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Published on March 16, 2014

Author: MTG1212

Source: slideshare.net

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E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 1 Material para Lengua y Literatura 5to Año Automotores Contenidos: Lengua y literatura 2do Trimestre 3er Trimestre1er Trimestre Literatura precolombina Modernismo: Rubén Darío. Literatura del descubrimiento y la conquista. Narrativa indigenista. Vanguardia Narrativa Naturalismo: Horacio Quiroga. Regionalismo: Juan Rulfo J. L. Borges Julio Cortázar G. G. Márquez A. R. Bastos Ernesto Sábato M. E. de Miguel Silvia Iparraguirre Vanguardia Lírica Mario Benedetti Pablo Neruda Oliverio Girondo Enlaces Novelas: El Conquistador, F. Andahazi El Túnel, E. Sábato Crónica de una muerte anunciada, G. G. Márquez Películas: La Misión Apocalypto Crónica de una muerte anunciada Otros textos Reseñas - Ensayos Presentaciones Canciones

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 2 Actividad de diagnóstico Lea con atención los siguientes textos del escritor uruguayo Eduardo Galeano y realiza las actividades indicadas:

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E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 7 Tema: La Reseña Una reseña es una evaluación o crítica constructiva, que puede ser positiva o negativa que depende de lo que el crítico analice, de objetos tales como una película, un videojuego, una composición musical, un libro; un equipo, como un automóvil, electrodoméstico o computadora; o un evento, como un concierto, una exposición o una obra de teatro. El autor puede asignar al objeto criticado una calificación para indicar su mérito relativo con el objeto de aproximar a los lectores hacia lo descrito. En su contenido debe reflejar la interpretación y evaluación crítica de quien la realiza, pero evitar sesgos de carácter personal. En la literatura científica, una reseña consiste en un análisis de una o varias obras científicas y su relevancia en la investigación de un tema en determinado momento. Normalmente se trata de una revisión por pares, proceso por el cual los científicos evalúan el trabajo de sus colegas que han sido presentados para ser publicados en alguna editorial académica. Características de la reseña Se organiza siguiendo una estructura argumentativa. Comienza con la definición del objeto a tratar u opinión personal o interpersonal de un escrito argumentativo, continúa con la toma de posición

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 8 (que se justifica ya sea contrastando con diversos argumentos o a través de opiniones personales), y cierra reafirmando la posición adoptada. Es un escrito breve que intenta dar una visión panorámica y, a la vez, crítica, sobre algo. Refleja la interpretación y evaluación crítica de quien la realiza. Describe un tema, texto, suceso o evento y ofrece una opinión sobre su valor. Extrae lo esencial del contenido Suele seguir el siguiente esquema: introducción, resumen expositivo, comentario crítico y conclusión. Necesita un lugar u objeto de cual hablar o criticar positiva o negativamente. Es importante aclarar que la crítica es el parecer del autor. Ejemplo de Reseña con la novela El Conquistador Federico Andahazi. Autor de "El Conquistador" Tapa del libro Temas: LITERATURA ARGENTINA Autor: ANDAHAZI, FEDERICO Editorial: PLANETA ARG. ISBN:950-49-1599-X 285 páginas Peso estimado: 300 gramos

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 9 ¿Cómo sería el mundo si la historia no hubiera sido como creemos que fue? Guiado por las profecías del calendario azteca, Quetza, un joven brillante criado por un sabio en el antiguo México, se lanza a la aventura. Adelantándose a los grandes viajeros, es el primer hombre que logra unir ambos continentes, descubriendo un nuevo mundo: Europa. Quetza nos cuenta la barbarie que se ve en esas tierras: la adoración a un hombre brutalmente clavado en una cruz, personas quemadas en hogueras ante multitudes que festejan como salvajes y ambiciones desmedidas de riquezas y poder. Quetza, al ver la avidez de esos gobernantes, no puede sustraerse a un vaticinio: ellos cruzarán pronto el océano, impulsados por el afán de extender sus dominios. Concibe entonces un plan para evitar la conquista y el exterminio de su pueblo. LA CONQUISTA DE EUROPA EN 1492 Reseña de Tito Matamala La nueva novela del argentino Federico Andahazi explora la fábula, o la tesis, de que un grupo de aborígenes latinoamericanos haya llegado al viejo continente antes del viaje de Colón. Se configura así un modo distinto de entender la historia, que mucho se asemeja a un acto de venganza y reivindicación cultural. Lo primero que llama la atención del conquistador Quetza al arribar a las costas españolas es el olor. Más bien dos olores penetrantes. La gente apesta, pese a que el sol es agobiador se visten de pies a cabeza, con gruesos sayos que arrastran levantando el polvo de la calle. Parece que no se bañan, y como sus cuerpos permanecen ahí encerrados sin ventilación, hieden como estiércol de cerdo. Es insoportable para estos adelantados aztecas, acostumbrados al cotidiano aseo personal. Y lo otro es peor, terrible: un aroma de asado que a la distancia

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 10 les abrió el apetito luego de la extensa jornada de navegación hacia el levante. Desde el mar veían las fumarolas de las carnes a las brasas, pero al acercarse comprueban que son hombres los que se achicharran en el fuego de la santísima inquisición. Ese espectáculo, aun cuando a Quetza le recuerda los sacrificios humanos en su tierra, le parece horripilante. ¿Qué tipo de perverso dios de estos europeos les exige la ofrenda de la carne de sus semejantes? ¿Cómo ha llegado un aborigen americano a presenciar ese auto de fe en la península católica? Es la tesis de la nueva novela de Federico Andahazi, "El conquistador", en la que pretende torcer el devenir natural de la historia y plantearse qué habría ocurrido si se hubiese cumplido la otra alternativa: que los aborígenes americanos llegaran a conquistar Europa antes del zarpe de las carabelas de Cristóbal Colón. De inmediato, podemos entender la obra como una suerte de venganza, para que al menos en la ficción se ajusten las cuentas del pillaje y el exterminio que padeció este continente desde 1492, lo que todavía es no sólo un llanto perpetuo sino también una bandera de lucha política y social. Y uno de los tópicos más arraigados en la literatura de la región. El héroe, Quetza, es un joven aborigen mexica, habitante de lo que más tarde se llamará América Central. Reúne lo mejor de la cultura de su pueblo: ya sabe, por ejemplo, que la Tierra es redonda y que se puede viajar al oriente y regresar por occidente. Sabe también, o lo intuye, que su gente debe salir a buscar el futuro, antes de que venga el futuro a acabar con ellos. Por eso, y por su buena fortuna, consigue el beneplácito del emperador y zarpa en una embarcación a quebrarle la mano a la historia. El único deber que tenemos con la historia, decía Oscar Wilde, es reescribirla. Y en eso se compromete Andahazi. La embarcación de Quetza y sus elegidos debe sortear un mar iracundo, y en una de esas noches de tormenta ven pasar un drakar vikingo, raudo y con más aplomo hacia las playas de América del Norte. Pero es al avistar la costa española cuando en verdad comienza un retrato asimétrico de la conquista. Los valientes mexicas, exhaustos por el periplo, alcanzan un pequeño villorrio de nombre Huelva, y descubren con temor que su empresa será más difícil de lo que habían imaginado. Aquí los hombres usan unos carros de arrastre con ruedas, con los que resulta mucho más fácil el transporte de pertrechos. ¡Cómo no se les ocurrió a ellos, si ya conocían los

