Románico. Escultura y pintura.

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Published on November 8, 2016

Author: arte_sancho

Source: slideshare.net

1. 1616 ARTE ROMÁNICO. ESCULTURA Y PINTURA MONUMENTALES OBRAS: Portada de Moissac (tímpano). Pórtico de la Gloria. Pantocrátor de San Clemente de Tahull http://www.youtube.com/watch?v=ylx-gdFLyLc&feature=player_detailpage http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=ylx-gdFLyLc CARACTERÍSTICAS GENERALES El arte Románico es un arte esencialmente arquitectónico, y las artes figurativas, sean la pintura o la escultura, la vidriera o el mosaico, no pueden concebirse aisladas del hecho arquitectónico y, menos aún, fuera del ámbito de la iglesia. El marco arquitectónico tiene dos espacios privilegiados para el desarrollo iconográfico: la portada para la escultura y el ábside para la pintura. Además de estos lugares, la escultura invade los capiteles de las iglesias y los claustros, las pilas bautismales y también los sarcófagos; tenemos, asimismo, notables muestras de escultura exenta, generalmente de madera, con imágenes de Cristo crucificado, la Virgen con el Niño o descendimientos. Por lo que respecta a la pintura, también puede cubrir, aunque son excepciones los casos conservados, las bóvedas y los muros de la nave; la pintura sobre tabla se utiliza, sobre todo, para los frontales y laterales de los altares. La otra gran manifestación de la pintura románica es la miniatura. El arte románico es esencialmente religioso, cargado de simbolismo y con una clara finalidad didáctica, ya que todas las imágenes escultóricas y pictóricas (una auténtica Biblia en piedra, como tantas veces se ha repetido) debían mostrar las verdades esenciales de la fe, el contenido de las Sagradas Escrituras y constituir un recordatorio constante de la lucha entre el Bien y el Mal a unos hombres y mujeres sin acceso a la palabra escrita. El arte románico vuelve la espalda a la Naturaleza y hasta la época del gótico no percibe en ella el reflejo de la majestad todopoderosa de Dios. Frente al arte clásico que tuvo siempre como objetivo la mímesis (imitación de la Naturaleza), el arte románico es un arte antinaturalista que no quiere representar la realidad como la perciben nuestros sentidos, sino el mundo sobrenatural que escapa precisamente a ellos. Por ello existe una clara despreocupación por las correctas proporciones (las figuras se alargan desmesuradamente o se deforman si es preciso) y la belleza de las formas. En pintura, por ejemplo, no se representa el volumen real de los cuerpos, ni su existencia material en el espacio, un espacio que no supera la bidimensionalidad. Incluso el color y la luz tienen un valor simbólico y se rigen por unas leyes propias, ajenas a la Naturaleza. Este antinaturalismo se une a un fuerte esquematismo que lleva a la selección de los elementos esenciales para conseguir mayor claridad expositiva y mayor facilidad de lectura. Es también un arte fuertemente expresivo, expresividad que será muchas veces potenciada mediante la deformación intencional de las figuras.

2. 1616 Además de estas características, tanto la escultura como la pintura tendrán otros rasgos en común: o La adaptación al marco arquitectónico. Los objetos y personajes que componen las escenas se acomodan al lugar que ocupan, sea la forma de los capiteles, de las columnas o las arquivoltas, aunque ello suponga su deformación. Se trata de aprovechar al máximo el espacio prescindiendo de la belleza formal en aras al mensaje que debían proyectar los relieves. La talla y el modelado suelen ser toscos, con una fuerte carga de hieratismo y frontalidad. Las composiciones carecen de perspectiva y no existe una lógica espacial. En definitiva se trata de representaciones ajenas a la realidad pero cargadas de emotividad; imágenes tópicas y estereotipadas que no debemos entender como el fruto de una ausencia de técnica, sino de su propia concepción y funcionalidad: el cometido del escultor es evocar las verdades de la fe, no representarlas. En este sentido, estamos un arte conceptual y expresivo, que sin renunciar al naturalismo no se preocupa por representar la realidad. o El “horror vacui” (horror al vacío) que tiende a dejar el menor espacio vacío. o El sistema de proporción jerárquica. Las figuras presentan distinto tamaño, no debido al deseo de sugerir la profundidad espacial y por tanto la disminución del tamaño en la distancia, sino a la mayor o menor importancia de la imagen representada, especialmente en el caso de la figura de Cristo. LOS TEMAS https://youtu.be/NeDPHS-V_d0 https://youtu.be/DG5NcV0Q4Jc Los temas de las artes figurativas en el románico son extraordinariamente variados, pero por encima de todo nos encontramos con una temática religiosa. Entre las imágenes más complejas se encuentra la representación de Cristo en Majestad (la Maiestas Domini), según la visión que San Juan recoge en el Apocalipsis acerca de la Segunda Venida de Cristo para juzgar a los hombres. Cristo aparece sentado en un trono, como Dios omnipotente o Pantocrátor. Vestido con suntuosos ropajes, como un rey, bendice con su mano derecha, en un gesto a veces también amenazador, mientras que con la mano izquierda sostiene el Libro de la Vida. Su figura está enmarcada por la mandorla o almendra mística (representa el halo que emana de las figuras sagradas). La frontalidad, el hieratismo, el gesto grandilocuente y autoritario de su mano derecha y la imagen desmesuradamente grande de Cristo, eje de la composición, reflejan a la perfección la imagen de lo absoluto. En ocasiones aparecen junto a su figura las letras alfa y omega, primera y última letras del alfabeto griego, para simbolizar que Cristo es principio y fin de todas las cosas. A ambos lados está representado el Tetramorfos, símbolo de los cuatro evangelistas: hombre o ángel (San Mateo), buey (San Lucas), león (San Marcos) y águila (San Juan). También aparecen los veinticuatro ancianos del Apocalipsis, una especie de senado celeste con atributos regios. Magníficos ejemplos de este tipo de representación los tenemos en San Pedro de Moissac, en Francia, y en España en el Pórtico de la Gloria o el ábside de San Clemente de Tahull. La imagen de la Divinidad se verá también reflejada a través de otras representaciones como la Dextera Domini (la diestra de Dios) en un gesto de bendición, simbolizando el inmenso poder de Dios; el Agnus Dei (Cordero de Dios); el Espíritu Santo, representado mediante la

