Lacan, EL FETICHISMO

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Published on April 23, 2014

Author: josemono

Source: slideshare.net

1 UNIDAD 3:  S. FREUD: “FETICHISMO” El fetiche es un sustituto del pene q ha tenido gran significatividad en la primera infancia, pero se perdió más tarde. Normalmente, debiera ser resignado, pero el fetiche está destinado a preservarlo de su sepultamiento. El fetiche es el sustituto del falo de la mujer (madre) en que el varón ha creído y al q no quiere renunciar. El proceso: el varón rehusó darse x enterado de q la mujer no posee pene. Eso no puede ser cierto, puesto q si la mujer está castrada, su propia posesión de pene corre peligro, y en contra de ello se revuelve la porción de narcisismo con la q está dotado el órgano. No es correcto q tras su observación d la mujer, el niño haya salvado para si su creencia en el falo de aquella. La ha conservado, pero también la ha resignado; en el conflicto entre el peso de la percepción indeseada y la intensidad del deseo contrario se ha llegado a un compromiso como solo es posible en el icc. En lo psíquico, la mujer sigue teniendo su pene, pero ya no es el mismo. Algo otro lo ha reemplazado, fue designado su sustituto, que entonces hereda el interés q se había dirigido al primero. El fetiche perdura como el signo del triunfo sobre la amenaza de castración y de la protección contra ella, y le ahorra al fetichista el devenir homosexual, en tato q presta a la mujer aquel carácter por el q se vuelve deseable como objeto sexual. En la vida posterior, el fetichista cree gozar aun de otra ventaja de su sustituto genital: es accesible con facilidad y resulta cómodo obtener la satisfacción ligada a él. En sustitución del falo femenino se escogieron aquellos órganos u objetos que también subrogan el pene en calidad de símbolos. En la instauración del fetiche, parece serlo la suspensión de un proceso semejante a la detención del recuerdo en la amnesia traumática. El interés se detiene a mitad de camino, acaso se retenga como fetiche la ultima impresión anterior a la traumática. En la acción del fetichista se reúnen las dos aseveraciones recíprocamente inconciliables: la mujer ha conservado su pene, y el padre ha castrado a la mujer. Para concluir, es lícito formular este enunciado: el modelo normal del fetiche es el pene del varón, así como ese órgano inferior, el pequeño pene real de la mujer, el clítoris.  J. LACAN: SEMINARIO 4. LA RELACIÓN DEL OBJETO. El objeto se presenta como una búsqueda del objeto perdido. El objeto, es un objeto siempre vuelto a encontrar, implicado de por sí en una búsqueda, opuesto a la noción de sujeto autónomo q lleva a la idea de objeto culminante. En la práctica psicoanalítica, hay una noción de objeto que se reduce a lo real. Se trata de volver a encontrar lo real. El tercer encabezamiento bajo el cual encontramos al objeto es el de reciprocidad imaginaria, o sea que en toda la relación del sujeto con el objeto, el lugar del objeto es ocupado por el sujeto. Así, la identificación con el objeto esta en el fondo de toda relación con él. Neurosis obsesiva: ¿Qué es un obsesivo?

2 Es un actor que desempeña ciertos actos como si estuviera muerto. Se entrega a un juego, que es la forma en q se resguarda de la muerte. Es un juego viviente q consiste en mostrarse invulnerable. Se le ve en una especie de exhibición con la q trata de mostrar hasta dónde puede llegar en ese ejercicio, y q tiene todas las características de un juego, particularmente las ilusorias. Su juego se desarrollo delante de otro q asiste el espectáculo. Él mismo lo dirige. En esta situación, la noción de objeto participa de un juego ilusorio q consiste en aproximarse a la muerte tanto como sea posible quedando a salvo d todo, porque el sujeto ha matado su propio deseo por adelantado. Aquí, la noción de objeto se muestra muy difícil de circunscribir. Se trata de mostrar lo que él ha articulado para ese Otro espectador, q es él mismo sin saberlo y en cuyo lugar nos va poniendo a medida q avanza la transferencia. La noción de objeto es imposible entenderla si no se introduce el falo como uno de sus elementos. La relación imaginaria está modelada en base a una relación fundamental: la relación madre-hijo. Ésta, es una relación real, y ahí se dirige la teoría analítica. Es imposible hacer intervenir este elemento imaginario sin q se manifieste en el centro de la relación de objeto el falicismo. Esta relación es una relación real. EJEMPLO DE LA CENTRAL HIDRÁULICA: La maquina es lo que se halla en el principio de la acumulación de una energía cualquiera que luego puede distribuirse y ponerse a disposición de los usuarios. Lo que se acumula en la maquina tiene, ante todo la relación más estrecha con la maquina. La energía solo empieza a interesarnos en cuanto se acumula, y solo se acumulan en el momento en que las maquinas entran en acción. Lo que las anima es una propulsión que viene de la corriente del rio, pero creer que la corriente del rio es lo primitivo de la energía es una confusión. Esta necesidad de confundir la materia primitiva con lo que está realmente en juego en el ejercicio de la realidad analítica, representa un desconocimiento de la realidad simbólica. Mantener la necesidad de hablar de una realidad ultima, como si estuviera en algún lugar mas allá que en el propio ejercicio de hablar de ella, es desconocer la realidad donde nos movemos. Esto supone que el símbolo (maquina) es constitutivo de lo real. EJEMPLO DE LA BIBLIOTECA Y LA BOMBA ATOMICA: ¿Cómo algo podría no estar en su lugar, no estar en un lugar donde precisamente no está? Desde el punto de vista de lo real, esto no quiere decir absolutamente nada. Todo lo que es real está siempre obligatoriamente en su lugar, aún cuando lo desordenemos. Lo real tiene la propiedad de llevar su lugar pegado a la suela de sus zapatos. Por mucho que revuelvas lo real, no es menos cierto que nuestros cuerpos estarán en el mismo lugar tras la explosión de una bomba atómica, en su lugar de pedazos. La ausencia de algo en lo real es puramente simbólica. Si un objeto falta de su lugar, es porque mediante una ley definimos que deberla estar ahí. No hay mejor referencia que esta -piensen en lo que ocurre cuando pides un libro en un biblioteca. Te dicen que falta de su lugar, aunque pueda estar justo al lado, y no es menos cierto que en principio falta de su lugar, que por principio es invisible. Eso significa que el bibliotecario vive enteramente en un mundo simbólico Cuando hablamos de privación, se trata de un objeto simbólico y de ninguna otra cosa. La realidad participa de un doble principio: el principio de realidad y el principio de placer. Este último, lo identificamos como una determinada relación de objeto, la relación con el seno materno, mientras q el pcpo d rdd, lo identificamos cn el hecho d q el niño, aprende a prescindir d él.