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 11 objetos redondos! También poseen armas de hierro que disparan proyectiles a larga distancia. No obstante, es el caballo, aquel animal poderoso pero dócil a las órdenes de "los nativos", lo que más espanta a los adelantados de Tenochtitlan. Andahazi explora la ucronía, el "qué hubiera ocurrido si". O también la posibilidad de que exista un universo en que efectivamente las tribus de México y el Caribe llegaron a Europa antes del viaje de Colón, tesis compleja y poco creíble pero que, amparada en intrincados conceptos de la física teórica, nunca podemos descartar del todo. A veces la novela se torna humorística, por las numerosas observaciones del jefe mexica que develan el don de la oportunidad de su aventura: ha llegado a la península ibérica en 1492, cuando los monarcas católicos han expulsado por decreto a los judíos, y por las armas a los moros. Son días convulsionados, en que las hogueras de la inquisición se alimentan sin pausa de carne hereje. Y un silencioso miembro de la corte de la reina Isabel, un almirante que se entrevista con Quetza, está a punto de convencer a su monarca para que le financie una empresa marítima hacia occidente: Cristóbal Colón. En el encuentro cara a cara, ambos marinos entienden que el otro también sabe el secreto: que la Tierra es redonda, y que no hay abismos infernales en las orillas de los mapas. Es uno de los episodios mejor logrados de la novela. "El conquistador" también es fábula con una clara moraleja acerca de la codicia y la hipocresía de los hombres blancos. Quetza no se engaña con la férrea religiosidad que ve en los monarcas peninsulares, ni en la adoración del pueblo por ese dios que reproducen crucificado en una cruz. Todo ello no es más que una excusa institucionalizada para expandir las tierras del imperio en pos de las riquezas que se derivan del oro. Esos seres tan arropados, hediondos y penitentes, tarde o temprano descubrirán la ruta hacia donde se pone el sol, y entonces no habrá dioses capaces de amparar a los hermanos de Quetza. Entretenida, de prosa sencilla, la novela de Federico Andahazi establece otro punto de partida para imaginar y pensar la historia de América Latina. La siguiente ilusión sería que nunca llegaron anglosajones a instalarse al norte del Río Grande.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 12 LA ARGENTINIDAD….. AL PALO Entrevista a Federico Andahazi, reciente ganador del premio planeta por "el conquistador" "Siempre me gustaron los personajes inciertos" Se presentó al concurso con un seudónimo ("como en mis tiempos de autor inédito") y ganó. Andahazi habla del reconocimiento de sus colegas y establece una conexión entre el protagonista de la novela ganadora, Quetza, y una difícil situación personal que debió sobrellevar: "Por momentos sentía que estaba intentando escribir la historia de mi hijo", señala. A pesar de que se siente reivindicado (ver aparte), después de haber ganado el Premio Planeta de Novela con El conquistador –"por su originalidad argumental, el oficio narrativo y el conocimiento de las culturas americana y europea del siglo XIV", según el fallo unánime del jurado–, no fue un año fácil para Federico Andahazi. En mayo, mientras terminaba de escribir esta novela, nació su hijo Blas, con apenas 25 semanas de gestación. "Luchó mucho para sobrevivir, pero lo que más me impresionó fue que Blas tuvo la misma enfermedad que el personaje, y por momentos sentía que estaba intentando escribir la historia de mi hijo", dice Andahazi. El personaje es Quetza, un chico que en el antiguo México, en el imperio azteca, está a punto de ser condenado a morir como ofrenda al dios de la guerra. Pero Tepec, un anciano tolteca –perteneciente al Consejo de Sabios– que repudia la cultura de los sacrificios, lo salva con la condición de hacerse cargo de la crianza del niño, al que todos consideran un desahuciado. Quetza se convirtió en un héroe, en un adelantado que estableció con exactitud el ciclo de rotación de la Tierra en torno del Sol y trazó las más precisas cartas celestes antes que Copérnico. También, antes que Leonardo Da Vinci, imaginó artefactos que resultaban absurdos e irrealizables para la época y, anticipándose a Colón, supo que la Tierra era una esfera y que, navegando por Oriente, podía llegarse a Occidente y viceversa. Comprobó que el Nuevo Mundo era una tierra arrasada por las guerras, el oscurantismo, las matanzas y las luchas por la supremacía entre las diferentes culturas que lo habitaban. Retornó a su patria después de haber dado la vuelta completa a la Tierra, mucho antes de que Magallanes pudiese imaginar semejante hazaña. Pero fue silenciado, tomado por loco y condenado al destierro.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 13 "La pintura, mi vocación frustrada, siempre es para mí fuente de inspiración literaria", confiesa Andahazi. "En México vi un mural de Rivera con una barca, navegando por el aire, hacia el este, con el sol invertido. Y en esa visión encontré un relato: un azteca navegando en sentido contrario y viendo el mundo al revés." A partir del impacto que le generó el mural, el escritor empezó a investigar la historia de los aztecas para saber cuánto había de cierto en lo que trasmitía Rivera. "Y me encontré con la mitología, que nunca se sabe cuánto tiene o no de historia, pero que establece que en México habría existido una suerte de adelantado." –Pregunta: ¿Cuál es el atractivo que tiene para usted un personaje como Quetza? –Respuesta: Me gustan esos personajes inciertos, que no se sabe muy bien si existieron o no. Lo mismo me pasó con Mateo Colón en El anatomista; realmente me parecía increíble que el clítoris tuviera un descubridor, y que además se llamara Colón. En el caso de Las piadosas, el doctor Polidori, que fue el secretario de Byron, vivió a la sombra del poeta. Siempre me gustó resucitar este tipo de personajes, darles vida y convertirlos en personajes literarios. –¿Qué aspectos tomó del mito? ¿Quetza fue un chico que se salvó de ser sacrificado y que fue criado como cuenta en El conquistador? –Nunca me gusta confesar del todo cuánto hay de cierto y cuánto hay de ficción. Como lector, prefiero dejarme engañar gratamente por un autor, porque nunca se sabe bien dónde empieza la historia y dónde la ficción. Mientras escribía la novela, todo el tiempo intenté mirar el mundo con otros ojos. Lo más difícil fue ser fiel a ese sol invertido del mural de Rivera e intentar pensar de otra forma. Aprender a mirar más allá de la superficie, pero también aprender algo de la superficie. Esto nos enseñó Poe en La carta robada; él nos dice que para poder ver en la profundidad, para poder encontrar esa carta robada, hay que saber mirar en la superficie, esa carta que no se ve justamente por estar a la vista de todos. Tuve que hacer un descentramiento casi copernicano para ver el mundo de otra forma. Ver lo que uno está acostumbrado a ver con otros ojos nos confronta a lo siniestro, que es lo que nos resulta familiar, pero de repente se convierte en algo diferente. –¿Cómo explicaría el rol que cumple un personaje como Machana, un armador de canoas que nunca navegó, que lo hace sólo con la imaginación?

