LA MARTIR SANTA FILOMENA DE ROMA

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Information about LA MARTIR SANTA FILOMENA DE ROMA

Published on December 26, 2016

Author: sindone

Source: slideshare.net

1. 1 LA MARTIR SANTA FILOMENA DE ROMA El 22 de mayo de 1802, bajo la supervisión del Padre Poncetti, guarda de las sagradas reliquias y confesor del Papa Pío VII, se estaban efectuando trabajos de excavación en la catacumba romana de Priscila. Catacumbas de Priscila De repente, en el tramo situado bajo la vía Salaria, se descubrió un nicho, que estaba cubierto por tres azulejos de terracota con unas inscripciones pintadas en rojo. Removidas las piedras, dentro del nicho, se encontraron los restos de una joven. A su lado había un vaso de vidrio sumamente delgado, medio quebrado, lleno de una masa que parecía sangre cuajada. El Padre Poncetti mandó extraer del sepulcro los huesos, que quedaron depositados en un lugar adecuado, junto con los tres azulejos y el pequeño vaso de vidrio. Pronto se advirtió que los azulejos no estaban colocados correctamente. La colocación adecuada debía ser esta otra:

2. 2 Con lo que el mensaje de la inscripción pasaba a ser el siguiente: “LA PAZ CONTIGO, FILOMENA”. Quedaba identificada la joven hallada en la catacumba. En estas losetas aparecían una serie de símbolos. Una palma, símbolo del triunfo en el martirio. Una flor de lirio, símbolo de la virginidad. Y dos áncoras y tres flechas (una de ellas tiene una forma distinta, y podría ser una espada corta romana o glaudium). Todos estos signos, encontrados en un sepulcro de unas catacumbas cristianas de los primeros siglos sólo podían significar una cosa. Filomena, la joven de la sepultura, era una cristiana virgen y mártir, en cuya muerte habían tenido algo que ver los instrumentos de tortura que figuraban en estas losas. Todo lo hallado fue depositado en cinco cajas. En la primera se colocó la cabeza, que conservaba aún los dientes y la quijada superior; el cráneo ofrecía diversas fracturas. En otras tres se colocaron los huesos y restos del cuerpo. En la última se colocaron los azulejos y el vaso de vidrio; pero éste se quebró en la operación, de modo que sólo quedó un fragmento. Restos del vaso de vidrio hallado en el nicho Unos meses después el sacerdote Francisco de Lucía, que estaba por Roma buscando reliquias de mártires para su parroquia de Mugnano, se interesó por estos restos y solicitó del Padre Poncetti que le entregase las reliquias para trasladarlas a la iglesia. Finalmente obtuvo la autorización y el 30 de junio de 1805 Francisco de Lucía partió con las reliquias en un carruaje hacia Nápoles. Allí las cajas quedaron depositadas en casa de un librero muy conocido en la ciudad llamado Antonio Terres. Fue en Nápoles donde se abrieron otra vez las cajas en las que se guardaban las reliquias y se colocaron los huesos cada uno en su lugar, y formando el esqueleto, se le revistió de un cuerpo de mujer hecho de pasta de papel. Luego fue vestida con una túnica blanca y encima se le colocó una toga roja. Su cabeza fue adornada de largos cabellos y sus sienes fueron ceñidas con una corona de flores artificiales. En su mano izquierda se colocó una palma y un lirio y en su derecha una flecha cuya punta alcanzaba el corazón. El cuerpo se colocó en una caja de ébano, apoyada su cabeza sobre almohadones.

3. 3 Filomena en su caja Ya en la breve estancia de las reliquias en Nápoles se produjeron las primeras curaciones milagrosas, lo que suscitó en ese momento el entusiasmo de la gente. El 9 de agosto las reliquias partieron hacia la población de Mugnano, en cuya iglesia quedan depositas el 29 de septiembre de 1805. Durante las primeras semanas en Mugnano se repitieron igualmente las curaciones milagrosas, con lo que la popularidad de Filomena, que ya era por todos considerada mártir, virgen y santa, fue en aumento, y rápidamente se extendió por toda Italia, Francia, Alemania, Rusia, España y otros países. En un libro publicado en Valencia en 1837 se hacía un vivo relato de la popularidad de la devoción que había surgido en torno a la mártir encontrada en 1802: “Los extranjeros que viajan a Nápoles regresan maravillados de lo que han presenciado y han oído. Su imagen decora todas las iglesias, adorna todos lo oratorios particulares, se encuentra en todas las casas; ¿qué más? Cada uno la lleva consigo y como si no fuera bastante pintarla sobre el pergamino, se dibuja también sobre el lino, sobre algodón y otros lienzos”. Todo lo acontecido en relación con el hallazgo de las reliquias y su traslado a Mugnano fue pronto relatado por su principal protagonista, el Padre Francisco de Lucía, en su libro de 1834 titulado “Relato histórico del traslado del sagrado cuerpo y milagros de Santa Filomena virgen y mártir de Roma a Mugnano”. Sólo 3 años después se publica en Valencia el libro de Ildefonso Mompié, que supone en buena medida una traducción resumida del libro de Lucía. Unos años más tarde, en 1844, se publica en Barcelona otra Vida de Santa Filomena, escrita por Jaime Boy, en la que se vuelve a resumir lo que contaba en su libro Francisco de Lucía. ¿Qué había sucedido para que se divulgara hasta ese punto la historia de la mártir Filomena? Dos fueron las causas principales de ello:

