Introducción a la Teología Moral (2)

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Published on March 10, 2009

Author: feyrazon

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Curso de Introducción a la Teología Moral dictado en 2009 por el Lic. Néstor Martínez y el Ing. Daniel Iglesias Grèzes en la Facultad de Teología del Uruguay (Montevideo). Segunda clase: Introducción a la Teología Moral Fundamental (2)

Curso de Introducción a la Teología Moral Clase 2 – Introducción a la Teología Moral Fundamental (II) Lic. Néstor Martínez Ing. Daniel Iglesias Grèzes Facultad de Teología del Uruguay Montevideo, marzo de 2009

Lic. Néstor Martínez

Ing. Daniel Iglesias Grèzes

Facultad de Teología del Uruguay

Montevideo, marzo de 2009

Introducción a la Teología Moral Fundamental (II) La moralidad de las pasiones La conciencia moral Conciencia y verdad Las virtudes El pecado Gracia y justificación La Iglesia, Madre y Maestra El Decálogo

La moralidad de las pasiones

La conciencia moral

Conciencia y verdad

Las virtudes

El pecado

Gracia y justificación

La Iglesia, Madre y Maestra

El Decálogo

La moralidad de las pasiones (1) Las pasiones son afectos, emociones o impulsos de la sensibilidad que inclinan a obrar o no obrar, en vista de lo que se percibe como bueno o malo. Principales pasiones: amor, odio, deseo, temor, alegría, tristeza, cólera. La pasión fundamental es el amor, provocado por el atractivo del bien, real o aparente.

Las pasiones son afectos, emociones o impulsos de la sensibilidad que inclinan a obrar o no obrar, en vista de lo que se percibe como bueno o malo.

Principales pasiones: amor, odio, deseo, temor, alegría, tristeza, cólera.

La pasión fundamental es el amor, provocado por el atractivo del bien, real o aparente.

La moralidad de las pasiones (2) En cuanto impulsos de la sensibilidad, las pasiones no son en sí mismas ni buenas ni malas moralmente. Las pasiones son buenas o malas en cuanto contribuyen a una acción buena o mala, respectivamente. Pueden ser asumidas en las virtudes o en los vicios.

En cuanto impulsos de la sensibilidad, las pasiones no son en sí mismas ni buenas ni malas moralmente.

Las pasiones son buenas o malas en cuanto contribuyen a una acción buena o mala, respectivamente.

Pueden ser asumidas en las virtudes o en los vicios.

La conciencia moral (1) La conciencia moral es un juicio de la razón, presente en lo íntimo de la persona, que en el momento oportuno impulsa al hombre a hacer el bien y evitar el mal. Cuando escucha a su conciencia moral, el hombre prudente puede sentir la voz de Dios. La dignidad de la persona supone la rectitud de la conciencia moral. El hombre no debe ser forzado a obrar contra su conciencia ni impedido de obrar de acuerdo con ella, dentro de los límites del bien común.

La conciencia moral es un juicio de la razón, presente en lo íntimo de la persona, que en el momento oportuno impulsa al hombre a hacer el bien y evitar el mal.

Cuando escucha a su conciencia moral, el hombre prudente puede sentir la voz de Dios.

La dignidad de la persona supone la rectitud de la conciencia moral.

El hombre no debe ser forzado a obrar contra su conciencia ni impedido de obrar de acuerdo con ella, dentro de los límites del bien común.

La conciencia moral (2) Medios o ayudas para la formación de una conciencia recta y veraz: La educación La asimilación de la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia Los dones del Espíritu Santo Los consejos de personas prudentes La oración El examen de conciencia

Medios o ayudas para la formación de una conciencia recta y veraz:

La educación

La asimilación de la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia

Los dones del Espíritu Santo

Los consejos de personas prudentes

La oración

El examen de conciencia

La conciencia moral (3) Normas generales que la conciencia debe seguir siempre: Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien. La “regla de oro” La caridad supone siempre el respeto del prójimo y de su conciencia, aunque esto no significa aceptar como bueno lo que objetivamente es malo.

Normas generales que la conciencia debe seguir siempre:

Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien.

La “regla de oro”

La caridad supone siempre el respeto del prójimo y de su conciencia, aunque esto no significa aceptar como bueno lo que objetivamente es malo.

La conciencia moral (4) La persona debe obedecer siempre al juicio cierto de su propia conciencia. Sin embargo, la conciencia puede emitir juicios erróneos, por causas no siempre exentas de culpabilidad personal. No es imputable a la persona el mal cometido por ignorancia involuntaria, aunque siga siendo objetivamente un mal. Es necesario esforzarse para corregir la conciencia moral de sus errores.