3 Winnicott: observa q para q el niño no quede traumatizado, la madre debe operar estando presente siempre q es necesario, es decir, en el momento d la alucinación delirante del niño, en donde el objeto real lo colma. Al principio, en la relación madre-hijo, no hay distinción entre la alucinación del seno materno, y el encuentro cn el obj real en cuestión. Por lo tanto, el niño no tiene forma d distinguir lo q corresponde a la satisfacción basada en la alucinación y la aprehensión de lo real q lo colma y satisface efectivamente. Se trata d q la madre le enseñe progresivamente al niño a experimentar frustraciones y a percibir la diferencia entre la rdd y la ilusión. Esta diferencia, solo puede instalarse x la vía d una desilusión, cuando la rdd no coincide cn la alucinación surgida del deseo. El autor señala, en primer lugar, q no existe la posibilidad d elaborar algo q va más allá d la noción d objeto correspondiente al deseo primario. En segundo lugar, en todo el desarrollo del niño, vemos aparecer los objetos q Winnicott llama transicionales. Todos los objetos de juego del niño son objetos transicionales, Lacan los llama imaginarios. Muchos autores buscan explicarse el origen del objeto fetiche y terminan refiriéndose a los objetos transicionales. Se ven llevados a buscar puntos en común entre el objeto en el niño y el fetiche q ocupará el primer plano d las exigencias objetales p la mayor satisfacción alcanzable x parte del sujeto, la satisfacción sexual. Esos autores se confunden los tipos de objeto, sin preguntarse x la distancia q puede haber entre la erotización del objeto fetiche y la primera aparición de un objeto como imaginario. Lo q se estaría olvidando en esta dialéctica, es la noción de la falta de objeto. Según lacan, en ntro ejercicio d la teoría psicoanalítica, nunca podemos prescindir d la noción d la falta de objeto como un carácter central, ya q es el propio motor d la relación dl sujeto cn el mdo. ¿Qué diferencia hay entre una frustración y una privación? Si nos referimos a la privación es porque el falicismo, la exigencia del falo es un punto fundamental de todo el juego imaginario en la progresión del conflicto descrita en el análisis. Si se habla de ella es a propósito de lo real, como algo muy distinto a lo imaginario. En su naturaleza de falta, es una falta real. Es un agujero. La frustración concierne a algo que se desea y no se tiene, pero se desea sin referencia a alguna posibilidad de satisfacción o de adquisición. El núcleo de la noción de frustración, como una de las categorías de la falta de objeto, es un daño imaginario, se sitúa allí. El agente de la frustración es la madre simbólica. En un primer momento encontramos a la madre simbólica (porque puede estar o no) y al objeto real de la necesidad. Este objeto, se transforma en simbólico, en don y la madre en real a partir de la omnipotencia que la caracteriza, en un segundo momento. Freud introdujo a la castración coordinada con la noción de la ley primordial. Para lacan, la castración solo puede clasificarse en la categoría de deuda simbólica. ¿Cuál es el objeto que falta? En la castración, constituida por la deuda simbólica, ese algo que sanciona la ley y le da su soporte y el castigo, no es un objeto real. El objeto es imaginario siempre El objeto de la frustración es un objeto real, más allá de que la frustración sea imaginaria El objeto de la privación es siempre simbólico. La ausencia de algo en lo real, es simbólica. Si un objeto falta en su lugar es porque mediante una ley definimos que debe estar ahí.  IX. “ LA FUNCIÓN DEL VELO” Lo que se ama del objeto es lo que falta, lo que se da es lo que no se tiene. Freud dice que el fetiche es el símbolo de algo, del pene en la medida en que la mujer lo tiene, es decir en la medida que no lo tiene. Se trata del falo que la mujer no tiene y que debería tener por razones que depende de la relación del niño con la realidad.

4 No se trata de un falo real, que como real exista o no exista, sino que se trata de un falo simbólico q x su naturaleza se presenta en el intercambio como ausencia, una ausencia que funciona como tal. De manera que el falo es un objeto simbólico. Se establece a través de este objeto un ciclo estructural de amenazas imaginarias limitadas por la dirección y el empleo del falo real. Este es el sentido del complejo de castración, y así es como el hombre queda prendido en él. La diferenciación simbólica de los sexos se instaura porque el falo esta o no esta. Este falo, la mujer no lo tiene, simbólicamente. Esto significa participar de él a titulo de ausencia, así pues es tenerlo de algún modo. El falo siempre está más allá de toda relación entre el hombre y la mujer. Puede ser alguna vez objeto de una nostalgia imaginaria por parte de la mujer, puesto que ella sólo tiene un falo pequeñito. Al estar implicada en la relación intersubjetiva, para el hombre hay, más allá de ella misma, el falo que ella no tiene, es decir, el falo simbólico, que existe ahí como ausencia. Esto es del todo independiente de la inferioridad que ella pueda sentir en el plano imaginario, debido a su participación real en el falo. Este pene simbólico, que el otro día situaba yo en el esquema de la homosexual, desempeña una función esencial en la entrada de la niña en el intercambio simbólico. Porque la niña no tiene este falo, es decir también porque lo tiene en el plano simbólico, porque entra en la dialéctica simbólica de tener o de no tener el falo, así es como entra en esa relación ordenada y simbolizada que es la diferenciación de los sexos, relación interhumana asumida, disciplinada, tipificada, ordenada, objeto de prohibiciones, marcada, por ejemplo, por la estructura fundamental de la ley del incesto. Esto es lo que quiere decir Freud cuando escribe que la niña entra en el complejo de Edipo por medio de lo que él llama la idea de la castración —precisamente esta, que ella no tiene el falo, pero no lo tiene simbólicamente, de modo que puede tenerlo— mientras que el niño, así es como sale. Es un hecho, las mujeres se intercambian como objetos entre linajes masculinos. Se introducen mediante un intercambio, el del falo que reciben simbólicamente, y a cambio darán ese hijo que tome para ellas función de Ersatz, de sustituto, de equivalente del falo, con el que introducen en la genealogía simbólica patrocentríca, en sí misma estéril, la fecundidad natural. Si entran en la cadena del intercambio simbólico, si se instalan en ella y ocupan su lugar, si adquieren su valor, es en la medida en que se arriman a ese objeto único central, caracterizado por no ser precisamente un objeto, sino un objeto que ha experimentado de la forma más radical la valorización simbólica. En el acto del amor, quien recibe es la mujer, mucho más de lo que da. Pero debe dar algo a cambio que es el falo simbólico. El fetiche representa el falo como ausente, el falo simbólico. El fetiche es un símbolo. En este sentido esta casi en igualdad con un síntoma neurótico. Pero esto no es así. Lo que se ama del objeto es algo que está más allá, este algo no es nada, sino que tiene la propiedad de estar ahí simbólicamente. El velo, la cortina delante de algo, permite la mejor ilustración de la situación del amor. Cuando ella está presente, lo que se encuentra más allá (que es lo que falta en el objeto) como falta tiende a realizarse como imagen. Sobre el velo se dibuja la imagen. La cortina cobra valor porque sobre ella se proyecta y se imagina la ausencia. El velo apunta a esconder lo que no hay en el objeto. Esto se proyecta en el plano imaginario. El fetiche se positiviza en la imagen, desconociendo la falta. Sujeto, objeto y ese mas allá que no es nada, o bien el símbolo o el falo en cuanto falta en la mujer. Una vez colocada la cortina ese objeto esta más allá. El objeto puede ocupar el lugar de la falta y ser propiamente el soporte del amor, pero no es el punto en donde se prende el deseo. Éste aparece como metáfora del amor, pero el objeto se muestra como ilusorio. En el caso del fetiche, la castración de la mujer es al mismo tiempo afirmada y negada. Si el fetiche está ahí, no ha perdido el falo, pero es posible hacérselo perder, castrarla. La ambigüedad de la relación con el fetiche es permanente y se manifiesta sin cesar en los síntomas.

