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Guerras santas las gemas de poder

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Information about Guerras santas las gemas de poder
Books

Published on February 27, 2014

Author: chuchorof

Source: slideshare.net

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GUERRAS SANTAS - Las gemas de poder, es una narración de fantasía épica, inspirada en grandes obras de literatura fantástica de grandes escritores como J. R. R. Tolkien, Andrzej Sapkowski y George R. R. Martin y también en grandes bandas como Rhapsody, hammerfall, Blind guardian, Dragonland etc. La trama de este cuento es la eterna lucha entre el bien y el mal. Elfos, hombres y enanos luchando juntos contra un enemigo poderoso que quiere apoderarse de la tierra. Los Timbilis son gemas de un poder incomparable e inagotable, Miriahn entabla una guerra contra los pueblos de la tierra para apoderarse de la tercera piedra y así tener un poder ilimitado y gobernar la tierra a su gusto, pero hay quienes están dispuestos a enfrentarse al señor oscuro con valentía y fiereza, dando paso a grandes y épicas batallas por el dominio de la tierra conocida.
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J. A. ESTACIO PEÑA GUERRAS SANTAS Las gemas de poder 3

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“Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno” Oscar Wilde 5

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CAPITULO I Del inicio de los tiempos Al comienzo era la singularidad, era la Nada y era el Todo. Había terminado un Ciclo y el Absoluto no se encontraba manifestado. Luego en una fracción de tiempo inentendible, Menaih se manifestó a través de diversas creaciones. Hubo una gran explosión de energía donde comenzó el espacio tiempo para dar cabida a lo que conocemos como universo físico y el cosmos. Menaih entonces crea a los Elohim o dioses menores, que son los que continúan la tarea creadora en los distintos universos. Deriva la tarea principal a 3 Elohim, Miriahn, Arish y Thorab. Estos tres Elohim son los encargados de terminar la creación de Menaih, dando forma a todas las cosas que conocemos. Su primera creación fueron las estrellas, las galaxias, los planetas, todos y cada uno de ellos cuidadosamente dispuestos con diferentes condiciones, no escatimaron ningún esfuerzo, todo fue creado y dispuesto hasta la misma frontera extrema del universo. Por un tiempo vieron maravillados su creación y dieron gracias a Menaih por haberles compartido sus dones. Pero dentro de todas las cosas que crearon los Elohim una llamó poderosamente la atención de El creador, un pequeño planeta azul que giraba alrededor de una estrella brillante y que a la vez a este planeta lo gravitaba una pequeña luna. Aquel planeta era un diminuto punto azul en la negrura y la inmensidad del cosmos pero desde el mismo momento que Menaih lo vio despertó en él un profundo amor tal así que convocó a los tres Elohim y les dijo: -hemos creado muchas cosas, todas sin duda alguna hermosas, han puesto todo su esfuerzo para complacerme, yo he compartido parte de mi sabiduría y poderes con ustedes y no me han decepcionado, me han maravillado con todas las cosas que han creado pero una por sobre todo me ha cautivado, aquel planeta azul que gira alrededor de aquella estrella, señalando al sol, ¿me podéis decir cómo se llama y quien lo creó?-. -Se llama tierra y fui yo quien lo creó-. Respondió Arish. -pues bien-. Siguió el creador. -Creo que es lugar indicado para continuar con toda la creación pues aún falta mucho por hacer-. 7

