Pushing the limits - Katie McGarry

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Information about Pushing the limits - Katie McGarry
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Published on April 26, 2014

Author: AzuleidaWhite

Source: slideshare.net

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3 Staff Moderadora: Annabelle Traductoras: Annabelle vane-1095 Vero Mel Cipriano Amy Juli_Arg ♥...Luisa...♥ Marie.Ang Christensen krispipe Jo Lucia A. luxero perpi27 Majo_Smile ♥ Panchys Monikgv Nats5 Mery DaniO pao*martinez Deeydra Ann' pau_07 Saphira M. Ann♥ Madeleyn Correctoras: Melii Mel Cipriano Vane-1095 Nats Deeydra Ann' Juli_Arg Tamis11 Max Escritora Solitaria Verito Vericity MaryJane♥ Ladypandora moni.music KatieGee Zafiro Dara.Nicole18 May Mystik Lectura Final: Vericity Diseño: Yessy

4 Sinopsis Su relación el uno con el otro es tan equivocada... pero a la vez tan correcta. Nadie sabe lo que ocurrió la noche en que Echo Emerson dejó de ser la chica más popular con un novio atleta y se convirtió en una paria social y en el centro de los rumores que hablaban de las "extrañas" cicatrices que ahora tiene en los brazos. Ni siquiera Echo puede recordar todo lo que pasó esa horrible noche. Lo único que sabe es que quiere que todo regrese a la normalidad. Pero cuando Noah Hutchins, el sexy casanova y solitario chico en chaqueta de cuero negro entra en su vida con su actitud ruda y su gran entendimiento, el mundo de Echo cambia en formas que ella jamás había imaginado. Ellos no deberían tener nada en común. Y con los secretos que ambos ocultan, estar juntos debería ser imposible. Sin embargo, la loca atracción que hay entre ellos se rehúsa a desaparecer. Y Echo deberá preguntarse que tanto pueden presionar los límites y lo que está dispuesta a arriesgar por el único chico que le puede enseñar a amar de nuevo.

5 1 Echo Traducido por Mlle. Janusa. Corregido por Escritora Solitaria i padre es un loco del control, odio a mi madrastra, mi hermano está muerto y mi madre tiene… bueno… asuntos. ¿Cómo crees que lo estoy haciendo? Que es cómo habría amado responderle a la pregunta de la Sra. Collins, pero mi padre ponía demasiada importancia en apariencia para que pudiera contestar honestamente. En su lugar, parpadeé tres veces y dije—: Bien. La Sra. Collins del nuevo instituto clínico de trabajadores sociales Eastwick actuó como si no hubiera hablado. Empujó un montón de expedientes al lado de su ya desordenada mesa y hojeó varios papeles. Mi nueva terapeuta tarareó cuando encontró mi expediente grueso tres pulgadas y se recompensó con un sorbo de café, dejando un vivo labial rojo en la curva de la taza. El hedor del café barato y punta de lápices recién hechas colgó en el aire. Mi padre verificó su reloj desde la silla a mi derecha y, en mi izquierda, la Bruja Malvada del Oeste se movió impacientemente. Yo estaba perdiendo el primer período de cálculo, mi padre estaba perdiéndose alguna reunión muy importante, y, ¿mi madrastra de Oz? Estoy segura de que estaba perdiendo su cerebro. —¿No te encanta enero? —La Sra. Collins preguntó y abrió mi archivo—. Nuevo año, nuevo mes, nueva pizarra para comenzar sobre ella. —Ni siquiera esperando por una respuesta, continuó—: ¿Te gustan las cortinas? Las hice yo misma. En un sincronizado movimiento, mi padre, mi madrastra y yo volvimos nuestra atención a las cortinas rosas con lunares, colgando en las ventanas, pasando por alto el lote de aparcamiento estudiantil. Las cortinas eran demasiado Pequeña Casa en la Pradera con el color M

6 combinando de una mala y delirante manera para mi gusto. Ninguno de nosotros contestó, y nuestro silencio creó una incomodidad pesada. El BlackBerry de mi padre vibró. Con exagerado esfuerzo, lo tiró fuera de su bolsillo y desplazó hacia abajo la pantalla. Ashley tamborileó los dedos sobre su vientre hinchado y yo leí diversas placas pintadas a mano, colgadas en la pared, para que pudiera concentrarme en cualquier cosa que no fuera ella. El fracaso es tu único enemigo. La única manera de llegar arriba es no mirar abajo. Tenemos éxito porque creemos. ¿Cuánta madera podría tirar una marmota, si una marmota puede tirar madera?1 Bueno, así que el último no hizo el muro de refranes, pero me pareció divertido. La Sra. Collins me recordaba a un perro labrador cubierto con su cabello rubio y actitud demasiado amistosa. —Echo está en ACT y las calificaciones de SAT2 son fabulosas. Puede estar muy orgulloso de su hija. —Me dio una sincera sonrisa, exponiendo todos sus dientes. Comenzó el temporizador. Mi sesión de terapia estaba oficialmente iniciada. Cerca de hace dos años, después del incidente, Servicios de Protección Infantil habían “recomendado encarecidamente” terapia y papá rápidamente aprendió que era mejor decir que sí a cualquier cosa “altamente recomendable”. Solía ir a terapia como la gente normal, en una oficina separada de la escuela. Gracias a una influencia en la financiación del estado de Kentucky y una sobre-entusiasta trabajadora social, me había convertido en parte de este programa piloto. El único trabajo de la Sra. Collins era tratar con algunos chicos de mi escuela. Suerte la mía. Mi padre se sentó más erguido en su lugar. —Sus notas en matemáticas eran bajas. Quiero que vuelva a tomar las pruebas. —¿Hay un baño cerca? —Interrumpió Ashley—. El bebé ama sentarse en mi vejiga. Más cómo que Ashley amaba ser al centro de la atención. La Sra. Collins le dio una sonrisa forzada y señaló la puerta. —Salga por el pasillo principal y tome a la derecha. 1 How much wood would a woodchuck chuck if a woodchuck could chuck wood? Es un trabalengua inglés. 2 ACT & SAT: son un examen estandarizados para acceder a la escuela secundaria.

7 La forma en que salió de su silla, Ashley actuaba como si llevara una pelota de miles de libras de plomo, en lugar de un bebé. Sacudí la cabeza en disgusto, que sólo sacó de mi padre una Mirada helada. —Sr. Emerson —continuó la Sra. Collins una vez que Ashley dejó el cuarto—, las calificaciones de Echo son buenas sobre la media nacional y, según su expediente, ya aplicó para las universidades de su elección. —Hay algunas escuelas de comercio con plazos más largos que me gustaría que ella aplicara. Además, esta familia no acepta “por encima del promedio”. Mi hija será sobresaliente. —Mi padre habló con el aire de una deidad. Bien podría haber añadido la frase que así se escriba, que así se cumpla3. Apoyé mi codo en el reposabrazos y escondí mi cara entre mis manos. —Puedo ver que esto en serio le molesta, Sr. Emerson —dijo la Sra. Collins, en un, incluso, irritante tono—. Pero las calificaciones de Echo en inglés están cerca de ser perfectas… Y esto era donde me desconectaba. Mi padre y mi anterior consejero habían tenido esta pelea en mi segundo año, cuando tomé la PSAT4. Luego, otra vez, cuando el año pasado tomé la SAT y ACT por primera vez. Eventualmente, el consejero aprendió que mi padre siempre ganaba y comenzó a darle por su lado. Mis resultados de las pruebas fueron la menor de mis preocupaciones. Encontrar el dinero para arreglar el auto de Aires fue la preocupación que afectó mi cerebro. Desde la muerte de Aires, mi padre había quedado obstinado sobre el tema, insistiendo en que deberíamos venderlo. —Echo, ¿eres feliz con tus calificaciones? —preguntó la Sra. Collins. Me asomé a ella, a través del rojo, rizado cabello colgando sobre mi rostro. El último terapista comprendió la jerarquía de nuestra familia y habló a mi padre, no a mí. —¿Disculpe? —¿Eres feliz con tus calificaciones de ACT y SAT? ¿Quieres dar de nuevo las pruebas? —Dobló sus manos y las situó encima de mi archivo—. ¿Quieres aplicar para más escuelas? Encontré los agotados ojos grises de mi padre. Vamos a ver. Retomar las pruebas significaría que mi padre me acosaría a cada segundo para estudiar, que a su vez significaría que me levantaría temprano en sábado, pasando la entera mañana friendo mi cerebro y luego preocupándome 3 En inglés “so let it be written, so let it be right”. Es una famosa citación del film “Los 10 mandamientos”. 4 PSAT: examen de preparación al SAT.