3. 1616 paloma y el Crismón, o anagrama de Cristo, formado con las dos primeras letras entrelazadas (la X, ji y la P, ro) del nombre de Cristo en griego, que significa el “Ungido”. Además de estas imágenes que simbolizan la divinidad de Cristo, también existen numerosas representaciones de su existencia como hombre. La representación de la Virgen María, mediadora entre los hombres y Dios, es otro de los temas más frecuentes, tanto en escultura como en pintura. Es una representación en la que, siguiendo el modelo bizantino, la Virgen aparece como trono para su Hijo. Los santos son otro de los temas frecuentes en el arte románico. La angustia del hombre medieval ante lo sobrenatural hacía necesaria la existencia de los santos como modelo a imitar y ejemplo para los demás mortales. Ellos se habían enfrentado a las tentaciones del Mal y lo habían vencido. Se representan momentos importantes de las vidas de los santos: su conversión, los prodigios realizados durante su vida, las tentaciones (su enfrentamiento con el mal), escenas de su martirio y muerte y de su glorificación. También se representan con frecuencia ángeles, fuerzas espirituales que colaboran con los hombres en la lucha contra el pecado, nos protegen o anuncian la voluntad de Dios. Junto a estos temas claramente religiosos encontramos una variada iconografía profana, aunque no debemos olvidar nunca que la mayoría de las veces estos temas profanos tienen también un significado religioso. La representación del hombre como ser individualizado e histórico es ignorada en el románico y solo aparece cuando tiene un papel en el desarrollo de las escenas sagradas. El ser humano está totalmente sometido a la voluntad divina y en constante deuda con el Creador. Son numerosas las escenas de la vida cotidiana: el mundo de los juglares, luchas entre caballeros, los trabajos de los meses del año…que constituyen un magnífico documento histórico. De enorme interés es el riquísimo bestiario medieval que abarca desde la representación de los animales domésticos hasta los seres fantásticos y monstruosos (híbridos de varios animales). Es un mundo fantástico que encierra un claro simbolismo al representar la lucha entre el Bien y el Mal. Los seres monstruosos simbolizan las fuerzas del mal y del pecado y se enfrentan a los hombres en luchas terribles, en las que los hombres vencen a los monstruos o bien éstos los devoran con infinita crueldad. Muchas de estas representaciones proceden de Oriente y entre ellas podemos destacar: o Las arpías tienen la apariencia de perras aladas con zarpas o buitres con cabeza de mujer. Personifican todos los vicios. o Las sirenas, con forma de pájaro o pez, que con su canto dulcísimo atraían a los caminantes para devorarlos. Simbolizan las tentaciones con que nos encontramos a lo largo de la vida y que pueden impedir la evolución del espíritu. o El grifo, con cuerpo de león y cabeza de águila. Su carácter es benéfico. Aparecen junto al árbol de la vida. El paisaje y la flora no llegaron a adquirir relevancia en las representaciones del románico y se recurrió a determinadas convenciones en su representación. El Sol y la Luna aparecen con frecuencia como símbolos de la luz y las tinieblas, respectivamente.