En efecto el creador y los tres Elohim se dirigieron a la tierra, allí Menaih les dijo: -he aquí mi decisión, este lugar es el elegido para ser la casa de mis hijos que estarán pronto por ver la luz del día, ustedes serán los que hagan de este lugar un sitio habitable para ellos, para ello a cada uno de ustedes le hago entrega de esto-. Y les entregó una gema, tal joya brillaba más que cien luces de estrellas juntas además de ser de una extremada belleza. -dentro de estas gemas que se llaman Timbilis, los portadores de vida, está la luz del mundo-. Prosiguió Menaih. -Solo piensen en lo que desean crear, pongan la gema en lo alto y dejen que la luz del sol traspase sus cristales y verán como sus deseos se hacen realidad. Pero cuidado-. Advirtió el creador. -No dejen que esta gema los gobierne, pues es tanto el poder que tiene que pareciera que tiene deseos propios, por eso úsenla con inteligencia y bondad, cuiden de sus pensamientos cuando la estén usando-. Entregó entonces a cada Elohim un Timbilis, cada uno de ellos lo contempló asombrados pero uno en especial amó a su gema más que a nada, Miriahn el Elohim orgulloso puso todo su amor y más tarde toda su codicia al servicio de la joya. Y así fue como todo se hizo, Thorab separó las aguas abundantes y creó los mares y los ríos y todas las fuentes y cataratas y las aguas de los cielos y fue así como se creó la lluvia; Miriahn por su parte amante de las formas creó todas las montañas, riscos, desiertos y todos los desniveles de la faz de la tierra; Y por último Arish el más querido por Menaih, amante de la vida, con la ayuda de su Timbilis creó todo lo verde del planeta, los árboles, las plantas, el pasto, todas las flores terrestres y marinas, los bosques, los valles, y no solo creó las plantas sino que todos los animales, los terrestres, los que vivían en el mar y los que volaban los cielos, todo lo hecho fue de agrado del creador en especial lo hecho por Arish, tal cosa despertó en Miriahn un sentimiento para él nuevo, sentimiento que desde ese momento creció día tras día en el corazón del más orgulloso de los Elohim. Viendo El creador que esta tierra era más habitable les habló a los Elohim con las siguientes palabras: -he visto lo que han hecho de este lugar y me ha gustado en demasía, los mares y los ríos son de una extremada belleza-. Dirigiéndose a Thorab. -la lluvia es un fenómeno increíble, haz hecho que me sienta orgulloso de ti. Y a ti Miriahn te digo-. Continuó diciendo Menaih con una voz que sonaba como la más hermosa de las melodías. -que las montañas son realmente hermosas, algunas verdes otras grises y otras blancas cubiertas de nieve, de verdad que has hecho un trabajo admirable–. Terminó diciendo el creador. -y por ultimo tú–. 8

Dirigiéndose a Arish. -tu creación es la que más me ha hecho feliz, los bosques son realmente hermosos, lo mismo que los verdes valles y prados, las flores todas con diferentes colores y olores, toda una gama de animales haz creado cada uno de ellos con diferentes características, haz hecho de este sitio un lugar más habitable para mis hijos que pronto estarán por venir-. Esto último y la complacencia de Menaih con la creación de Arish siguieron acrecentando en Miriahn aquel sentimiento de desconformidad que pronto se convertiría en un odio mayúsculo y que traería a esta nueva tierra días de inmenso dolor y muerte. 9

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CAPITULO II El Nacimiento de los primeros Elfos Luego de trascurrido cierto tiempo aun no contabilizado, en el cual los espíritus de los tres Elohim moraban la tierra recién creada, jugueteando en el agua o simplemente dejándose llevar por el viento, Menaih los llamó para darles buenas nuevas, les pidió que le entregaron los tres Timbilis, Arish y Thorab accedieron sin ningún problema, pero Miriahn de quien el Timbilis ocupaba todos sus pensamientos en principio se rehusó a entregarlo diciendo -¿acaso no fue un regalo tuyo, que clase de regalo es este el cual tienes derecho a quitárnoslo de nuevo?-. Menaih inmediatamente leyó los sombríos pensamientos del Elohim y le respondió -en realidad es solo un momento que los necesito, para la creación más esperada-. Con desagrado Miriahn cedió el cristal al creador, este lo juntó con los otros dos, los levantó hacia el sol, en ese momento hubo una explosión de luz que encegueció a los tres Elohim, luego de la explosión de luz y cuando los Elohim recobraron la vista, Menaih les dijo -les concedo este mi último regalo para ustedes-. En seguida los tres Elohim se dieron cuenta que habían dejado de ser espíritus para transformarse en cuerpos físicos. -además-. Continuó diciendo Menaih -mis primeros hijos ya empiezan a habitar este mundo-. -¿en dónde están?-. Preguntó Thorab. -más allá de aquellas montañas-. Respondió Menaih, señalando las montañas escarpadas. -en el valle los encontraran, ahora su misión será cuidar de ellos y enseñarles toda la sabiduría que por mi ustedes han recibido-. Luego de decirles esto le devolvió a cada uno su Timbilis, Miriahn al tenerlo de vuelta sintió como si parte de su vida hubiera regresado y se sintió completo de nuevo, nadie notó esto excepto el creador, que conocía hasta el más remoto pensamiento de los tres Elohim. 11