5 En palabras de Freud: el horror a la castración se ha erigido con esta creación de un sustituto, un monumento. Sobre el velo puede imaginarse, como captura imaginaria y lugar del deseo, la relación con un más allá, fundamental en toda instauración de relación simbólica. Se trata del descenso al plano imaginario. La función del velo se trata de la proyección de la posición intermedia del objeto. Degradación imaginaria: se degrada la relación simbólica del falo a una relación a la imagen. Lo que constituye el fetiche, el elemento simbólico, que fija el fetiche y lo proyecta sobre el velo, se toma prestado de la dimensión historia, es decir, es el momento de la historia en el cual la imagen se detiene. Antes del momento de ver en la madre el falo que tiene y no tiene, de ver la presencia ausencia. La rememoración de la historia se detiene y se suspende en el momento anterior inmediato. Esto es un recuerdo encubridor, es una interrupción en la historia, un momento en el cual se detiene y se fija y al mismo tiempo indica la continuación de su movimiento mas allá del velo. El recuerdo encubridor está vinculado con la historia a través de toda la cadena, es una detención en la misma, por eso es metonímico, porque la historia prosigue. Deteniéndose ahí, la cadena indica la continuación, en adelante velada, su continuación ausente, la represión. Hablamos de la represión en la medida en que hay cadena simbólica. El fetiche es una imagen proyectada, que también es el signo de la represión. ¿Cuáles son las causas de la instauración de la estructura fetichista? Por una parte, la génesis del fetichismo está vinculada con el complejo de castración. Por otra, es en las relaciones preedípico donde se pone de manifiesto que la madre fálica es el elemento central, el motor decisivo. La relación fundamental es la del niño con la madre simbólica y su falo, que para ella es imaginario. El comportamiento amoroso, y la relación erótica del sujeto se reducen a una defensa. Freud nos dice que el fetichismo es una defensa contra la homosexualidad. En las relaciones con el objeto amoroso que organizan este ciclo en el fetichista, encontramos una alternancia de las identificaciones. Identificaciones con la mujer, enfrentada al pene destructor, el falo imaginario de las experiencias primordiales del periodo oro-anal, centradas en la agresividad de la teoría sádica del coito. La identificación del sujeto con el falo imaginario, que le hacer ser para la mujer o un puro objeto que debe devorar y destruirlo. El niño se encuentra enfrentado a esta oscilación entre los dos polos de la relación imaginaria primitiva, de una forma que podemos llamar bruta, antes de la instauración de la relación en su legalidad edipica por la introducción del padre como sujeto. El niño está entregado a la oscilación bipolar de la relación entre dos objetos inconciliables, que conduce de cualquier forma a un desenlace destructivo, incluso asesino. He aquí lo que se encuentra en el fondo de las relaciones amorosas cuando emanan de la vida del sujeto, tienden a esbozarse y se tratan de ordenar. El analista interviene aquí para hacer percibir al sujeto la alternancia de sus posiciones y al mismo tiempo sus significaciones respectivas. Podemos decir que introduce la distancia simbólica necesaria para que el sujeto advierta el sentido. Las observaciones son aquí extremadamente ricas y fructíferas, por ejemplo, cuando nos muestran las mil formas que puede adquirir, en la actualidad de la vida precoz del sujeto, el descompletamiento fundamental que deja al sujeto entregado a la relación imaginaria, ya sea por la vía de la identificación con la mujer, ya sea ocupando el lugar del falo imaginario, es decir, de cualquier forma, en una simbolización insuficiente de la relación tercera. Más aún, se advierte cierto tipo de posición del sujeto, a veces singularmente reproducida en los fantasmas, la de una inmovilización forzada. En ocasiones se manifiesta a través de una atadura efectivamente sufrida por el sujeto.

6 La relación patológica se presenta como el reverso, o el complemento, de la adherencia libidinal al fetiche. El fetichismo es en efecto una clase que engloba nosológicamente toda clase de fenómenos cuya afinidad o parentesco con el fetichismo nos indica de algún modo nuestra intuición. Estos objetos se encuentran de por sí, directamente, en la posición del velo entre el sujeto y el objeto. No ocurre igual con el impermeable, ni con el resto de tipos de fetiches vestimentarios más o menos envolventes. El impermeable juega aquí un papel no exactamente igual al del velo. Más bien se trata de algo detrás de lo cual el sujeto se centra. Se sitúa, no ante velo, sino detrás, es decir en el lugar de la madre, adhiriéndose a una posición de identificación en la que esta tiene necesidad de ser protegida, en este caso mediante una envoltura. Esto nos da la transición entre los casos de fetichismo y los casos de travestismo. La envoltura no es como el velo, sino una forma de protección. Se trata de una égida con la que el sujeto se envuelve, identificado con el personaje femenino. Otra relación típica, a veces particularmente ejemplar, son las explosiones de un exhibicionismo en algunos casos verdaderamente reactivo, a veces en alternancia con el fetichismo. Esto se observa siempre que el sujeto se esfuerza por salir de su laberinto en razón de alguna puesta en juego de lo real que le deja en una posición de equilibrio inestable, y ahí se produce una cristalización o una inversión de su posición. Lo que ilustra manifiestamente el esquema del caso freudiano de homosexualidad femenina, en el cual la introducción del padre como elemento real produce un intercambio de los términos, de forma que lo que se situaba en un más allá, el padre simbólico, se implica en la relación imaginaria, mientras que el sujeto tome una posición homosexual demostrativa con respecto al padre. FREUD LACAN FETIC HE En 1905 manifiesta que en la elección del fetiche se manifiesta la influencia persistente de una impresión sexual recibida casi siempre en la primera infancia. En 1910 formula que el fetiche ocupa el lugar del pene faltante de la mujer. En 1927 sale el texto “el fetichismo”. Un fetiche, si bien este es discernido como una anormalidad por sus adictos, rara vez lo sienten como un síntoma que provoque padecimiento; las más de las veces están muy contentos con él y hasta alaban las facilidades que les brinda en su vida amorosa. En general, entonces, el fetiche desempeñó el papel de un diagnóstico subsidiario. El fetiche es un sustituto del pene, no es el sustituto de uno cualquiera, sino de un pene determinado, muy particular, que ha tenido gran significatividad en la primera infancia, pero se perdió más tarde. Esto es: normalmente debiera ser resignado, pero justamente el fetiche está destinado a preservarlo de su sepultamiento. Para decirlo con mayor claridad: el fetiche es el sustituto del falo de la mujer (de la madre) en que el varoncito ha creído y al que no quiere renunciar. Lo que se ama en el objeto es lo que le falta. He aquí pues que el fetiche, nos dice Freud, representa al falo como ausente, el falo simbólico. El fetichista es siempre el niño, nunca la niña. Si todo residiera en el plano de la deficiencia, o incluso de la inferioridad imaginaria, el fetichismo debería declararse más abiertamente en aquel de los dos sexos que está realmente privado de falo. Pero no es así. El fetichismo es excesivamente raro en la mujer, en su sentido propio e individualizado, encarnado en un objeto tal que podamos considerar que corresponde de forma simbólica al falo como ausente. El fetiche es un símbolo. Lo que se ama en el objeto de amor es algo que está más allá. Este algo no es nada, sin lugar a dudas, sino que tiene la propiedad de estar ahí simbólicamente. Como es símbolo, no sólo puede sino que debe ser esa nada. CON RESPE CTO El varoncito rehusó darse por enterado de un hecho de su percepción, a saber, que la mujer no posee pene. No, eso no puede ser cierto, pues si la mujer está castrada, su propia posesión de pene corre peligro, y en contra de ello se revuelve la porción de narcisismo con que la naturaleza, providente, ha dotado El pene en cuestión no es el pene real, sino el pene en la medida en que la mujer lo tiene —es decir en la medida en que no lo tiene. Se trata simplemente de un desconocimiento de lo real —se trata del falo que la mujer no tiene y que debería tener por razones que dependen de la