4. 1616 LA ESCULTURA La escultura monumental aparece a fines del siglo XI cuando el desarrollo arquitectónico del románico estaba ya muy avanzado. La encontramos en forma de: o relieve, como parte esencial de la decoración arquitectónica, o pero también en forma de escultura exenta, sobre todo en las representaciones de Cristo crucificado y de la Virgen con el Niño. EL RELIEVE. Se concentra en algunas zonas del edificio románico, concretamente en las portadas y en los capiteles, donde se despliegan los grandes programas escultóricos. A) En las portadas la decoración está en el tímpano, las arquivoltas, el dintel, las jambas y el parteluz. http://www.youtube.com/watch?v=u-WdXLxkPCU&feature=player_detailpage En éstas se imponen las normas que definen el estilo: adaptación formal al marco arquitectónico; contenido religioso; soluciones plásticas características, tendentes al expresionismo muy poco naturalista. Dentro de ellas cabe distribuir tres zonas: - el Tímpano, donde se localizan habitualmente las representaciones más importantes: Cristo en Majestad y los cuatro Tetramorfos (San Mateo-Hombre; Marcos- León; Lucas-Buey; San Juan-Águila.); los veinticuatro ancianos (símbolo de la virtud de los hombres premiada con larga vida, se representan los 12 apóstoles más los 12 patriarcas de Jerusalén); el tema de la Ascensión; el Juicio Final; el Cordero apocalíptico (según el Apocalipsis, el cordero es el símbolo de la inocencia y víctima habitual de sacrificios, por lo que se convierte en un perfecto símbolo de Cristo); o el Crismón Trinitario, síntesis del misterio de la Santísima Trinidad, y formado por una rueda en la que se inscriben las letras griegas X y P, inicales de Iesus Xristos. - En las arquivoltas suelen situarse los veinticuatro ancianos; temas del bestiario románico o historiados; escenas del Antiguo y Nuevo testamento o simple decoración vegetal o geométrica. - En jambas y capiteles, también temas historiados del Antiguo testamento; vidas del Santo al que está dedicado el templo, etc. En todos los casos estas imágenes están marcadas por una impronta estética basada en un arte de símbolos, fuertemente expresivo y antinaturalista, que modela las imágenes deformándolas, sin representación de volumen real, sin canon de proporcionalidad, y definidas por su rigidez y ausencia de movimiento. Insistiendo siempre en su simplicidad para su mejor entendimiento, y en su intensa carga espiritual, que les aleja de una representación del mundo real. B) En los capiteles los temas pueden ser figurativos (escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, representaciones del bestiario medieval…) o bien de tipo vegetal o geométrico. Sus características ya explicadas en los rasgos generales de las artes figurativas son: el antinaturalismo, la adaptación al marco

5. 1616 arquitectónico que altera sus proporciones, el sistema de proporciones jerárquico según la importancia de la figura representada, el horror vacui que supone el máximo aprovechamiento del espacio, la despreocupación por la representación del espacio, la simplificación de las escenas para una mejor comprensión del tema y el esquematismo que reduce lo representado a sus rasgos esenciales. LA ESCULTURA EXENTA (de bulto redondo). Los dos temas más representados serán la imagen de Cristo crucificado y la Virgen con el Niño, realizados preferentemente en madera policromada. La representación de Cristo crucificado es la de un Cristo (de cuatro clavos) triunfante sobre la cruz, sin expresión alguna de dolor o sufrimiento, un Cristo sereno, hierático cuya disposición sobre la cruz es perfectamente simétrica, una representación alejada de la dolorosa imagen que encontraremos en el arte gótico. Buen ejemplo de estas imágenes de Cristo crucificado lo tenemos en la Majestad Batlló. http://www.youtube.com/watch? v=AotsHC7f6Mk&feature=player_detailpage Por lo que se refiere a la imagen de la Virgen, ésta aparece como trono del Salvador, que se sienta en su regazo, y mediadora entre los hombres y Dios. Hierática y ausente, la Virgen románica es una imagen muy alejada de las imágenes góticas, que establecen una relación maternal de ternura y afecto con su hijo, como corresponde a la nueva religiosidad más cercana a lo humano que impregna todas las manifestaciones artísticas del gótico. Estas características las podemos ver en la imagen la Virgen de Ger. http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=Tnqy9qDURoU ACTIVIDAD: buscar información sobre los temas que se representan en cada una de las siguientes portadas. Sta. Magdalena de Vézelay Santa Fe de Conques Saint-Sernin de Toulouse Catedral de Jaca

6. 1616 VÍDEOS (ESCULTURA Y PINTURA ROMÁNICA) https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=GINZd7K_5q0 https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=0EYbjq5Ggrg https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=JaZYDdsShzU https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=NT235JiSbow https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=ETAyp_pc5Hs https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=H3nW2pZGbEM Portada del Cordero. San Isidoro de León Portada del Perdón. San Isidoro de León