8 por semanas acerca de los resultados. ¿En cuánto a la aplicación de otras escuelas? Preferiría hacer de nuevo las pruebas. —En realidad, no. —Las arrugas de preocupación grabadas para siempre alrededor de sus ojos y su boca se profundizaron con desaprobación. Cambié mi tono—. Mi papá tiene razón. Podría volver a hacer las pruebas. La Sra. Collins marcó en mi archivo con un bolígrafo. Mi último terapeuta había sido muy consciente de mis problemas de autoridad. No era necesario volver a escribir lo que ya estaba allí. Ashley volvió contoneándose dentro de la habitación y se dejó caer en el asiento junto a mí. —¿Qué me perdí? —Honestamente, había olvidado que ella existía. Oh, sí sólo papá pudiera, también. —Nada —contestó mi padre. La Sra. Collins levantó la pluma de la página. —Pregunta al Sr. Marcos por las próximas fechas para las pruebas antes de ir a clases. Y mientras estoy jugando el papel de consejera, me gustaría hablar de tu calendario para el trimestre de invierno. Has llenado tus períodos libres con múltiples clases de comercio. Me estaba preguntando, ¿por qué? La verdadera respuesta, porque mi padre me dijo que, probablemente irritaría a múltiples personas en el cuarto, así que improvisé—: Van a ayudar a prepararme para la universidad. —Guau. Lo había dicho con todo el entusiasmo de una niña de seis años esperando por una vacuna contra la gripe. Mala elección de mi parte. Mi padre se movió de nuevo en su asiento y suspiró. Consideré dar una respuesta diferente, pero pensé que esa contestación también saldría plana. La Sra. Collins leyó atentamente mi expediente. —Has mostrado un increíble talento en la artes, especialmente en la pintura. No estoy sugiriendo que renuncies a todos tus cursos de comercio, pero podrías renunciar a uno y tomar una clase de arte en su lugar. —No —ladró mi padre. Se inclinó hacia adelante en su asiento, entrelazando sus dedos—. Echo no tomará ninguna clase de arte, ¿está claro? —Mi padre era una extraña combinación de instructor de entrenamientos y el conejo blanco de Alicia; siempre tenía algo importante que hacer y disfrutaba dando órdenes a todos a su alrededor. Tuve que darle crédito a la Sra. Collins; no se estremeció ni una vez antes de ceder. —Como el cristal. —Bueno, ahora que hemos establecido eso… —Ashley y su panza de embarazada, se sentaron al borde de la silla, preparándose para

9 levantarse—. Accidentalmente tengo un exceso de reservas hoy, y una cita con el obstetra. Podremos conocer el género del bebé. —Sra. Emerson, los cursos de Echo no son la razón para este encuentro, pero entiendo si necesita irse. —Retiró una carta oficial de su primer cajón, mientras una Ashley con cara roja se recostaba en su asiento. Había visto el papel con membrete, varias veces, en los últimos dos años. Servicios de Protección Infantil habían disfrutado matando selvas. La Sra. Collins leyó la carta mientras secretamente yo deseaba poderme combustir espontáneamente. Tanto mi padre como yo nos acomodamos en nuestros asientos. Oh, el extraño gozo del grupo de terapia. Mientras esperaba que terminara de leer, me fijé en un peluche verde rana por su computadora, una foto de ella y algún chico, posiblemente su esposo, y luego, en la esquina de su mesa, una gran cinta azul. Las personas sofisticadas las recibían cuando ganaban una competencia. Algo extraño se agitó dentro de mí. Huh, raro. La Sra. Collins agujereó la carta y luego la puso en mí, ya, abrumado archivo. —Ahí. Soy oficialmente tu terapeuta. Cuando no dijo nada más, saqué mi mirada de la cinta a ella. Estaba mirándome. —Es una linda cinta, ¿no es así, Echo? Mi padre aclaró su garganta y envió a la Sra. Collins un resplandor mortal. Está bien que era una rara reacción, pero de nuevo, estaba irritado sólo por estar allí. Mis ojos se movieron a la cinta de nuevo. ¿Por qué sentía esto familiar? —Supongo. Sus ojos se dirigieron ausentemente a las placas militares digitadas alrededor de mi cuello. —Lamento mucho la pérdida de tu familia. ¿Qué rama de las fuerzas armadas? Genial. Mi padre estaba teniendo una apestosa coronaria. Había dejado claro setenta y cinco veces que las placas de Aires iban a permanecer en la caja de debajo de mi cama, pero las necesitaba hoy — nueva terapeuta, el segundo aniversario de la muerte de Aires aun estaba, y el primer día de mi último semestre en la preparatoria. Náuseas saltaron y jugaron en mis intestinos. Evitando el ceño decepcionado de mi padre, hice un gran esfuerzo para buscar las puntas abiertas de mi cabello. —Marine —contestó mi padre secamente—. Mire, tenía que encontrarme esta mañana con unos prospectos a clientes, prometí a Ashley ir con ella a su cita con el médico y Echo está perdiendo clases. ¿Cuándo vamos a terminar con esto?

10 —Cuando yo lo diga. Si va a hacer estas sesiones difíciles, sr. Emerson, estaré más que feliz de llamar al trabajador social de Echo. Luché contra la sonrisa tirando de mis labios. La Sra. Collins jugó una mano bien coreografiada. Mi padre se echó atrás, pero mi madrastra, por otro lado… —No lo entiendo. Echo cumplirá dieciocho pronto. ¿Por qué el Estado sigue teniendo autoridad sobre ella? —Porque es lo que el Estado, su trabajadora social y, yo, pensamos en su mejor interés. —La Sra. Collins cerró mi archivo—. Echo continuará la terapia conmigo hasta el final de esta primavera. En ese momento, el estado de Kentucky la liberará a ella y a usted. —Esperó hasta que Ashley asintió, aceptando su silencio de la situación antes de continuar—. ¿Cómo te va, Echo? Espléndido. Fantástico. Nunca peor. —Bien. —¿En serio? —Golpeó su dedo contra su barbilla—. Porque hubiera pensado que el aniversario de la muerte de tu hermano podría desencadenar emociones dolorosas. La Sra. Collins me miró, la miré fijamente de vuelta. Mi padre y Ashley observaron incómodamente el enfrentamiento. La culpa me fastidiaba. Técnicamente no me hizo una pregunta, así que en teoría, no le debía una respuesta, pero la necesidad de complacer barrió sobre mí como un maremoto. ¿Pero porqué? Era otro terapeuta en la puerta giratoria. Todos hicieron las mismas preguntas y prometieron ayudar, pero cada uno de ellos me dejó en la misma condición en que me encontró: rota. —Ella llora. —La aguda voz de Ashley atravesó el silencio, como si estuviera repartiendo jugosos chismes en el club de campo—. Todo el tiempo, en serio extraña a Aires. Mi padre y yo giramos nuestras cabezas para observar a la rubia tonta. He querido que continuara mientras mi padre, estoy segura, quería que se callara. Dios me escuchó por primera vez. Ashley continuó—: Todos lo extrañamos. Es muy triste que el bebé nunca lo conocerá. Y una vez más, bienvenido al espectáculo de Ashley, patrocinado por Ashley y el dinero de mi padre. La Sra. Collins escribió enérgicamente, seguramente grabando las palabras no vigiladas de Ashley en mi archivo, mientras mi padre gemía. —Echo, ¿te gustaría hablar sobre Aires durante la sesión de hoy? — preguntó la Sra. Collins. —No. —Que era, posiblemente, la respuesta más honesta que había dado en toda la mañana.