La persona debe obedecer siempre al juicio cierto de su propia conciencia.

Sin embargo, la conciencia puede emitir juicios erróneos, por causas no siempre exentas de culpabilidad personal.

No es imputable a la persona el mal cometido por ignorancia involuntaria, aunque siga siendo objetivamente un mal.

Es necesario esforzarse para corregir la conciencia moral de sus errores.

Conciencia y verdad (1) La interpretación “creativa” de la conciencia moral se aleja de la doctrina católica. Algunos teólogos niegan que las normas morales son criterios objetivos vinculantes para los juicios de la conciencia, que en realidad no serían tales, sino simples decisiones. Según ellos, el hombre alcanzaría su madurez moral tomando “autónomamente” esas decisiones. Habría una especie de doble estatuto de la verdad moral, con una separación, o incluso una oposición, entre la doctrina del precepto universal y la norma de la conciencia individual, que en última instancia decidiría sobre el bien y el mal.

La interpretación “creativa” de la conciencia moral se aleja de la doctrina católica.

Algunos teólogos niegan que las normas morales son criterios objetivos vinculantes para los juicios de la conciencia, que en realidad no serían tales, sino simples decisiones.

Según ellos, el hombre alcanzaría su madurez moral tomando “autónomamente” esas decisiones.

Habría una especie de doble estatuto de la verdad moral, con una separación, o incluso una oposición, entre la doctrina del precepto universal y la norma de la conciencia individual, que en última instancia decidiría sobre el bien y el mal.

Conciencia y verdad (2) Según la Biblia, la conciencia tiene una vinculación específica con la ley. Ella es el único testigo de la fidelidad o infidelidad del hombre a la ley. El diálogo íntimo del hombre consigo mismo es en realidad el diálogo del hombre con Dios, autor de la ley y fin último del hombre. La conciencia es el lugar santo donde Dios habla al hombre. La conciencia tiene el carácter de un juicio moral sobre el hombre y sus actos. La conciencia es la norma próxima de la moralidad, vinculada por la verdad a la ley divina, norma universal y objetiva de la moralidad. El juicio de la conciencia es un juicio práctico. En este juicio se manifiesta el vínculo de la libertad con la verdad.

Según la Biblia, la conciencia tiene una vinculación específica con la ley. Ella es el único testigo de la fidelidad o infidelidad del hombre a la ley.

El diálogo íntimo del hombre consigo mismo es en realidad el diálogo del hombre con Dios, autor de la ley y fin último del hombre.

La conciencia es el lugar santo donde Dios habla al hombre.

La conciencia tiene el carácter de un juicio moral sobre el hombre y sus actos.

La conciencia es la norma próxima de la moralidad, vinculada por la verdad a la ley divina, norma universal y objetiva de la moralidad.

El juicio de la conciencia es un juicio práctico. En este juicio se manifiesta el vínculo de la libertad con la verdad.

Las virtudes (1) La virtud es una disposición habitual y firme para hacer el bien. Diferencia entre las virtudes morales y las habilidades técnicas El fin de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios. Hay dos clases de virtudes: virtudes humanas virtudes teologales

La virtud es una disposición habitual y firme para hacer el bien.

Diferencia entre las virtudes morales y las habilidades técnicas

El fin de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios.

Hay dos clases de virtudes:

virtudes humanas

virtudes teologales

Las virtudes (2) Las virtudes humanas son perfecciones habituales y estables del entendimiento y de la voluntad, que regulan nuestros actos y ordenan nuestras pasiones en conformidad con la razón. Son adquiridas y fortalecidas por medio de actos moralmente buenos y reiterados. La gracia divina las purifica y eleva. Principales virtudes humanas: Prudencia Justicia Fortaleza Templanza

Las virtudes humanas son perfecciones habituales y estables del entendimiento y de la voluntad, que regulan nuestros actos y ordenan nuestras pasiones en conformidad con la razón.

Son adquiridas y fortalecidas por medio de actos moralmente buenos y reiterados.

La gracia divina las purifica y eleva.

Principales virtudes humanas:

Prudencia

Justicia

Fortaleza

Templanza

Las virtudes (3) Las virtudes teologales son las que tienen como origen, motivo y objeto inmediato a Dios mismo. Son infundidas en el hombre por la gracia santificante. Nos hacen capaces de vivir en relación con Dios y fundamentan y animan la acción moral del cristiano, vivificando las virtudes humanas. Las virtudes teologales son: Fe Esperanza Caridad

Las virtudes teologales son las que tienen como origen, motivo y objeto inmediato a Dios mismo.