-¿Y qué será de ti?-. Preguntó Arish. -yo estaré cerca, aunque no me veáis siempre estaré presente, hay solo una creación que me falta por hacer pero eso será luego-. Respondió Menaih, luego ante los ojos de los tres Elohim desapareció con el viento. Como ordenó el creador, los tres se dirigieron al valle más allá de las montañas escarpadas, valle que luego se llamaría el valle de los lamentos por los hechos que ahí ocurrirían, cuando llegaron al fin, vieron por primera vez a los elfos, aquellos seres eran de una extremada belleza así como de inteligencia y fuerza, también eran inmortales, esto último llenó de cólera a Miriahn pues su orgullo no le dejaba aceptar que estos seres tuvieran la inmortalidad tanto como él, así que desde el mismo momento que los vio, les tuvo rencor y no participó en la tarea de protegerlos y enseñarles, por lo contrario se marchó a vagar solo por la tierra, pues en su corazón solo cabía espacio para su Timbilis. Arish y Thorab por el contrario amaron a estas criaturas y les enseñaron todo y los protegieron y fueron sus guías en los primeros años, juntos construyeron la primera de las grandes ciudades de los elfos, Gwangur, la ciudad de los señores elfos de antaño, que fue construida en la ribera del rio Gidli en el borde occidental del bosque de Othis y reguardada por las montañas rocosas. Y mucho tiempo pasó y los elfos crecieron en sabiduría y en amor por los dos Elohim, y el pueblo de los elfos creció en número y fue coronado el primer gran rey elfo, Elenor hijo de Sethenor, y vino la primera gran separación del pueblo de los elfos, muchos en cabeza de Tireber abandonaron la ciudad de Gwangur y se dirigieron al norte con la intención de establecer un nuevo reinado, y así fue como partieron muchos elfos acompañados por Thorab quien amaba a Tireber quien había sido su discípulo, por muchos años vagaron tratando de encontrar una tierra propicia para construir una nueva ciudad, y así fue como después de largo tiempo explorando nuevas tierras dieron con un el sitio imaginado, en el oriente de la tierra media, y lo bautizaron como el reino de los lagos, y desde ese momento amaron el agua y se dedicaron a la construcción de majestuosos barcos, y Tireber fue coronado como rey bajo la bendición de Thorab y su reinado fue bueno y llevó a su pueblo a la prosperidad y fue amado por los habitantes del reino. Y se construyó la ciudad capital del reino la cual se llamó Aqarad o la ciudad de las aguas en lengua local, pues quedaba en el borde del gran lago Obelet. Mientras tanto en Gwangur las cosas también iban bien, el pueblo de Elenor crecía y tuvieron que construir más ciudades, entre ellas la más importante Portenense, y la gente amaba a Elenor pero también a Arish. El reinado de Elenor fue Bueno y llevó a su pueblo al esplendor y Elenor tuvo mucha descendencia, nacieron sus tres hijos de su esposa Inbanar, los cuales se 12

llamaron Anathol, Elebert y Liris, la más hermosa de todos los elfos que habitaron la tierra media y que más tarde jugará un papel determinante en esta historia; en definitiva fueron buenos años, en los cuales reinó la paz, pero como nada es para siempre pronto esa paz se convertiría en desesperación, odio y muerte. 13