7. 1616 LA PINTURA Al igual que la escultura, la pintura aparece subordinada al marco arquitectónico, contribuyendo a crear en el interior de las iglesias un ambiente espiritualmente sobrecogedor. Encontramos sobre todo pintura mural, realizada preferentemente al fresco, en las bóvedas, ábsides y muros de las iglesias, aunque también en menor proporción pintura sobre tabla que se destina principalmente a los frontales o antipendios (tablas que cubren las partes frontal y lateral de la mesa de altar y que constituyen un claro precedente de los retablos). Hay también un gran desarrollo de la miniatura: biblias, evangeliarios… Las características formales de las representaciones pictóricas, explicadas ya en las consideraciones generales sobre las artes figurativas, son el antinaturalismo y la tendencia a la esquematización. Los fondos son monocromos o se resuelven mediante franjas horizontales de diferentes colores con una representación muy esquemática de los elementos de la realidad o algún elemento arquitectónico. Las figuras están delimitadas por gruesos trazos negros y se utilizan colores vivos, planos y sin mezclas, nada acordes con los colores reales. La armonía cromática que se quiere lograr es independiente de su relación con lo real. Una intensa luminosidad brota de las figuras, pero no es una luz exterior, sino una luz espiritual que proviene del interior. No existe tampoco preocupación alguna por la representación de la profundidad espacial, la perspectiva o el volumen. El hieratismo y la frontalidad son rasgos que definen la representación de las figuras, que se alejan totalmente del canon clásico y se deforman o estilizan para adaptarse al marco arquitectónico. Domina, como en la escultura, el principio de la frontalidad, sobre todo para las figuras importantes: Cristo, la Virgen, un emperador o rey, algún santo o apóstol, etc. Esto se hacía así por dos cosas: primero el pintor demostraba así su respeto hacia la figura que representaba y, con ello, obliga a los espectadores a un respeto similar. En segundo lugar, porque la visión frontal es la más noble cuando lo que se busca es impresionar, que el fiel vea, con toda nitidez, la idea religiosa que subyace bajo la figura. Por eso el pintor románico prescinde de lo accesorio, el paisaje, que si lo hay, es muy estilizado, los marcos arquitectónicos que no existen, etc. Se pretende pintar una idea lo más clara y sencilla posible. En la composición de las escenas se concede una gran importancia a la simetría.

8. 1616 Ejemplos de pintura al fresco: San Clemente y Santa María de Tahul, San Isidoro de León… Pintura sobre tabla: servía para decorar el altar con plafones rectangulares de madera. La pieza más importante, que se colocaba delante del altar, recibe el nombre de antipendio o frontal. También podía decorarse los costados de la mesa. En las iglesias más ricas eran metálicos (bronce) y en ocasiones se confeccionaba con oro y piedras de orfebrería. En las iglesias parroquiales y rurales, más pobres, se utilizaba la madera como base, preparándola con una capa de yeso antes de pintarla al temple de huevo. Estas son precisamente las que nos han llegado en España. En las tablas se repetían los temas de la pintura mural y cumplían, por tanto, la misma función de adoctrinamiento religioso. El espacio rectangular se dividía en diversos compartimentos: en el centro la figura principal objeto de culto y en torno a ella otros personajes o escenas. El marco se decoraba con formas vegetales y geométricas. Los modelos más comunes eran: • El Pantocrátor dentro de la mandorla, y los apóstoles en filas superpuestas como el de la Seo de Urgell (1150). • La Virgen y las escenas de su vida, como el frontal de Santa María de Aviá, nos acercan a la iconografía gótica y a fechas cercanas al siglo XIII. Se representa a la Virgen con el niño en la tabla central, la Anunciación y la llegada de los Magos de Oriente en la izquierda y el nacimiento y la presentación del niño en la derecha. PORTADA OESTE DE SAN PEDRO DE MOISSAC. 1100 - 1130. LANGUEDOC, FRANCIA. http://www.youtube.com/watch?v=zJ-CJIUw3Ys&feature=player_detailpage