Son infundidas en el hombre por la gracia santificante.

Nos hacen capaces de vivir en relación con Dios y fundamentan y animan la acción moral del cristiano, vivificando las virtudes humanas.

Las virtudes teologales son:

Fe

Esperanza

Caridad

Las virtudes (4) Los dones del Espíritu Santo son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir las inspiraciones divinas. Son siete: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Los frutos del Espíritu Santo son perfecciones plasmadas en nosotros como primicias de la gloria eterna. Son doce: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad.

Los dones del Espíritu Santo son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir las inspiraciones divinas.

Son siete: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Los frutos del Espíritu Santo son perfecciones plasmadas en nosotros como primicias de la gloria eterna.

Son doce: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad.

El pecado (1) El pecado es un acto contrario a la ley eterna. Ofende a Dios e hiere al hombre. La pasión de Cristo revela plenamente la gravedad del pecado y lo vence con su misericordia. Dios nos hace descubrir nuestros pecados y nos concede la esperanza del perdón. Acoger la misericordia de Dios supone que nos arrepintamos de nuestros pecados. Los pecados pueden distinguirse según su objeto; o según las virtudes o mandamientos a los que se oponen; o según se refieran directamente a Dios, al prójimo o a uno mismo; o según sean pecados de pensamiento, palabra, obra u omisión.

El pecado es un acto contrario a la ley eterna. Ofende a Dios e hiere al hombre.

La pasión de Cristo revela plenamente la gravedad del pecado y lo vence con su misericordia.

Dios nos hace descubrir nuestros pecados y nos concede la esperanza del perdón.

Acoger la misericordia de Dios supone que nos arrepintamos de nuestros pecados.

Los pecados pueden distinguirse según su objeto; o según las virtudes o mandamientos a los que se oponen; o según se refieran directamente a Dios, al prójimo o a uno mismo; o según sean pecados de pensamiento, palabra, obra u omisión.

El pecado (2) En cuanto a la gravedad, los pecados se clasifican en mortales y veniales. Se comete un pecado mortal cuando se dan, al mismo tiempo, materia grave, plena advertencia y perfecto consentimiento. El pecado mortal destruye en el hombre la caridad, lo priva de la gracia santificante y, si no se arrepiente, lo conduce al infierno. El pecado venial se comete cuando la materia es leve o cuando, siendo la materia grave, no se da plena advertencia o perfecto consentimiento. El pecado venial no rompe la alianza del hombre con Dios. Sin embargo, debilita la caridad, impide el progreso moral del alma y merece penas temporales de purificación.

En cuanto a la gravedad, los pecados se clasifican en mortales y veniales.

Se comete un pecado mortal cuando se dan, al mismo tiempo, materia grave, plena advertencia y perfecto consentimiento.

El pecado mortal destruye en el hombre la caridad, lo priva de la gracia santificante y, si no se arrepiente, lo conduce al infierno.

El pecado venial se comete cuando la materia es leve o cuando, siendo la materia grave, no se da plena advertencia o perfecto consentimiento.

El pecado venial no rompe la alianza del hombre con Dios. Sin embargo, debilita la caridad, impide el progreso moral del alma y merece penas temporales de purificación.

El pecado (3) Un pecado lleva al otro. La repetición del pecado genera el vicio. Los vicios son hábitos perversos que oscurecen la conciencia e inclinan al mal. Los siete pecados capitales son: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. Tenemos responsabilidad en los pecados de los otros cuando cooperamos culpablemente a que se cometan. Las estructuras de pecado son situaciones sociales o institucionales contrarias a la ley divina. Son expresión y efecto de los pecados personales.

Un pecado lleva al otro. La repetición del pecado genera el vicio.

Los vicios son hábitos perversos que oscurecen la conciencia e inclinan al mal.

Los siete pecados capitales son: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.

Tenemos responsabilidad en los pecados de los otros cuando cooperamos culpablemente a que se cometan.

Las estructuras de pecado son situaciones sociales o institucionales contrarias a la ley divina. Son expresión y efecto de los pecados personales.