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 14 –Tangencialmente, Machana encarna la figura del escritor, que es ese tipo al que le encantaría vivir la vida de sus personajes y al que, a falta de posibilidades concretas y reales de convertirse en sus personajes, no le queda más remedio que escribirlos y vivir vidas ajenas. Este viejo que fabrica barcos, pero nunca navegó, en parte es análogo a los personajes que inventamos los escritores, que no nos pertenecen, que se nos revelan, y por otra parte viven esas vidas que quisiéramos vivir nosotros. Mis novelas son poco autobiográficas porque tengo una vida bastante aburrida y poco importante. Esta novela la escribí en los bares del Hospital Italiano, acompañando la recuperación de mi hijo, y por momentos sentía que estaba intentando escribir la historia de la lucha de mi hijo. Hay determinados capítulos en donde Quetza tiene que pelear para sobrevivir. Y yo me ocupo de que luche con suma belleza y dignidad, como lo hizo mi hijo. –¿Qué significa para usted el misterio, tan presente por otra parte en la historia que se narra en El conquistador? –La literatura es consustancial con el misterio. No creo en esa literatura que viene a explicarnos o a imponernos un supuesto orden donde no lo hay. La literatura viene a ahondar en estos misterios, viene a crear más interrogantes y a no dar ninguna certeza. La arcilla de la que se nutre la literatura es el misterio. Para los aztecas la existencia es un misterio irresoluble, y lo interesante es que no hay una explicación, a diferencia de la cultura judeo-cristiana, que busca permanente explicar el misterio. Está claro que los aztecas conviven con esa angustia, y en la poesía azteca se ve todo el tiempo que sólo se vive en la Tierra, que no hay un más allá. Lamentablemente quedó muy poca literatura de esa época, porque los españoles se encargaron de no dejar absolutamente nada. Los españoles, si tenían algún mérito entre comillas en sus planes de conquista, era que extirparon la memoria de los pueblos y les destruyeron su patrimonio literario, que era vastísimo. Ver la película La Misión o Apocalypto http://es.gloria.tv/?media=265979 http://cinefox.tv/ver58/apocalypto_espanol- latino.html

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 15 Lectura: La noche boca arriba Julio Cortázar Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos; le llamaban la guerra florida. A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones. Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe. Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba hasta

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 16 una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en las piernas. "Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado..."; Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con guardapolvo dándole de beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio. La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un shock terrible, dio sus señas al policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada. "Natural", dijo él. "Como que me la ligué encima..." Los dos rieron y el vigilante le dio la mano al llegar al hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvía poco a poco; mientras lo llevaban en una camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros, cerró los ojos y deseó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría sentido muy bien, casi contento. Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografía. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás. Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas, conocían. Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se revelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego. "Huele a guerra", pensó, tocando instintivamente el

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 17 puñal de piedra atravesado en su ceñidor de lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo. Esperó, tapado por las ramas de un arbusto y la noche sin estrellas. Muy lejos, probablemente del otro lado del gran lago, debían estar ardiendo fuegos de vivac; un resplandor rojizo teñía esa parte del cielo. El sonido no se repitió. Había sido como una rama quebrada. Tal vez un animal que escapaba como él del olor a guerra. Se enderezó despacio, venteando. No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Había que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas. A tientas, agachándose a cada instante para tocar el suelo más duro de la calzada, dio algunos pasos. Hubiera querido echar a correr, pero los tembladerales palpitaban a su lado. En el sendero en tinieblas, buscó el rumbo. Entonces sintió una bocanada del olor que más temía, y saltó desesperado hacia adelante. -Se va a caer de la cama -dijo el enfermo de la cama de al lado-. No brinque tanto, amigazo. Abrió los ojos y era de tarde, con el sol ya bajo en los ventanales de la larga sala. Mientras trataba de sonreír a su vecino, se despegó casi físicamente de la última visión de la pesadilla. El brazo, enyesado, colgaba de un aparato con pesas y poleas. Sintió sed, como si hubiera estado corriendo kilómetros, pero no querían darle mucha agua, apenas para mojarse los labios y hacer un buche. La fiebre lo iba ganando despacio y hubiera podido dormirse otra vez, pero saboreaba el placer de quedarse despierto, entornados los ojos, escuchando el diálogo de los otros enfermos, respondiendo de cuando en cuando a alguna pregunta. Vio llegar un carrito blanco que pusieron al lado de su cama, una enfermera rubia le frotó con alcohol la cara anterior del muslo, y le clavó una gruesa aguja conectada con un tubo que subía hasta un frasco lleno de líquido opalino. Un médico joven vino con un aparato de metal y cuero que le ajustó al brazo sano para verificar alguna cosa. Caía la noche, y la fiebre lo iba arrastrando blandamente a un estado donde las cosas tenían un relieve como de gemelos de teatro, eran reales y dulces y a la vez ligeramente repugnantes; como estar viendo una película aburrida y pensar que sin embargo en la calle es peor; y quedarse. Vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil. Un trocito de pan, más precioso que todo un banquete, se fue desmigajando poco a poco. El brazo no le dolía nada y solamente en la ceja, donde lo habían suturado, chirriaba a veces una punzada caliente y rápida. Cuando los ventanales de enfrente viraron a manchas de un azul oscuro, pensó que no iba a ser difícil dormirse. Un poco incómodo, de espaldas, pero al pasarse la lengua