9. 1616 La ilustración presenta una vista de la portada oeste de la abadía de San Pedro de Moissac (siglo XII, relieve tallado en piedra) un modelo de gran portada francesa claramente ordenada, que representa la “Parousía” o segunda venida de Dios para juzgar a los vivos y a los muertos, según la visión del Apocalipsis de San Juan. Iconográficamente, preside la portada un inmenso tímpano (de 5'68 m. de diámetro) en el que destaca la figura del Pantocrátor o Cristo en Majestad. Tema recurrente en las portadas románicas y que se completa con la visión descrita en su Apocalipsis por San Juan. Por ello, Cristo asume esa imagen autoritaria tan característica, pensada para inspirar temor entre los fieles, y por eso también aparecen representados los 24 ancianos y los cuatro Evangelistas, simbolizados en los tetramorfos. Tetramorfos y serafines cobijan al Pantocrátor a modo de mandorla. Sostienen pergaminos de papel, aludiendo al Juicio Final. El Pantocrátor, por su parte, se asienta sobre un mar de cristal. En cuanto a los veinticuatro ancianos ocupan el resto del espacio, el de la franja inferior bajo el mar de cristal. Están dispuestos simétricamente en sucesivos registros, tratando de transmitir la idea de que rodean a Cristo. En cuanto a los Cuatro tetramorfos es curiosa la diferente calidad en la representación de los distintos símbolos: el Ángel de San Mateo y el buey de San Lucas están resueltos con naturalidad y acierto porque no eran imágenes extrañas a la hora de encontrar modelos para su realización. Pero no ocurre lo mismo con el águila de San Juan y el león de San Marcos, en los que está claro que sus autores en su vida habían visto ni uno ni otro animal. El águila está cubierta de escamas y más parece un armadillo y el león nos recuerda un anfibio. En el parteluz también se desarrolla un programa escultórico caracterizado por su estricta adaptación al marco arquitectónico. La jamba del parteluz presenta festones a modo de olas, con "mordeduras" o picos en sus laterales a los que se adaptan perfectamente las imágenes de Jeremías a un lado y San Pedro al otro. En el caso del primero, la adaptación al marco resulta un paradigma del estilo románico: su cabeza se acopla a uno de los festones; la cadera se apoya en otra; sus rodillas cruzadas en otra, y los pies en la inferior. Todo lo cual obliga a un alargamiento del canon muy desproporcionado, pero indicativo de esta norma tan característica de la escultura románica, en este caso además alcanzando en su solución una indudable belleza.

10. 1616 También en esta misma zona del parteluz observamos tres parejas de leones rampantes, dispuestos transversalmente, que sujetan el dintel. Algunos expertos los relacionan con Cristo pero también podrían aludir a un símbolo del mal. Se representa la segunda venida de Dios al mundo, como juez, el Juicio Final. Se ha utilizado el recurso expresivo de distintos tipos de relieve en la misma composición: mediorrelieve en las figuras de Cristo en majestad, coronado como rey del universo y vencedor de la muerte, con un nimbo crucífero alrededor de su cabeza, destacando sobre la “mandorla” o almendra mística y sentado en un trono, como un emperador bizantino o como el señor feudal se sentaba para juzgar a sus vasallos. Destaca el gran tamaño de la figura divina, en el centro, con multitud de pliegues que tienden a hacer más abstracta la imagen. Son pliegues anchos, sinuosos y vigorosos de la túnica y del manto. Es la representación de Dios, omnipotente, infinito, separado del hombre por la eternidad, que con la mano derecha bendice o marca el misterio de la Trinidad y con la izquierda sostiene el “Libro de la Vida”, centro y eje de la representación. En tamaño mediano, pero más cercano a las medidas divinas, han sido esculpidos el Tetramorfos y los dos serafines que cierran este grupo. De proporciones reducidas, y en bandas o registros paralelos, los veinticuatro ancianos que están en la gloria con Dios, separados por las olas del mar de cristal, según el texto citado, todos con la mirada puesta en el centro, en Dios, aunque estén en posiciones forzadas y antinaturales, como la figura del registro inferior de la derecha con las piernas abiertas y los pies vueltos en señal de movimiento. Hay un carácter expresivo en esta obra. Dios, el Tetramorfos y los serafines tienden hacia la geometrización, hacia la abstracción con los medios descritos. Es la representación del mundo celestial. Más realistas son las figuras de los veinticuatro ancianos, también coronados, que han alcanzado la gloria pero, al fin y a la postre, humanos y de pequeño tamaño. Entre la divinidad y la humanidad se abre un abismo. No interesan demasiado los detalles del acabado, ni las proporciones de las figuras, ni la belleza de éstas. La finalidad de la escultura es fundamentalmente didáctica pero también representativa. En la sociedad feudal, establecida por Dios, cada uno tiene su lugar y su importancia. Es una sociedad altamente jerarquizada, como los personajes que aparecen en este conjunto escultórico; de ahí los distintos tamaños. Pero también se representa y transmite la ideología de los grupos dominantes y privilegiados, el clero y la nobleza. Dios ha hecho el mundo y lo ha hecho así. Hay que respetar el orden establecido por el creador. El que ose rebelarse contra él, será castigado por el señor feudal en la tierra y por el Señor en la hora del juicio. En el tímpano se halla la representación del Bien, y a éste le conviene la parte superior, como el cielo. En el parteluz, en la parte inferior, figuras de leones amenazantes, el mundo del Mal que tienta al hombre y contra el cual tiene que luchar en este mundo para ganar la vida eterna, siguiendo las enseñanzas evangélicas y los ejemplos de vida de los santos, en esta ocasión colocados a ambos lados de los accesos al templo (Jeremías y S. Pablo). A los relieves de la portada se les concedía una gran importancia, como a las pinturas del ábside, ya que todos los fieles fijaban su vista en ellos al entrar en la casa de Dios. Es un lugar, pues, privilegiado para la escultura. La portada cierra la iglesia románica y la separa del resto de la ciudad. A la iglesia se va a pensar en la otra vida después de la muerte: el hombre pecador ante Dios todopoderoso en toda su pequeñez. Es una obra importantísima de la escultura francesa y que tendrá gran influencia.