7 AL FALO. justamente a ese órgano. Cabría esperar que, en sustitución del falo femenino que se echó de menos, se escogieran aquellos órganos u objetos que también en otros casos subrogan al pene en calidad de símbolos. Acaso ello ocurra con bastante frecuencia, pero sin duda no es lo decisivo. En la instauración del fetiche parece serlo, más bien, la suspensión de un proceso, semejante a la detención del recuerdo en la amnesia traumática también en aquella el interés se detiene como a mitad de camino; acaso se retenga como fetiche la última impresión anterior a la traumática, la ominosa. Entonces, el pie o el zapato -o una parte de ellos-deben su preferencia como fetiches a la circunstancia de que la curiosidad del varoncito fisgoneó los genitales femeninos desde abajo, desde las piernas; pieles y terciopelo -esto ya había sido conjeturado desde mucho antes- fijan la visión del vello pubiano, a la que habría debido seguir la ansiada visión del miembro femenino; las prendas interiores, que tan a menudo se escogen como fetiche, detienen el momento del desvestido, el último en que todavía se pudo considerar fálica a la mujer. Para concluir, es lícito formular este enunciado: el modelo normal del fetiche es el pene del varón, así como ese órgano inferior, el pequeño pene real de la mujer, el clítoris. dudosa relación del niño con la realidad. No se trata en absoluto de un falo real que, como real, exista o no exista, sino de un falo simbólico que por su naturaleza se presenta en el intercambio como ausencia, una ausencia que funciona en cuanto tal. En efecto, todo lo que se puede transmitir en el intercambio simbólico es siempre algo que es tanto ausencia como presencia. El falo en cuestión, lo reconocemos enseguida —es un objeto simbólico. Este falo, la mujer no lo tiene, simbólicamente. Pero no tener el falo simbólicamente es participar de él a título de ausencia, así pues es tenerlo de algún modo. El falo siempre está más allá de toda relación entre el hombre y la mujer. Puede ser alguna vez objeto de una nostalgia imaginaria por parte de la mujer, puesto que ella sólo tiene un falo pequeñito. Al estar implicada en la relación intersubjetiva, para el hombre hay, más allá de ella misma, el falo que ella no tiene, es decir, el falo simbólico, que existe ahí como ausencia. Esto es del todo independiente de la inferioridad que ella pueda sentir en el plano imaginario, debido a su participación real en el falo. En el acto del amor, quien recibe realmente es la mujer, recibe mucho más de lo que da. Todo nos indica, y la experiencia analítica lo subraya, que no hay posición más receptora, más devoradora en el plano imaginario. Si esto se invierte en la afirmación contraria, que la mujer se da, es porque así debe ser simbólicamente, o sea que debe dar algo a cambio de lo que recibe, es decir del falo simbólico. COM PLEJO DE CAST RACI ON No es correcto que tras su observación de la mujer el niño haya salvado para sí, incólume, su creencia en el falo de aquella. La ha conservado, pero también la ha resignado; en el conflicto entre el peso de la percepción indeseada y la intensidad del deseo contrarío se ha llegado a un compromiso como sólo es posible bajo el imperio de las leyes del pensamiento inconciente -de los procesos primarios- Sí; en lo psíquico la mujer sigue teniendo un pene, pero este pene ya no es el mismo que antes era. Algo otro lo ha remplazado; fue designado su sustituto, por así decir, que entonces hereda el interés que se había dirigido al primero. Y aún más: ese interés experimenta un extraordinario aumento porque el horror a la castración se ha erigido un monumento recordatorio con la creación de este sustituto. Como estigma indeleble de la represión sobrevenida permanece, además, la enajenación respecto de los reales genitales femeninos, que no falta en ningún fetichista. El fetiche Perdura Por otra parte, se establece a través de este objeto un ciclo estructural de amenazas imaginarias limitadas por la dirección y el empleo del falo real. Este es el sentido del complejo de castración, y así es como el hombre queda prendido en el. Pero hay también otro uso, que esta, digamos, escondido por los fantasmas más o menos temibles de la relación del hombre con las prohibiciones, en lo que en estas concierne al uso del falo — se trata de la función simbólica del falo. La diferenciación simbólica de los sexos se instaura porque el falo está o no está, y sólo en función de que está o no está. Este pene simbólico, que el otro día situaba yo en el esquema de la homosexual, desempeña una función esencial en la entrada de la niña en el intercambio simbólico. Porque la niña no tiene este falo, es decir también porque lo tiene en el plano simbólico, porque entra en la dialéctica

8 como el signo del triunfo sobre la amenaza de castración y de la protección contra ella y le ahorra al fetichista el devenir homosexual, en tanto presta a la mujer aquel carácter por el cual se vuelve soportable como objeto sexual. En la vida posterior, el fetichista cree gozar todavía de otra ventaja de su sustituto genital. Los otros no disciernen la significación del fetiche, y por eso no lo rehúsan; es accesible con facilidad, y resulta cómodo obtener la satisfacción ligada con él. Lo que otros varones requieren y deben empeñarse en conseguir, no depara al fetichista trabajo alguno. Ciertamente hay numerosas e importantes pruebas de la bi-escindida actitud del fetichista frente al problema de la castración de la mujer. En casos muy refinados, es en la construcción del fetiche mismo donde han encontrado cabida tanto la desmentida como la aseveración de la castración. Así en un hombre cuyo fetiche consistía en unas bragas íntimas, como las que pueden usarse a modo de malla de baño. Esta pieza de vestimenta ocultaba por completo los genitales y la diferencia de los genitales. Según lo demostró el análisis, significaba tanto que la mujer está castrada cuanto que no está castrada, y además permitía la hipótesis de la castración del varón, pues todas esas posibilidades podían esconderse tras las bragas, cuyo primer esbozo en la infancia había sido la hoja de higuera de una estatua. Un fetiche tal, doblemente anudado a partir de opuestos, se sostiene particularmente bien, desde luego. En otros casos, la bi-escisión se muestra en lo que el fetichista hace -en la realidad o en la fantasía- con su fetiche. No sería exhaustivo destacar que venera al fetiche: en muchos casos lo trata de una manera que evidentemente equivale a una figuración de la castración. Esto acontece, en particular, cuando se ha desarrollado una fuerte identificación-padre; el fetichista desempeña entonces el papel del padre, a quien el niño, en efecto, había atribuido la castración de la mujer. La ternura y la hostilidad en el tratamiento del fetiche, que respectivamente corren en igual sentido que la desmentida y la admisión de la castración, se mezclan en diferentes casos en proporciones desiguales, de suerte que una u otra se dan a conocer con mayor nitidez. Freud dice que “El horror a la castración, dice, se ha erigido, con esta creación de un sustituto, un monumento”. simbólica de tener o de no tener el falo, así es como entra en esa relación ordenada y simbolizada que es la diferenciación de los sexos, relación interhumana asumida, disciplinada, tipificada, ordenada, objeto de prohibiciones, marcada, por ejemplo, por la estructura fundamental de la ley del incesto. Esto es lo que quiere decir Freud cuando escribe que la niña entra en el complejo de Edipo por medio de lo que él llama la idea de la castración —precisamente esta, que ella no tiene el falo, pero no lo tiene simbólicamente, de modo que puede tenerlo—mientras que el niño, así es como sale. La castración de la mujer es al mismo tiempo afirmada y negada. Si el fetiche está ahí, entonces es que no ha perdido el falo, pero al mismo tiempo es posible hacérselo perder, es decir castrarla. La ambigüedad de la relación con el fetiche es permanente y se manifiesta sin cesar en los síntomas. Esta vivencia manifiestamente ambigua, ilusión sostenida y adorada, se vive al mismo tiempo en un frágil equilibrio siempre a merced de que el telón se derrumbe o se alce. Esta es la relación que está en juego en la relación del fetichista con su objeto. La génesis del fetichismo está articulada esencialmente con el complejo de castración. Por otra parte, es en las relaciones pre edípicas, y en ninguna otra parte, donde se pone de manifiesto de la forma más clara que la madre fálica es el elemento central, el motor decisivo. VELO El velo, la cortina delante de algo, permite igualmente la mejor ilustración de la situación fundamental del amor. Puede decirse incluso que al estar presente la cortina, lo que se encuentra más allá como falta tiende a realizarse como imagen. Sobre el velo se dibuja la imagen. Esta y ninguna