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 18 por los labios resecos y calientes sintió el sabor del caldo, y suspiró de felicidad, abandonándose. Primero fue una confusión, un atraer hacia sí todas las sensaciones por un instante embotadas o confundidas. Comprendía que estaba corriendo en plena oscuridad, aunque arriba el cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. "La calzada", pensó. "Me salí de la calzada." Sus pies se hundían en un colchón de hojas y barro, y ya no podía dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y las piernas. Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad y el silencio, se agachó para escuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la primera luz del día iba a verla otra vez. Nada podía ayudarlo ahora a encontrarla. La mano que sin saberlo él aferraba el mango del puñal, subió como un escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó la plegaria del maíz que trae las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentía al mismo tiempo que los tobillos se le estaban hundiendo despacio en el barro, y la espera en la oscuridad del chaparral desconocido se le hacía insoportable. La guerra florida había empezado con la luna y llevaba ya tres días y tres noches. Si conseguía refugiarse en lo profundo de la selva, abandonando la calzada más allá de la región de las ciénagas, quizá los guerreros no le siguieran el rastro. Pensó en la cantidad de prisioneros que ya habrían hecho. Pero la cantidad no contaba, sino el tiempo sagrado. La caza continuaría hasta que los sacerdotes dieran la señal del regreso. Todo tenía su número y su fin, y él estaba dentro del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores. Oyó los gritos y se enderezó de un salto, puñal en mano. Como si el cielo se incendiara en el horizonte, vio antorchas moviéndose entre las ramas, muy cerca. El olor a guerra era insoportable, y cuando el primer enemigo le saltó al cuello casi sintió placer en hundirle la hoja de piedra en pleno pecho. Ya lo rodeaban las luces y los gritos alegres. Alcanzó a cortar el aire una o dos veces, y entonces una soga lo atrapó desde atrás. -Es la fiebre -dijo el de la cama de al lado-. A mí me pasaba igual cuando me operé del duodeno. Tome agua y va a ver que duerme bien. Al lado de la noche de donde volvía, la penumbra tibia de la sala le pareció deliciosa. Una lámpara violeta velaba en lo alto de la pared del fondo como un ojo protector. Se oía toser, respirar fuerte, a veces un diálogo en voz baja. Todo era grato y seguro, sin acoso, sin... Pero no quería seguir pensando en la pesadilla. Había tantas cosas en qué entretenerse. Se puso a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan cómodamente se lo sostenían en el aire. Le habían

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 19 puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. Bebió del gollete, golosamente. Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con vitrinas. Ya no debía tener tanta fiebre, sentía fresca la cara. La ceja le dolía apenas, como un recuerdo. Se vio otra vez saliendo del hotel, sacando la moto. ¿Quién hubiera pensado que la cosa iba a acabar así? Trataba de fijar el momento del accidente, y le dio rabia advertir que había ahí como un hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el choque y el momento en que lo habían levantado del suelo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver nada. Y al mismo tiempo tenía la sensación de que ese hueco, esa nada, había durado una eternidad. No, ni siquiera tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado a través de algo o recorrido distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De todas maneras al salir del pozo negro había sentido casi un alivio mientras los hombres lo alzaban del suelo. Con el dolor del brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en la rodilla; con todo eso, un alivio al volver al día y sentirse sostenido y auxiliado. Y era raro. Le preguntaría alguna vez al médico de la oficina. Ahora volvía a ganarlo el sueño, a tirarlo despacio hacia abajo. La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura del agua mineral. Quizá pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco. Como dormía de espaldas, no lo sorprendió la posición en que volvía a reconocerse, pero en cambio el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones, le cerró la garganta y lo obligó a comprender. Inútil abrir los ojos y mirar en todas direcciones; lo envolvía una oscuridad absoluta. Quiso enderezarse y sintió las sogas en las muñecas y los tobillos. Estaba estaqueado en el piso, en un suelo de lajas helado y húmedo. El frío le ganaba la espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscó torpemente el contacto con su amuleto, y supo que se lo habían arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna plegaria podía salvarlo del final. Lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lo habían traído al teocalli, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su turno. Oyó gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito, acabando en un quejido. Era él que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defendía con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensó en sus compañeros que llenarían otras mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo sofocadamente, casi no

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 20 podía abrir la boca, tenía las mandíbulas agarrotadas y a la vez como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo interminable. El chirriar de los cerrojos lo sacudió como un látigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las cuerdas que se le hundían en la carne. Su brazo derecho, el más fuerte, tiraba hasta que el dolor se hizo intolerable y hubo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las antorchas le llegó antes que la luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, los acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se reflejaban en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de plumas. Cedieron las sogas, y en su lugar lo aferraron manos calientes, duras como el bronce; se sintió alzado, siempre boca arriba, tironeado por los cuatro acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de antorchas iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas y techo tan bajo que los acólitos debían agachar la cabeza. Ahora lo llevaban, lo llevaban, era el final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que por momentos se iluminaba con un reflejo de antorcha. Cuando en vez del techo nacieran las estrellas y se alzara ante él la escalinata incendiada de gritos y danzas, sería el fin. El pasadizo no acababa nunca, pero ya iba a acabar, de repente olería el aire libre lleno de estrellas, pero todavía no, andaban llevándolo sin fin en la penumbra roja, tironeándolo brutalmente, y él no quería, pero cómo impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón, el centro de la vida. Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados. En la mesa de noche, la botella de agua tenía algo de burbuja, de imagen traslúcida contra la sombra azulada de los ventanales. Jadeó buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas imágenes que seguían pegadas a sus párpados. Cada vez que cerraba los ojos las veía formarse instantáneamente, y se enderezaba aterrado pero gozando a la vez del saber que ahora estaba despierto, que la vigilia lo protegía, que

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 21 pronto iba a amanecer, con el buen sueño profundo que se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada... Le costaba mantener los ojos abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con la mano sana esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un vacío otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente porque el techo iba a acabarse, subía, abriéndose como una boca de sombra, y los acólitos se enderezaban y de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de la sala. Y cada vez que se abrían era la noche y la luna mientras lo subían por la escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo, y en lo alto estaban las hogueras, las rojas columnas de rojo perfumado, y de golpe vio la piedra roja, brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado, que arrastraban para tirarlo rodando por las escalinatas del norte. Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría, porque estaba otra vez inmóvil en la cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía a muerte y cuando abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador que venía hacia él con el cuchillo de piedra en la mano. Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira infinita de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 22 Tema: Literatura precolombina Durante el descubrimiento del continente americano, los españoles encontraron grandes culturas civilizadas y altamente desarrolladas y con características de organización como las siguientes: Sistema político teocrático: las clases sociales dominantes (reyes, nobleza y sacerdotes) lograron un control político sobre las sociedades antiguas gracias al excedente agrícola del maíz que les permitió desarrollar otras áreas productivas, culturales y científicas, así como la marcada división social. Avances tecnológicos en geología y astronomía, con predicciones de fenómenos naturales hasta nuestros días. Dominio completo de la poesía épica y lírica, la prosa y el teatro ritual. Construcciones de pirámides, ciudades urbanizadas y templos sagrados; practicaban el juego de pelota como un ritual religioso. Mundo politeísta, como la fuente de identificación religiosa y ritual; así creían que cualquier fenómeno natural: el Sol, la Luna, la lluvia los animales eran dioses y realizaban ceremonias dedicadas a cada uno para mantener el ciclo vital de la existencia. Las culturas americanas precolombinas más importantes fueron las siguientes: Los aztecas: crearon un imperio en el siglo XV (período post-clásico). Fueron encontrados por los españoles. Los maya-quichés: el período clásico fue la etapa de mayor esplendor. Desaparecieron en el siglo VIII d. de C. Los incas: período clásico. Asentamiento en las tierras altas de Perú.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 23 El espíritu indígena, propio de la mentalidad primitiva, se basó en mitos que relataban la cosmogonía, la teogonía y la historia del hombre vinculada a la idea de “fatalidad y cat{strofe”; creían en la vida m{s all{ de la muerte, en la necesidad del sacrificio, que explicaba cómo los hombres necesitan de los dioses para vivir, así como también los dioses necesitan de la vida de los hombres para subsistir. Cabe mencionar que los rasgos heredados de la cultura antigua los tenemos gravados en nuestra memoria colectiva, y los manifestamos a través de actitudes cotidianas, tales como: subordinación, espiritualidad, fatalismo, templanza ante la vida, resignación ante el dolor; pero sobre todo, en la reacción espontánea ante el abuso extremo. Por otro lado, la literatura precolombina pertenece a una cultura indígena propia cuyo objetivo de expresión fue transmitir, su concepción del mundo, el sentido de su existencia y su religión. Hoy en día, gracias a los códices (manuscritos), estelas y escalinatas grabadas, tenemos conocimientos de la cultura y la literatura, aunque muchos de esos códices fueron destruidos por el tiempo, la humedad o quemados por los propios misioneros españoles. La literatura precolombina Se dice literatura precolombina a toda manifestación de carácter literario "de acuerdo a los estándares actuales", procedente de las culturas y pueblos de América, anterior a la llegada de Cristóbal Colón y de la cultura europea, o más bien, la cultura medieval española. A menudo se incluye en esta definición el concepto de literatura como toda expresión escrita, por su fuerte carácter artístico-