11 —Eso es bueno —dijo—. Lo vamos a guardar para una cita más tarde. ¿Qué hay sobre tu madre? ¿Tienes algún contacto con ella? Ashley y mi padre contestaron simultáneamente—: No —Mientras yo espeté—: Más o menos. Me sentí en medio de un emparedado de jamón por la forma en que los dos se inclinaron sobre mí. No estaba segura de lo que me impulsó a decir la verdad. —Traté de hablar con ella durante las vacaciones. —Cuando no contestó, me senté al lado del teléfono por días, esperando y rezando que a mi madre le importara que hace dos años, mi hermano, su hijo, había muerto. Mi padre corrió su mano sobre su rostro. —Sabes que no estás autorizada para tener contacto con tu madre. —La rabia en su voz dio a entender que no podía creer que hubiera dicho a la terapeuta esta golosina tentadora. Imaginé visiones de trabajadores sociales bailando en su cabeza—. Hay una orden de restricción. Dime, Echo, ¿teléfono fijo o celular? —Fijo —me atraganté fuera—. Pero nunca hablamos. Lo juro. Birló su BlackBerry y el número de su abogado apareció en la pantalla. Me aferré a las placas militares, el nombre de Aires y el número serial incrustándose en mi palma. —Por favor, papá, no —susurré. Vaciló y mi corazón se presionó contra mi caja torácica. Luego, gracia a Dios, dejó caer el teléfono en su regazo. —Vamos a tener que cambiar el número ahora. Asentí. Apestaba que mamá nunca sería capaz de llamar a mi casa, pero tomé el golpe… por ella. De todas las cosas que mi madre necesitaba, la prisión no era una de ellas. —¿Has tenido contacto con tu madre desde entonces? —La Sra. Collins perdió su simpatía. —No. —Cerré mis ojos y tome una respiración profunda. Todo dentro de mí dolía. No podría mantener la fachada de “estoy bien” por mucho más. Esta línea de interrogatorio arrancaba las costras de las recientes heridas de mi alma. —Para confirmar que estamos en la misma página, entiendes que el contacto entre tú y tu madre mientras hay una orden de restricción, incluso si lo iniciaste, está prohibido.

12 —Sí. —Tome otro trago de aire. El bulto en mi garganta negó la entrada del precioso oxígeno. Extrañaba a Aires y, Dios, mi mamá, y Ashley estaba teniendo un bebé, y papá estaba en mí todo el tiempo, y… Necesitaba algo, cualquier cosa. En contra de mi mejor juicio, permití a las palabras caer de mi boca. —Quiero arreglar el auto de Aires. —Tal vez, sólo tal vez, restaurando algo de él, podría hacer al dolor alejarse. —Oh, no esto de nuevo —murmuró mi padre. —Espere. ¿No qué de nuevo? Echo, ¿de qué estás hablando? — preguntó la Sra. Collins. Me quedé mirando los guantes en mis manos. —Aires encontró un Corvette 1965 en un depósito de chatarra. Pasó todo su tiempo libre arreglándolo y estaba casi terminándolo antes de ir a Afganistán. Quiero restaurarlo. Para Aires. —Para mí. No dejó nada atrás cuando se fue, excepto su auto. —Eso suena como una forma saludable de duelo. ¿Qué piensa de esto, Sr. Emerson? —La Sra. Collins puso unos grandes ojos de cachorro, un rasgo que yo aún tenía que dominar. Mi padre desplazó una vez más a través de su BlackBerry, su cuerpo presente pero su mente ya en el trabajo. —Cuesta dinero, y no veo el punto de arreglar un auto averiado, cuando tiene uno que funciona. —Entonces déjame conseguir un trabajo —repliqué—. Y podemos vender mi auto una vez que haya hecho funcionar el de Aires. Todos los ojos estaban en él y ahora los suyos estaban puestos en mí. Sin querer, lo había acorralado en una esquina. Él quería decir no, pero provocaría un descenso de ira del nuevo terapeuta. Después de todo, teníamos que ser perfectos en la terapia. Dios nos libre de tomar ventaja de ello y discutir a fondo algunos temas. —Bien, pero ella tiene que pagar por el coche, y Echo conoce mis normas en materia de empleo. Tiene que encontrar un trabajo flexible, que no interfiera con sus labores escolares, los clubs que hemos acordado sobre sus calificaciones. Ahora, ¿nos vamos de aquí? La Sra. Collins miró de reojo el reloj. —No aún. Echo, tu trabajador social extendió tus terapias hasta la graduación por las evaluaciones de tus maestros. Desde el comienzo de tu tercer año de secundaria, cada uno de tus profesores ha observado un decaimiento distinto de tu participación en clase y en tus interacciones sociales con tus compañeros. —Sus ojos,

13 amables, se clavaron en los míos—. Todos queremos que seas feliz, Echo, y me gustaría que me dieras la oportunidad de ayudarte. Arqueé una ceja. Como si hubiera tenido la oportunidad de elegir la terapia, y en cuanto a mi felicidad —buena jodida suerte. —Seguro. La alegre voz de Ashley me sobresaltó. —Tiene una cita para el baile de San Valentín. Ahora mi padre y yo tomamos nuestro turno para hablar simultáneamente. —¿La tengo? —¿La tiene? Los ojos de Ashley corrieron entre mí y mi padre. —Sí, ¿recuerdas, Echo? Anoche hablamos del chico nuevo que entró y te dije que no puedes dejar a tus amigos en la escuela mientras te obsesionabas con algún chico. Deliberé sobre qué parte me molestó más; el novio imaginario o que había afirmado que habíamos tenido una conversación real. Mientras estaba decidiendo, mi padre se levantó y se puso el abrigo. —Mire, Sra. Collins, Echo está bien. Sólo descubriendo un poco el amor. Por mucho que disfrute estas sesiones, Ashley tiene una cita en veinte minutos y no quiero que Echo pierda alguna clase más. —Echo, ¿estás en serio interesada en hacer dinero para componer el auto de tu hermano? —preguntó la Sra. Collins, cuando se puso de pie para acompañar a mi padre y mi madrastra afuera. Tiré de los guantes que usaba para cubrir mi piel. —Más de lo que pueda posiblemente imaginar. Me sonrió antes de caminar hacia la puerta. —Entonces tengo un trabajo para ti. Espera aquí y discutiremos los detalles. Los tres se pegaron en el lado lejano de la oficina principal, susurrando entre ellos. Mi padre envolvió su brazo en la cintura de Ashley y ella se inclinó hacia él, mientras asentía a las palabras susurradas por la Sra. Collins. La punzada familiar de los celos y la ira comieron en el revestimiento de mi intestino. ¿Cómo podía amarla cuando había destruido tanto?

14 2 Noah Traducido por Vane-1095 Corregido por tamis11 a pintura fresca y el olor a polvo de yeso me hicieron pensar en mi padre, no la escuela. Sin embargo, ese olor me dio una bofetada en la cara cuando entré en la oficina recién remodelada. Con libros en mano, me paseé hasta el mostrador. —Sip, Sra. Marcos. —Noah, ¿por qué llegas tarde otra vez, muchacho5? —dijo mientras ponía los papeles juntos. El reloj en la pared marcaba las nueve de la mañana. —Demonios, esto es temprano. La Sra. Marcos rodeó su nueva mesa de cerezo a mi encuentro en el mostrador. Me da una mierda cuando llego tarde, pero todavía me gustaba. Con su largo cabello castaño, me recordaba a una versión hispana de mi madre. —Perdiste tu cita con la Sra. Collins esta mañana. No es una buena manera de empezar el segundo término —susurró mientras escribía mi nota de tardanza. Inclinó la cabeza hacia los tres adultos que se agrupaban en la esquina de la habitación. Supuse que la mujer rubia de mediana edad susurrando a la pareja de ricos era la nueva consejera de orientación. Me encogí de hombros y dejé que el lado derecho de mi boca temblara. —Ups. La Sra. Marcos deslizó la nota de tardanza hasta mí y me dio su mirada severa patentada. Era la única persona en esta escuela que no creía que yo y mi futuro valíamos una completa mierda. La rubia de mediana edad gritó—: Sr. Hutchins, estoy muy contenta 5 En español L

15 de que recordara nuestra cita, incluso si está retrasado. Estoy segura de que no le importará tomar asiento mientras termino un par de cosas. —Me sonrió como si fuéramos viejos amigos y habló tan dulcemente, que por un momento, casi le devolví la sonrisa. En cambio, asentí con la cabeza y me senté en una de las sillas recostadas contra la pared de la oficina. La Sra. Marcos se echó a reír. —¿Qué? —No va a aguantar tu actitud. Tal vez pueda convencerte de tomar la escuela en serio. Apoyé la cabeza contra la pared de pintados bloques de cemento y cerré los ojos, necesitando dormir unas horas más. Ya que faltaba una persona para el cierre, el restaurante no me había dejado ir hasta después de la medianoche, y luego Beth e Isaiah me mantuvieron despiertos toda la noche. —¿Sra. Marcos? —preguntó una voz angelical—. ¿Puede por favor decirme las próximas fechas para el ACT y el SAT? El teléfono timbró. —Espere un segundo—dijo la Sra. Marcos. Entonces el timbre cesó. Una silla más allá de mí se movió y mi boca se llenó del aroma a rollos calientes de canela. Di un vistazo y percibí el color rojo, cabellos sedoso y rizado. La conocía. Echo Emerson. Ningún rollo de canela a la vista, pero maldita sea si no huele como tal. Teníamos varias de nuestras clases juntos y el último semestre uno de nuestros periodos libres. No sabía mucho de ella más de lo que mantenía para sí misma, que era inteligente, pelirroja y tenía grandes tetas. Llevaba grandes camisas de mangas largas que colgaban de sus hombros y debajo camietas sin mangas que revelaban justo lo suficiente para que las fantasías fluyeran. Como siempre, miraba fijamente hacia delante como si yo no existiera. Diablos, probablemente no existía en su mente. Las personas como Echo Emerson me irritaban como la mierda. —Tienes un nombre jodido —murmuré. No sé por qué quería confundirla, simplemente lo hice. —¿No deberías estar drogándote en el baño? Así que me conocía. —Instalaron cámaras de seguridad. Lo hacemos en el estacionamiento ahora. —Oh, lo siento mucho. —Su pie se sacudió frenéticamente adelante y atrás. Bueno, había logrado deslizarme bajo su fachada perfecta.