9 otra es la función de una cortina, cualquiera que sea. La cortina cobra su valor, su ser y su consistencia, precisamente porque sobre ella se proyecta y se imagine la ausencia. La cortina es, digamos, el ídolo de la ausencia. Si el velo de Maya es la metáfora más comúnmente empleada para expresar la relación del hombre con todo lo que lo cautiva, no faltan razones, sin duda, pero con toda seguridad se debe al sentimiento de que hay cierta ilusión fundamental en todas las relaciones urdidas con su deseo. Ahí es donde el hombre encarna, hace un ídolo, de su sentimiento de esa nada que hay más allá del objeto del amor. He aquí el sujeto, el objeto y ese más allá que es nada, o bien el símbolo, o el falo en cuanto que le falta a la mujer. Pero una vez colocada la cortina, sobre ella puede dibujarse algo que dice —el objeto está más allá. El objeto puede ocupar entonces el lugar de la falta y ser también propiamente el soporte del amor, pero en cuanto que no es precisamente el punto donde se prende el deseo. En cierto modo, el deseo aparece aquí como metáfora del amor, pero lo que lo cautiva, o sea el objeto, se muestra como ilusorio, y valorado como ilusorio. Sobre el velo puede imaginarse, es decir instaurarse como capture imaginaria y lugar del deseo, la relación con un más allá, fundamental en toda instauración de la relación simbólica. Se trata del descenso al plano imaginario del ritmo ternario sujeto-objeto-más allá, fundamental en la relación simbólica. Dicho de otra manera, en la función del velo se trata de la proyección de la posición intermedia del objeto. Lo que constituye el fetiche, el elemento simbólico que fija el fetiche y lo proyecta sobre el velo, se tome prestado especialmente de la dimensión histórica. Es el momento de la historia en el cual la imagen se detiene. REPR ESIO N Y DEFE NSA La palabra «represión» «desalojo», se refiere ya a ese proceso patológico. Si en este se quiere separar de manera más nítida el destino de la representación del destino del afecto y reservar el término «represión» para el afecto, «desmentida» seria la designación alemana correcta para el destino de la representación. Sólo hablamos de represión en la medida en que hay cadena simbólica. Si puede designarse como el punto de una represión un fenómeno que puede pasar por imaginario, pues el fetiche es de alguna forma imagen, e imagen proyectada, es porque tal imagen es sólo el punto límite entre la historia, como algo que tiene una continuación, y el momento en que se interrumpe. Esta imagen es el signo, el indicador, del punto de la represión. En las relaciones con el objeto amoroso que organizan este ciclo en el fetichista, encontramos una alternancia de identificaciones. Identificaciones

10 Freud nos dice que el fetichismo es una defensa contra la homosexualidad. con la mujer enfrentada al pene destructor, el falo imaginario de las experiencias primordiales del período oro-anal, centradas en la agresividad de la teoría sádica del coito, y en efecto, muchas experiencias que el análisis saca a la luz muestran una observación de la escena primitiva percibida como cruel, agresiva, violenta, incluso asesina. A la inversa, identificación del sujeto con el falo imaginario, que le hace ser para la mujer un puro objeto que puede devorar y en el límite destruirlo. La relación del niño con la madre no se da en términos de dos seres reales, sino que entre ellos debe mediar siempre el falo imaginario. Importancia de la trinidad real, simbólica, imaginaria para situarla: la relación imaginaria entre el niño y la madre se da en tanto la completa a la mujer simbólicamente, porque el falo falta en ese nivel para la mujer. En cuanto a lo real el niño es el falo en tanto la madre esta castrada. El falo como el objeto principal en la relación de objeto: el falo simbólico es lo fundamental en la relación de objeto, cuyo fundamento hay que buscar más allá, este más allá designa la falta simbólica del falo.  CLASE IX: “LA METÁFORA PATERNA” Lacan dice que la metáfora paterna es algo que va a concernir al examen de la función del padre, en términos de relaciones interhumanas. Esta función del padre está en el corazón de la cuestión, el Edipo. 3 polos históricos: - Se plantea la pregunta: ¿Hay neurosis sin Edipo? Esta noción de neurosis sin Edipo, es correlativo con las cuestiones planteadas que se relacionan con el llamado superyó materno. Se pregunta si el superyó es únicamente de origen paterno, o si en las neurosis hay detrás un superyó materno, todavía más exigente. - Independientemente de saber si el complejo está o no en el sujeto, surgió la pregunta de si todo un campo de la patología no podía estar referido al campo preedípico. Freud mismo ya había planteado, que lo que sucede antes del Edipo también tiene su importancia. En torno del campo preedípico se agrupan las cuestiones de la perversión y la psicosis. Sea una u otra, se trata en ambos casos de de la función imaginaria. Se trata de cuestiones patológicas en donde el campo de la realidad está profundamente perturbado por imágenes. La historia del psicoanálisis ha atribuido al campo preedípico las perturbaciones del campo de la realidad por la invasión de lo imaginario. La Sra. Klein nos testimonia que, entre los malos objetos presentes en el cuerpo de la madre, entre los cuales están todos los rivales, los cuerpos de los hermanos, de las hermanas, pasados, presentes y por venir, está precisamente el padre, representado bajo forma de su pene. - Relación del complejo de Edipo con la genitalización. El complejo de Edipo tiene una función normativa no simplemente en la estructura moral del sujeto ni en sus relaciones, sino en su asunción de su sexo, es algo que en el análisis queda siempre en cierta ambigüedad. Está la función propiamente genital, y esta función es el objeto de una maduración (primera ascensión de maduración es propiamente orgánica y se produce en la infancia). La genitalización es doble: por una parte comporta algo que comporta una evolución, una maduración, y por otra parte comporta, en el Edipo, algo que se realiza, que es la asunción por el sujeto de su propio sexo (el hombre asume su tipo viril y la mujer asume cierto tipo femenino).