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 24 religioso que busca explicar el mundo. Mayores exponentes Anterior a la llegada de Colón a las Antillas no existía literatura en América tal y como se conocía en Europa. La mayor parte de los pueblos no tenían escritura. A la llegada de los españoles se sabe también, que muchos pueblos decidieron por sí mismos ocultar a los europeos el conocimiento que poseían sobre ellos mismos, así como su historia y las muchas tecnologías que poseían. A menudo se perdieron lenguas y culturas enteras en esta actitud. Aún así, otros pueblos decidieron conservar sus costumbres a escondidas, o transformándolas en formas mejor vistas por los españoles y portugueses. La literatura oral de este tipo sin embargo fue fuertemente observada por la inquisición, y con el tiempo terminó por desaparecer en favor de la literatura evangelizadora. Por estas razones suele estudiarse con mayor detenimiento el registro de los cronistas y otros, para evaluar las características de lo que fue o debió haber sido la literatura anterior. Todas son recopilaciones e interpretaciones de historias trasmitidas generación en generación. Características de la literatura precolombina Relatos filosóficos sobre la existencia humana, la lucha por el poder del conocimiento, la sabiduría para alcanzar la plena civilización. En la poesía se manifiesta el sentimiento de dolor y el sufrimiento ante el sentido fatalista de la vida. Empleo del realismo mágico: hechos inverosímiles donde se mezcla lo real con lo irreal. Narraciones mitológicas de carácter hiperbólico: exageradas. Los indígenas enfrentaron sus dolores y sus angustias. No le dieron la espalda al lado amargo de la existencia. Por tratarse de escritos sinceros, la tristeza es una de las características de la literatura indígena. Otra característica es la repetición de palabras y de frases, lo que sirve para destacar las cosas importantes y fijar la atención sobre ellas. Esto está muy relacionado con su carácter oral.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 25 La literatura prehispánica es también didáctica. Los más grandes, de cada comunidad siempre buscaron compartir con los niños y jóvenes su experiencia y lo que aprendieron de las palabras antiguas. El objetivo era que los más chicos conocieran el camino de la vida recta y feliz. Otra característica es la metáfora. Los indígenas son artistas naturales. Sienten la belleza y la expresan con facilidad por su cercanía con la naturaleza y por su sensibilidad por los asuntos humanos. La metáfora consiste en referirnos a cosas familiares y cotidianas, mediante la comparación con lo que amamos de la naturaleza y con la belleza encontrada en la imaginación y la vida real. La met{fora, es “la substancia misma del lenguaje poético”. Y la poesía n{huatl est{ llena de metáforas. Finalmente, la literatura indígena está abierta a lo sagrado. Dios o las divinidades eran y son el cimiento, el centro y la meta de las culturas indígenas. Lo sagrado es lo que da cohesión y fuerza a la vida de las comunidades y las personas que pertenecen a los pueblos indios. De modo que la literatura indígena no podría ser de otra forma: su corazón es lo sagrado. Cultivaron los siguientes géneros: La poesía épica: El Popol Vuh, que narra relatos cosmogónicos, teogónicos de la cultura maya; la creación del hombre y pueblos antiguos. Escrito en lengua quiché (hacia el año 1500) y traducido al castellano por el fraile dominico Francisco Ximénez, quien se apropió del texto original en Santo Tomás, Chichicastenango (Guatemala); es considerado la Biblia de los Mayas-quichés. La poesía, como la de Netzhualcóyotl (1402-1472) rey de Texcoco. El teatro de carácter ceremonial, como el drama Ollantay, de la mitología inca. Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces. Amo el color del jade, y el enervante perfume de las flores; pero amo más a mi hermano el hombre. Netzahualcóyotl fue el monarca de la ciudad-estado de Tetzcuco en el México antiguo. Ejerció el poder y se desempeñó notablemente como poeta, erudito y arquitecto. Nació: 28 de abril de 1402, murió: 4 de junio de 1472

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 26 Poema precolombino anónimo, fue encontrado en una de las llamadas Casas del Canto, en Bolivia, donde la poesía era danzada o cantada y que, Miguel Ángel Asturias recogió en “Antología de Poesía Precolombina. Tomado del manuscrito indígena de 1528, describe con un dramatismo extraordinario cuál era la situación de los sitiados durante el asedio de México- Tenochtitlan. Los últimos días del sitio de Tenochtitlan Todo esto pasó con nosotros. Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos. Con suerte lamentosa nos vimos angustiados. En los caminos yacen dardos rotos, los cabellos están esparcidos. Destechadas están las casas, enrojecidos tienen sus muros. Gusanos pululan por calles y plazas y en las paredes están salpicados los huesos. Rojas están las aguas, están como teñidas y cuando las bebimos, fue como si hubiéramos bebido agua de salitre. Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una red de agujeros. En los escudos fue su resguardo: ¡pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad! Hemos comido palos de eritrina, hemos masticado grama salitrosa, piedras de adobe, ratones, tierra en polvo, gusanos. Todo esto pasó con nosotros. Himno de Manko Qhapaj Himno a Viracocha es un poema que el inca Manko Qhápaj o Manco Capác (fundador del Imperio Inca del Perú y el primero de los incas, siglo X) dirige al dios anhelando la comunión con él.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 27 ¡Oh, Dios soberano! ¡Poderosa raíz del ser! Tú que ordenas: “este sea varón, y ésta mujer”. Señor de la fuente sagrada, Tú que inclusive tienes poder sobre el granizo, ¿No me es posible verte? ¿Dónde te encuentras? ¿Dónde está: arriba, o abajo, en el intermedio tu asiento de supremo juez? ¡Escúchame! Tú que te extiendes en el océano del cielo y que también vives en los mares de la tierra Gobierno del mundo, creador del hombre como los señores Inkas con mis áridos ojos ansío conocerte. Cuando yo pueda ver, y conocer, y señalar y comprender, Tú, me verás y sabrás de mí.. El Sol y la Luna. El día y la noche. El otoño y la primavera no son en vano. Obedecen a un mandato de modo previsto y medido llegan. T ú me concediste el cetro imperial. ¿Escúchame!