11. 1616 EL PÓRTICO DE LA GLORIA. SANTIAGO DE COMPOSTELA. Segunda mitad del Siglo XII. MAESTRO MATEO (1168-1188) http://www.youtube.com/watch?v=bORruYIoAaU&feature=player_detailpage Santiago de Compostela era el final de la ruta de todo peregrino que hacía el Camino desde todos los confines de Europa. “La peregrinación era el lazo principal entre la España de la Reconquista y los pueblos de Europa que así comenzaron a comunicarnos sus ideas y sus artes”.

12. 1616 Las leyendas hablan de las apariciones del Santo a Carlomagno para que “siguiera el Camino que señalan las estrellas”. La Vía Láctea es conocida en Francia como “Camino de Santiago”, y Compostela es el Campo de la Estrella, donde está la tumba del apóstol Santiago. La Guía del Peregrino de Santiago de Compostela, contenida en el Libro V del Códice Calixtiniano, nos cuenta cómo los peregrinos llegaban ante el nartex de la Catedral y miraban con sus emocionados ojos la grandiosidad del Pórtico de la Gloria. El Pórtico de la Gloria, obra del Maestro Mateo (segunda mitad del siglo XII) se presenta con tres portadas: - la central doble que las laterales y que se corresponde con la nave central. Es la única que tiene tímpano, sustentado por una columna fasciculada, el parteluz con el árbol de Jesé o árbol genealógico de Cristo, en el que se sitúan los reyes David y Salomón como sus regios ascendentes y sobre el que se encuentra sedente Santiago el Mayor, patrón de la Iglesia, dando así simbólica bienvenida con una cartela en la mano izquierda que dice: “misit me dominus” (el Señor me ha enviado).En el tímpano se representa la Segunda Venida de Cristo al mundo tal como aparece relatada en el Apocalipsis de San Juan. El Cristo en Majestad, de mayor tamaño que el resto de las figuras, es el eje de la composición. Sentado en el trono, no aparece, sin embargo, como una figura amenazante, como Cristo Juez, sino mostrando su lado más humano, con las manos levantadas enseñando sus llagas y la herida de su costado, como alusión a su muerte redentora. A ambos lados se encuentran los cuatro evangelistas con sus símbolos (el tetramorfos): en la parte inferior los evangelistas cuyos símbolos son mamíferos (San Lucas con el toro y San Marcos con el león) y en la superior los alados (San Juan con el águila y San Mateo que lleva un cofre sobre sus rodillas, ya que era recaudador de impuestos). En el resto del espacio del tímpano se disponen las demás figuras de acuerdo con la ley de adaptación al marco arquitectónico, característica de las artes figurativas en el románico. En la parte inferior están los ángeles portadores de los instrumentos de la Pasión: a un lado, los que llevan la columna donde lo azotaron, la cruz y la corona de espinas y al otro, los portadores de los cuatro clavos, la lanza, la jarra que representa el lavado de manos de Poncio Pilatos, el pergamino que alude a la sentencia de muerte y otro pergamino donde seguramente se leía INRI. En la parte superior están los elegidos y en la arquivolta que enmarca la composición se alinean en sentido radial los veinticuatro ancianos del Apocalipsis, con barba y coronados, que tocan instrumentos musicales, encarados de dos en dos, dialogando entre ellos y representados con extraordinario naturalismo. Los instrumentos son una magnífica reproducción de instrumentos musicales de cuerda de la Edad Media (arpas, laúdes, salterios, un organistrum...). - Las portadas laterales, siguiendo la descripción de V. Geese, al no tener tímpano desarrollan su programa plástico en tres arquivoltas cada una. Según distintas interpretaciones, a la izquierda aparece Jesucristo entre los elegidos o los judíos y, a la derecha, los condenados o gentiles. Para unos