4. 4 1º.- En primer lugar, y desde el momento del traslado de las reliquias de Roma a Mugnana, y luego una vez depositadas en su iglesia, un gran número de personas se benefician de curaciones que se atribuyeron a milagros debidos a la intercesión de Filomena. El libro de Francisco de Lucía de 1834 y las adaptaciones españolas de 1837 y 1844 contienen la larga relación de todas estas curaciones, de las que fueron beneficiadas personas de toda condición, algunas bien conocidas y de gran prestigio. 2º.- Además, durante estos años una serie de personas declararon haber recibido revelaciones o visiones en las que se ofrecían detalles de la vida de Filomena. Estas revelaciones se cuentan con todo tipo de pormenores en los libros citados. Así, poco a poco, se va completando un detallado relato del martirio de Filomena. Son tres los principales testimonios de estas revelaciones: -El primero es un sacerdote devoto de Santa Filomena que le cuenta a Francisco de Lucía por carta su experiencia. El sacerdote estaba un día paseando cuando de repente se encontró con una mujer. Ésta comienza a relatarle detalles de la vida de Filomena. Así, le dice que Filomena rechazó la oferta de matrimonio del emperador Diocleciano (que fue emperador desde el año 284 al 305), que la iba a convertir en emperatriz, y ello porque había consagrado a Dios su virginidad. Despechado, Diocleciano ordenó su muerte. En este primer relato ya aparece el nombre de Diocleciano y el tema de la oferta matrimonial rechazada por el voto de virginidad. -El segundo relato es el de un humilde artesano que dice haber tenido una visión en la que ve al emperador Diocleciano enamorado de Filomena y rechazado por ésta. Tras una serie de tormentos, Diocleciano la manda decapitar. Surge aquí ya el tema de la muerte por decapitación. -El tercer relato es el más completo. Es el que ofrece un religioso de Nápoles que, meditando sobre la Santa, tiene una visión en la que Filomena le cuenta su vida. Se dan todo tipo de detalles y en el martirio se utilizan todas las herramientas de tortura que vemos en los azulejos encontrados. Filomena resulta ser la hija de un soberano de un pequeño reino griego que se hace cristiana gracias al médico romano de su corte. A la edad de 13 años tiene que visitar Roma para rendir pleitesía junto a sus padres al emperador Diocleciano. Éste queda prendado de la joven y exige casarse con ella. Pero Filomena lo rechaza por su voto de virginidad. El emperador, enfurecido, la encarcela. Y, como no logra hacerla cambiar de parecer, comienza la serie de torturas. Primero la azota. Pero Filomena resiste y se cura rápidamente. Entonces Diocleciano decide atarla a un áncora y tirarla al río Tíber. Pero unos ángeles la rescatan. Entonces el emperador decide que se le lancen flechas. Pero Filomena resulta inmune a las fechas. Finalmente, el emperador da órdenes de que sea degollada, es de suponer que mediante una de las temibles espadas romanas (glaudium). Además, en relato se dice que el martirio se produjo el 10 de agosto. Lo cierto es que estas visiones no constituyen prueba de los hechos que relatan. El tercero, que es el que más detalles ofrece, es históricamente inverosímil. Sin embargo, los elementos esenciales de estos relatos pasaron al imaginario popular y se incorporaron definitivamente a la iconografía de la Santa.