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 28 ¿Respóndeme! Antes de que caiga rendido y muerto. Aposiciones: En lingüística, una aposición es una construcción de dos elementos gramaticales unidos, el segundo de los cuales especifica al primero. Ejemplo: -"Viracocha, /poderoso cimiento del mundo Enumeraciones: Consiste en sumar o acumular elementos lingüísticos a través de la coordinación, bien a través de conjunciones bien por yuxtaposición. Normalmente, se acompaña del uso de la anáfora o del paralelismo. Ejemplo: /arriba/abajo/ en el intermedio/ o en tu asiento de supremo juez/ ....sea esta mujer, / sea este varón Metáforas: La metáfora consiste en el uso de una expresión con un significado distinto o en un contexto diferente al habitual. Ejemplos: "en el océano del cielo" (océano por las nubes y su movimiento) “Gobierno de mundo" (porque es poderoso y se sobreentiende que es Viracocha, es fuerte, creador) "tu asiento de supremo juez " (lo relaciona con quien puede juzgar a los demás) Letra de la canción

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 29 Cinco siglos igual Intérprete: León Gieco Soledad sobre ruinas, sangre en el trigo rojo y amarillo, manantial del veneno, escudo heridas, cinco siglos igual. Libertad sin galope, banderas rotas, soberbia y mentiras, medallas de oro y plata contra esperanza, cinco siglos igual. En esta parte la tierra la historia se cayó, como se caen las piedras aun las que tocan el cielo o están cerca del sol, o están cerca del sol. Desamor, desencuentro, perdón y olvido, cuerpo con mineral, pueblos trabajadores, infancias pobres, cinco siglos igual. Lealtad sobre tumbas, piedra sagrada, Dios no alcanzó a llorar, sueño largo del mal, hijos de nadie, cinco siglos Igual. Muerte contra la vida, gloria de un pueblo desaparecido. Es comienzo, es final, leyenda perdida cinco siglos igual. En esta parte de la tierra la historia se cayó, como se caen las piedras aun las que tocan el cielo o están cerca del sol, o están cerca del sol. Es tinieblas con flores, revoluciones y aunque muchos no están nunca nadie pensó besarte los pies. Cinco siglos igual.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 30 Canción de ausencia ¿La desventura, reina, nos separa? ¿La adversidad, infanta, nos aleja? Si fueras flor de chincherkoma, hermosa mía, en mi sien y en el vaso de mi corazón te llevaría. Pero eres un engaño, igual que el espejo del agua. Igual que el espejo del agua, ante mis ojos te desvaneces. ¿Te vas, amada, sin que nuestro amor haya durado un día? He aquí que nos separa tu madre desleal para siempre. He aquí que la enemistad de tu padre nos sume en la desgracia. Mas, mi reina, tal vez nos encontremos pronto si dios, gran amo, lo permite. Acaso el mismo dios tenga que unirnos después. Cómo el recuerdo de tus ojos reidores me embelesa. Cómo el recuerdo de tus ojos traviesos me enferma de nostalgia. Basta ya, mi rey, basta ya. ¿Permitirás que mis lágrimas lleguen a colmar tu corazón? Derramando la lluvia de tus lágrimas sobre las kantutas Y en cada quebrada, te espero, hermosa mía. Vienen por las islas LOS carniceros desolaron las islas. Guanahaní fue la primera en esta historia de martirios. Los hijos de la arcilla vieron rota su sonrisa, golpeada su frágil estatura de venados,

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 31 y aun en la muerte no entendían. Fueron amarrados y heridos, fueron quemados y abrasados, fueron mordidos y enterrados. Y cuando el tiempo dio su vuelta de vals bailando en las palmeras, el salón verde estaba vacío. Sólo quedaban huesos rígidamente colocados en forma de cruz, para mayor gloria de Dios y de los hombres. De las gredas mayorales y el ramaje de Sotavento hasta las agrupadas coralinas fue cortando el cuchillo de Narváez. Aquí la cruz, aquí el rosario, aquí la Virgen del Garrote. La alhaja de Colón, Cuba fosfórica, recibió el estandarte y las rodillas en su arena mojada. Pablo Neruda Pirata Colón Los Cafres Vinieron en unos barcos Con baratijas del mundo viejo Hace ya quinientos años Sufrió la vida un gran desprecio La vida allá en Europa Es muy dorada a mi me contaron Todo ese brillo dorado Es puro oro Americano

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 32 Y van pasando los años Y cómo cambian esos imperios Nosotros siempre de abajo Con el corazón resistiendo Cuidate pirata Colón Que ya despierta La Raza del Sol Cuidate pirata Colón Que ya se despierta La Rabia del Sol (que ya se despierta ya se despertó) Escucho a la Pachamama Voy entendiendo toda la historia Se encuentran fuertes Raíces Cavando hondo en la memoria Alturas de Macchu Picchu Pablo Neruda Sube a nacer conmigo, hermano. Dame la mano desde la profunda zona de tu dolor diseminado. No volverás del fondo de las rocas. No volverás del tiempo subterráneo. No volverá tu voz endurecida. No volverán tus ojos taladrados. Mírame desde el fondo de la tierra, labrador, tejedor, pastor callado: domador de guanacos tutelares: albañil del andamio desafiado: aguador de las lágrimas andinas: joyero de los dedos machacados:

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 33 agricultor temblando en la semilla: alfarero en tu greda derramado: traed a la copa de esta nueva vida vuestros viejos dolores enterrados. Mostradme vuestra sangre y vuestro surco, decidme: aquí fui castigado, porque la joya no brilló o la tierra no entregó a tiempo la piedra o el grano: señaladme la piedra en que caísteis y la madera en que os crucificaron, encendedme los viejos pedernales, las viejas lámparas, los látigos pegados a través de los siglos en las llagas y las hachas de brillo ensangrentado. Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta. A través de la tierra juntad todos los silenciosos labios derramados y desde el fondo habladme toda esta larga noche como si yo estuviera con vosotros anclado, contadme todo, cadena a cadena, eslabón a eslabón, y paso a paso, afilad los cuchillos que guardasteis, ponedlos en mi pecho y en mi mano, como un río de rayos amarillos, como un río de tigres enterrados, y dejadme llorar, horas, días, años, edades ciegas, siglos estelares. Dadme el silencio, el agua, la esperanza. Dadme la lucha, el hierro, los volcanes. Hablad por mis palabras y mi sangre.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 34 Lectura: EL GRUMETE María Esther de Miguel En En el campo las espinas. Buenos Aires, Pleamar, 1980. De modo que ha llegado. Cuántos años aguardándolo. Diez. Diez vidas. Ahora están aquí, por fin. He visto las velas de sus naves en la costa, bajo la bendita luz del alba. Y después los vi a ellos, calzas negras y jubones blancos, sayos de terciopelo al viento, hundiendo sus borceguíes en la arena; estoques, espadas y pabellones revolviendo el aire. Vestidos para fiesta vienen. Estrenan esta tierra. Es lindo verlos, pobres ilusos. Porque todo es anomalía en este continente. Si lo sabré yo, el único que queda de los otros. También nosotros llegamos así, el alma lleno de esperanzas, la escarcela vacía de maravedíes. Cambiamos el océano por este río ancho como el mar. Su calmería sedujo al capitán (engañoso era el río; y barriento). Los gestos amistosos de los indios lo halagaron (mendaces, tales indios). Pobre incauto: aborígenes y agua lo convencieron para mal de tantísimos. En el bote de la nave mayor, bajamos. Yo entre ellos. No por valiente, sino por ambicioso. Pero ¿quién podía presumir que esa generación pagana era comedora de hombres? Palos nos recibieron y flechazos. Linda acogida para conquistadores presumidos. Un aquelarre. Yo sólo oí el ay, ay, ay, de Solís y su gente entre el humo de las fogatas y después el insidioso olor del asado revolviendo mis entrañas. Horrible. Pero desto, sólo testigos muertos. ¿Que cómo me salvé? Virtudes de la flacura y de los pocos años. En una caponera me pusieron A engordar. Dios fue servido de que no me muriese. Pueblo muy belicoso el de estos aborígenes. Mala entraña la suya. Pero yo desparramé padrenuestros de vidrio azul y sonrisas, curé heridas según la antigua usanza de mi raza y el afán por aprender su lengua ablandó resquemores. Mi obediencia mandó sosegar la natural maldad y el tratamiento mejoró.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 35 Un día perforé orejas y nariz, y pinté mi cara. Ropa ya no tenía: me acostumbré a la desnudez sin vergüenza ni pecado de esta gente. Así, fui intocable. ¿Cómo me iban a comer, si era uno de ellos? Otro día me interné en el monte. Solo. En esta tierra de la lujuria y la abundancia, harta hambre pasé. Calidad de hembra arisca la de este país, a fe mía. Bastimentos para comer, todo y nada. Endurecí mi estómago: me mantuvieron la miel, los yuyos, pescados y otras viandas extrañas. Conocí las virtudes del abatí y el cardo y las culebras jóvenes. Aprendí tretas. Por ejemplo: los monos se suben a los altos árboles y asidos de la cola, con pies y manos sacuden los frutos. Puercos monteses espe- ran, abajo, y se los quitan. Yo también esperé. Tuve así bastimento seguro. Sin paradero propio, cercado de peligros, me volví astuto. Y sabio: conocí pájaros que chiflan las órdenes de Dios, y mujeres antropófagas y otras que fajaban sus piernas con hilos para que parecieran más gruesas y otras que alimentaban a sus hijos por la espalda (tan grandes eran sus mamas) y aborígenes bebedores de sangre y otros que comen bollos de barro cocido al rescoldo, untados con aceite de pescado y otros habituados a cortar las coyunturas de sus dedos por cada deudo muerto (vi algunos: manos y pies, muñones) y otros, flecheros de flechas ponzoñosas, Y tantos. Cierto día, una mujer se aficionó a mí. Su inocencia bárbara y fresca me conquistó. La india salió con la suya y tuve compañía: me preparaba tortas de maíz, quitó las niguas dentro de mis uñas, curó heridas, espantó alimañas. Cuidados y placer ¿qué más podía pedir? Por supuesto, a veces recordaba. Dios, cuantas lágrimas, entonces. Detrás de la montaña líquida, la tierra, tan lejana, los mesones del puerto dador de mi apellido (por ausencia del padre). El nombre, el del santo elegido por mi madre, si no olvidado, nadie lo usaba ya. Nadie más que yo: por las noches, como para hacer patente filiación y destino, me decía: Francisco, Francisquito del Puerto, un día volverán.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 36 Y volvieron. A Dios gracias. Los veo barloventeando por el río ancho y barroso, buscando. ¿Qué? Me imagino, vaya. Suerte , tendrán: la generación de los indios desta tierra es pacífica. Los supongo entregando el secreto por cuentas de vidrio veneciano, trozos de loza, agujas o collares. Yo los miro, mientras quito, con lágrimas y agua, los rastros de pintura de mi cara, arranco dijes de orejas y nariz, borro el impudor de esta traza salvaje y corro con los brazos abiertos hacia ellos, mis hermanos. Querellé a mis hermanos. Tharsis y Ophir era la orden del Rey. Para encontrarlas, debía n traspasar el Estrecho que avistó Magallanes, camino a la ignota Especiería. Pero a Gaboto lo entusiasmaron decires de hombres hallados en la costa portuguesa: que las Minas de Plata, que el Rey Blanco, que el Lago donde el Rey se adormece noche a noche. ¿Embelecos de náufragos hambreados? Pistas ciertas, lo sé. Pero también sé lo otro: selvas hirsutas guardan el tesoro. Brujos dañinos levantan con aires venenosos invisibles y mortales murallas para el Imperio áureo. El Lago tiene ígnea sustancia. Y este río barroso, que ya están llamando de la Plata, nada bueno promete: río de la traición debería apodarse. Traen ánimo de emprender la conquista do tantos embelecos, mis hermanos. Tal ánimo, les dije, es nefasto. Y agregué: esta tierra es tierra aparejada para labradíos y sembrados. Para crianza de ganado, insistí. Pero no me escucharon: otras metas persiguen. Sólo ven el reflejo del oro y la dulzura blanda de la plata. Quieren metales. ¿Para qué, digo yo? ¿Para comerlos? ¿Para aventar con ellos endriagos y serpientes? ¿Para buscar cobijo en la intemperie? Por eso discutí. ¡Gran caso me hicieron! Fui vencido. Sujeto a su gobierno estoy: soy blanco, cristiano y súbdito del Rey. Ahora los guío, aguas arriba, por el Río Grande, hasta el Carcarañá, en la ruta que lleva a Sierras de la Plata, si Dios así es servido. A causa del mucho monte, la recia vegetación y el escaso alimento, son duras las jornadas. Se entremezclan con fiebres, delirios y mosquitos. Muchos van quedando en el camino. Tendal de huesos blanquecinos marcará la senda de los otros, los que vendrán después (porque esta estirpe no se acaba; la de los ambiciosos, digo). Qué turbonadas arman. Anoche, dos españoles sacaron arcabuces y mosquetes por ciertos granos de oro. Vi la sangre de unos y las persignaciones de otros. Vi