13. 1616 la composición consiste en la representación del Juicio Final y para otros es el triunfo del Redentor sobre la muerte y el pecado. En las dieciséis estatuas de las jambas que ocupan el lugar del fuste de las columnas queda patente hasta qué punto se anuncia en esta portada un cambio de época: el nacimiento de un nuevo estilo en el que la comunicación y la humanidad quedan patentes con la amplia sonrisa del imberbe Daniel dialogando con el resto de los profetas mayores: Isaías, Jeremías y Ezequiel. En las jambas de la derecha, y también rompiendo el hieratismo y la falta de comunicación propias del románico, encontramos a San Pedro, San Pablo y a Santiago el Mayor vuelto hacia San Juan, imberbe como Daniel, en actitud dialogante. El primero de abril de 1118, se colocaron los dinteles del pórtico de la gloria, en 1168 con una donación de 100 maravedíes de oro, Fernando II de León le encarga al maestro Mateo las obras de la Catedral y el 21 de abril de 1211 era consagrado solemnemente por el Arzobispo Pedro Muñoz. Este prelado obtuvo el honor de enterrarse a los pies de la estatua del apóstol en el parteluz del Pórtico de la Gloria junto a la figura arrodillada que la tradición ha identificado como el propio Maestro Mateo. Frente a estas estatuas, otras correspondientes a los pilares exteriores del Pórtico, representan a Judith y a las Sibilas. Más arriba de esta zona de figuras se levantan los arcos de las puertas. Todo el Pórtico está cubierto con bóveda de crucería. La iconografía del templo quedaría incompleta si no mencionáramos la interpretación que Weisbach hace sobre la idea del pecado y del infierno representado por animales y monstruos que queda dominado por el mundo divino. La base del parteluz la compone una figura humana barbada en cuyos brazos se enroscan dos monstruos de gigantes y abiertas fauces. En rededor de las basas de los pilares hay una corona de criaturas demoniacas de animales salvajes: osos, dragones alados, a modo de grifos, seres híbridos con brazos humanos, rostros de demonios grotescos que abren con expresión burlona sus bocas con potentes colmillos y, entre ellos, un hombre barbado con expresión dolorosa: el hombre terrenal prisionero del pecado. La creatividad fantástica del maestro Mateo es impresionante. El maestro Mateo pudo estar influenciado por los pórticos borgoñones como Vezélay, también se encuentra similitud entre el árbol genealógico de Cristo de Senlis con el del Santiago, así como los veinticuatro ancianos del Apocalipsis de las arquivoltas con los del Pórtico de Moissac... Pero lo novedoso de sus planteamientos es que apuntaban a direcciones, como sugiere Yarza, no sólo tradicionales francesas sino más novedosas y creativas que se podrían calificar como estilo protogótico. En España, Santiago influyó en la puerta de la Catedral de Orense, llamada del paraíso, en el Cristo bendiciendo de la Catedral de Lugo, en el friso de Carrión, en las estatuas de la Cámara Santa de Oviedo y, posiblemente, en las de San Vicente de Ávila.

14. 1616 EL PANTOCRÁTOR DE SAN CLEMENTE DE TAHULL. S. XII MUSEO NACIONAL DE ARTE DE CATALUÑA, BARCELONA http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=A_a3aqxRQdk http://www.youtube.com/watch?v=cF2LigTUPqI&feature=player_detailpage Iglesia de San Clemente. Tahull, Vall de Boí, (Lérida). Las pinturas originales fueron trasladadas en 1913 al actual Museo Nacional de Arte de Cataluña, en Barcelona, conservándose en su localización inicial una copia de las mismas. Pintura románica. Obra pictórica realizada sobre una bóveda de cuarto de esfera en el ábside de la iglesia de San Clemente. Pintura realizada al fresco, sobre muro. DESCRIPCIÓN GENERAL. Las pinturas que analizamos se encuentran divididas en dos franjas horizontales de distinto tamaño, separadas por una banda con textos. En la franja superior, que se corresponde con el cascarón o zona curvada en vertical de la bóveda, figura en posición central un Pantocrátor o Cristo en Majestad. Se halla sentado, apoyado sobre una franja curvada decorada con motivos vegetales. Lo rodea una mandorla decorada con perlas, en cuya parte superior apoya su cabeza y un nimbo de color blanco. Viste una túnica de color gris, a la que se sobrepone un manto de tono azulado. Su rostro, alargado y muy simétrico, presenta una mirada penetrante. Este Cristo Juez alza su brazo derecho en actitud de bendecir, mientras su mano izquierda sostiene un libro abierto en el que puede leerse la frase "EGO SUM LUX MUNDI" (yo soy la luz del mundo) escrita en letras capitales latinas. Además, muestra sus pies desnudos, sobresaliendo de la mandorla y apoyados en una media esfera. A izquierda y derecha de su figura aparecen las letras griegas alfa y omega. El rostro, ordenado en los trazos principales según una perfecta simetría axial, es enmarcado por cabellos largos; destaca el dibujo de los ojos impresionantes, centrados en medio de los párpados. La nariz divide su cara con el fuerte trazo de dos paralelas que se van ensanchándose para marcar las cejas. Los bigotes caídos enmarcan sus curvos labios, dirigiendo la atención hacia las formas de la barba que reproducen las ondas del cabello. Y todo el rostro resalta sobre el blanco de su nimbo cruciforme.