Gracia y justificación (1) La justificación es la acción misericordiosa y gratuita de Dios, que borra nuestros pecados y nos hace justos en todo nuestro ser. Somos justificados por la gracia del Espíritu Santo, que la Pasión de Cristo nos ha merecido y nos ha sido dada en el Bautismo. Con la justificación comienza la libre respuesta del hombre: la fe en Cristo y la colaboración con la gracia. La gracia (habitual o santificante) es un don gratuito y sobrenatural de Dios, por el que nos hace partícipes de su vida trinitaria y capaces de obrar por amor a Él. Tipos de gracia: gracia habitual, gracias actuales, gracias sacramentales, gracias especiales o carismas. La gracia prepara y suscita la libre respuesta del hombre, responde a las aspiraciones profundas de la libertad humana, la invita a cooperar y la perfecciona.

La justificación es la acción misericordiosa y gratuita de Dios, que borra nuestros pecados y nos hace justos en todo nuestro ser.

Somos justificados por la gracia del Espíritu Santo, que la Pasión de Cristo nos ha merecido y nos ha sido dada en el Bautismo.

Con la justificación comienza la libre respuesta del hombre: la fe en Cristo y la colaboración con la gracia.

La gracia (habitual o santificante) es un don gratuito y sobrenatural de Dios, por el que nos hace partícipes de su vida trinitaria y capaces de obrar por amor a Él.

Tipos de gracia: gracia habitual, gracias actuales, gracias sacramentales, gracias especiales o carismas.

La gracia prepara y suscita la libre respuesta del hombre, responde a las aspiraciones profundas de la libertad humana, la invita a cooperar y la perfecciona.

Gracia y justificación (2) El mérito es lo que da derecho a la recompensa por una obra buena. Respecto a Dios, el hombre, de por sí, no puede merecer nada, habiéndolo recibido todo gratuitamente de Él. Sin embargo, Dios da al hombre la capacidad de adquirir méritos mediante la unión con Cristo, fuente de nuestros méritos ante Dios. Por eso, los méritos de nuestras obras corresponden primero a la gracia de Dios y después a la libre voluntad del hombre. Bajo la moción del Espíritu Santo, podemos merecer, para nosotros mismos o para los demás, las gracias útiles para santificarnos y los bienes temporales convenientes. Nadie puede merecer la primera gracia, origen de la justificación. Todos los fieles estamos llamados a la santidad cristiana.

El mérito es lo que da derecho a la recompensa por una obra buena.

Respecto a Dios, el hombre, de por sí, no puede merecer nada, habiéndolo recibido todo gratuitamente de Él.

Sin embargo, Dios da al hombre la capacidad de adquirir méritos mediante la unión con Cristo, fuente de nuestros méritos ante Dios.

Por eso, los méritos de nuestras obras corresponden primero a la gracia de Dios y después a la libre voluntad del hombre.

Bajo la moción del Espíritu Santo, podemos merecer, para nosotros mismos o para los demás, las gracias útiles para santificarnos y los bienes temporales convenientes.

Nadie puede merecer la primera gracia, origen de la justificación.

Todos los fieles estamos llamados a la santidad cristiana.

La Iglesia, Madre y Maestra (1) La Iglesia nutre la vida moral del cristiano mediante la Palabra de Dios, las enseñanzas de la Ley de Cristo, la gracia de los sacramentos, la ofrenda eucarística de Cristo y el ejemplo de santidad de la Virgen María y de los santos. El Magisterio de la Iglesia interviene en el campo moral porque la observancia de la ley moral es necesaria para la salvación. Es misión de la Iglesia predicar la fe que hay que creer y practicar en la vida. La vida moral de los cristianos es indispensable para el anuncio del Evangelio.

La Iglesia nutre la vida moral del cristiano mediante la Palabra de Dios, las enseñanzas de la Ley de Cristo, la gracia de los sacramentos, la ofrenda eucarística de Cristo y el ejemplo de santidad de la Virgen María y de los santos.

El Magisterio de la Iglesia interviene en el campo moral porque la observancia de la ley moral es necesaria para la salvación.

Es misión de la Iglesia predicar la fe que hay que creer y practicar en la vida.

La vida moral de los cristianos es indispensable para el anuncio del Evangelio.

La Iglesia, Madre y Maestra (2) Conformando su vida con la de Jesucristo, los fieles atraen a los hombres a la fe en el verdadero Dios, edifican la Iglesia, impregnan el mundo con el Espíritu del Evangelio y apresuran la venida del Reino de Dios. Los preceptos de la Iglesia tienen por finalidad garantizar que los fieles cumplan con el mínimo indispensable en relación a la oración, la vida sacramental, el esfuerzo moral y el crecimiento espiritual.

Conformando su vida con la de Jesucristo, los fieles atraen a los hombres a la fe en el verdadero Dios, edifican la Iglesia, impregnan el mundo con el Espíritu del Evangelio y apresuran la venida del Reino de Dios.