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 37 también al viejo cacique de una tribu lanzar con su ánima la última maldición, sus huesos descoyuntados uno a uno. Entregó máscaras de plata, áureas coronas, amuletos. Pero el secreto, no. Yo temblé. Algo así como un asco me va entrando. ¿No aprenderán ya nunca estos hermanos? ¿Jamás sacudirán este fermento agrio que envenena la sangre y desata la muerte? Ya me estoy hartando de sus tratos confusos, lenguaraces de promesas mentidas, mercaderes de turbios comercios, enmadejando y emba- rullando todo. Si ni tiempo se dan para mirar el sol, una gloria. En Santispíritus parecieron darme la razón. Allí sembrarnos, plantamos y alineamos algunos rancheríos. Un gusto. Pero ellos, dale y dale con el oro y la plata. Para buscarlos más aprisa hicieron divisiones: unos para acá, otros para allá. Esta no es tierra que permite tales lujos entre blancos; se los repetí mil veces. Inútilmente, ay. Con sobrado temor los he visto partir. Que se las arreglen. En la alta noche, escuché los susurros. Son los otros. Los que firman con sangre sus tratados y rubrican con fuego el paso de los pies. Los he oído. Y también el bum bum de tambores convocando a las huestes guerreras. Ahora miro las señales de humo que dicen mi destino; las estoy descifrando. Ellos duermen; yo decido. Tomo a mi hembra: para hacer casta nueva la tomo (sol y casa darán generación de piel morena; nativa) y elijo el aire libre y la vida... Ya sé: me llamarán vil cristiano, renegado y herético, maldecirán mi nombre. Qué me importa. Tiño mi cara con el jugo de hiervan que conozco. Dejo este jubón prestado; en cueros quedo, como vine al mundo, como este nuevo mundo exige. Y me marcho antes de que fuego y sangre borren las trazas del Fuerte malnacido. Y después digan lo que quieran de mí, de Francisco del Puerto, el grumete que vino con Solís. Tema: Literatura del descubrimiento y la conquista. Las Crónicas. Narrativa indigenista.

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 38 Letra de la canción Quien quiera oír que oiga Intérprete: Litto Nebbia Cuando no recordamos lo que nos pasa, nos puede suceder la misma cosa. Son esas mismas cosas que nos marginan, nos matan la memoria, nos queman las ideas, nos quitan las palabras... oh... Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia, quien quiera oir que oiga. Nos queman las palabras, nos silencian, y la voz de la gente se oirá siempre. Inútil es matar, la muerte prueba que la vida existe... Cuando no recordamos lo que nos pasa, nos puede suceder la misma cosa. Son esas mismas cosas que nos marginan, nos matan la memoria, nos queman las ideas, nos quitan las palabras... oh... Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia, quien quiera oír que oiga. Nos queman las palabras, nos silencian, y la voz de la gente se oirá siempre. Inútil es matar, la muerte prueba que la vida existe... Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia, quien quiera oír que oiga. Nos queman las palabras, nos silencian,

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 39 y la voz de la gente se oirá siempre. Inútil es matar, la muerte prueba que la vida existe... Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia, quien quiera oír que oiga. Nos queman las palabras, nos silencian, y la voz de la gente se oirá siempre. Inútil es matar, la muerte prueba que la vida existe... Nos queman las palabras, nos silencian, y la voz de la gente se oirá siempre. Inútil es matar, la muerte prueba que la vida existe... Los viajes de Colón estuvieron guiados por un interés económico: encontrar una ruta hacia el sur de Asia. Lo que no sabían en aquella época es que existía el océano Pacífico, por eso Colón creyó que estaba en las Indias Orientales cuando llegó a nuestro continente. Después de más de dos meses de navegación, Colón y los 87 tripulantes de las tres naves divisaron tierra (la velocidad promedio de navegación era de 160 km por día dependiendo de los vientos y que hay aproximadamente 6500 km entre Lisboa y las

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 40 islas Bahamas). El mapa más antiguo que se conserva de esta zona fue obra de Juan de la Cosa, quien acompañó a Colón en varios de sus viajes. El continente que se llamaría América era un nuevo y desconocido territorio para los europeos, poblado por personas con una fisonomía diferente de la de ellos, que hablaban lenguas diferentes de las de ellos y que tenían una cultura diferente de las de ellos. Diferente no implica ningún juicio de valor. Lástima que los conquistadores no lo entendieron así< y en vez de respetar las diferencias, intentaron eliminarlas. En esa lucha desigual entre el europeo invasor y el nativo mucho se perdió: vidas, lenguas, cultura. Muchos de los que llegaron a estas tierras escribieron notas sobre lo que encontraban, sobre lo que iba sucediendo; a esos textos se los llama crónicas de Indias porque relatan hechos en orden cronológico, es decir, en sucesión temporal y porque ellos creían que habían llegado a las Indias Orientales. Las crónicas son similares a los diarios personales pero estos son más subjetivos porque el autor/narrador es el protagonista que va relatando los hechos a medida que suceden y registrando las emociones. Las crónicas estuvieron de moda en la Edad Media y sirvieron de fuente de información para la historiografía, la ciencia que se ocupa de narrar la historia. La mayoría de los cronistas de la época de la conquista y colonización de América eran europeos y, por tanto, su testimonio no es neutral sino que presenta una visión etnocéntrica. ¿Qué significa esto? Significa que miraron los hechos desde la perspectiva europea, occidental y católica; una perspectiva que consideraba al europeo-blanco-occidental-católico como el centro (el ombligo del mundo, diríamos hoy) y al otro cultural y lingüístico como lo diferente, lo raro, lo marginal. El etnocentrismo implica la creencia en la superioridad y, consecuentemente, el derecho a dominar al otro. Quien asume una postura etnocéntrica no es capaz de ponerse en el lugar del otro. Las crónicas no serían literatura ya que los cronistas pretenden dar testimonio de los hechos. Sin embargo, las crónicas de Indias presentan muchas características que son propias de la literatura como el estilo, que imita al de las novelas de caballería de la Edad Media. Pensemos que los cronistas se deben de haber sentido aventureros descubriendo esta nueva tierra exótica, siendo participantes de un hecho histórico tan importante como el descubrimiento de un continente< ¿No creen que se habr{n asombrado y les habrá

E.I.D.F.S 5toAutomotores pág. 41 parecido fantástico todo lo que encontraron aquí: animales, plantas, paisajes y costumbres que alimentaron su imaginación? No es raro, entonces, que el estilo de sus crónicas se parezca al de los textos literarios que circulaban en aquella época. Las formas de tales testimonios fueron variadas, según el estilo de cada cronista: cartas, diarios y rela

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