11 La virilidad y la feminización, dos términos que son esencialmente la función del Edipo. Esta cuestión del Edipo está directamente ligada a la función del ideal del yo, porque la genitalización, cuando se asume, se convierte en un elemento del ideal del yo. Critica a la concepción ambientalista de carencia paterna: esta concepción habla de la carencia o ausencia del padre, en tanto persona real, existente para el niño en su entorno más cercano, y toman en cuenta, también, el comportamiento del padre hacia el niño, es decir, si es amable, si es desagradable, etc. Pero Lacan dice que el padre existe aun sin estar, incluso cuando el niño ha quedado solo con su madre tienen lugar complejos de Edipo totalmente normales. Hablar de la carencia del padre en la familia, no nos remite a hablar de la carencia del padre en el complejo. 1- El complejo de Edipo tiene una función normativa no simplemente en la estructura moral del sujeto ni en sus relaciones, sino en su asunción de su sexo. Hay una función que es propiamente genial, y esta función, es el objeto de una maduración como tal. Esta maduración es propiamente orgánica y se produce en la infancia. La función del padre tiene lugar en el Edipo, y su rol consiste en prohibirle a la madre (este es el fundamento, el principio del complejo de Edipo, es ahí que el padre está ligado a la ley primordial, ley de prohibición del incesto). Él padre prohíbe ante todo la satisfacción real del impulso. Pero está claro también que algo se articula alrededor del hecho de que le prohíbe al pequeño niño hacer uso de su pene en el momento de que dicho pene comienza a manifestar lo que llamaremos veleidades. De esta manera, Edipo y función de padre son una sola y misma cosa. 2- El padre interviene como objeto simbólico perpetuando la ley del incesto. Es así, que interviene como teniendo derecho y no como personaje real, incluso, si no está ahí. Aquí es el padre en tanto que simbólico, quien interviene en una frustración, acto imaginario que concierne a un objeto real, que es la madre, en tanto que el niño tiene necesidad de ella. La relación entre el niño y el padre perpetuada por la ley del incesto está comandada por el temor a la castración. Es en el interior de la relación agresiva, en tanto que esta agresión parte del niño ya que su objeto privilegiado (la madre) le es prohibida. Es en tanto que la agresión se dirige hacia el padre sobre el plano imaginario por sentirse prohibido de dicho objeto. De esta manera, la castración cobra significación como un acto simbólico, cuyo agente es alguien real (el padre o la madre), y cuyo objeto es un objeto imaginario. El padre le prohíbe la satisfacción real de su impulso, le prohíbe hacer uso de su pene. La castración es un acto simbólico cuyo agente es alguien real: el padre o la madre; y cuyo objeto es imaginario (el niño se imagina castrado). Es en este plano, en donde se desata la agresión con el padre. Es el padre en tanto que simbólico, es quien interviene en la frustración del niño que concierne a un objeto real (madre), en tanto que el niño tiene necesidad de ella. En el complejo de Edipo el padre no es un objeto real, es una metáfora. Es un significante, sustituido por otro significante. La función del padre en el complejo de es ser un significante sustituyendo al primer significante introducido por la simbolización, que es la madre. El padre, viene al lugar de la madre. 3 y 4- Es así que el padre interviene como privador de la madre mediante la instauración en el niño de la ley del padre (la prohibición al incesto), ya que éste puede darle a la madre lo que ella desea porque lo tiene, es decir, es un padre potente. De esta manera, la identificación se hace paterna, la cual tiene como resultado la disolución del complejo de Edipo con la identificación al ideal del yo. La salida del complejo de Edipo en la mujer es más simple. Ella sabe dónde está y dónde tiene que ir a buscarlo, es de decir, del lado del padre ya que es él quien lo posee.

12 Es en el interior de la relación agresiva, en tanto que esta agresión parte del niño, en tanto que su sujeto privilegiado, la madre, le es prohibido, es en tanto que la agresión se dirige hacia el padre que el niño entonces, sobre el plano imaginario, en la relación dual en tanto que él proyecta imaginariamente en el padre las intenciones agresivas equivalentes o reforzadas en relación a las suyas, pero cuyo punto de partida está en sus propias tendencias agresivas) El temor experimentado ante el padre, es netamente centrífugo, tiene su centro en el sujeto. La castración en tanto que por una parte está profundamente ligada a la articulación simbólica de la prohibición del incesto, y por otra parte mucho más todavía naturalmente en aquellos que son sus objetos privilegiados. Edipo invertido: nunca está ausente de la función del Edipo, el componente del amor por el padre no puede ser aludido, es que es él el que da el fin del complejo de Edipo, el que está en una dialéctica que permanece muy ambigua del amor y de la identificación. El padre se hace preferir por sobre la madre, aquí es donde sobreviene la identificación terminal que da paso a la declinación del Edipo. El padre puede ser temible (que ha prohibido tantas cosas), pero es muy amable por otra parte, es ponerse en el buen lugar para tener sus favores, es decir para hacerse amar por él, y esto consiste en pasar ante todo al rango de mujer, y que uno guarda siempre su pequeño amor propio viril, es lo que Freud nos explica: hacerse amar por el padre comporta el peligro de la castración, de donde esta forma de homosexualidad inconsciente que pone al sujeto en esta posición esencialmente conflictual, que es por una parte de retorno siempre a la posición homosexual con respecto al padre, y por otra parte de su suspensión, es decir, de su represión, en razón de la amenaza de castración que comporta. 5- El padre no es un objeto real, es una metáfora. Es un significante que viene en lugar de otro significante. Esta es la función del padre, es decir, en sustitución al primer significante introducido en la simbolización, a saber, el significante maternal. Lacan presenta al complejo de Edipo como una metáfora, la metáfora paterna, en la cual el significante del nombre del padre sustituye al significante primordial, el deseo de la madre, obteniendo como resultado la “normalización” del deseo del sujeto en relación al deseo del Otro y haciendo surgir el falo como falo simbólico. 6- La significación fálica alude al deseo del niño de ser falo, es decir, de ser tomado como objeto de deseo de la madre, quien no lo posee. De esta manera el falo vela la falta y circula entre los significantes. Categorías de la falta de objeto: Padre real Castración Imaginario Madre simbólica Frustración Real Padre imaginario Privación Simbólico Castración: se trata de la intervención real del padre con respecto a la amenaza imaginaria. Es un acto simbólico cuyo agente es alguien real y el objeto es imaginario. El niño que se siente cortado se lo imagina. Frustración: el padre frustra al niño al privarle a la madre. El padre no interviene de modo real, sino simbólico en un acto que es imaginario que concierne a un objeto real. Privación: el padre es el ideal del yo, por eso es un agente imaginario, y el objeto de castración es simbólico.

13  CLASE X: “LOS TRES TIEMPOS DEL EDIPO” 1- El padre es el verdadero agente de la pro-creación, no es ningún caso una verdad de experiencia. La posición del padre como simbólico no depende del hecho de que la gente haya reconocido más o menos la necesidad de una determinada secuencia de acontecimientos tan distintos como un coito y un alumbramiento. La posición del nombre del padre, la calificación del padre, como pro-creador, es un asunto que se sitúa en el nivel simbólico, es una necesidad de la función del padre, de la función que ocupa el nombre del padre en la cadena significante. Esta necesidad del padre como simbólico depende de la necesidad de la función de padre. Las primeras relaciones de realidad se dibujan entre la madre y el niño. Es ahí en donde el niño va a experimentar las primeras realidades de su contacto con el medio viviente, que es el triángulo, aunque el padre no ha entrado todavía, para el niño. Este padre, es real, pero no lo es más que en tanto su rol y su función. El padre, es el verdadero agente de la procreación, que en épocas anteriores ha sido atribuida a diferentes factores. Lo que es importante es que se sancione en un significante que aquél con quien ella ha tenido el coito es el padre. 2- La primera relación se da entre el niño y la madre, siendo ésta quien posibilita la entrada del padre a la relación simbólica instituida entre los tres (niño-padre-madre). Este padre, es real, pero no lo es más que en tanto a su rol y función de padre. El niño se encuentra dependiendo del deseo de la madre, de la primera simbolización de la madre como tal. Por esta simbolización algo es instituido, que es subjetivado a un nivel primero, primitivo; esta subjetivación consiste en plantearla como ese ser primordial que puede o no estar ahí. En esta primera simbolización el deseo del niño se afirma, inicia todas las complicaciones ulteriores de la simbolización en: “que él es deseo del deseo de la madre” (TRIÁNGULO IMAGINARIO) Detrás de la madre, existe todo un orden simbólico que permite cierto acceso a ese objeto, que es su deseo. Es un objeto marcado por una necesidad marcada por este sistema, y que se llama el falo. El falo está en la cumbre del ternario imaginario y el padre es el punto cumbre del ternario simbólica, debido a que entre estos dos existe un enlace de orden metafórico. La posición del significante del padre en el símbolo es fundadora de la posición del falo en el plano imaginario. El deseo del otro, el deseo de la madre comporta un “más allá”, para alcanzarlo debe existir una mediación dada por la posición del padre en el plano simbólico. La relación del niño con el falo es importante en tanto que el falo es el objeto de deseo de la madre. Por eso, el niño al identificarse con la madre teme la privación de su órgano viril. 3- El padre ocupa un lugar simbólico, en tanto se coloca en la posición Nombre del Padre. Esta posición del significante del padre en el símbolo es fundadora de la posición del falo en el plano imaginario. Este padre, entra en juego en el Edipo privando a la madre de su deseo que es el objeto fálico. Es aquél que priva a la madre, para el hijo. Es el portador de la ley, despliega su función como prohibidor del objeto que es la madre; prohíbe el incesto. El padre, en tanto que nombre del padre, ligado a la enunciación de la ley, es esencial y es en eso que él es aceptado o no por el niño como aquél que priva o no a la madre del objeto de su deseo.

