Kristin? ¿Kirsten?) apenas la miró mientras decía: —Parece que tu colegio pijo te ha dado la patada. ¿Has vuelto con la chusma? Vaya rollo, ¿no? —Mi colegio… se ha incendiado —explicó Skye, suponiendo que era lo más parecido a decir «se ha destruido en una guerra de vampiros» sin parecer loca de atar. Pero entonces se dio cuenta, demasiado tarde, de que corregir aquella suposición hacía que el resto de la frase pareciera cierto, como si ella menospreciara el instituto de Darby Glen y a sus alumnos. ¿Pensaban todos lo mismo? Probablemente. Todos los pasillos estaban adornados con orlas de distintas promociones y Skye alzó la vista justo cuando pasaba por delante del curso de Dakota. Allí estaba su hermano, con esmoquin, sonriente y desprevenido. Tenía la misma edad que ella entonces. Por primera vez, cayó en la cuenta de que, con el tiempo, acabaría siendo mayor de lo que Dakota era al morir. («¡Te estoy alcanzando!» solía bromear Skye el día de su cumpleaños, cuando se llevaban tres años en vez de cuatro durante unos pocos meses. «Ves, ¡ya estoy más cerca!» Eso ya no le hacía ninguna gracia.) Apartó rápidamente la mirada y trató de quitarse a Dakota de la cabeza. Cuando llegó a las taquillas, vio que le había tocado una a ras de suelo con una cerradura imprevisible. Después de pelearse con ella durante lo que le parecieron cinco minutos de reloj, abrió la puerta, metió todos sus libros excepto los que iba a necesitar en las dos primeras clases y, al enderezarse, vio a Craig Weathers. Su novio durante más de dos años, hasta que la había dejado tres meses atrás. Rodeando por la cintura a su novia actual, Britnee Fong. La chica por quien la había dejado. Skye tuvo la sensación de que le arrojaban un jarro de agua fría a la cabeza. La sorpresa y la humillación que sintió la dejaron clavada al suelo. Craig estaba increíble, como de costumbre: alto y delgado, con los labios carnosos, unos ojos impresionantes y una piel aceitunada cuya calidez quedaba realzada por el jersey blanco que llevaba debajo de la cazadora del equipo del instituto. Cada centímetro de él le resultaba familiar, demasiado familiar. Fue Britnee quien la sorprendió:

17. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 17 se había mudado a Darby Glen después de que Skye se marchara a Medianoche y, para frustración de Skye, todas las fotografías de su perfil de Facebook eran retratos de su gato. Y Britnee era incluso más guapa de lo que se temía: ropa alternativa de marca, un moderno corte de pelo a lo chico que le enmarcaba la cara a la perfección y las mismas botas de plataforma que Skye llevaba varias semanas codiciando en secreto. Estaba un poco más rellenita de lo que Skye imaginaba, pero tenía los kilos muy bien repartidos: concentrados en las tetas y el culo. Una chica podría reprocharle que acumulara ahí los kilos, pero un chico no lo haría jamás. Ya habría sido malo aunque Skye hubiera podido escabullirse sin que la vieran, pero no pudo. Craig se paró en seco y Britnee lo miró con desconcierto antes de ver a Skye y exclamar: —Ohhh. Como si ninguno de los dos hubiera caído en la cuenta de que ella iba a aparecer ese día. Por una vez, parecía que los chismosos de Darby Glen no habían hecho su trabajo. Craig le sonrió, una fría imitación de su bonita sonrisa habitual. —Skye. Hola. —Hola. —Skye se apoyó los libros en la cadera y miró hacia el pasillo para dejar constancia de que tenía que estar en otra parte: en cualquier otra parte que no fuera allí. —Hola, Skye. Yo soy Britnee y es un placer para mí conocerte. —Genial. Britnee Fong era una cursi, además de irritante y tonta—. Me han hablado muy bien de ti. Oh, así que Craig se había asegurado de dejar bien a su exnovia ante su novia actual. ¡Qué clase! —Me alegro. Hasta luego. —Skye pasó altivamente por delante de ellos y se dirigió a su primera clase, o al menos hacia donde creía que estaba su primera clase. El zumbido de su cabeza, mitad enfado, mitad dolor, ahogó el ruido del pasillo. «Al menos, aquí no corres peligro», se dijo al recordar la tarde anterior en la nieve y la extraña sonrisa del vampiro mientras la observaba. No fue precisamente reconfortante. Su primera clase era historia colonial y se impartía en el aula principal de su curso. Trató de orientarse dentro del edificio, pero su absoluta monotonía volvió a impresionarle. Después de pasarse dos años y medio en la Academia Medianoche, con su edificio de piedra de varios siglos de antigüedad, sus vidrieras, sus barandas de madera labrada y sus techos abovedados, el instituto de Darby Glen le parecía tan feo que se preguntó si no lo habrían construido así a propósito, como una especie de castigo para los alumnos. Paredes de hormigón con pinturas murales que no se habían repasado ni recientemente ni bien, taquillas grises que parecían más propias de una cárcel que de un centro educativo, techos bajos y fuerte luz fluorescente. Todo en él era deprimente. No le había dado aquella impresión cuando estudió primaria en el edificio contiguo, que era idéntico. Pero, después de Medianoche… «¿Después de un colegio plagado de fantasmas? ¿Y vampiros? —se recordó—. Deberías agradecer un poco de normalidad, aunque te aburras.» Puede que el cambio le fuera bien… con el tiempo. Por fin, solo unos minutos antes de que empezaran las clases, Skye dio con su aula. Craig y Britnee ya estaban dentro, en primera fila. Sentados juntos, por supuesto. Consiguió eludir sus miradas y corrió a sentarse en la última fila.

18. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 18 Una chica pelirroja con el cabello rizado que estaba sentada delante de ella se volvió y le susurró: —Hola, ¿a qué venía eso? —¿Cómo? —dijo Skye. —¿Tú, Craig y Britnee? Os he visto en el pasillo. Parecía un duelo de una peli del Oeste. No era asunto suyo, pero su descripción le arrancó una sonrisa. Ese día necesitaba sonreír. —Craig y yo salimos juntos. Me dejó por ella. No nos habíamos visto desde entonces. Eso es todo. —Oh, entonces tú eres Skye. —La chica asintió, como si eso la satisficiera. Al final, parecía que los chismosos de Darby Glen habían hecho su trabajo—. Pues yo soy Madison Findley. Nos mudamos aquí el verano pasado. Oye, si alguna vez necesitas ayuda con tu ex o con la vaca de su novia, cuenta conmigo. Britnee no era ninguna vaca, pero Madison solo intentaba animarla, supuso Skye, y lo había hecho, un poco. —Gracias. Los murmullos cesaron cuando entró el profesor, un hombre de unos dos metros de estatura que parecía casi igual de ancho. Su barba erizada creaba una ilusión de que la mandíbula le sobresalía como la de un bulldog. Sus ojos oscuros recorrieron la clase como la mira telescópica de un rifle láser. El profesor escribió su nombre en la pizarra: AMANDO MILLONES. Era tan intimidante que nadie se rió del nombre. Ni tan siquiera con disimulo. Nadie quería que aquel hombre lo pillara escribiendo un mensaje de texto. Después de aquello, comenzó la rutina propia de cualquier instituto y Skye se relajó un poco, sobre todo cuando descubrió que no conocía a nadie en clase de cálculo y pudo sentarse en la última fila para disfrutar de su soledad. Cierto que Craig y Britnee estaban en su curso, pero no necesitaba sentarse cerca de ellos ni dirigirles la palabra, y ya tenía una nueva amiga con quien distraerse, así que todo iba bien. Puede que tuviera suerte y no volviera a coincidir con ellos en ninguna otra asignatura. Algunos alumnos estaban convencidos de que era una pija, pero probablemente lo olvidarían pronto. Probablemente. Además, el instituto no iba a durar siempre. A veces, daba esa impresión, pero presenciar la destrucción de su anterior escuela le había dejado claro cuán transitorio era todo. Cinco meses y medio: aguantaría. Si no la atacaban más vampiros. Cuando el timbre anunció la tercera hora, consultó su horario para recordarse qué tocaba: anatomía humana/educación sexual con la señorita Loos. Pensó con amargura que ella ya había aprendido por su cuenta qué era el sexo. Aunque, para lo que le había servido… pero en fin. Al entrar en el aula, vio que Craig y Britnee también tenían aquella asignatura. Estupendo. Tendría que oír hablar de sexo mientras veía cómo el único chico con el que se había acostado coqueteaba con la chica con la que él se acostaba en ese momento. Pero lo peor no ocurrió hasta el final de la clase.

19. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 19 —A partir de ahora trataremos temas más delicados —dijo la señorita Loos. Era bastante atractiva, al menos para ser profesora. Rubia, con una falda de leopardo, estaba sentada en el borde de su mesa como si no supiera que, en esa postura, seguro que los chicos le miraban las piernas—. A casi todos os conozco desde que empezó el curso y sé que sois personas maduras. Así que os pido que os comportéis lo mejor que sepáis. El conserje entra, con la cara cenicienta, la mirada perdida. Algo va muy mal, pero él todavía no lo sabe. Solo piensa en que está cansado, cansado de limpiar lo que han ensuciado los imbéciles de los alumnos, cansado de cargar con la escoba, cansado hasta no poder más. «¡Basta! —se dijo Skye—. No es real; ¡tú sabes que no es real!» Pero la muerte del conserje ya la había rodeado. El dolor lo atenaza, le irradia desde el pecho hacia la pierna y el brazo. Abre la boca para gritar, pero no le llega aire a los pulmones. La asfixia es dolorosa. Los capilares oculares empiezan a estallarle. —La de la última fila. —La señorita Loos la miraba fijamente, y Skye se dio cuenta de que también lo hacía toda la clase. Estaba agarrada al pupitre como si fuera un salvavidas en un mar tormentoso y el sufrimiento del conserje seguía atenazándola. Lo vio caer de rodillas detrás de la señorita Loos, allí, pero no allí—. ¿Te pasa algo? Skye tragó saliva y trató de concentrarse en el momento presente. —No, señorita. La profesora se cruzó de brazos, con una media sonrisa en sus labios perfilados de negro. —Si te incomoda hablar de sexo, ven a verme después, ¿vale? Unos cuantos alumnos se rieron y Skye se ruborizó. No pudo evitar tener la sensación de que la señorita Loos estaba más interesada en hacer un chiste a su costa que en ofrecerle ayuda. Fabuloso. Tampoco pudo evitar fijarse en que Craig no despegaba los ojos del suelo. ¿Creía que le había destrozado la vida por acostarse con otra chica? ¿E importaba algo de aquello mientras aquel hombre moría allí mismo? Skye cerró los ojos con fuerza. Cuando volvió a abrirlos, el conserje había desaparecido. Su muerte no había durado mucho. Pero iba a tener que revivirla cada vez que entrara en aquella aula, lo cual sería todas las mañanas. De golpe, cinco meses y medio le parecieron más tiempo que nunca. Mientras la señorita Loos seguía hablando, Skye dejó vagar la imaginación hasta su casa y su caballeriza. Recordó a Balthazar iluminado por los faroles, su modo de acudir cuando ella más lo necesitaba. Después, su imaginación la transportó a una época anterior, a Medianoche en los tiempos en los que ella creía que era un internado más o menos normal y Balthazar la dejaba sin

20. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 20 aliento cada vez que lo veía por el pasillo. Los tiempos en los que ella tenía una vida mejor y solo era una adolescente más. Los tiempos que ya no iban a volver. Cuando las clases por fin terminaron, Skye decidió no coger el autobús escolar, como de costumbre, y regresar a pie. Hacía un frío polar, tanto que la garganta le dolía cada vez que respiraba por la boca. Pero le daba igual. Si volvía a casa en el autobús, solo conseguiría que aquel día lectivo se le hiciera aún más largo. En ese momento, necesitaba estar sola. No obstante, pensó que estar sola quizá fuera justo lo opuesto a ser cauta en una ciudad que podía estar infestada de vampiros. Así pues, en vez de regresar a casa por el camino corto, que pasaba por una carretera estrecha y tortuosa, decidió dar un rodeo por Garrett Boulevard. Habría mucho tráfico, y también algunos ciclistas y corredores. Solo estaría sola en espíritu, pero eso le bastaba. Llegaría a casa con mucho tiempo para pasar una divertida tarde con la cabeza bajo las mantas, gritando para desahogar la frustración y la angustia que había reprimido en uno de los peores períodos de veinticuatro horas de su vida. Pero el rodeo por Garrett Boulevard era más largo de lo que creía y mucho antes de ver siquiera su casa ya tenía las mejillas y la nariz heladas. «¿Por qué no me compré un coche el verano pasado?», pensó mientras caminaba por el arcén con las manos en los bolsillos de su abrigo de plumón. Entonces, sus razones le habían parecido buenas: solo le alcanzaba para comprarse un cacharro, no podría habérselo llevado a Medianoche y sus padres habían insinuado que le regalarían un buen coche cuando se graduara. Pero en ese momento, a menos de diez grados bajo cero, habría dado lo que fuera por un viejo coche con una calefacción que funcionara. «A lo mejor tendría que haberle pedido a Balthazar que me llevara a casa.» Pero ¿podían los vampiros sacarse el permiso de conducir? Justo cuando empezaba a perderse en la fantasía absurda pero deliciosa de que Balthazar se presentaba en su instituto a lomos de Sombra, ataviado con una larga capa negra o algún otro atuendo igual de romántico, y le tendía la mano delante de Craig, Britnee y todos los demás, vio a su primer corredor, un incondicional que había salido a pesar del frío. Alzó la mano para saludarlo, pero al final no lo hizo. No era un corredor. Incluso desde aquella distancia supo que era Lorenzo.

21. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 21 CCCAAAPPPÍÍÍTTTUUULLLOOO 000444 Seguir el rastro a un vampiro no era tarea fácil. En general, Balthazar lo prefería, porque así era difícil que le siguieran la pista a él. Cuando estaba eludiendo a la Cruz Negra o a su propia hermana enajenada, Charity, le resultaba muy valiosa la habilidad para desaparecer siempre que le apeteciera. Cuando era él quien seguía a otro, ya no le hacía tanta gracia. Se había pasado el día en el bosque, buscando más animales muertos. Un bosque ocultaba sus secretos incluso cuando el tiempo era óptimo y, con aquel frío y la cantidad de nieve que cubría el suelo, los cadáveres eran difíciles de ver y oler. Después de registrar a fondo la maleza y los caminos durante horas, solo había encontrado otro animal muerto. El cadáver también tenía marcas de feroces dentelladas, pero no la raja en el cuello que lo habría señalado como una víctima de Redgrave; Balthazar calculaba que el zorro había muerto hacía menos de una hora. «Ahora mismo, Lorenzo está solo», pensó. Pero Redgrave había estado en aquella zona con él antes, y probablemente con algunos más: su tribu crecía y disminuía con el paso de los años; a veces solo la formaban cinco o seis vampiros, pero otras había hasta veinte. ¿Con quién podía volver a encontrarse? ¿Constantia? ¿Charity? «No pienses en eso. Concéntrate.» Lorenzo estaba solo, y eso era lo único que importaba. Se agachó junto al cadáver e inspiró hondo. Su mente depredadora registró el olor de Lorenzo. Era agradable tener una excusa para volver a ser cazador, para dejarse llevar por aquel poderoso instinto. Examinó el suelo; la capa de nieve estaba demasiado fragmentada para seguir las huellas de Lorenzo, pero le bastaría con seguir su olor. Echó a andar por el sendero y fue apretando el paso, cada vez más seguro de su ruta. El camino ascendía por una colina hacia alguna clase de espacio público. El zumbido del tráfico fue aumentando de volumen hasta ahogar el ruido del viento entre las ramas peladas de los árboles. Cuando Balthazar rodeó la colina, vio lo que había al otro lado e inspiró con brusquedad: un centro educativo. El cartel de la entrada lo identificaba como el INSTITUTO DE DARBY GLEN. El instituto de Skye. Definitivamente, Lorenzo la perseguía a ella. Balthazar echó a correr con todas sus fuerzas, a más velocidad de la que podían alcanzar la mayoría de humanos, pero, si lo veían, todo se iría a hacer puñetas. Skye estaba en peligro y, por la hora que era, seguro que ya habría salido de clase. ¿Podía haber cogido el autobús, como había hecho esa mañana mientras él la vigilaba desde lejos? Eso esperaba. Porque continuaba corriendo, siguiendo el olor de Lorenzo por lo que parecía una carretera principal muy transitada. Aunque Lorenzo no hubiera podido encontrar a Skye, Balthazar estaba firmemente decidido a capturarlo en ese momento. Sin embargo, mientras corría, comenzó a percibir también el olor de Skye. De golpe, la imaginó, yerta y ensangrentada como el zorro que había encontrado en la nieve, y el mero hecho de imaginarla así le dio náuseas. Su velocidad sobrehumana no era suficiente. El rastro de Lorenzo se alejó de la carretera principal, de Skye, pero eso no reconfortó a Balthazar. Lorenzo solo había dejado de seguirla para adelantarla, para interponerse entre ella y su

22. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 22 casa. Balthazar solo vaciló un momento antes de decidir seguir el rastro de Skye. Por muchas ganas que tuviera de capturar a Lorenzo, la seguridad de Skye era mucho más importante. Por fin, al doblar otra curva de la carretera, la vio, viva, ilesa, de pie, pero mirando al frente, a Lorenzo, que le cerraba el paso y estaba más cerca de ella de lo que Balthazar estaba de ambos. —¡Skye! —gritó, pero en ese momento pasó un camión y el rugido del motor ahogó su voz. Skye echó a correr, no hacia el otro arcén ni hacia él, sino cuesta arriba, hacia un edificio que tenía aspecto de