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CAPITULO III El regreso y levantamiento de Miriahn. Como se dijo antes Miriahn no participó en la enseñanza ni en la protección de los elfos y se fue a vagar por el mundo, mucho tiempo estuvo errante y cada día que pasaba más y más crecía su amor por su Timbilis, así fue como llegó a muchos lugares, conoció muchas tierras, vio a muchos animales entre los cuales estaban los majestuosos Mumak y los Olifantes, se dice que pisó tierras blancas en el norte y que lo maravillaron aquellos lugares cubiertos por la nieve , pero que también gustó de la tierra al noroccidente, tierra que más tarde se llamaría Mingart, un lugar bastante escarpado en el cual se erguía majestuoso un volcán de nombre Gordolin. Pasaron muchos años al final de los cuales el Elohim orgulloso decidió volver al lugar donde había partido a su solitaria travesía, entonces emprendió el viaje de regreso pero esta vez regresó un Elohim diferente, un poco más callado, más astuto y por supuesto con más resentimiento hacia los elfos y hacia sus hermanos y por supuesto una dependencia absoluta a su joya. Así fue como un día, después de muchos años llegó a la tierra que había dejado atrás y se sorprendió con lo que encontró, una ciudad majestuosa llamada Gwangur, cuando los elfos lo vieron lo apresaron, pues nunca lo habían visto antes, además estaba muy mal vestido y de no muy buena apariencia. Entonces lo llevaron a la presencia del rey elfo Elenor, pero junto al rey estaba Arish quien al ver a su hermano ordenó que lo soltaran inmediatamente. Entonces Miriahn preguntó -¿es así como recibes a tus hermanos, con espadas y grilletes?-. Pero Arish contestó -discúlpame hermano pero ellos jamás te han visto, tal vez se asustaron, además esa no es la ropa digna de un Elohim-. Cuando los presentes en el gran salón del rey oyeron esto se arrodillaron incluyendo el rey elfo Elenor, esto llenó de gran orgullo a Miriahn. -he regresado para ver a mis hermanos y me encuentro con esta gran ciudad-. Continúo Miriahn -y a ti-. Mirando a Arish -vestido con ropas de oro y plata, creo que has hecho muy buenos sirvientes-mirando con desprecio a los elfos. 15

-Te equivocas, ellos no son mis sirvientes-. Respondió Arish. -son un pueblo autónomo, yo solo los aconsejo y los protejo pero ellos toman sus propias decisiones, prueba de ello es él-. Señalando a Elenor. -es su primer rey y soberano de estas tierras-. -¿soberano de estas tierras?-. Replicó Miriahn con tono burlón. -nosotros tres somos los únicos soberanos de estas tierras, ellos solo son una raza inferior. A propósito de los tres, ¿dónde está Thorab, no me digas que también se cansó de este absurdo y se fue así como yo?-. -no está aquí-. Contestó sonriendo Arish. -es verdad que se fue, pero lo hizo con parte del pueblo elfico que decidió probar suerte en otros lugares, se dice que encontró su hogar al oriente en el reino de los lagos y que su pueblo es prospero tanto o más que éste-. Terminó diciendo Arish. Esta noticia molestó en demasía al Elohim Orgulloso, pues esto significaba que los planes que había trazado para su regreso se truncaban, al menos momentáneamente. Muy en contra de su voluntad aunque no lo demostraba abiertamente, Miriahn accedió a quedarse un tiempo en la gran ciudad de los elfos, en ese tiempo muy en secreto perfeccionó sus planes, luego decidió que el siguiente paso era ir a encontrar a su hermano Thorab y así se lo comunicó a Arish quien apesadumbrado por ver partir a su hermano de nuevo no tuvo más remedio que dejarlo ir. Fue así como Miriahn partió al oriente en busca del reino de los lagos, en donde comenzaría su oscuro plan. Luego de recorrer muchos kilómetros por fin llegó al lejano reino de los lagos y a la ciudad de Aqarad, allí fue recibido con honores por su hermano Thorab y por el rey Tireber. Allí Miriahn se maravilló con la ciudad y con los elfos de este pueblo pues eran más fieros que los del reino elfico de Gwangur, esto alegró al Elohim pues sabía que necesitaría de ellos para llevar a cabo su plan. Así que con mucho tacto y disimulo y sin levantar sospechas ni de Thorab ni de Tireber, empezó a envenenar las mentes y los corazones de muchos elfos que lo seguían y se maravillaban con sus palabras. Había pasado cierto tiempo y el Elohim Miriahn se había ganado la confianza de la mayoría de los elfos de la ciudad y la de su hermano Thorab, pero no todos veían a Miriahn con buenos ojos, Tireber, el rey elfo, sin saber por qué, se cuidaba mucho de intimar con el Elohim como los otros lo hacían y mantenía cierta distancia con él, pues en su corazón algo le decía que Miriahn era el portador de una desgracia para su pueblo. Cierto día estaban Thorab junto con Miriahn en el castillo del rey, y este último le pidió a su hermano que le dejara 16