16 —Echo… echo…echo… Su pie dejó de moverse y sus rizos rojos rebotaron con furia mientras se volvía para mirarme a la cara. —Qué original. Nunca he oído eso antes. —Levantó su mochila y salió de la oficina. Su apretado culo se balaceaba de lado a lado mientras marchaba por el pasillo. No fue tan divertido como pensé que sería. De hecho, como que me sentía como un idiota. —¿Noah? —La Sra. Collins me llamó a su oficina. El último consejero tuvo grandes problemas de obsesión compulsiva. Todo en la oficina estaba perfectamente ubicado. Solía mover sus placas sólo para meterme con él. No habría entretenimiento con Sra. Collins. Su escritorio era un desastre. Podría enterrar un cuerpo aquí y nadie lo encontraría. Tomando asiento frente a ella, esperé a que mi culo fuera mascado. —¿Cómo fueron tus vacaciones de Navidad? —Tenía esa mirada otra vez, como un cachorrito. —Bien. —Eso si consideras que tus padres adoptivos empezaron una pelea a gritos y lanzaron los regalos de navidad a la chimenea una buena navidad. Siempre había soñado con pasar mi Navidad en un infierno de sótano y ver a mis dos mejores amigos emborracharse. —Maravilloso. Así que las cosas funcionan en tu familia adoptiva. — Lo dijo como una declaración, pero quería decirlo como una pregunta. —Si. —En comparación con las últimas tres familias que había tenido, eran la tribu de los Brady6 de mierda. Esta vez, el sistema me había puesto con otro chico. No debió haber suficientes personas para hogares de acogida o finamente creyeron que no era la amenaza que habían pensado que era. A las personas con mis etiquetas no se les permitía vivir con otros menores—. Mira, ya tengo una trabajadora social y es suficiente dolor de culo. Diles a tus jefes que no es necesario perder tiempo conmigo. —No soy una trabajadora social —dijo—. Soy una trabajadora social clínica. —La misma cosa. —En realidad, no lo es. Fui a la escuela por mucho más tiempo. —Bien por ti. 6 The Brady Bunch: La serie gira en torno a la convivencia de un matrimonio recién casado formado por Mike y Carol. Cada uno de ellos aporta tres hijos; varones en el caso del padre y niñas en el caso de la madre. Con ellos convive, además, la sirvienta Alice.

17 —Y eso significa que puedo proporcionar un nivel diferente de ayuda para ti. —¿El estado te paga? —pregunté. —Sí. —Entonces, no quiero tu ayuda. Sus labios se estremecieron en una sonrisa que casi me hizo tener un poco de respeto por ella. —¿Qué tal si somos directos? —dijo—. De acuerdo con el archivo tienes una historia de violencia. La miré fijamente. Me miró fijamente. Ese archivo estaba lleno de porquería, pero había aprendido años atrás, la palabra de un adolescente no significa nada contra la palabra de un adulto. —Este archivo, Noah. —Golpeó tres veces con su dedo—. No creo en todo lo que dice. He hablado con tus profesores en la Secundaria Highland. El cuadro que pintaron no representa al joven que veo delante de mí. Aferré el metal espiral de mi cuaderno de cálculo hasta que apuñaló la palma de mi mano. ¿Quién diablos se cree esta señora escavando en mi pasado? Siguió ojeando el archivo. —Has rebotado alrededor de varios hogares adoptivos, en los últimos dos años y medio. Esta es tu cuarto colegio desde la muerte de tus padres. Lo que me parece interesante es que hasta un año y medio atrás, estabas en el cuadro de honor y competías en deportes. Esas son cualidades que no suelen marcar un caso disciplinario. —Tal vez necesitas cavar más. —Quería a esta mujer fuera de mi vida y la mejor manera de hacerlo era asustándola—. Si lo haces, descubrirás que le di una paliza a mi primer padre adoptivo. —En realidad, le había golpeado la cara cuando lo sorprendí golpeando a su hijo biológico. Es curioso como nadie en la familia se puso de mi lado cuando llegó la policía. Ni siquiera el niño al que defendí. La Sra. Collis hizo una pausa como esperando mi versión de los hechos, pero se equivocaba. Desde la muerte de mis padres, entendí que nadie en el sistema daría una mierda por mí. Una vez que entrabas, estabas condenado. —Tu anterior consejero en Highland habló muy bien de ti. Entraste al equipo de baloncesto en tu primer año, al cuadro de honor, participaste en variadas actividades estudiantiles, muy popular entre tus compañeros. —Me examinó—. Creo que me hubiera gustado ese chico.

18 A mi también —pero la vida apesta. —Un poco tarde para unirme al equipo de baloncesto, a mitad de la temporada y eso. ¿Piensa que el entrenador estará bien con mis tatuajes? —No tengo ningún interés en que re-crees tu antigua vida, pero juntos creo que podemos construir algo nuevo. Un futuro mejor que el que tendrás si continuas por tu camino actual. —Sonaba tan condenadamente sincera. Quería creer, pero había aprendido de la manera difícil a nunca confiar en nadie. Manteniendo la cara sin emoción, dejé que el silencio se construyera. Rompió primero el contacto visual y sacudió la cabeza. —Te ha tocado una mano dura, pero estás lleno de posibilidades. Tus puntuaciones en las pruebas de aptitud son fenomenales y tus maestros ven tu potencial. Tu promedio de calificaciones necesita un impulso, al igual que tu asistencia. Creo que están relacionados. Ahora, tengo un plan. Verme una vez por semana, asistirás a sesiones de tutoría hasta que tu promedio de calificaciones corresponda a los resultados de las pruebas. Me puse de pie. Ya había perdido mi primer periodo. Esta pequeña divertida reunión me quitaba del segundo. Pero desde que actualmente había sacado mi culo de la cama, tenía la intención de ir a clases en algún momento de hoy. —No tengo tiempo para esto. Una ligero filo se deslizó en su tono, tan sutil que casi no la sentí. —¿Es necesario ponerme en contacto con tu trabajadora social? Me dirigí a la puerta. —Adelante. ¿Qué va a hacer? ¿Dividir a mi familia? ¿Ponerme en el sistema de cuidado de crianza? Continúa cavando y verás que es demasiado tarde. —¿Cuándo fue la última vez que viste a tus hermanos, Noah? Mi mano se congeló en el pomo de la puerta. —¿Y si pudiera ofrecerte un incremento en las visitas supervisadas? Solté el pomo de la puerta y volví a sentarme.