Los preceptos de la Iglesia tienen por finalidad garantizar que los fieles cumplan con el mínimo indispensable en relación a la oración, la vida sacramental, el esfuerzo moral y el crecimiento espiritual.

La Iglesia, Madre y Maestra (3) Los preceptos de la Iglesia son cinco: Participar en la Misa todos los domingos y fiestas de guardar, y no realizar trabajos o actividades que puedan impedir la santificación de estos días. Confesar los propios pecados, mediante el sacramento de la Reconciliación, al menos una vez al año. Recibir el sacramento de la Eucaristía al menos en Pascua. Abstenerse de comer carne y observar el ayuno en los días establecidos por la Iglesia. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades materiales, cada uno según sus posibilidades.

Los preceptos de la Iglesia son cinco:

Participar en la Misa todos los domingos y fiestas de guardar, y no realizar trabajos o actividades que puedan impedir la santificación de estos días.

Confesar los propios pecados, mediante el sacramento de la Reconciliación, al menos una vez al año.

Recibir el sacramento de la Eucaristía al menos en Pascua.

Abstenerse de comer carne y observar el ayuno en los días establecidos por la Iglesia.

Ayudar a la Iglesia en sus necesidades materiales, cada uno según sus posibilidades.

El Decálogo “ Decálogo” significa las “diez palabras” que recogen la Ley dada por Dios a Israel en la Alianza del Sinaí. El Decálogo se comprende a la luz de la Alianza, en la que Dios se revela, dando a conocer su voluntad. Al guardar los mandamientos, el pueblo expresa su pertenencia a Dios y responde con gratitud a su iniciativa de amor. Los diez mandamientos constituyen una unidad orgánica. La Iglesia reconoce en el Decálogo una importancia fundamental. El Decálogo obliga gravemente porque enuncia los deberes fundamentales del hombre para con Dios y para con el prójimo. Es posible cumplir el Decálogo, mediante la gracia de Dios.

“ Decálogo” significa las “diez palabras” que recogen la Ley dada por Dios a Israel en la Alianza del Sinaí.

El Decálogo se comprende a la luz de la Alianza, en la que Dios se revela, dando a conocer su voluntad.

Al guardar los mandamientos, el pueblo expresa su pertenencia a Dios y responde con gratitud a su iniciativa de amor.

Los diez mandamientos constituyen una unidad orgánica.

La Iglesia reconoce en el Decálogo una importancia fundamental.

El Decálogo obliga gravemente porque enuncia los deberes fundamentales del hombre para con Dios y para con el prójimo.

Es posible cumplir el Decálogo, mediante la gracia de Dios.

El Decálogo Amarás a Dios sobre todas las cosas. No tomarás el nombre de Dios en vano. Santificarás las fiestas. Honrarás a tu padre y a tu madre. No matarás. No cometerás actos impuros. No robarás. No darás falso testimonio ni mentirás. No consentirás pensamientos ni deseos impuros. No codiciarás los bienes ajenos.

Amarás a Dios sobre todas las cosas.

No tomarás el nombre de Dios en vano.

Santificarás las fiestas.

Honrarás a tu padre y a tu madre.

No matarás.

No cometerás actos impuros.

No robarás.

No darás falso testimonio ni mentirás.

No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

No codiciarás los bienes ajenos.

Bibliografía básica Catecismo de la Iglesia Católica Parte 3, Sección 1, Capítulos 1 y 3 Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica Papa Juan Pablo II: Carta encíclica Veritatis Splendor sobre algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia, 1993. Exhortación apostólica Reconciliatio et Paenitentia sobre la reconciliación y la penitencia en la misión de la Iglesia hoy, 1984.

Catecismo de la Iglesia Católica

Parte 3, Sección 1, Capítulos 1 y 3

Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

Papa Juan Pablo II:

Carta encíclica Veritatis Splendor sobre algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza moral de la Iglesia, 1993.

Exhortación apostólica Reconciliatio et Paenitentia sobre la reconciliación y la penitencia en la misión de la Iglesia hoy, 1984.

Muchas gracias por su atención Lic. Néstor Martínez – [email_address] Ing. Daniel Iglesias – [email_address] *** Centro Cultural Católico Fe y Razón: www.feyrazon.org www.revistafeyrazon.blogspot.com [email_address]

Lic. Néstor Martínez – [email_address]

Ing. Daniel Iglesias – [email_address]

***

Centro Cultural Católico Fe y Razón:

www.feyrazon.org

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