14 Función del padre; articulación complejo de Edipo y complejo de castración: - El padre no castra a la madre de algo que no tiene. Para que esté planteado que ella no lo tiene, es necesario que sea proyectado sobre el plano simbólico. Pero, esto es efectivamente una privación real, que necesita una simbolización. Es sobre el plano de la privación de la madre que en un momento dado del complejo de Edipo, se plantea la cuestión de aceptar, volver significante la privación cuyo objeto es la madre. Esta privación, el infantil sujeto la asume o no la asume. - Existe un momento en que el padre entra en función como privador de la madre, se perfila como algo que “castra”, porque quien es castrado no es el sujeto, sino la madre. - En la medida en que el sujeto no acepta la privación del falo operada por el padre sobre la madre, se observa que el niño mantiene para sí una cierta forma de identificación a este objeto de la madre. La cuestión que se plantea es ser o no ser el falo sobre el plano imaginario. En esto, hay otro paso que hay que franquear que es tenerlo o no tenerlo, al pene. - Es preciso que algo haya sido franqueado entre una y otra cosa, es del complejo de castración que depende por un lado, que el varón devenga hombre y que la niña devenga mujer. Pero, esta cuestión de tenerlo o no tenerlo esta reglada para aquél que se siente con derecho de tenerlo, es decir, el hombre, lo que se supone que es preciso que en un momento no lo haya tenido, por intermedio del complejo de castración. En la medida en que el sujeto no acepta, es arrastrado a ser el falo. - Es este paso que hay que franquear, y es ahí donde debe intervenir el padre, como un personaje real revestido de ese símbolo. El padre real, puede portar la prohibición. Pero, en lo referido a las manifestaciones del primer instinto sexual, el sujeto se muestra a la madre, le hace ofrecimientos, es algo que sucede en términos imaginarios; y es ésta (madre) la que basta para demostrarle al niño que lo que él le ofrece es insuficiente, ella basta para hacer la prohibición del uso de ese instrumento. 4- ¿Qué caracteriza a la ley de la madre? La ley de la madre es el hecho de que la madre es un ser hablante, con eso basta para legitimar que diga la ley de la madre. Ésta ley es una ley incontrolada y también reside simplemente, al menos para el sujeto, en el hecho de que algo de su deseo es completamente dependiente de otro cosa que, sin duda, se articula ya en cuanto tal, que pertenece ciertamente al orden de la ley, pero esta ley está toda entera en el sujeto que la soporta: en el buen o el mal querer de la madre, la buena o la mala madre. 5- ¿De qué se trata la relación padre-madre? La madre fundamenta al padre como mediador de lo que está más allá de su ley, la de ella y de su capricho, y que es pura y simplemente la ley como tal. El padre en tanto nombre del padre, estrechamente vinculado con la enunciación de la ley, eso es lo esencial y es en eso que él es aceptado o no es aceptado por el niño como aquel que priva o no priva a la madre del objeto de su deseo. 6- Tres tiempos del Edipo: Primer tiempo: El niño busca poder satisfacer el deseo de su madre, ser o no ser el objeto de deseo de su madre. Se identifica con el objeto satisfactorio para la madre. En esta primera etapa, el niño en espejo se identifica con el objeto de deseo. Es la etapa fálica primitiva, donde la metáfora paterna obra en sí, en tanto que en el mundo la primacía del falo está instaurada por la existencia del símbolo del discurso y de la ley. El niño, para agradar a la madre es necesario y suficiente con ser el falo.

15 Segundo tiempo: sobre el plano imaginario, el padre interviene como privador de la madre. Lo que está dirigido al otro como demanda, vuelve al niño en forma de la ley del padre, concebida imaginariamente por el sujeto como privando a la madre. Este estadío, desata al sujeto de su identificación y lo vuelve a atar a la primera aparición de la ley bajo la forma de que la madre es dependiente de un objeto que ya no es simplemente el objeto de su deseo, sino un objeto que el otro tiene o no tiene. Tercer tiempo: El padre puede darle a la madre lo que ella desea, puede darlo porque lo tiene. Se da la identificación paterna en tres tiempos: a) Bajo la forma velada, donde el padre existente en la realidad, en tanto reina la ley del símbolo. La cuestión del falo está planteada en otra parte que en la madre, en donde el niño debe repararla. b) Por su presencia privadora, en tanto que es aquél que soporta la ley. Esto se hace mediante la madre, que es la que lo propone como aquél que hace la ley. c) El padre es revelado, en tanto que el tiene falo. Ésta, constituye la salida del complejo de Edipo, ya que se produce la identificación al padre como aquél que “lo tiene”. Esta identificación se llama ideal del yo. Es a nivel del padre que se comienza a constituir el superyó. Es en tanto que el padre interviene como real y potente, que sucede la privación o castración sobre la madre. La madre, imaginada a nivel del sujeto, en su propia posición imaginaria, de dependencia. Entonces, el padre es interiorizado como ideal del yo del sujeto, y en este momento declina el complejo de Edipo. La metáfora paterna juega ahí un papel metafórico: concluir con la institución de algo que es del orden del significante, que está en reserva y que adquiere su significación más tarde. Es en la medida que el tercer tiempo del complejo puede ser franqueado, es decir en la etapa de la identificación, en la cual se trata para el varoncito de identificarse al padre en tanto que poseedor del pene, y para la niña de reconocer al hombre en tanto que aquel que lo posee. 7- La salida del complejo es diferente en la mujer, para ella es mucho más simple, porque no tiene que hacer esta identificación. Ella sabe dónde está el falo y dónde debe ir a tomarlo, es del lado del padre, hacia aquél que lo tiene.  CLASE XI: “LA METÁFORA PATERNA (II)