19 3 Echo Traducido por Vero. Corregido por Mel Cipriano. i tan solo pudiera usar guantes cada momento del día, me sentiría más segura, pero el estúpido código de vestimenta no me lo permitiría. Debido a eso, mi vestuario consistía en cualquier cosa con mangas largas, mientras más largas mejor. Agarré los extremos de mis mangas y los puse sobre mis dedos, haciendo que mi camisa azul de algodón colgara de mi hombro derecho. En mi primer año, me habría asustado si la gente se quedaba mirando mi piel blanca y las ocasionales pecas anaranjadas. Ahora, prefería que la gente mire mi hombro desnudo en lugar de tratar de echar un vistazo a las cicatrices en mis brazos. —¿Dijo quién era? Apuesto a que es Jackson Coleman. He oído que está fallando en matemáticas y si no consigue levantar sus calificaciones va a perder su beca para la universidad. Dios, espero que si. Es tan ardiente. —Mi mejor amiga, Lila McCormick, tomó aire por primera vez desde que le había dado el resumen de mi sesión de orientación y el trabajo de tutoría que la Sra. Collins espontáneamente creó. Con boca imparable y su ropa ajustada, Lila era la propia versión de Glinda la Bruja Buena7 de la secundaria Eastwick. Flotaba en su propia burbuja hermosa, propagando felicidad y alegría. A medida que Lila movía su bandeja hacia la fila del almuerzo, el olor a pizza y papas fritas me hizo agua la boca, pero las náuseas enturbiando mi estómago me impidieron comprar comida. Mi corazón retumbó y abracé mi cuaderno de dibujo más cerca de mi pecho. No podía creer que estaba realmente en el comedor. Lila y yo habíamos sido las mejores amigas desde preescolar y la única cosa que me había pedido para Navidad era que me olvidara de la biblioteca y reclamara mi antiguo 7 Glinda la Bruja Buena: personaje del Mago de Oz. S

20 lugar en la mesa del almuerzo. Podía sonar como una petición fácil, pero no lo era. La última vez que había almorzado en la cafetería había sido a principios de mayo, durante mi segundo año: el día antes de que todo mi mundo se viniera abajo. En aquel entonces, nadie me miraba o susurraba. —¿Quién es ardiente? —Natalie cortó la fila deslizando la bandeja entre Lila y yo. Un grupo de chicos detrás de nosotras gruñeron ante su audacia. Como de costumbre, no les hizo caso. Natalie era una de las dos personas que se negaron a tratarme como un paria social a causa de los rumores volando sobre mí en la escuela. Lila recogió su pelo lacio y dorado en una coleta antes de pagarle al cajero. —Jackson Coleman. Echo va a ser tutora de algún chico afortunado y supongo que podría ser él. ¿A quién te gustaría añadir a nuestra lista de chicos calientes pero estúpidos? Las seguí a la mesa del almuerzo mientras los ojos de Natalie vagaban por la cafetería, buscando la combinación correcta. —Nicholas Green. Es el más tonto sobre la tierra, pero podría comerlo de postre. Si vas a darle clases particulares, Echo, ¿crees que podrías presentármelo? —¿Presentar quién a quién? —preguntó Grace. Natalie y Lila tomaron sus asientos y vacilé. La sonrisa de Grace cayó cuando me vio. Ella era la razón principal por la que no quería volver a la cafetería. Éramos totales mejores amigas antes del incidente y, supongo, incluso después. Me visitaba todos los días en el hospital y en casa durante el verano, pero cuando nuestro tercer año comenzó y mi posición social cayó en picada, también lo hizo nuestra amistad... públicamente es así. En privado, afirmaba amarme como a una hermana. Todos los demás en la escuela me trataban como si no existiera. —Natalie a Nicholas Green. —Lila palmeó el asiento entre ella y Natalie. Intentando esconderme, me dejé caer en la silla, encorvada, apoyando mi cuaderno de dibujo contra el borde de la mesa. Las otras chicas cuchicheaban entre sí, mientras me echaban un vistazo. Una soltó una risita. Desde el momento en que había regresado a la escuela, nunca tuve una oportunidad social. Los rumores acerca de por qué estuve ausente el último mes de mi segundo año oscilaban entre un embarazo y rehabilitación, a un intento de suicidio. Mis guantes se convirtieron en la leña y mi pérdida de memoria, en el partido. Cuando regresé ese otoño, los rumores estallaron como una tormenta de fuego. Lila continuó con su explicación. —Echo va a darle clases particulares a algún chico tonto y ardiente. Estamos tratando de adivinar

21 quién será. —Bueno, no nos lo ocultes a nosotras, Lila. ¿A quién le va a dar clases Echo? —Los ojos de Grace parpadearon de Lila a las chicas de su equipo, sentadas en la mesa. Cuando habíamos regresado de primer año, Grace se había enterado de que tenía una oportunidad para ser la capitana de las animadoras, una hazaña difícil, ya que siempre se había cernido en la periferia popular de esa multitud. Yo había asumido que las cosas entre nosotras volverían a la normalidad una vez que fuera elegida. Me había equivocado. —Pregúntale a Echo. —Los dientes de Lila crujieron en la manzana, su mirada endurecida estaba fija en Grace. Nuestra mesa se volvió misteriosamente silenciosa mientras la chica más hermosa de la escuela desafiaba abiertamente a la más popular. Una pausa cayó sobre la cafetería mientras el cuerpo estudiantil se preparaba para ver el enfrentamiento en curso. Habría jurado que una planta rodadora voló más allá de la mesa y esa extraña canción silbada del Oeste se reproducía por el altavoz. Le di a Lila un golpe en su pie, suplicándole en mi mente que responda por mí, en vez de obligar a Grace a reconocerme en frente de otras personas. Pasaron unos segundos, en los que ninguna encogió la mirada. No podía soportarlo. —No lo sé. Me encuentro con él esta tarde. —La Sra. Collins no había querido decirme a quién debía darle clases. Había murmurado algo acerca de limar algunos detalles con él antes de conocernos. El movimiento y la charla se reanudó en la cafetería. Los músculos de la cara de Grace se relajaron y dio un suspiro de alivio antes de hacer un balance de la reacción de sus amigos públicos. —Voy a jugar a adivinar el galán estúpido. —Me dio un guiño privado. Por billonésima vez, deseaba que mi vida pudiera volver a la normalidad. Cuando Grace arrojó un nombre el resto del grupo también decidió jugar. Hice un esbozo de Grace mientras hablaban. Su nuevo corte de pelo, corto y rubio, enmarcaba su cara perfectamente. Escuché la lluvia de nombres y los nuevos chismes que acompañaban sus conjeturas. —Tal vez Ecos le va a dar clases a Luke Manning —dijo Lila con un empujón, no muy amable, en mi brazo—. Encaja en lo de galán y en lo de menos que brillante. Rodé los ojos e hice mi mejor esfuerzo para corregir la línea oscura que su codazo había creado en mi dibujo. Lila se aferró a la falsa

22 esperanza de que Luke, el novio de mi vida anterior, todavía albergaba sentimientos hacia mí. Fundamentaba su reclamo con historias inventadas de cómo me miraba cuando no estaba prestando atención. —Luke y Deanna rompieron durante las vacaciones de invierno — dijo Grace—. Deanna dice que ella rompió con él. Luke dice que él rompió con ella. ¿Quién sabe si alguna vez sabremos la verdad? —¿Quién crees tú, Echo? —preguntó Natalie. Tengo que darle crédito. Quería que participara en la conversación, sin importar si quería ser incluida. Me concentré en difuminar la sombra del cabello de Grace creada contra su oído. Después de conocer a Luke en inglés, en primer año, había salido con él durante un año y medio. Esto me hacía la experta en Luke de la mesa. Desde nuestra separación, cada mesa con una chica contenía a una experta en Luke. —Es difícil de decir. Rompí con Luke y él no afirmó nada diferente, pero ha cambiado mucho desde entonces. —Noah Hutchins —dijo Natalie. Dejé de dibujar, confundida acerca de lo que Noah tenía que ver con Luke. —¿Qué? —Adivina el galán, ¿recuerdas? Noah Hutchins es definitivamente caliente. Me gustaría darle clases. —Lila miró hacia la mesa de los drogadictos, prácticamente babeando. ¿Cómo podía desmayarse sobre el tipo que se había burlado de mí? La boca de Grace cayó abierta. —¿Y llevarte el éxito social? De ninguna manera. —Dije que iba a ser su tutora, no que lo llevaría al baile. Además, por lo que he oído, bastantes chicas han tomado ese tren y han amado cada segundo de ello. Grace miró a Noah, sus ojos vagando hacia arriba, y luego hacia abajo. —Tienes razón. Es caliente, y corre el rumor de que únicamente le interesan las relaciones de una noche. Aunque Bella Monahan trató de forzar una relación. Lo seguía a todas partes como un cachorrito patético. No quería tener nada que ver con ella si no tenía que ver con asiento trasero de su coche. Lila amaba los trapos sucios. —Perdió a su novio, su virginidad, su reputación y su autoestima en menos de un mes. Por eso se transfirió a otra escuela. Tipos como Noah Hutchins me molestaban. Usaba a las chicas, consumía drogas y me había hecho sentir como basura esa mañana. No

