Informe OBS: Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis

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Published on January 18, 2019

Author: OBSBusinessSchool

Source: slideshare.net

1. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis Autor Claudio Aros Colaborador de OBS Business School www.obs-edu.com Doble Titulación: Cómohancambiadoloshábitossociales/ relacionalesaraízdelacrisisenEspañay larepercusióndeloquegeneraalEstado

2. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 2 3 Índice 5 6 10 28 32 34 Introducción Especulación y consumo desenfrenado Y la crisis llegó Perspectivas del consumo tras la crisis Conclusiones Bibliografía

3. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 4 5 Introducción No hay duda que hay un antes y un después en la llamada gran crisis, una debacle de la economía mundial que se presentó de forma virulenta con el crack de 2007. La crisis saltó de una época de consumo acelerado para caer en un panorama sombrío de pocos ingresos, aumento de paro, y una fuerte contención del gasto. Ante estos problemas acuciantes, la sociedad pasó por diferentes momentos. En un primer momento, se buscaron soluciones a los problemas inmediatos de esta bajada de renta, por lo que se inició una economía de guerra para subsistir. En un segundo momento, hubo una re-flexión sobre lo sucedido, una explicación plausible de cómo se había llegado a este punto. El poder explicar y comprender la situación, solo fue posible con un discurso moral que culpaba a los valores de antes de la crisis, como por ejemplo: el vivir por encima de sus posibilidades. A partir de esta reflexión, se abrió el espacio a unos nuevos valores que se desvinculaban en cierta forma del antiguo consumo ostentoso. La mirada se orientaba a valores más personales, más auténticos, profundos y colectivos. En este trabajo, nos proponemos analizar estos momentos bajo una triple visión: económica, familiar y de consumo. Desde el punto de vista económico, vamos a analizar cómo ha ido variando la renta a lo largo del periodo estudiado, y cómo afectó en el momento de la crisis y los años posteriores, derivando en el fenómeno como los desahucios. En el área familiar, estudiaremos tanto variables sociodemográficas como los cambios que se han experimentado en los momentos de antes y después de la crisis, puesto que matrimonios, nacimientos y divorcios quedaron gravemente afectados con la crisis. Por último, analizaremos el área de consumo, que es donde se acaban concretando los nue-vos valores que se basan en la redistribución del gasto. Ante la crisis, no solo disminuye el gasto sino que las prioridades se ven alteradas por el cambio forzoso de valores para adaptarse y entender la nueva realidad. Un cambio de valores no quiere decir renunciar al ocio y la diversión, pero puede interpretarse desde un punto de vista más sobrio. Comida ecológica, marcas blancas y un marquismo tecnológico convivirán cómodamente en la nueva sociedad. Foto 1. La crisis saltó de una época de consumo acelerado para caer en un panorama sombrío de pocos ingresos, aumento de paro, y una fuerte contención del gasto.

4. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 6 7 Especulación y consumo desenfrenado TRANSICIÓN ECONÓMICA NEOLIBERAL El origen de esta historia de especulación, consumo desenfrenado y crisis, empieza durante la transición económica que hizo España desde los años 80 del siglo pasado. Tras la crisis económica de los años 70, se evidenció la imposibilidad de seguir con un estado del bienestar contrario a las fuerzas capitalistas. A raíz de esta crisis, se crearon posiciones que defendieron la moderación salarial, la flexibilidad laboral y la reducción del sector público. Operaciones de privatización y fusiones bancarias millonarias junto con una élite, que se conoció como la beautiful people, animó a la entrada del capitalismo por la puerta grande. Las cuatro legislaturas socialistas mostraron un modelo que se basó en la privatización, la cual fue acompañada por una profunda reconver- sión industrial, la liberalización del mercado de viviendas y la celebración de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Internacional de Sevilla. Además, todo ello favoreció la inmigración que elevó el peso de extranjeros desde los 198.000 extranjeros censados en 1981 hasta los 5,7 millones en 2012. EL MILAGRO ECONÓMICO ESPAÑOL En los años 90, a pesar de algunos reveses, se produjo el milagro económico español. Los diferentes gobiernos representados por distintas orientaciones prosiguieron una política de liberalización. Tras el estallido de la burbuja tecnológica, a principios de los 90, la actividad inmobiliaria sirvió en numerosos países para volver a impulsar la economía. Este desarrollo inmobiliario se dio a nivel mundial, y España fue uno de los países que tuvo una mayor expansión, a lo cual se denominó boom inmobiliario. Ya en 1985, se inició un segundo ciclo del sector inmobiliario. No hubo burbuja de ningún tipo, pero sí un crecimiento del PIB por encima del 2,5% durante cinco años, llegando al crecimien-to del 5,6% en 1987. Esto llevó a un crecimiento de empleo y una reducción del paro, que bajó del 21,5% al 16%. Aquellos eran tiempos de poca financiación, un 60%, y plazos medios de 10 a 12 años con tipos de interés fijo de un 18%. La subida generalizada del nivel de vida y la mejora de confianza ayudaron a este mercado con una fuerte actividad de la segunda residencia. Las facilidades crediticias y la liberalización parcial del arrendamiento y el aumento de desgravación ayudaron al auge. Sin embargo, esta expansión finalizó después de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Coincidiendo con ello, apareció la crisis y la recesión, con una vuelta a niveles del desempleo del 24% a finales del 1993 y una fuerte caída de beneficios e inversión por parte de las empresas. A partir del 1996, se vuelve a dar una recuperación, con planes de racionalización del gasto público, más privatizaciones de empresas, descenso del paro y bajada de los tipos de interés. Esta nueva bonanza hace despegar el sector inmobiliario en 1998, que culminaría con una grave crisis en el 2007. LLEGA LA ESPECULACIÓN Hasta finales de los años 90 del siglo pasado, los precios de la vivienda presentaban un nivel ligeramente superior al del IPC, pero a partir del 1997 hasta el 2007 la vivienda sufre una revalorización del 191%, siendo la segunda revalorización más alta de toda la OCDE. El precio subió de forma sostenida un 10% anual llegando algunos años hasta cerca del 30%. Los ciudadanos estaban acostumbrados a solicitar préstamos hipotecarios para la compra de su vivienda. Lo que fue un punto de inflexión la sustitución del tipo de interés fijo por el variable y el aumento de años de amortización, había llegado el crédito barato. Tras haber pasado de tipos de interés del 18% entrábamos en tipos inferiores al 6%. Esto, unido a una eco- nomía pujante de recuperación del empleo, inmigración y un crecimiento de entre el 3% y el 4% del PIB, produjo una fuerte demanda de vivienda. Ante el posible beneficio, los promotores aumentaron su ritmo de construcción. Los bajos tipos de interés y la fuerte demanda que representaron los más de cinco millones de extranjeros, empujaron la adquisición de todo lo que se construía. Las promociones se vendían solas, pero también traía aparejado un importante endeudamiento de los hogares. A pesar del endeudamiento, las familias vieron en la facilidad del crédito y el aumento de los precios una forma de hacer negocio, comenzaron a especular con la vivienda. No se compraba y vendía para habitar en la vivienda, sino para ganar importantes plusvalías y volver a hacer la misma operación una y otra vez. Cientos de miles de españoles que gozaban de una buena posición económica con empleo estable se pusieron a especular con la vivienda. Así, se creó un mercado especulativo, aunque no estuvieron solos en esta espiral: ayuntamientos, promotoras, tasadoras, los bancos y el gobierno ayudaron de forma directa o indirecta a la especulación. Todos tenían confianza en el futuro, había trabajo estable, los salarios subían y el banco casi te regalaba el dinero, ¿Por qué no hacer una apuesta segura invirtiendo en el ladrillo? Además, se había interiorizado la idea de que el precio de la vivienda seguiría subiendo siempre, por lo que era una inver-sión segura. La adquisición de inmueble era una forma de ahorro y de provisión para el futu-ro. Por lo que ante tanta demanda, los bancos comenzaron a trabajar con préstamos de baja calidad. Especulación y consumo desenfrenado A partir del 1996, se vuelve a dar una recuperación, con planes de racionalización del gasto público, más privatizaciones de empresas, descenso del paro y bajada de los tipos de interés

5. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 8 9 Especulación y consumo desenfrenado Especulación y consumo desenfrenado Foto 2. Dentro del consumo alocado, apareció el concepto de marca con una relevancia que no había ocurrido en épocas anteriores. Ahora el objetivo no solo era consumir, sino que los demás supiesen qué valor tenía ese consumo. EL EFECTO RIQUEZA En aquellos momentos, se tuvo la sensación que había aumentado la riqueza de los ciudadanos al vivir en un contexto de subida de precios de las viviendas. Este fenómeno ha sido estudiado y recibe el nombre de efecto riqueza o efecto Pigou, el economista que lo formuló. La idea que subyace es que las personas tienden a aumentar su consumo al ver que sus bienes van aumentando de valor. En este caso, si los ciudadanos veían que el precio de la vivienda subía se sentían animados a consumir más con el respaldo de tener una propiedad que se reevaluaba por cada año que pasaba, es decir, cada año eran un 10% más ricos sin hacer nada, pero eso solo era en el papel. SENTIMIENTO DEIDENTIDAD DELCONSUMO Muchas veces se ha criticado aquellos años por el consumo irracional que se llevó a cabo, pero ¿era solamente consumo o tenía otras connotaciones? Desde el punto de vista de la sociología el consumo se presenta como un ámbito de producción de vínculos, tiene un carácter colectivo. Es decir, a través del consumo se está construyendo una vinculación social. El consumo que se da en estos años está definido por la consecución de un estatus y el establecimiento de estamentos sociales. En este consumo se da una lógica aspiracional, todos desean estar en una categoría pudiente, aspirar a presentarse como de clase media-alta y esto era posible con el consumo de bienes que demostrasen este ascenso. Así, aparecen las grandes compras ostentosas como viviendas, automóviles y viajes de lujo. Además, no solo había que demostrar ese estatus, sino que había que mantenerse en ese nivel, que además, también te marcaba los límites con otros grupos sociales. Sin embargo, todo este castillo de naipes de inmuebles, hipotecas y consumo perecerán en medio de una feroz crisis. En esta nueva fase expansiva, la banca concedió hipotecas a personas con malos historiales crediticios y reducida capacidad de realizar pagos iniciales. No eran raros los préstamos de 120% a personas con trabajo precario, sin ahorros y con contratos temporales. Se dieron muchos casos en que el banco aceptaba nóminas que sabían que estaban falsificadas, pero que se aceptaban para concederles el préstamo. CONSUMO OSTENTOSO Uno de los elementos más interesantes es que el nuevo crédito no solo se dirigió a la compra de viviendas, sino que como sobraba el dinero, se incentivó a las familias a realizar casi todo tipo de consumo a crédito, desde cursos de inglés hasta coches nuevos. La estructura del gasto cambió en estos años accediendo a productos que nunca antes se habían podido adquirir. No se consumía por necesidad, sino porque te lo podías permitir, porque era fácil o porque todo el mundo lo hacía, en definitiva, era un consumo irracional. Las compras nuevas no solo afectaron a bienes de consumo duraderos, sino que entraron servicios, entre los que destacan los de ocio. Un buen destino de este dinero fue la diversión, y la restauración y los viajes fueron elementos importantes en la vida de los españoles. Un buen ejemplo de este tipo de consumo fue el auge de las operaciones estéticas. Estas intervenciones eran financiadas por entidades de crédito que llegaron a superar las 100.000 operaciones en 2009 tras un aumento continuado e imparable. Dentro del consumo alocado, apareció el concepto de marca con una relevancia que no había ocurrido en épocas anteriores. Ahora el objetivo no solo era consumir, sino que los demás supiesen qué valor tenía ese consumo, y esto se podía hacer fácilmente con las marcas. Por ejemplo, en la compra del coche nuevo, la marca era fundamental. Así se comenzaron a comprar coches de marca, accediendo a segmentos como Audi y BMV. Las marcas aparecie-ron por todas partes, con énfasis en la ropa, a través de las cuales se llegaron a crear grandes imperios comerciales. En este contexto, aún se mantenían valores sobre la familia tradicional. La estructura nuclear estaba bien fijada, los jóvenes se sacaban el carnet de conducir en cuanto cumplían los 18 años, adquirían un vehículo, buscaban pareja y se emancipaban casándose y yéndose a vivir a su casa recién comprada. En esta pauta encontramos los ritos de la edad adulta de aquella época: coche, boda e hipoteca. Estas cifras se pueden corroborar con el número de matrimonios en estos años que siempre superó los 200.000, mientras que el número de nacimientos aumentaba alcanzando su máximo en 2008 de 519.779 con un índice de fecundidad de 1,44.

6. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 10 11 Y la crisis llegó CRISIS DESDE OTROS MERCADOS HIPOTECARIOS Todos están de acuerdo que la crisis se originó con las ya famosas hipotecas suprime de Estados Unidos, que estalla con la desconfianza crediticia de las hipotecas de baja calidad con las que se había alimentado el sistema, que demandaba más activos financieros para los fondos de inversión. La señal de alarma saltó en 2007, al comenzar los deudores a no pagar sus cuotas debido a la subida de tipo de interés. La tasa de morosidad y los embargos aumenta- ron, se avecinaba la crisis. En menos de dos años, todas las economías mundiales hicieron diversos planes para controlar el problema, se estaba entrando en una gran recesión. Los primeros efectos fueron numerosas quiebras financieras, nacionalizaciones bancarias y el descenso profundo de cotizaciones bursátiles. Esto pronto deterioró la economía real, que empujó a la recesión de las economías industrializadas. CRISIS EN EL MERCADO ESPAÑOL En 2007 algunos denunciaron que nuestro país también se podía ver envuelto en esta crisis. España estaba en una situación similar a Estados Unidos, porque la evolución había sido la misma: bajos tipos de interés, préstamos de baja calidad y un mercado de viviendas sobrevalorado con un comienzo de morosidad. En el primer trimestre de 2008, se reducen las ventas de viviendas un 72% con respecto al mismo periodo del año anterior. La venta del suelo experimenta también una bajada de cerca del 100%, y ya se habla del desplome del mercado inmobiliario. En julio, la principal inmobiliaria del país se declara en quiebra, la mayor suspensión de España hasta ese momento. En 2009, el desplome de las ventas continúa, se instala la crisis en medio de un contexto de desaceleración económica mundial, estábamos entrando en la recesión. Se quiso experimentar una pequeña y tímida recuperación, para desembocar en una nueva fase de crisis en el 2010. Europa fuerza a una política fiscal restrictiva estrangulando el consumo con el fin de contener la crisis. La fiesta se había acabado, atrapando a buena parte de grandes y pequeños inversores con títulos, acciones, viviendas a medio construir, viviendas sobrevaloradas sujetas a hipotecas de tipo variable. La crisis atacó de una forma más fuerte a España por su alta dependencia de la construcción en su economía. Nuestro país no había invertido, no había generado industria, no había apostado por la investigación y el desarrollo, solo se había invertido en el ladrillo. CONSECUENCIAS INICIALES: DESEMPLEO Y CONTRACCIÓN DE LA DEMANDA Las consecuencias iniciales de la crisis fueron el aumento del desempleo dependiente del sector de la construcción, y, por consiguiente, una contracción del consumo. La contracción del consumo hizo desaparecer empleo en otros sectores y en las familias hubo una conciencia de ahorrar ante la incertidumbre, lo que volvió a golpear al consumo. Además, se instauró una auténtica economía de guerra, lo que volvió a empujar al consumo a niveles aún más bajos. Todo ello junto con el aumento de la presión fiscal y una política de austeridad desarrollada para controlar la crisis, provocó un efecto devastador en la economía real. Además del aumento del desempleo, y la bajada del consumo, las familias comenzaron a entrar en situaciones de riesgo de pobreza al no poder hacer frente a los gastos corrientes. Muchas de ellas fueron desahuciadas. Muchas familias tuvieron que irse a vivir con sus padres, y los jubilados, al tener una estabilidad de ingresos más fuerte, los que pudieron acabar transfiriendo su renta a sus hijos para que puedan vivir. La economía impacta especialmente a los inmigrantes en el mercado laboral y son especialmente vulnerables a esta situación. Evidentemente, frente a esta situación, la idea de formar una nueva familia queda frenada y esto se nota especialmente en el número de matrimonios y divorcios, disminuyendo los matrimonios un 15% y los divorcios un 30% desde 2006 al 2016. Todo esto ocurre de una forma brusca y rápida ante unos ciudadanos atónitos que no acaban de entender por qué están en paro, por qué sus viviendas valen menos que lo que deben al banco y por qué se deteriora su calidad de vida en relación a su capacidad de consumo. Como consecuencia a esta situación, aparecerá un movimiento social, que se denominarán indignados, que manifestarán su disconformidad con la situación social de aquel momento. Y la crisis llegó

7. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 12 13 Y la crisis llegó CIFRAS HISTÓRICAS A continuación, analizaremos diferentes indicadores que nos darán una noción del impacto de la crisis a través del PIB, desempleo, precio de la vivienda, matrimonios y desahucios. Producto Interior Bruto (PIB) Durante los años previos a la crisis, España había gozado de un alto crecimiento interanual de entre el 3% y el 4% del PIB. A pesar de que arrastraba desajustes estructurales, principalmente a la alta deuda privada relativa a las hipotecas, y la dependencia de su economía del sector de la construcción, eran un buen ejemplo de crecimiento. Tras el estallido de la crisis, como muchas otras economías, presenta valores de crecimiento negativos que, a pesar de la breve recuperación del 2010, seguiría arrastrando durante algunos años hasta el año 2014 en el que comienza a evolucionar positivamente tal y como muestra la gráfica de la evolución del PIB. Fuente: datosmacro.expansion.com, cifra en Millones de euros Parte de la destrucción del PIB fue debido al sector de la construcción, que a principios de 2008 representaba el 10,1% del PIB de forma directa como muestra la gráfica siguiente. La dependencia de la construcción en la economía española era mucho mayor que en otras economías que también había padecido la burbuja inmobiliaria, lo que explicaría el mayor impacto que produjo la crisis en España. Fuente: INe. Porcentaje del VAB Construcción sobre el PIB Foto 3. Las consecuencias iniciales de la crisis fueron el aumento del desempleo dependiente del sector de la construcción, y, por consiguiente, una contracción del consumo.

8. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 14 15 Y la crisis llegó Desempleo España había iniciado su fase expansiva con 8 millones de empleos netos. La cifra había alcanzado el valor histórico de 20.510.600 personas ocupadas en el tercer trimestre del 2007 para bajar a un 17.417.300 en el segundo semestre del año 2012 con una reducción de 3 millones de personas. Los jóvenes de 15 a 24 años fueron los grandes perjudicados, cuya tasa de desempleo pasó del 18,8% a finales del 2007 al 53,28% en el segundo trimestre de 2012. Si otros indicadores económicos se han recuperado en los últimos años, el paro se sigue resistiendo. Tal y como se observa en el siguiente gráfico, a finales del año 2017, aún se tenía el doble de parados que en el año 2007 tal y como se observa en la gráfica. Y la crisis llegó Fuente: EPA Precio de la vivienda El precio de la vivienda había crecido a un ritmo moderado desde los 90, pero a partir del 2000 se acelera alcanzando un máximo interanual del 17,9% en el 2003. El precio medio de la vivienda pasó de 67.400 euros en el año 2000 a 149.600 euros en el 2007. A partir de ahí, surge una caída en picado del precio medio de las viviendas hasta alcanzar su mínimo en 2013 con 96.266 euros tal y como se puede ver en la gráfica de la evolución del precio de la vivienda. Desde ese año se inicia una lenta remontada hasta los 111.137 euros del año 2017 sin alcanzar nunca los importes anteriores. Fuente INe. Cifra en miles de euros Disminución de matrimonios, divorcios e hijos La demografía también quedó gravemente afectada por la crisis. El número de matrimonios disminuye paulatinamente después de haber alcanzado un máximo a lo largo de la década del 2000 hasta llegar a un mínimo de 153.375 en el año 2013 como se observa en la gráfica siguiente, un 30% menos que su máximo de 2004. En cuanto a los hijos se experimenta una caída similar, desde un máximo alcanzado con 519.779 nacimientos en el 2008 hasta valores de 391.930 en el 2017. Fuente www.es.statista.com Es interesante constatar que el número de divorcios también quedó afectado por la crisis. Si la bonanza económica y cambios legislativos lograron alcanzar un máximo histórico en el año 2006 con 126.952 divorcios, su número decrece desde el año 2008 hasta niveles próximos o inferiores a los 100.000 divorcios. Todos los datos evidencian que se ha instaurado un invierno demográfico sin precedentes. Ante la situación de crisis las parejas retrasan el matrimonio a medida que se casan con mayor edad, tienen un menor número de hijos y aguantan más la tentación del divorcio debido a motivos económicos y la inseguridad de ingresos futuros. De hecho, romper el vínculo fami-liar supone para las clases medias, un viaje hacia el empobrecimiento. Desahucios Desde el estallido de la crisis se han producido en España 745.000 ejecuciones hipotecarias, que han derivado en 510.000 desahucios. Estas cifras son el conjunto de primera residencia, segunda residencia y alquileres. De estas cifras se estima que 236.000 desahucios afectaron a la primera residencia. Desahucios, que tal y como se observa en el siguiente gráfico, aumen-taron en el periodo 2011-2013 el triple respecto al 2005-2007. En cuanto a viviendas de alquiler, se sufre muchas veces un doble desahucio, ya que son vi-viendas alquiladas en los que se desahucia a inquilinos y se quita la propiedad. Si bien la eje-cución hipotecaria va disminuyendo, se produce un incremento en los alquileres, al vivir un boom en los precios de alquiler de determinadas zonas de España como Madrid y Barcelona, donde la renta del alquiler se ha disparado en estos últimos años alcanzando el 46% de salario mensual bruto en Cataluña.

9. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 16 17 Y la crisis llegó Y la crisis llegó Foto 4. Algunos economistas afirman que la capacidad de ahorro no tiene que ver tanto con la renta disponible como con la confianza en la economía EL IMPACTO DE LA CRISIS SOBRE LA RENTA DISPONIBLE Renta media por familia La renta media por hogar se ha visto afectada por la situación económica, la destrucción de empleo, la moderación salarial y el aumento de la presión fiscal. El descenso se inició en el año 2012 con cuatro años de caída consecutiva en la renta de las familias para iniciar una recuperación en el 2017, logrando un valor próximo al del 2012 como podemos observar en la gráfica siguiente. Hay que tener en cuenta que parte de esta renta familiar ha estado soportada por el estado, por lo que todavía las cifras podrían ser mucho peores. Fuente INe. Cifra en euros ¿Vuelta al ahorro? En la época de antes de la crisis, las familias vivían al límite de sus ingresos. Los españoles ahorraban cada vez menos debido a su alto nivel de consumo y porque vivían por encima de sus posibilidades llegando a un mínimo del 5,8% en su tasa de ahorro en el año 2008. Tal y como se observa en la gráfica siguiente, con la entrada de la crisis, las familias comenzaron a temer por su futuro y comenzaron a ahorrar, llegando a economizar más de un 13% de su renta en el año 2009. Sin embargo, a partir de ese máximo la tasa de ahorro ha vuelto a bajar de forma continuada hasta llegar a un nuevo mínimo del 6,5% en el año 2017. Algunos economistas afirman que la capacidad de ahorro no tiene que ver tanto con la renta disponible como con la confianza en la economía. Cuando las familias son optimistas con su futuro económico, aumentan su gasto y su inversión, y bajo la creencia de que se está saliendo de la crisis, el ahorro disminuye. El problema que se plantea es que el incremento de consumo de España se esté alimentando con la proporción de renta que destinaban al ahorro, lo que podría provocar graves desequilibrios para la economía. Fuente INE, porcentaje en base al año 1999 IMPACTO DE LA CRISIS SOBRE EL CONSUMO La reducción de la renta presentó un cambio drástico con una moderación o contención del consumo, llamada economía de guerra. Este consumo busca mantener el nivel de consumo anterior a la crisis, pero reformado, abaratado y racionalizado, aunque con la misma lógica del modelo occidental opulento. Por una parte, sí que se eliminan gastos con claro carácter superfluo u ostentoso. Así observamos en la gráfica una grave caída de la venta de coches de un 40% entre 2007 y 2008, y alcanzando un mínimo de 39.874 en 2013, un 64% por debajo de su nivel de 2005 tal y como se ve en la gráfica siguiente. Otro buen ejemplo es el número de operaciones estéticas, que cae casi del mismo modo que el de vehículos. Ahora hacerse un retoque estético queda fuera de lugar, ya que se están planteando problemas más graves como el pago de la hipoteca. De este modo, en un solo año cayeron un 27% el número de intervenciones estéticas. Fuente www.es.statista.com, cifra en miles de matriculaciones

10. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 18 19 Y la crisis llegó Por otra parte, hay una búsqueda de mantener el mismo nivel de consumo, pero adquiriendo productos más económicos intentando conseguir la máxima calidad. Así, el consumo de marcas blancas ya no se presenta como una forma de pobreza, sino como un hallazgo de calidad a bajo precio. Del mismo modo, el consumir en la oficina comida de tupper tampoco está mal visto, sino que esgrimen razones como que es una comida más sana, e incluso salen líneas de tupper sofisticadas para oficinistas. Parece que, de alguna forma, la población intenta salvar su dignidad en plena crisis diseñando nuevas fórmulas de consumo más económicas, aunque con cierto glamour. Un buen ejemplo de esta estrategia de consumo son el auge de las cadenas low- cost, que se han hecho fuertes en ámbitos críticos en nuestro consumo como la alimentación, los viajes y la ropa. En alimentación, empresas de distribución como Mercadona o Lidl resurgen con una mejor imagen, una compra inteligente y alineada con las últimas tendencias de economía sostenible. El caso de Mercadona es paradigmático, ya que cada vez es más amplia y reconocida su gama de productos propios. Se calcula que las marcas de distribuidor multiplicaron por 2,5 su oferta disponible en los lineales entre 2001 y 2016. Un caso diferente es el de la de ropa. Empresas como Primark o Lefties están en plena expansión por sus bajos precios. El consumismo sigue siendo importante en la mente del cliente que está dispuesto a aceptar bajos niveles de calidad a cambio de poder ir a la moda y cambiar de prendas cada temporada. En cuanto a viajes, los consumidores no se resisten a quedarse sin vacaciones, aunque son más cortas y en modalidad low-cost. En este sentido, diferentes líneas aéreas se han convertido en sinónimo de viaje económico como es el caso de Ryanair. Lo importante no es tanto el destino, sino su economicidad, así que tal y como dicen en su publicidad, descubren nuevos destinos. Así, los consumidores de la crisis acaban viajando a Malta, Cerdeña o Sicilia no por el destino en sí, sino porque es barato y es un recuerdo de su estilo de vida de antaño. EN QUÉ SE GASTA EL DINERO Ya hemos visto que el tránsito desde un fuerte consumo a un consumo austero altera los hábitos de los españoles, aunque quizás el concepto de economía de guerra sea un tanto excesivo. De hecho, la estructura general del gasto ha permanecido bastante estable desde mediados del año 2005 en su distribución interna, aunque aparecen diferencias lógicas dependiendo del tipo de producto. Para entender cómo afectó la crisis al consumo, utilizaremos la Encuesta de presupuestos familiares que realiza el Instituto Nacional de Estadística. La Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF permite conocer el gasto en consumo de los hogares residentes en España, así como la distribución del mismo entre las diferentes parcelas de consumo. Esta encuesta se basa en el estudio de 24.000 hogares españoles que reportan tanto lo que gastan como en qué se lo gastan. Y la crisis llegó En este apartado, veremos este gasto tanto en su distribución como la evolución de las diferentes partidas del sistema que utiliza el INe bajo la clasificación COICOP que diferencia doce categorías de gastos. Distribución del gasto La distribución del gasto en sí se ha mantenido con cierta estabilidad a lo largo del periodo. Es decir, los porcentajes del gasto que se hacen sobre la renta disponible tienen pequeñas va-riaciones. En el cuadro siguiente presentamos la distribución del gasto a lo largo del periodo observando las primeras diferencias del cambio de consumo. FuenteEncuestadePresupuestosFamiliares(INe) Como podemos ver, la austeridad que provocó la crisis se extendió a todos los grupos en el 2010, con las únicas excepciones de vivienda, bebidas alcohólicas y tabaco, medicinas, comunicaciones y enseñanza. Al final del periodo, muchas partidas quedan en niveles de distribución de gasto inferior al 2006 con las excepciones de vivienda, comunicaciones, enseñanza y hoteles, cafés y restaurantes.

11. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 20 21 Y la crisis llegó Bienes de primera necesidad En esta primera clasificación incluimos alimentación, medicina, educación y transporte, aunque este último incluya también el gasto de automóvil que podría ser considerado como bien duradero. Alimentación Frente a la crisis, el gasto en alimentación bajó, y en el periodo de 2008 a 2013 se contrajo un 19,6% en términos reales. En este periodo bajó el consumo de alimentos ricos en proteínas y aumentó el de los derivados lácteos y el azúcar. La disminución de la alimentación, y el abandono de comida fresca hizo alertar a las autoridades que afirmaron que con la crisis aumentaba la inseguridad alimentaria, y en especial en los colectivos en situación de pobreza y desempleo. Durante este periodo, las marcas blancas consiguieron un elevado nivel de penetración compensando en parte la disminución de renta y gasto. Al final del periodo, esta partida se ha mantenido en un nivel del 20% por debajo de su gasto inicial. Transporte El transporte también se vio afectado y en el año 2014 llegó a un 37% por debajo de su nivel de gasto de 2006. Además de la venta de automóviles, el resto de transporte también se vio afectado por la crisis. El uso de las bicicletas, patinetes eléctricos y el ir a pie se presentaron como buenas alternativas de transporte. La instauración de servicio de alquiler de bicicletas y sistemas compartidos de vehículos se ha presentado en casi todas las ciudades españolas. Al final del periodo el transporte es una de las categorías que más han sufrido en la disminución del gasto. Medicina La medicina es de las pocas categorías que se han mantenido próximos a su gasto inicial junto con la vivienda. Parte de la explicación se puede encontrar en los recortes habidos en la sanidad pública con la depresión económica. La política de externalización de servicios, copago y aumento de listas de espera han empujado a los consumidores a otro consumo médico. En el contexto de crisis financiera, parece que las administraciones públicas hayan optado por realizar una política de transferencia de coste hacia las familias. Uno de los indicadores que se pueden observar que han ido aumentando, a pesar de la crisis, es el aumento de gasto sani- tario privado y los seguros de salud. Y la crisis llegó Análisis por partidas Ya hemos visto que las familias redistribuyeron los gastos que tenían sobre su renta disponible, pero el efecto fue aún mayor justamente porque se vieron reducidos sus ingresos y renta disponible, y por otra parte el IPC siguió evolucionando. Por decirlo de otro modo, se encontraron ingresando menos dinero en un mundo más caro. Para un mejor análisis de las partidas hemos deflactado el gasto de las familias para trabajar sobre precios constantes con base 2006. Con esto, conseguimos una comparación más real en el gasto que realizaron en las diferentes partidas de la clasificación de la Encuesta de Presupuestos Familiares. En la siguiente tabla podemos ver la evolución del gasto con base 2006. En ella observamos que todas las partidas disminuyen su gasto debido a que ha disminuido la renta. La única partida en la que ha habido un aumento del gasto es la de enseñanza.

12. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 22 23 Educación La educación es la categoría que más ha aumentado durante este periodo de crisis. Al principio sufrió una leve caída en los primeros años para incrementar su gasto a lo largo de los años de la crisis a pesar de reducirse la renta. Así, podemos encontrar un incremento de hasta el 27% en el 2017 con precios constantes del 2006. Algunas fuentes indican que puede ser debido a la política de recortes del gobierno durante la crisis, como disminución de dinero para becas, aumento de cuantía de las tasas universitarias o el de los precios de idiomas, además de la retirada de ayudas de libros y material para alumnos con menos recursos. De algún modo, lo que podemos entender como bienes básicos, se han visto afectados debido a la disminución de la renta disponible. El transporte es el que queda más afectado de este grupo, al disponer de medios alternativos de desplazamiento. El siguiente que también se ha visto reducido es la alimentación, la cual consume buena parte de la renta. En esta ca-tegoría las marcas blancas y los alimentos preparados se han presentado como alternativas para combatir la crisis. La medicina se queda casi en la misma posición al ser un servicio inelástico. La disminución del gasto público ha hecho que los consumidores absorban su gasto médico. Por último, queda la enseñanza, que ha aumentado su gasto debido a los recortes de la administración. Bienes no esenciales En lo que podríamos llamar bienes no esenciales encontramos el alcohol y el tabaco, las comunicaciones, el ocio y cultura y hoteles, cafés y restaurantes. Bebidas alcohólicas y tabaco Las bebidas alcohólicas y tabaco tuvieron un aumento en los primeros años de la crisis. Diversos estudios indican que el alcohol y el tabaco son sectores refugio en situaciones económicas difíciles, incluso que su demanda es inelástica. Por eso, en los años de crisis aumentó su participación en la cesta, aunque finalmente experimentó una disminución similar a la alimentación al final del periodo. Comunicaciones Las comunicaciones están vinculadas en la actualidad a gastos asociados a la telefonía móvil. La disminución del gasto no se realiza al principio de la crisis, donde apenas baja un 1%, mientras que la alimentación ya había bajado un 11%. Sin embargo, finalmente hace una fuerte bajada en 2014 disminuyendo su gasto en un 20% para remontar en 2017 a un gasto muy próximo a 2006. Por lo visto, la crisis no ha afectado tanto a la telefonía como a la alimentación, ya que mientras que el gasto de alimento no se recupera, sí lo hacen los smartphones. Por lo visto, los consumidores no renuncian a la adquisición de estos terminales a pesar de la situa- ción económica, y del final de las subvenciones de estos dispositivos por parte de las principa-les operadoras. Ocio y cultura En el grupo de ocio y cultura encontramos tanto libros y revistas, equipos recreativos y vacaciones. Este grupo de gastos es uno de los que también ha sufrido con la crisis, con una reducción que ha llegado hasta el 36% en el momento más grave de la crisis, en el 2014. Se estima que entre 2008 y 2014, la asistencia de los consumidores españoles a cines, teatros, librerías y tiendas de discos cayó un 27,7%, y más de 4.000 empresas del sector cerraron en esos seis años. El cambio de hábitos, las nuevas generaciones y las descargas ilegales han cambiado el panorama del ocio y la cultura. Si bien el gasto se ha recuperado un poco en el 2017, sigue quedando con un nivel de menos del 32% con respecto al 2006. Este gasto se concentra en servicios culturales, deportivos y de ocio y los juegos de azar. Más atrás quedan los relacionados con tecnologías de la información y audiovisuales. Por ultimo queda el gasto vacacional, hobbies y libros. Hoteles, cafés y restaurantes Por último, tenemos la categoría de hoteles, cafés y restaurantes, que en una primera etapa siguió la misma pauta que la de ocio y cultura llegando a una disminución del gasto del 33% en 2014 con respecto al 2006. Ante la crisis, la hostelería sufrió caídas de facturación y los hoteles abarataron el precio de sus habitaciones como estrategia frente a la falta de clientes. Sin embargo, su recuperación ha sido mucho mejor que la del ocio y cultura, y las familias han vuelto a gastar en bares y hoteles. Las partidas que más han crecido son las destinadas a comer y cenar fuera, alcanzado un gasto del 85% con respecto al gasto del 2006. Los bienes no esenciales han sufrido importantes disminuciones por la crisis, salvándose en parte las bebidas alcohólicas, el tabaco y las comunicaciones. Los hoteles, cafés y restauran-tes sufrieron bajadas más fuertes, pero han demostrado una importante recuperación en 2017. La única categoría que ha demostrado una recuperación débil es el ocio y la cultura que se mantiene un 32% por debajo de su nivel inicial. Y la crisis llegóY la crisis llegó

13. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 24 25 Y la crisis llegó Principales festivales de música en España Foto 5. Los bienes duraderos son los que han sufrido los peores resultados de la crisis. Bienes duraderos En bienes duraderos encontramos el vestido y calzado, y los muebles y equipamiento de hogar. Vestido y calzado El vestido y calzado es una de las categorías en la que más ha disminuido el gasto junto con menaje. En España, se dan unas características especiales que han acentuado una tendencia que venía marcándose desde hace años. El comprador español es uno de los que menos gasta en ropa en comparación con sus vecinos comunitarios, de hecho, no le gusta invertir mucho en ropa. Esto, en un contexto de crisis, ha hecho que compre menos al ser bienes duraderos. Con estos factores, en España se han institucionalizado los precios bajos permanen-tes. Por una parte, las rebajas no hacen efecto porque hay precios bajos todo el año. Y por otra, la irrupción de marcas denominadas low cost han arraigado en España un una gran ex-pansión y un gran éxito. Como ejemplo, las ventas del comercio de moda se redujeron a partir del 2007 y cayeron siete años consecutivos. Al final del periodo, su gasto queda reducido un 37%. Muebles y equipamientos del hogar El sector del mueble y equipamiento del hogar ha sido uno de los más afectados junto a vestido y calzado. La debacle económica se llevó por delante a más de 4.000 fabricantes, además de toda una industria auxiliar. En parte, algo de sentido tiene, ya que la disminución de la construcción y venta de nuevas viviendas tenía que afectar a este sector, es difícil vender muebles cuando nadie quiere comprar pisos. La bajada del consumo afectó a los precios y también empujó a la instauración de tiendas de bajos precios, que fue aprovechado por grandes cadenas como Ikea y Conforama. El consumo quedó reducido a un 54% en el 2014, para experimentar una recuperación en 2017 del 64%, aún bastante lejos del consumo de 2006. Los bienes duraderos son los que han sufrido los peores resultados de la crisis. Las categorías de vestido, calzado, muebles y equipamientos del hogar fueron los que alcanzaron los niveles más bajos en plena crisis de todo el consumo. Si bien han experimentado una recuperación en los últimos años, siguen siendo los más débiles de todas las categorías. Tanto el propio consumidor como el mercado tampoco han ayudado, instaurándose una cultura de precios bajos y bajo consumo. Foto 6. Las categorías de vestido, calzado, muebles y equipamientos del hogar fueron los que alcanzaron los niveles más bajos en plena crisis de todo el consumo.

14. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 26 27 Y la crisis llegó TENDENCIAS HACIA UN CAMBIO DE PARADIGMA La crisis ha dibujado una tendencia hacia un tipo de consumo sostenible. De alguna forma se ha tomado conciencia del exceso de consumo anterior a la crisis y se han presentado propuestas alternativas en una amplia amalgama que se podría presentar como consumo responsable. Esta etiqueta, en la que también entran el consumo alternativo, biológico, ecológico, etc… representa un campo semántico borroso que presenta un conjunto de prácticas que tiene su origen en una especie de conciencia medioambiental. Es una nueva forma de consumir, con unas prácticas concretas y unos grupos sociales específicos, buscando la eficacia material y simbólica en sus acciones. Un rasgo que tiene este consumo es su dimensión social, casi se puede decir que es un consumo colaborativo, las masas son los actores principales de este consumo y los que de alguna forma intercambian bienes, productos y servicios al margen de los mercados capitalistas tradicionales. Este movimiento sobre el consumo colectivo se basa en la desconfianza sobre las instituciones a raíz de la crisis y la incapacidad del Estado de articular respuestas. En movimientos como 15M o los movimientos anti-desahucios ofrecen una nueva perspectiva de la sociedad, una sociedad latente y manifiesta en la que sí se puede confiar. Se trata de una confianza en una sociedad que se moviliza por objetivos que van más allá de los intereses individuales. Se desconfía de las instituciones, incluso de otros individuos, pero sí se confía en el colectivo idealizado que realiza acciones conjuntas. Veamos tres ejemplos concretos como son los movimientos relacionados con la salud, el sharing y el consumo ecológico. Existe una fuerte tendencia al consumo colectivo relacionado con la salud, como pueden ser movimientos de runner o los relativos al yoga. En la nueva conciencia se vuelve a valorar lo sano, lo natural, y esto afecta a la alimentación y a la salud. Si bien ya existía anteriormente una orientación al cuerpo con el consumo de gimnasios, ahora esta orientación es de consumo colectivo. Los grupos de runners se multiplican y también los eventos colectivos de yoga. Todo ello es un nuevo consumo grupal con fuertes componentes de identidad. En el caso del sharing también encontramos componentes similares. La idea es que un consumo compartido es más responsable con el medioambiente e ideales de sostenibilidad. La modalidad que se ha hecho más notoria es compartir trayecto en coche, pero no la única. Además de trayecto, también se ofrecen viviendas y servicios para intercambiar y compartir, a veces con retribución económica y otras como intercambio de servicios. Un tercer ejemplo es el consumo ecológico, que puede ser desde estar más pendiente del origen de los productos, el modo en que se han cultivado o elementos éticos y sostenibles del mismo, hasta integrarse en cooperativas como agentes activos de la producción, distribución y consumo de productos. Este es un buen ejemplo del concepto de responsabilidad y sostenibilidad en el consumo. Y la crisis llegó Foto 7. En la nueva conciencia se vuelve a valorar lo sano, lo natural, y esto afecta a la alimentación y a la salud.

15. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 28 29 Perspectivas del consumo tras la crisis TIEMPO DE AUSTERIDAD: RESIGNADOS Y NO RESIGNADOS La conciencia de crisis en España tardó un poco más de entrar en la mente del consumidor que en los demás países. En 2010 se dio un pequeño rebrote que no era más que un espejismo bajo la alegría de un mundial de fútbol de Sudáfrica en el que España salió vencedora. Pero tras la euforia se volvió a la realidad con unas rentas bajas y unas perspectivas pesimistas. Ante esta situación se inició una erradicación de todo lo que se entiende por gasto superfluo y un esfuerzo por ahorrar. En estos años hubo un cambio de hábitos de consumo en gastos superfluos como pueden ser el cine, sobre el que se podían buscar sustitutos como las descargas piratas; o el tabaco, sobre el que también se podían buscar sustitutos como el tabaco de liar. Las estrategias que se desplegaron fueron de todo tipo, como abandonar marcas clásicas para ir a un consumo de marcas blancas, llevar el tupper a la oficina en lugar de almorzar de menú, o incluso volver a estar pendiente de apagar luces innecesarias. Estos son algunos ejemplos del nivel de austeridad. Sin embargo, ¿se había aprendido la lección? Parte de la población sí, pero no toda. Efectivamente, una parte de la población se resignó a esta bajada de nivel de vida. La percepción es que habían vivido por encima de su nivel de vida y ahora habían bajado a un espacio social inferior donde el consumo se centraba exclusivamente en necesidades básicas. Así, por ejemplo, habían interiorizado la necesidad de ir en transporte público, o ir caminando, a pesar de disponer de coche. Todas estas personas entendieron la lección y buscaron alterar su estilo de vida y valores para adaptarse a la nueva realidad. Perciben esta nueva forma de consumo como estructural, de forma que renuncia a antiguos modos de consumo por una nueva, diferente y con otros valores. Quizás la etiqueta que les podemos poner es de resignados, entendiendo que su visión de la realidad ha cambiado y se orienta a un nuevo estilo de consumo. Sin embargo, se ha podido detectar un segundo tipo de consumidor que podemos llamar no resignado, que acepta más el discurso de que se les ha engañado. Estas personas no asumen su posición subordinada en la estructura social y exigen volver a su punto de partida, tal y como tenían antes de la crisis. De alguna forma, creen que esta nueva forma de consumo es coyuntural ante la situación de incertidumbre presentada por la crisis. Es evidente, que, si bien tras la crisis su tipo de actuación es la misma que los resignados, están esperando que vuelva a resurgir la economía para volver a tipos de consumo del que habían disfrutado con anterioridad, y es que el concepto de consumo asociado a su bienestar sigue estando unido. Perspectivas del consumo tras la crisis ¿DÓNDE ESTÁELLÍMITE? Ya hemos comentado que tras la crisis ha quedado un escenario de estancamiento y deterioro del bienestar, con elevados niveles de desempleo y una fuerte desigualdad económica. Sobre este panorama, las personas tuvieron que dar alguna explicación de lo que había pasado. Lo que sí que sabían es que venían de una cierta alegría del periodo pre-crisis con una fuerte sensación de riqueza, y que todo aquello había desaparecido para dejar un presente sombrío. Una primera explicación, que se hizo en su momento de forma generalizada, es que se había pecado de “vivir por encima de los límites”, de forma que se llegó a la aceptación que todos ellos eran culpables. Este fue, y todavía es, un poderoso discurso moral de haber vivido bajo un hedonismo y una búsqueda de enriquecimiento rápido. Y, como todo cuento moral, ahora venía el castigo en forma de crisis, recesión y estancamiento. Esta explicación se ha dado desde todas las clases sociales y es difícil encontrar a alguien que no esté de acuerdo, fue una borrachera de consumo y especulación. Sin embargo, casi al mismo tiempo, y sobre todo en periodo post crisis, apareció una segunda explicación que rompía esta culpa colectiva y la irritación se volcaba en la banca y los políticos. La indignación se ha volcado sobre ellos, por una parte, a la banca por sus prácticas arriesgadas y posterior rescate que, según ellos, ha sido pagado por el bolsillo de todos los contribu- yentes, y por otra parte porque el estado los ha abandonado con su problema hipotecario. Este sentimiento estuvo recogido en movimientos como el citado 15M del año 2010 en el que de forma espontánea comenzaron manifestaciones pacíficas en las que culpaban a banque-ros y políticos de la situación que padecían. De alguna forma, el sentimiento era que les ha-bían engañado. Estas dos explicaciones afectarán de forma significativa a la forma de consumo. Como veremos, la primera explicación empuja a las familias a una economía más austera con un consumo más racional. Sin embargo, a medida que se le echa la culpa a bancos y gobiernos, la percepción y expectativas de consumo varían volviendo otra vez una visión más consumista de antes de la crisis.

16. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 30 31 Perspectivas del consumo tras la crisis UN ESTILO DE VIDA DIGNO Un elemento común es que ambos grupos aceptan que están sufriendo un deterioro de sus condiciones de vida, pero que no por ello quieren sacrificar un estilo de vida digno, el problema está en qué se entiende por dignidad. En el primer grupo mencionado la dignidad se basa en un estilo de vida distinto, que no se sacrifique bienestar, austero pero digno. Así que las pautas de consumo de este grupo se diversificarán buscando el bienestar en formas de consumo más alternativas, con un giro a valores como son los amigos, compartir aficiones en grupo, un ocio más ecológico, un cuidado diferente del cuerpo, todo ello, pero con unas pautas de consumo más controladas, racionales y austeras. Sin embargo, no está dispuesto a sacrificar elementos que han emergido como necesidades relacionadas con la tecnología, como son los dispositivos móviles de gama media y alta, o viajes al extranjero, aunque con líneas de bajo coste. De alguna forma, estructuran su gasto de forma que puedan conseguir los mejores beneficios de la sociedad capitalista, pero con un bajo consumo, sin estar tan atados a sus exigencias. Perspectivas del consumo tras la crisis Foto 8. Tras la crisis ha quedado un escenario de estancamiento y deterioro del bienestar, con elevados niveles de desempleo y una fuerte desigualdad económica. El segundo grupo podríamos decir que no ha aprendido la lección y quiere volver a su nivel de consumo pasado. Está esperando que vuelva una recuperación económica para salir de su parcela de austeridad y bajo consumo, y retomar el estilo de vida de antaño. Este segundo grupo percibe que son víctimas de la situación y no se hacen muy responsables de ella. Si bien su pauta de consumo también está muy controlada, es porque realmente no pueden consumir más y sobre todo por el miedo ante un futuro aún incierto. Lamentablemente, según algunas investigaciones, este grupo podría ser mayoría entre la población. El consumo para ellos es un símbolo de bienestar y de integración en la sociedad. El consumismo, sigue presente a pesar de la caída del gasto y están esperando al resurgir económico. La sensación de ellos es que se merecen el nivel de vida que llegaron a tener en el pasado.

17. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 32 33 Conclusiones finales En este trabajo hemos podido observar cómo una grave crisis económica altera la vida cotidiana de millones de personas. La disminución de la renta disponible provoca una redistribución del gasto que afecta a hábitos, visión de la vida y los valores que la sustenta. Decir que una disminución de renta provoca cambios en los valores, no deja de ser un poco reduccionista, cuando no una visión puramente economicista. Sí que es cierto que es la parte más visible de la crisis, y la que han experimentado con mayor profundidad todas las personas afectadas, pero detrás se esconde una segunda crisis más amplia que son las raíces mis-mas de la sociedad. La crisis económica viene provocada por dos visiones antagónicas: el capitalismo y el estado del bienestar. Por una parte, el capitalismo ofreció toda una serie de valores y conductas que fueron admirados antes de la crisis. En ese momento, se integró en la mente de los ciudadanos la cultura de especulación que promovía el enriquecimiento rápido. Sin embargo, España también arrastraba una segunda cultura o visión, que es la del Estado del Bienestar. Esta cultura es en parte contradictoria con el capitalismo, ya que entiende que hay que poner límites a los bienes privados porque considera que tienen una función social. La responsabilidad del bienestar del ciudadano está en sus manos por medio de unos fuertes servicios públicos, la reducción de la desigualdad salarial y la disposición de un buen sistema contributivo para la redistribución. Como es claramente visible, la lógica del estado del bienestar es difícil de conciliar con el crecimiento capitalista y menos aún con uno especulativo tal y como se experimentó antes de la crisis. Desde este punto de vista, la crisis surgió bajo una cultura capitalista especulativa, elemento clave del capitalismo, que contiene su propio ciclo que se regenera con las crisis. Sin embargo, la población tenía también en mente los valores y la concepción del estado del bienestar, así que, de alguna manera, esperaba que el estado los salvase de la situación crítica que se avecinaba. No obstante, el Estado estaba más preparado para atender viejas demandas, como la atención al desempleo, la salud y la vejez; que los nuevos problemas que se planteaban como: solucionar el problema de personas que iban a perder su casa ante la falta de pago debido al desempleo producido por la crisis. Esta dialéctica entre capitalismo especulativo y estado del bienestar se puso en evidencia con la crisis, de estas fuerzas contrapuestas surgen los nuevos valores. Por una parte, una visión crítica ante el capitalismo, cuando no claramente anti-capitalista, y una orfandad del estado del bienestar que compensan con la vuelta a la colectividad que sí que puede articular res- puestas ante los problemas surgidos. Así se configura un consumismo responsable controlado y de valores. Todo lo contrario a los valores propios del capitalismo y al margen del Estado. Este nuevo consumo responsable es la nueva propuesta de los valores que se presenta ante la sociedad actual, unos valores que desconfían del capitalismo y del Estado, y que se vuelca en la persona, en cuidar su salud, sus alimentos y busca superarse por medio de la educación, percibe el consumo como responsable y su felicidad pasa por la colectividad, por las personas, siempre dentro de un ámbito colaborativo y de consumo selectivo y despersonalizado de todo valor ostentoso. Conclusiones finales Foto 9. El consumo responsable es la nueva propuesta de los valores que se presenta ante la sociedad actual.

18. Cambio de hábitos de consumo en tiempos de crisis 34 35 Bibliografía ECONOMÍA Entre la austeridad y el malestar, REIS http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_155_021467965466974.pdf Crisis económica, crisis financiera o crisis del sistema social global Revista Española de Sociología https://recyt.fecyt.es/index.php/res/article/view/65309/39594 Burbujas especulativas y crisis financieras, REIS http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_150_041428570273855.pdf La burbuja que embriagó a España https://elpais.com/economia/2015/10/20/ actualidad/1445359564_057964.html Diez años de la crisis: diez gráficos para entender sus efectos sobre España https://www.elblogsalmon.com/mercados-financieros/hoy-se-cumplen-diez- anos-de-la-crisis-financiera-diez-graficos-para-entender-sus-efectos-sobre- espana EMPLEO Crisis y trabajo, REIS http://www.reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_158_011491547177459.pdf Crisis del empleo y polarización de las trayectorias laborales https://papers.uab.cat/article/view/v101-n1-verd-lopez-andreu Inmigración y empleo en España: de la expansión a la crisis económica, REIS http://www.reis.cis.es/REIS/jsp/REIS.jsp? opcion=articulo&ktitulo=2776&autor=JACOBO+MU%D1OZ+COMET VIVIENDA Derecho a la vivienda y negocio inmobiliario: por qué se producen tantos desahucios https://barometrosocial.es/archivos/1460 CONSUMO Los ciudadanos españoles ante la crisis, Olga Salido Cortés, Profesora Titular de Sociología en el Departamento de Sociología III, Universidad Complutense de Madrid. Doctora en Ciencia Política y Sociología (UCM). ¿Qué ha sucedido con el consumo y el ahorro en España durante la Gran Recesión?: un análi-sis por tipos de hogar, Julio López-Laborda, Universidad de Zaragoza y FEDEA 2018/03 Crisis y nuevos patrones de consumo: discursos sociales acerca del consumo ecológico en el ámbito de las grandes ciudades españolas http://revistas.uned.es/index.php/empiria/article/view/12939 Informe Nielsen: Salud, comodidad, ahorro y Premium https://www.nielsen.com/es/es/press-room/2018/nielsen-360-micro.html COLABORACIÓN De los vínculos en el consumo al consumo en los vínculos Revista Española de Sociología https://recyt.fecyt.es/index.php/res/article/view/65390 Entre el mercado y la cooperación social. Luces y sombras de las prácticas de consumo colabo-rativo, Revista Española de Sociología https://recyt.fecyt.es/index.php/res/article/view/65474 Capital social, confianza y modelos de asociacionismo en España, Papers https://papers.uab.cat/article/view/v103-n2-pena ESTADO DEL BIENESTAR Crisis y estado del bienestar Revista Internacional de Sociología http://revintsociologia.revistas.csic.es/index.php/revintsociologia/article/ view/524/546 CONFIANZA La cultura de la confianza en tiempos de crisis. Revista Española de Sociología https://recyt.fecyt.es/index.php/res/article/view/65485 La reorganización del sistema de confianza tras la crisis en el campo de la alimentación https://recyt.fecyt.es/index.php/res/article/view/65154 Bibliografía

19. www.obs-edu.com

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