16 El niño entra en relación no con la madre, sino con el deseo de la madre. Es un deseo de deseo. En esta primera etapa, el niño está aislado, desprovisto de todo lo que no sea el deseo de aquel Otro que él ya ha constituido como el Otro q puede estar presente o ausente. El objeto de deseo de la madre es el falo. Éste, desempeña un papel primordial en la estructuración subjetiva de la madre, puede estar en diferentes estados como objeto. El falo es un objeto metonímico, q debido a la existencia de la cadena significante circula por todas partes en el significado, y es éste el q resulta de la existencia del scte. Este scte es un objeto universal. ¿Cómo concebir que el niño que desea ser el objeto del deseo de su madre consiga satisfacerse? Ocupando el lugar del objeto de su deseo. El niño está en N. el yo y el objeto metonímico no están constituidos todavía para el niño. En D surge el deseo de la madre. M: existencia de la madre como otra. ¿Qué se necesita para que el niño coincida con el objeto de deseo de la madre? Es preciso y suficiente con que el Yo (Je) latente en el discurso del niño vaya a D, a constituirse en el nivel de este Otro q es la madre (que el yo de la madre se convierta en el Otro del niño) que lo que circula por la madre en D, en tanto que ella misma articula el objeto de su deseo, vaya a M a cumplir la función de mensaje para el niño. El niño recibe, en M el mensaje en bruto del deseo de la madre, mientras que a nivel metonímico se efectúa su identificación con el objeto. El niño entra en el más allá de la madre, que está constituido por su relación con el discurso del padre. Este segundo tiempo tiene como eje el momento en q el padre se hace notar como interdictor. Se manifiesta como mediado en el discurso de la madre. En la palabra, el padre interviene efectivamente sobre el discurso de la madre. Aparece de forma menos velada que en la primera etapa, pero no se revela del todo. A esto corresponde el uso de la palabra mediado El padre interviene en calidad de mensaje para la madre. Lo que enuncia es una prohibición, un no que se transmite allí donde el niño recibe el mensaje esperado de la madre. Esta prohibición llega como tal hasta A, donde el padre se manifiesta en cuanto Otro. En consecuencia, el niño resulta cuestionado en su posición de súbdito. Si no se cierra el círculo completamente en torno al niño y este no se convierte pura y exclusivamente en el deseo de su madre, es en la medida en q el objeto del deseo d la madre está afectado por la interdicción paterna. La tercera etapa es donde el niño es desalojado de aquella posición ideal con la que él y la madre podrían satisfacerse, en la cual él cumple la función de ser su objeto metonímico. Esta etapa supone aquella identificación con el padre y el titulo virtual para tener lo que tiene el padre. En la psicosis el nombre del padre esta forcluido en cuanto función simbólica. Aquí no está aquello con lo que el padre interviene en cuanto ley. Está la intervención en bruto del mensaje NO sobre el mensaje de la madre al niño. Este mensaje, como mensaje en bruto es también fuente de un código que esta más allá de la madre. En la etapa siguiente del complejo de Edipo, que supone que en condiciones normales el padre intervenga, en tanto que él lo tiene. Interviene en este nivel para dar lo que está en juego en la privación fálica. Se manifiesta en el acto del don. El mensaje del padre interviene en el mensaje de la madre, en tanto que ahora permite y autoriza. Al niño, por intermedio del don o del permiso concedido a la madre, se le permite tener un pene más adelante, de otra manera es como decir que se le permite ser alguien idéntico al padre. El falo interviene como falta, como objeto del que esta privada la madre, como objeto de aquella privación siempre sentida en la psicología femenina. Pero también, puede intervenir como objeto de que todas formas se le da de forma simbólica.

17 Si el homosexual concede un valor predominante al objeto pene hasta el punto de convertirlo en una característica exigible a la pareja sexual, es porque de alguna forma la madre le dicta la ley al padre. Es la madre la q le ha dictado la ley al padre en un momento decisivo. Es decir, cuando la intervención interdictiva del padre hubiera debido introducir al sujeto en la fase de su relación con el objeto de deseo de la madre cortar de raíz para él toda posibilidad de identificarse con el falo. En el momento en que la madre debería ser captada como privada, lo que encuentra es su total seguridad. La interdicción del padre ha fracasado y es la madre la que ha dictado la ley. Si la marca del padre interdictor está quebrada, el resultado es el mismo. En particular, en casos en donde el padre ama demasiado a la madre, en los casos en donde es demasiado dependiente de ella, el resultado es el mimo. Es la madre la que dicta la ley. En la homosexualidad, el sujeto considero identificarse con la madre, porque ésta no se dejaba conmover. De manera que se encontrará en la posición de la madre. El homosexual le pregunta al padre si lo tiene o no lo tiene, lo mismo que hace con su pareja sexual, encontrándose así en la misma posición de la madre respecto al padre. En todos los casos, si el padre se muestra amoroso con la madre, se sospecha que no lo tiene. El niño tuvo una madre fálica castradora y tenía con respecto al padre una actitud autoritaria. Paradójicamente, el homosexual le tiene pánico a encontrarse con el órgano femenino. Si algo los frena ante el órgano femenino es la suposición, en muchos casos, de que ha ingerido el falo del padre, y lo temido en la penetración es el encuentro con dicho falo. UNIDAD 4:  XI. “EL FALO Y LA MADRE INSACIABLE” Frustración: no es la negación de un objeto de satisfacción, que satisface una necesidad. Habitualmente cuando se habla de frustración se usa el término sin ninguna consideración. Pero se olvida, que si la cuestión es tan simple, sería preciso explicar por qué el deseo frustrado es en el icc reprimido. La frustración de una necesidad acarrea diversas modificaciones, pero no engendra el mantenimiento del deseo. No hay ninguna coherencia entre la frustración y el mantenimiento del deseo.

18 La frustración, en su origen, es concebible como la negación de un don, en tanto que éste es el símbolo del amor. El don implica el ciclo de intercambio en el q se introduce el sujeto primitivamente; surge de un mas allá de la relación objetal, supone todo un orden del intercambio en el que ha entrado el niño y puede surgir de este simbólicamente. El don se da o no se da al llamar. Si la llamada es fundamental, fundadora en el orden simbólico, es en la medida en que lo reclamado puede ser rehusado. La llamada es una introducción a la palabra completamente comprometida en el orden simbólico. La llamada se hace oír cuando el objeto no está. Cuando está, el objeto se manifiesta solo como signo del don, es decir a titulo de objeto de satisfacción. ¿Qué ocurre en el momento en que interviene la satisfacción de la necesidad y sustituye a la satisfacción simbólica? La satisfacción de la necesidad sufre una transformación. Lo que adquiere carácter de símbolo es la actividad que deja al niño en posesión del objeto. En cuanto entra en la dialéctica de la frustración, el objeto real no es en sí mismo indiferente. Aunque no sea el pecho de la madre, no por ello perderá el lugar que le corresponde en la dialéctica sexual, cuyo resultado es la erotización de la zona oral. Lo que desempeña un papel central no es el objeto, sino el hecho de q la actividad ha adquirido una función erotizada en el plano del deseo, el cual se ordena en el orden simbólico. Se trata de lo q da lugar a una satisfacción sustitutiva d la saturación simbólica. Solo esto puede explicar la función de un síntoma. Anorexia mental: Es un no comer nada. Nada, es algo q existe en el plano simbólico. Se trata d q el niño no come nada. Frente a lo q tiene  PSICOLOGÍA DE LAS MASAS Y ANÁLISIS DEL YO LA IDENTIFICACIÓN La identificación es la manifestación más temprana de un enlace afectivo a otra persona, y desempeña un importante papel en la prehistoria del complejo de Edipo. El niño manifiesta un especial interés por su padre: quisiera ser como él, hace de su padre su ideal. Simultáneamente comienza el niño a tomar a su madre como objeto de sus instintos libidinosos. Muestra dos órdenes de enlaces psicológicamente diferentes. Uno, francamente sexual, a la madre y una identificación con el padre, al que considera como modelo a imitar. Estos dos enlaces coexisten durante algún tiempo sin influir ni estorbarse entre sí. Pero van aproximándose hasta acabar por encontrarse, y de esta confluencia nace el complejo de Edipo normal. El niño advierte que el padre le cierra el camino hacia la madre, y su identificación con el adquiere por

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