gasolinera pero parecía abandonado desde hacía tiempo, con un cartel descolorido y polvoriento donde anunciaba que el litro de gasolina valía veinticinco centavos. Mal asunto. Un espacio público habría procurado a Skye cierta protección, pero un edificio abandonado no era un refugio. Era una trampa. Lorenzo corrió tras ella, ajeno a todo lo que no fuera su presa. Balthazar los persiguió a los dos, empujado por la ira y la sed de pelea. Era raro que dejara aflorar aquellas emociones, pero, cuando lo hacía, lo que sentía era casi tan intenso y real como estar vivo. Algún gamberro debía de haber forzado la puerta muchos años atrás. Balthazar entró justo detrás de ellos; las campanitas oxidadas del picaporte tintinearon. Skye, apoyada contra la pared del fondo, sin escapatoria posible, lo vio y gritó: —¡Balthazar! Lorenzo giró sobre sus talones y también lo vio; su sonrisa parecía extrañamente congelada, como si estuviera ebrio o drogado. —Aún la proteges —dijo—. No podrás hacerlo durante mucho tiempo. —No tendré que hacerlo durante mucho tiempo. —Balthazar cogió lo primero que encontró, el extremo de un estante metálico donde antes hubo bolsas de patatas o latas de aceite de motor, y empujó con todas sus fuerzas. El otro extremo alcanzó a Lorenzo en el costado y lo obligó a retroceder. Skye se volvió hacia Balthazar, pero él señaló la puerta. —¡Sal de aquí! ¡Vuelve a la carretera! Ella no protestó ni vaciló. Se limitó a salir tal como él le había sugerido. Gracias a Dios que tenía sentido común. Balthazar se abalanzó sobre Lorenzo, que ya se había levantado del suelo. Esquivó el puñetazo dirigido a su cara y le dio un empujón. —Quieres quedártela tú —gruñó—. Admítelo. Aquel comentario no merecía respuesta. Balthazar examinó la vieja gasolinera, con su falso techo enmohecido y sus polvorientas paredes. Había pocos objetos que pudieran servir de arma, y no había madera para fabricar una estaca. No obstante, las puertas del viejo congelador aún conservaban el cristal y, aunque decapitar a Lorenzo lo pondría todo perdido, Balthazar había hecho cosas peores. —La dejaremos sin una gota de sangre —dijo Lorenzo, y su tono ya no era burlón; parecía más bien que se hubiera hecho una promesa a sí mismo—. Nada va a impedirme volver a probarla. De una patada, Balthazar rompió el cristal de la puerta del congelador. Cogió el pedazo más grande, que seguía adherido al armazón metálico: eso lo convertía en una especie de hacha, si conseguía arrancarlo…

23. Balthazar CLAUDIA GRAY 5º de la Serie Medianoche Escaneado y corregido por MERCHE Página 23 —¡Balthazar! —Skye entró corriendo, acompañada de un tintineo de campanas. ¿Cómo podía ser tan estúpida para volver cuando había dos vampiros peleándose? Entonces vio a los otros tres vampiros, justo detrás de Skye. Dos de ellos, desaliñados, jóvenes, feroces, lo de siempre, eran desconocidos, pero la vampira más alta, la que cerraba la comitiva, le resultó tentadoramente familiar… Lorenzo se abalanzó sobre él, pero Balthazar lo esquivó, consiguió arrancar el hacha improvisada y corrió hacia Skye. El primer vampiro entró justo a tiempo para que Balthazar lo decapitara. Skye chilló: sí, era repugnante, y el vampiro era tan joven que se desplomó como un peso muerto, pero lo peor fue que el cristal se desprendió del armazón metálico y se hizo añicos contra el suelo. Ya no había hacha. Cuando entraron los otros vampiros, acompañados de otro tintineo de campanas, Skye dio un empujón a Balthazar; casi antes de que él comprendiera qué tramaba, estaban dentro de la cabina del empleado de la gasolinera. Skye cerró la puerta y giró el endeble pomo que la trababa. No iba a aguantar mucho, pero era mejor que nada. Estaban atrapados en un espacio en el que apenas cabía una persona de pie y aún menos dos. Balthazar notó la agitada respiración de Skye contra su pecho. Uno de los vampiros arremetió contra la pared acristalada de la cabina y comprobó, demasia

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