23 es que debería sorprenderme. Había tenido un par de clases con él, el semestre pasado. Entraba en el salón a grandes zancadas como si fuera el dueño de la tierra, y sonreía cuando las chicas se arrojaban sobre él y su presencia. —¡Qué imbécil! Como si me hubiese escuchado, desde el otro lado de la habitación, sus ojos negros se encontraron con los míos. Su cabello castaño y abundante caía sobre ellos, pero me di cuenta de que me estaba mirando. La barba en su rostro se movía mientras sonreía. Noah tenía músculos, miradas y problemas acechándolo. De alguna manera, hacía que unos pantalones vaqueros y una camiseta lucieran peligrosos. No es que fuera una chica interesada en drogadictos. Sin embargo, eché otro vistazo hacia él mientras bebía mi soda. —Duras palabras, Echo. No estamos hablando de mí, ¿verdad? — Una silla raspó el suelo. Luke la volteó para poder ponerse a horcajadas entre Natalie y Grace. ¡Vamos! Luke y yo apenas nos habíamos dirigido una palabra el uno al otro desde que rompimos en segundo año. ¿Por qué todo el mundo me empujaba al modo social, hoy? —No —dijo Lila—. Hablamos sobre ti antes. Echo estaba llamando a Noah Hutchins un idiota. —La pateé debajo de la mesa. Me dio una mirada a cambio. —¿Hutchins? —Luke Manning: metro ochenta de estructura, se veía como un tren de carga, con cabello negro y ojos azules. Era capitán del equipo de baloncesto, ardiente y engreído. Para mi horror, era del tamaño de Noah—. ¿Qué ha hecho el chico drogadicto para merecer tu ira? —Nada. —Regresé a mi cuaderno de dibujo. Mis mejillas ardieron cuando uno de los amigos públicos de Grace murmuró algo acerca de mi rareza. ¿Por qué no podían Lila, Natalie y Luke dejarme en paz? El chisme sólo empeoró cuando me deslicé fuera de mi caparazón. Lamentablemente, Lila decidió ignorar mis mejillas rojas y mi patada de advertencia. —Se burló de Echo esta mañana, pero no te preocupes, ella lo puso en su lugar. El lápiz en la mano, se inclinaba de mi apretado agarre mientras luchaba contra el impulso de arrancar el pelo magnífico de Lila de su cabeza. Mis maestros y la Sra. Collins estaban tan equivocados. Interactuar con mis compañeros apestaba. Los ojos de Luke se estrecharon. —¿Qué te dijo? Pisoteé los dedos de Lila y me la quedé mirando fijamente. —Nada. —Le dijo que tenía un nombre horrible y luego hizo esa cosa estúpida

24 del eco que la gente hacía en la escuela primaria —dijo Lila. Oh, Dios, quería matar a mi mejor amiga. —¿Quieres que hable con él? —Luke me miró con una pizca familiar de posesividad. Ambas, Grace y Natalie sonrieron como gatos de Cheshire8. Me negué a mirar a Lila, que rebotaba en el asiento. Ahora nunca oiría el final de sus fantasías acerca de Luke y yo volviendo a estar juntos. —No. Es un chico estúpido que dijo una cosa estúpida. Es probable que ni siquiera recuerde haberlo dicho. Luke se echó a reír. —Es verdad. Toda esa mesa está jodida. ¿Sabías que Hutchins es un chico adoptivo? Las chicas de mi mesa jadearon ante el chisme nuevo. Comprobé a Noah de nuevo. Parecía enfrascado en una conversación con una chica de pelo largo y negro. —Sip —continuó Luke—. Escuché a la Sra. Rogers y el Sr. Norris discutiéndolo en el pasillo. —La campana sonó, terminando el centro de atención en Luke sobre la información prohibida de Noah Hutchins. Mientras tiraba los restos de mi almuerzo, Grace se acercó furtivamente a mi lado y me susurró—: Esto fue enorme, Echo. Si Luke está tras de ti otra vez, la vida cambiará. La opinión de todos sobre las chicas con las que habla, o con quienes sale, siempre cambia. Tal vez las cosas finalmente volverán a la normalidad. Uno de los amigos públicos de Grace la llamó y se apartó de mi lado sin una segunda mirada. Suspiré mientras tiraba de las mangas sobre mis dedos. Qué no daría por ser normal. 8 Cheshire: personaje de Alicia en el país de las maravillas.

25 4 Noah Traducido por Vero. Corregido por Mel Cipriano. e había dicho a la Sra. Collins la verdad. No tenía tiempo para recibir tutoría o consejería. En junio, cumpliría dieciocho años y me graduaría de la casa de acogida. Eso significaba que iba a necesitar un lugar propio, y la renta significaba conseguir un trabajo. Pero la Sra. Collins me había tomado por un estafador callejero. Una visita ocasional supervisada a mis hermanos no era suficiente. Los colgaba delante de mí como una maldita aguja a un heroinómano. Mi turno en el Malt & Burger empezaba a las cinco. Eché un vistazo al reloj colgando sobre el escritorio del bibliotecario de referencia. ¿Qué parte de "conocer al tipo al que le darás clases, directamente después de la escuela, en la biblioteca pública" no entendió mi sabelotodo? La Sra. Collins podría haber mencionado quién me daría clases particulares, pero dejé de escuchar a los pocos minutos. La mujer hablaba demasiado. Me concentré en las puertas dobles. Cinco minutos más y felizmente podría llamar a esta sesión un fracaso, un hecho que estaría encantado de echarle en cara a la Sra. Collins. Una puerta se abrió y el aire frío barrió dentro, causando que escalofríos subieran por mis brazos. Ah, demonios. Me recosté en mi silla y crucé los brazos sobre mi pecho. Echo Emerson se deslizó dentro de la biblioteca. Sus ojos recorrieron la habitación mientras sus manos enguantadas frotaban sus brazos. Como si el frío pudiera penetrar esa elegante capa de cuero marrón. Una ligera y brillante sonrisa descansaba sobre su rostro. Al parecer, la Sra. Collins nos había mantenido a ambos en la oscuridad. En el momento en que me vio, su sonrisa se desvaneció y sus ojos verdes entraron en erupción, con nubes de tormenta. Únete al maldito club. Por debajo de la mesa, pateé la silla frente a mí. —Llegas tarde. L

26 Dejó la mochila sobre la mesa y deslizó la silla mientras se sentaba. —Tuve que ir a la oficina y averiguar las fechas de las pruebas. Podría haber obtenido la información esta mañana, pero algún idiota se puso en mi camino. Echo tenía la ventaja, pero sonrío como si tuviera las de ganar. —Te podrías haber quedado. Nunca pedí que te fueras. —¿Y dejarte acosarme un poco más? No, gracias. —Se encogió de hombros quitando su chaqueta, pero mantuvo sus guantes de punto. Olía como a frío y cuero. Su camisa de algodón azul caía por debajo de su camiseta de color beige, dejando al descubierto la parte superior de su escote. Las chicas como ella disfrutaban de probar a los chicos. Por lo poco que sabía de ella, no me importó mirar. Al atraparme mirando, reajustó su camisa y su escote desapareció de la vista. Bueno, eso fue divertido. Me miró, posiblemente esperando una disculpa. Iba a tener que esperar mucho tiempo. —¿En qué materia estás fallando? ¿Todas ellas? —Esos ojos verdes bailaban. Al parecer, Echo también disfrutaba repartiendo mierda. Muy bien, lo arruiné con ella esta mañana sin ninguna razón. Se merecía obtener un par de golpes en respuesta. —Ninguna. La Sra. Collins tiene la culpa en esto. Echo abrió su mochila y sacó un cuaderno. Una sombra cruzó su rostro cuando se bajó los guantes y de inmediato sacó las mangas largas por encima de sus manos. —¿Con qué materia quieres empezar? Tenemos cálculo y física juntos, así que podríamos empezar por ahí. Tienes que ser un completo idiota si necesitas ayuda con tecnología comercial. —Hizo una pausa—. Y ¿no estabas en mi clase de español el último trimestre? Bajé la cabeza para que mi pelo cayera sobre mis ojos. Para una chica que no sabía que existía, seguro que sabía mucho de mí. —Sí. —Y este trimestre, también. Apenas le ganaba a la campana entrando a clase y tomaba el primer asiento disponible sin dar a nadie una segunda mirada. —¿Qué tan bien hablas español?9—preguntó. ¿Qué tan bien podía hablar español? Malditamente decente. Me aparté de la mesa. —Me tengo que ir. —¿Qué? —Su frente se arrugó con incredulidad. 9 En español en el original.