5. 5 Seguramente lo ocurrido en Italia alrededor de la mártir Filomena, entre los años 1802 y 1834, fue el mayor acontecimiento religioso del siglo hasta las apariciones de La Salette (1846) y de Lourdes (1858). El impacto que tuvo en el mundo católico fue enorme. En 1833 el Obispo de Sutri y Nepi, diócesis a la que pertenecía la parroquia de Mugnana, solicitó de la Santa Sede autorización para celebrar una misa en honor de Santa Filomena. El 6 de septiembre de 1834 la Sagrada Congregación de Ritos concede a la Diócesis el correspondiente permiso. Esta resolución fue confirmada por el Decreto del Papa Gregorio XVI de 30 de enero de 1837, que se entendió en su momento que equivalía a la proclamación de Filomena como Santa virgen y mártir. De hecho, la petición efectuada por el Obispo en 1833 podía tenerse como solicitud de inicio de un proceso equivalente a su canonización, y la declaración e Gregorio XVI se efectuó después de verificar que por intercesión de Filomena se habían producido al menos dos milagros perfectamente acreditados. La devoción a la que ya era considerada como Santa Filomena se extendió así por todas partes. Consta que en Barcelona y Valencia existía devoción a la Santa. Sabemos que se cantaban unos gozos a Santa Filomena en Valencia y en Alcoy. Y a Santa Filomena se le dedica una capilla en la iglesia de San Nicolás y San Pedro Mártir de Valencia. Sin embargo, a principios del siglo XX comenzó a cuestionarse la historicidad de la mártir. En 1904 el arqueólogo italiano Orazio Meruchi puso en duda que las reliquias encontradas pertenecieran a una mártir. Según él, el que los tres azulejos estuvieran desordenados suponía que se habían tomado de una tumba anterior, por lo que los restos encontrados no habían sufrido la muerte por martirio. En 1906 las conclusiones de Maruchi fueron rechazadas por otros dos especialistas, Guiseppe Bonavista y J.B. Rossi, quienes indicaron que sus argumentos no eran convincentes y el desorden en la colocación de los azulejos se debía a otras causas. El debate seguía abierto. En particular, se señalaba que los relatos de la vida de Filomena de los videntes no resistían una mínima crítica histórica. Es en ese contexto en el que el 14 de febrero de 1961 la Congregación de Ritos excluye la Fiesta de Filomena de la celebración de la liturgia y no la incluye en el nuevo Martirologio Romano. Esto creó cierta confusión, pues algunos llegaron a cuestionar que, tras esa decisión, fuera posible continuar con la devoción pública de Santa Filomena. En realidad, la abolición de 1961 lo es sólo a los efectos litúrgicos, se refiere sólo a la celebración de una misa propia para la Santa, pero no afecta a la declaración de santidad de Filomena. Tampoco el que no esté en el martirologio romano es un dato decisivo. No hay motivo alguno por el que no deba sostenerse que sigue en vigor la autorización del culto de esta santa aprobado por Gregorio XVI en 1837. Esa es, por lo demás, la interpretación que en la práctica se sigue, pues el Santuario de Santa Filomena de Mugnana cuenta en la actualidad con todas las autorizaciones de la Santa Sede. El sacerdote Anthony Ferrua, jesuita, Secretario de la Comisión Pontificia de Arqueología Sacra y profesor de Arqueología en la Universidad Pontifica Gregoriana, publicó en 1963 el hasta ahora más detallado estudio de los tres azulejos hallados en el

6. 6 nicho de Filomena. Sus conclusiones son claramente favorables al carácter histórico de la mártir. Según Ferrua los azulejos no se reutilizaron de una tumba anterior. De los estudios científicos efectuados por él resultan estas conclusiones de interés: -Los azulejos fueron escritos antes de que fueran colocados sobre el nicho. Fueron escritos con un cepillo antes de que fueran sellados con mortero, lo que se demuestra en que en más de un lugar el mortero cubre los bordes de la inscripción. -Los azulejos no proceden de la reutilización de los usados en otra tumba anterior. En ese caso habría trazos visibles de las segundas líneas de mortero. Y no las hay. Además, el paso del primer al segundo nicho habría dado lugar a signos visibles de bordes astillados, que no existen. Por otro lado, sería extraño y sorprendente, en el contexto de los enterramientos de las catacumbas cristianas, que se hubieran usado estos azulejos si habían pertenecido a otro sepulcro. -El error en la colocación se debe a que quien las colocó fue persona distinta a quien escribió la inscripción. Se trataría de un error del operario, el cual normalmente no sabía leer. En suma, el sepulcro y los restos encontrados en él pertenecen realmente a la mártir Filomena, que murió en alguna de las persecuciones que padecieron los cristianos en los siglos II, III y principios del IV. Por los dibujos de los azulejos, que pertenecen sin duda a este sepulcro, se puede deducir que en su muerte se usaron como instrumentos principales las flechas y quizá una espada, que bien pudiera ser el glaudium romano. Desde el punto de vista histórico no puede darse credibilidad a los relatos de las visiones. Pero, incluso sin ellas, la información que nos da el sepulcro encontrado y los azulejos es más que suficiente, pues nos ofrece una preciosa información sobre una joven que sufrió una muerte cruel a manos del imperio romano por mantenerse fiel a la fe en Cristo Jesús. La joven Filomena sufrió el martirio bajo el imperio romano, en los primeros siglos de la era cristiana. En los azulejos que se colocaron en su sepultura la comunidad cristiana rindió tributo a esta valiente joven que prefirió perder la vida antes que renegar de Cristo. Y también expresó su confianza en que, con su resurrección, Filomena había alcanzado la paz definitiva. La joven, pese a morir, había triunfado (la palma, el lirio) sobre la dura prueba a la que se la había sometido (las flechas, la espada, el ánfora). Por eso la comunidad cristiana se dirige a Filomena como a alguien que vive ahora en plenitud y, confiadamente, le dice “LA PAZ CONTIGO, FILOMENA”.

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