15. 1616 Rodean al Pantocrátor, en la misma franja, cuatro ángeles que portan los símbolos de los cuatro evangelios. El que figura en la zona superior izquierda porta un libro (ya que el propio ángel es el símbolo del evangelio de San Mateo). Bajo él, otro ángel se acompaña de un león (San Marcos). El esquema se repite en la zona derecha, con las representaciones de un águila (San Juan) y de un toro alado (San Lucas). La composición se remata, en los extremos, con la presencia de sendos serafines, dotados de seis alas, en cuatro de las cuales se observan representaciones de ojos. Todo este sector de la bóveda presenta un fondo de tres colores dispuestos en vertical. De abajo a arriba: azul, amarillo y negro. Las figuras situadas en el sector de fondo azul aparecen enmarcadas por círculos. En la franja inferior se hallan representadas seis figuras separadas en dos grupos de tres por el arco que permite la iluminación interior del ábside. A nuestra izquierda se encuentran Santo Tomás, San Bartolomé y la Virgen. A la derecha figuran San Juan, Santiago y San Felipe, cuya representación está prácticamente perdida. Sus nombres aparecen indicados en la banda que separa esta zona de la superior. Todas las figuras se sitúan bajo arcos rebajados sostenidos por columnas con capiteles con decoración vegetal. María porta un cáliz, mientras los apóstoles llevan libros que muestran al espectador. En general las figuras aparecen contorneadas por líneas negras, a modo de siluetas dibujadas. Los trazos son bastante acusados y los colores están bien definidos. En toda la composición es evidente un interés por la simetría, establecida a partir del eje vertical de la bóveda y del arco del ábside. Además, tanto en el Pantocrátor como en las figuras del registro inferior se observa clara frontalidad en las representaciones, que no existe en cambio en los ángeles y símbolos del Tetramorfos. El hieratismo es, sin embargo, rasgo común a todas estas obras, que se caracterizan también por presentar una representación plana, con ausencia total de perspectiva. La simbología del ábside de Tahull es bien evidente. Constituye una representación gráfica de un pasaje del Apocalipsis de San Juan, en el que describe la visión de Cristo entronizado rodeado por el Tetramorfos, que acabará simbolizando la obra de los cuatro evangelistas. Así pues, nos encontramos ante un tema de hondas raíces en la iconografía cristiana: la Maiestas Domini o Cristo en Majestad, que representa a Jesús todopoderoso en actitud de bendecir al mundo (que se halla a sus pies) pero cuyo rostro (serio y sereno al mismo tiempo) denota también la concepción de Dios-juez de las obras humanas. Como las letras griegas acreditan, él es principio y fin de todas las cosas; la luz del mundo, en definitiva, según reza la frase en latín. Debe, por tanto, el hombre seguir este mensaje divino, que le garantiza su salvación eterna. Por otra parte, la disposición del conjunto pictórico en dos franjas horizontales viene a simbolizar la presencia de dos ámbitos paralelos: en el superior se representa el Cielo, en torno a Cristo; en el inferior se nos muestra a la Iglesia, mediante las figuras de María y los apóstoles.

16. 1616 La iglesia de San Clemente de Tahull fue consagrada en el año 1123, según consta en una inscripción conservada en una de las columnas del templo. En esta época, las tierras del Valle de Bohí, donde se asienta Tahull, pertenecientes al condado de Ribagorza, habían sido anexionadas por el reino de Aragón, gobernado en estos años por Alfonso I el Batallador (1104-1134). Nos hallamos ante una sociedad eminentemente rural, en la que imperan los vínculos de dependencia personal basados en la existencia de señoríos jurisdiccionales, estructura propia del sistema feudal. Pese a tratarse de una zona montañosa, toda esta área pirenaica debió tener una densidad de población nada despreciable como manifiesta la construcción de numerosos templos en diversas localidades de la zona durante el mismo periodo. En estas pinturas del ábside de san Clemente de Tahull son evidentes diversas influencias, entre las que ha de destacarse la pervivencia de la tradición bizantina, quizás heredada a través de obras realizadas en Italia. Precisamente, se ha llegado a plantear que ésta es la procedencia del artista de Tahull, quien debía conocer también las tendencias que se venían desarrollando en la miniatura mozárabe hispánica, de la que debió tomar los rasgos naturalistas que apreciamos en algunas de las representaciones. Durante siglos las obras del Románico han estado olvidadas. Ni tan siquiera la época gótica aceptó aquellas figuras inmóviles, rígidas... se pensó que era fruto de gentes primitivas. En el Renacimiento y Barroco no tiene ninguna virtud. En el paso del s. XIX al XX cambia, la abstracción es respuesta del hombre a una realidad exterior que le es hostil. No hay que confundir, sin embargo, algunos aspectos del arte contemporáneo con los del arte románico, porque se parte de premisas diferentes. Sin embargo, convergen en algunos aspectos formales, pero sus significados son muy distintos. La abstracción, la no-figuración de nuestro siglo no es ni ornamentación, ni magia, ni religión. El arte románico estuvo al servicio de la Iglesia y como consecuencia de ello, también del sistema feudal impuesto a las gentes de la época. La pintura del arte románico es mural, cubre el interior de las iglesias con una triple función, al igual que el resto de artes figurativas: didáctica que enseña e informa al pueblo, analfabeto en su inmensa mayoría, moralizante que pretende catequizar a dicho pueblo y ornamental que decora el edificio.

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