27 —A diferencia de tí, no tengo padres que paguen por todo. Tengo un trabajo, princesa, y si no me voy ahora, voy a llegar tarde. Nos vemos. Agarrando mis libros y chaqueta, dejé la mesa, y de inmediato salí de la biblioteca. El aire frío de enero me golpeó en la cara. El hielo cubría varios puntos sobre el pavimento. —¡Oye! Miré por encima de mi hombro. Echo estaba muy cerca, detrás de mí, con la chaqueta de cuero sobre un brazo y su bolsa colgada sobre su espalda. —Ponte tu maldita chaqueta. Hace frío afuera. —No me detuve por ella, pero desaceleré el paso, curioso de saber por qué me seguía. Me alcanzó rápidamente y mantuvo el paso a mi lado. —¿Dónde crees que vas? —Te lo dije, a trabajar. Pensé que eras inteligente. —Nunca había conocido a nadie tan divertido con quien meterse. —Está bien. Entonces, ¿cuándo vamos a tener esta sesión de estudio? Tiré mis libros sobre el pedazo de mierda que llamaba automóvil, causando que el óxido se dispersara en la tierra. —No lo hacemos. Haré un trato. Le dices a La Sra. Collins que estamos cumpliendo con tantos días como quieras después de la escuela, recolecta todas las horas que necesitas de voluntariado para cualquier pequeño club al que pertenezcas, y te respaldaré. No voy a tener que verte y tú no tendrás que mirarme. Puedo continuar con mi jodida vida, y tú puedes ir a casa y jugar a disfrazarte con tus amigas. ¿Trato? Echo se estremeció y retrocedió como si la hubiera abofeteado. Perdió el equilibrio cuando golpeó un trozo de hielo. Mi mano derecha se estiró y agarró su muñeca antes de que su cuerpo pudiera golpear el suelo. Me quedé sosteniéndola mientras se estabilizaba, usando el maletero de mi coche. Vergüenza o frío ruborizó sus mejillas blancas. De cualquier manera, me pareció gracioso. Pero antes de que tuviera la oportunidad de burlarme de ella, sus ojos se abrieron y se quedó mirando la muñeca que sostenía. Su manga larga azul se elevó más allá de su codo, y seguí su mirada a la piel expuesta. Trató de tirar de su mano, pero apreté mi agarre y tragué mi disgusto. En todas las casas de espectáculos de horror en las que había vivido, nunca vi ni una vez una mutilación así. Elevadas cicatrices blancas y rojo pálido, zigzagueaban por su brazo.

28 —¿Qué demonios es eso? Aparté mis ojos de las cicatrices y miré su rostro en busca de respuestas. Tomó varias bocanadas profundas, antes de tirar una segunda vez y exitosamente sacudirse fuera de mi alcance. —Nada. —Eso no es nada. —Y ese algo tuvo que doler como el infierno cuando sucedió. Echo estiró la manga por delante de su muñeca hasta los dedos. Parecía un cadáver. La sangre salió corriendo de sus mejillas, y su cuerpo se estremeció con temblores silenciosos. —Déjame en paz. Se dio la vuelta y se tambaleó de regreso hacia la biblioteca.

29 5 Echo Traducido por Mel Cipriano Corregido por Vane-1095 ada —dijo Lila—. Ni una sola palabra, ni un pío, ni un ruido. Natalie, Grace y yo hasta pusimos algunas antenas en los más jóvenes, pero no hay absolutamente ningún chisme dando vueltas sobre ti. Bueno, al menos nada que involucre a Noah Hutchins. Lila se sentó en el asiento del acompañante y yo me senté en el lado del conductor del Corvette 1965 que le había pertenecido a Aires. Ella había venido a mi casa para actuar como barrera de mis viernes familiares o, como me gustaba llamarlos, La Cena de los Condenados. En el garaje, la radio se escuchaba desde mi Dodge Neon de 1998 color verde bosque. El Corvette de Aires todavía tenía su radio original. Traducción: un pedazo de mierda, pero el resto del coche era totalmente una bestia. De un vistoso rojo sangre con diseños color negro corriendo en sentido horizontal —Aires normalmente me habría perdido a este punto, pero aún así seguiría hablando a pesar de que mis ojos se nublaran—, tres funciones, frente vertical, rejillas inclinadas en los lados de los guardabarros delanteros, molduras oscuras, barras horizontales de rejilla y diferentes paneles. No tenía idea de lo que eso significaba, pero Aires lo había dicho tanto que había memorizado la descripción. El coche parecía increíble, pero no funcionaba. Gracias a Noah Hutchins, mis posibilidades de que alguna vez corriera disminuían cada día. Apreté mis manos en el volante y recordé la promesa de Aires. Días antes de su partida, había rondado sobre el capó abierto mientras me encontraba sentada en la mesa de trabajo. —Todo va a estar bien —Los ojos de Aires se concentraron en la forma en que movía mis pies—. Es sólo un alistamiento de seis meses. —Estoy bien —dije mientras parpadeaba tres veces. No quería que N

30 se fuera. Aires era la única persona en el mundo que entendía la locura de nuestra familia, además de que era el único capaz de mantener la paz entre Ashley, nuestro padre y yo. No era el mayor fan de Ashley, pero a pesar de sus sentimientos, siempre me animó a darle un descanso. Se rió entre dientes. —La próxima vez por lo menos trata de detener tu signo revelador de una mentira. Uno de estos días, papá se dará cuenta de ello. —¿Escribirás? —le pregunté, cambiando de tema. Había hablado mucho acerca de nuestro padre antes de irse. —Y enviaré correos electrónicos y hablaremos por Skype. —Limpió sus manos en un trapo grasiento y se enderezó—. Te diré qué. Cuando regrese a casa y termine el coche, puedes ser la primera en conducirlo. Después de mí, por supuesto. Mi pie se detuvo y me dejé llenar con el primer sentimiento real de esperanza desde que Aires me había hablado de su alistamiento. Aires volvería a casa, siempre y cuando su automóvil lo esperara. Me había dado un sueño y me aferré a eso después de su partida. Mis sueños se murieron con él en una carretera desolada en Afganistán. —¿Qué estás pensando? —preguntó Lila ahora. —Noah Hutchins —mentí—. Ha tenido toda la semana para decirle a la escuela entera de mis cicatrices. ¿Qué piensas que está esperando? —Tal vez Noah no tiene a nadie a quien contarle. Es un drogadicto chico de acogida que necesita clases particulares. —Sí, tal vez —contesté. O tal vez esperaba el momento perfecto para hacer mi vida un infierno. Lila jugaba con sus anillos en los dedos, una señal de que estaba nerviosa. —¿Qué? —pregunté. Tuve que esforzarme para escuchar su respuesta entre dientes. —Le dijimos a Luke. Apreté cada músculo de mi cuello y solté mis manos en el volante, aterrada de rasgar el plástico en fragmentos. —¿Qué hicieron qué? Lila se volvió en su asiento, retorciéndose las manos en el regazo. —Está en nuestra clase de inglés. En lugar de corregir los documentos de los demás, Natalie, Grace y yo discutíamos la situación de Noah y tus cicatrices y... Luke escuchó un par de cosas. El corazón me latía con fuerza en mis oídos. Durante casi dos años, había mantenido este secreto horrible y en una semana dos personas habían forzado la puerta de mi pesadilla personal.

31 Cuando no dije nada, continuó—: Las cicatrices no son tu culpa. No tienes absolutamente nada de qué avergonzarte. Tu madre definitivamente sí, y posiblemente tu padre, pero ¿tú? Nada. Luke ya sabía que tu madre era una completa loca y nunca le dijo a nadie. Es un idiota, pero incluso él puede imaginarse que tu mamá te hizo daño. ¿Debía estar enojada? ¿Aliviada? Me conformé con entumecida. —No es una psicótica —murmuré, sabiendo que todo de lo que decía con respecto a mi madre caía en oídos sordos—. Tiene problemas. En un movimiento lento y deliberado, Lila puso su mano sobre la mía, dándole a mis dedos un apretón tranquilizador. Un recordatorio de que me amaba a pesar de todo. —Creemos que deberías decirle a la gente. Ya sabes, tomar la ofensiva en lugar de la defensiva. De esta forma si Noah le dice a todo el mundo, ellos ya sabrán la historia real y pensarán que él es un idiota por burlarse de ti. Me quedé mirando la mesa de trabajo de Aires. Mi padre nunca usaba las herramientas. Si algo se rompía, llamaba a alguien para arreglarlo. A Aires le encantaba juguetear. Se pasaba cada momento aquí, en este garaje. Dios, lo necesitaba. Lo necesitaba para que me dijera qué hacer. —Por favor, di algo, Echo. —La angustia en la voz de Lila rompió la mía. —¿De quién fue la idea? —le pregunté, aunque sabía la respuesta—. ¿Grace? —Ella quería que le dijera a toda la escuela lo que pasó de inmediato. —Eso no es justo —exhaló Lila—. No es que Grace no haya sido justa contigo tampoco. Juró que toda esta cosa de público contra privado terminaría después de la votación para la jefa de las animadoras, pero es así, Echo. Quiere lo que todos queremos, que todo vuelva a la normalidad. Mientras el mundo piense que te cortas o has intentado suicidarte, siempre vas a estar al margen. Tal vez todo este asunto de Noah es una bendición disfrazada. Miré a Lila por primera vez desde que me había dado la noticia. —Mi mamá está fuera de límites. —Te apoyaremos. —Lila dejó escapar las palabras—. Luke dijo que hablaría con sus amigos acerca de los episodios de locura de tu madre de los que fue testigo cuando eran novios. Ya sabes, para darle legitimidad a la historia. Y cuando Grace escuchó eso, accedió a contarles a todos lo que ella, Natalie y yo vimos en el hospital. Hemos visto a la policía. Hemos oído a tu padre gritarle a tu madre. Grace quiere esto con muchas ganas, todos lo hacemos.

32 —Porque tener una madre loca y no recordar nada de la noche en que trató matarme es mucho mejor que el hecho de que la gente adivine que me corto o intenté suicidarme. Lila habló en voz baja. —La gente se sentirá mal por ti. Ser la víctima... hace las cosas diferentes. Eso es lo que Grace ha estado tratando de decirte todo el tiempo. La ira rompió mi frágil paciencia. —No quiero su simpatía y no quiero que la peor noche de mi vida esté en discusión en toda la escuela. Si alguna vez soy capaz de contárselo a alguien quiero ser capaz de decir la verdad, no que soy un idiota patética que no recuerda nada. —Me golpeé la parte trasera de mi cabeza contra el asiento y miré al techo del coche. Respira profundo, Echo. Respira profundo. No recordaba absolutamente nada de esa noche. Mi padre, Ashley y mi mamá sabían la verdad. Pero estaba prohibido hablar con mi mamá, y papá y Ashley creían en lo que los terapeutas dijeron. Que cuando mi mente pudiera manejar la verdad, recordaría. Lo que sea. No eran los que yacían en la cama durante la noche, tratando de averiguar lo que pasó. No eran quienes se despertaban gritando. No se preguntaban si se estaban volviendo locos. No se sentían sin esperanza. —Echo... —Lila vaciló, respiró hondo y miró por el parabrisas. Aquello tenía que ser malo. Siempre podía hacer contacto visual—. ¿Alguna vez has pensado que quizás tú tienes algo que ver con esto? Me estremecí y luché para controlar la ira moviéndose en mis entrañas. —¿Cómo dices? —Sé que fue difícil volver después lo que pasó entre tú y tu mamá, pero ¿alguna vez te preguntaste si quizás si hubieras vuelto en septiembre y continuado con tu vida normalmente, la gente tarde o temprano habría seguido adelante? Quiero decir, te has convertido en una especie de reclusa. La ira dio paso a un dolor que empujó mi corazón hasta la garganta. ¿Era así como mi mejor amiga me veía? ¿Cómo una cobarde? ¿Un fracaso? —Sí, yo había pensado en eso. —Esperé antes de hablar otra vez para evitar que mi voz se quebrara—. Pero cuanto más salía, la gente más hablaba. ¿Recuerdas las pruebas de aptitud del año pasado para el equipo de baile? La gente tiende a chismear sobre lo que ven. Su cabeza estaba gacha. —Lo recuerdo. —¿Por qué? —le pregunté—. ¿Por qué traer a colación todo esto

33 ahora? —Porque lo estás intentando, Echo. En realidad viniste a comer. Estás hablando con la gente. Es la primera vez desde nuestro segundo año que te he visto intentar y me aterra que vuelvas a entrar en tu concha. —Se volvió hacia mí con un resorte extraño en sus movimientos—. No dejes que lo que Noah vio te asuste. Ven a la fiesta de Michael Blair conmigo, mañana por la noche. ¿Había perdido la razón? —De ninguna manera. —Vamos —suplicó—. Es tu cumpleaños mañana. Tenemos que salir. —No. —Quería olvidar que ese día existía. Mamá y Aires solían hacer una fiesta para mi cumpleaños. Sin ellos.... Juntó las manos y las colocó debajo de la barbilla. —¿Por favor? ¿Por favor, por favor? ¿Por favor, por favor con chocolate caliente? Pruébalo a mi manera y si no funciona te juro que nunca lo traeré de nuevo. ¿Y mencioné que oí a Ashley decirle a tu papá que quería llevarte a cenar? En un restaurante. Uno costoso. De cinco estrellas. Dime un pequeño sí y puedo sacarte de eso. La Cena de los Condenados de los viernes ya era lo suficientemente malo. Una Cena de los Condenados en público, sería inhumano. Volví a respirar hondo. Lila se había quedado conmigo a través de todo: la locura de mi madre, el divorcio de mis padres, la muerte de Aires, y ahora esto. Era posible que no lo supiera todavía, pero Lila se encontraba a punto de recibir su regalo de cumpleaños. —Bien. Gritó y aplaudió con sus manos. En una frase larga y continua, describió sus planes para la noche siguiente. Tal vez Lila y Grace tenían razón. Tal vez la vida podría volver a la normalidad. Podía ocultar mis cicatrices e ir a fiestas y tan sólo pasar desapercibida. Noah no le había contado a nadie y tal vez no lo haría. Además, faltaban sólo cuatro meses más hasta la graduación, y luego podría usar guantes todos los días por el resto de mi vida.

34 6 Noah Traducido por Vane-1095 Corregido por tamis11 eintiocho días de angustia habían pasado desde que había visitado esa sala decorada con tristeza en el edificio de servicios sociales. Los payasos y los elefantes pintados en la pared estaban destinados a invitar a la felicidad, pero cuanto más miraba, más siniestra se convertía. Nervioso como el infierno y sosteniendo dos regalos envueltos, me senté en una fría silla plegable. No necesitaba ese recordatorio de que tan jodida se había convertido mi familia. Mis hermanos pequeños solían seguirme a cada paso que daba, adoraban el suelo que pisaba. Ahora, no estaba seguro si Tyler recordaba nuestro apellido. Esperé como un enjaulado gato-en-la-caja listo para la primavera. La trabajadora social necesitaba traer a mis hermanos antes de que mis nervios explotaran. Por alguna razón, Echo y su balanceo de pie vino a mi cabeza. Debió de ser herida el doble de veces que yo. La voz de mi madre sonó en mi cabeza. Siempre hay que estar presentable. Es importante poner tu mejor pie adelante. Me había afeitado, algo que normalmente no me molestaba a hacer todos los días. Mamá y papá habían odiado mi peinado y cualquier signo de rastrojo en mi cara. Con mi madre en mente, no dejaba que mi cabello creciera más allá de mis oídos, pero, por instinto de conservación, lo dejé un poquito largo, negando a las personas acceso a mis ojos. La puerta de abrió y automáticamente me puse de pie con los regalos aún en mis manos. Jacob voló a través de la puerta y estrelló su cuerpo contra el mío. Su cabeza llegaba a mi estómago ahora. Arrojé los regalos a la mesa, me agaché al nivel de Jacob y envolví mis brazos a su alrededor. Mi corazón cayó. Hombre, había crecido. Mi trabajadora social, una señora negra corpulenta de unos V

35 cincuenta años, se detuvo en el marco de la puerta. —Recuerda, nada de preguntas personales acerca de sus padres adoptivos. Estaré al otro lado del espejo. Fulminé con la mirada a Keesha. Ella miró hacia mí antes de irse. Al menos, el odio era mutuo. Después de que golpeé a mi primer padre adoptivo, el sistema me había marcado como emocionalmente inestable y había perdido el derecho de ver a mis hermanos. Como no había tenido arrebatos con ninguna de mis otras familias de acogida, se mostró la “mejora”, la que recientemente me ha

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