ver su Timbilis, entonces Thorab accedió, fueron a una habitación secreta para la mayoría de los habitantes del castillo y allí guardado en una cajita muy bella de oro estaba el Timbilis, cuando Miriahn lo alzó con las manos, sus ojos brillaron de codicia. -¡es hermoso, no crees!- . Dijo. -en verdad que lo es- . Respondió Thorab. -y su poder es ilimitado, imagínate lo que haríamos con él, seriamos los dueños y amos del mundo, reinaríamos en toda la tierra y nuestro nombre seria venerado en todos los rincones de este planeta-. Siguió diciendo Miriahn. Thorab notando algo extraño en la voz de su hermano le arrebató la gema de sus manos y poniéndolo de nuevo en la cajita de oro dijo –este mundo no necesita más amos pues ya tiene uno, nuestro padre Menaih-. Esta actitud de Miriahn inquietó mucho a Thorab, pero supuso que era normal viniendo de alguien tan orgulloso como él. Mientras tanto Miriahn sabiéndose incapaz para convencer a Thorab de unirse a sus planes, maquinó un oscuro y sangriento plan para apoderarse de la joya de su hermano, en este plan estarían involucrados los propios elfos de la ciudad, así fue como envenenó los corazones con malicia y oscureció la mente con mentiras de 75 de los más fuertes elfos. Ocurrió que en la ciudad de Aqarad se celebró por esos días una gran fiesta en el gran castillo de dicha ciudad, para celebrar el término de las cosechas que aquel año habían sido abundantes, además el lago les proporcionaba a los habitantes del pueblo pescado en abundancia, todo esto en honor al padre, Menaih. Para ese motivo se decoró el gran castillo del rey de una manera hermosa, se dispusieron mesas y sillas para todos los habitantes del pueblo, se preparó la más deliciosa comida y se puso a disposición el mejor vino del reino; la fiesta era amenizada con la mejor música y absolutamente todos estaban contagiados con la felicidad, todos hasta el Elohim Thorab. Esta era la oportunidad que había estado esperando Miriahn junto con los 75 Elfos traidores. Aprovechando que todos estaban en la fiesta incluso los guardias del palacio, fueron a la armería, allí todos tomaron espadas y las escondieron en las capas pero antes de salir Miriahn les dijo –ha llegado su hora, la hora en que ustedes sean reconocidos como los más grandes elfos de la faz de la tierra, su recompensa será grande, la tierra será de ustedes, calmen su orgullo con el filo de su espada, pero recuerden que Thorab no debe morir, yo me encargaré de él, 17

adelante mis hermanos esta noche será recordada por todos como la noche en la que elfos Azules se alzaron y conquistaron para ellos este reino-. Dicho esto Miriahn junto a los 75 elfos se encaminaron hacia el gran salón del castillo. Como se dijo antes los guardias también estaban en la celebración así que cuando vieron entrar al Elohim con los elfos no los requisaron como era la orden, pues estaba prohibido el ingreso de las armas al gran salón del castillo. Aquella celebración era en grande, los elfos se habían hastiado de comer pues la comida era abundante y también como se dijo antes el vino, así que todos estaban bastante ebrios, todos menos el rey Tireber y por supuesto Thorab. Cuando la noche había avanzado bastante, el rey Tireber se sintió bastante cansado y se retiró a sus aposentos, lo mismo ocurrió con Thorab entonces Miriahn se dio cuenta que los elfos estaban bastante indefensos, entendió que la hora había llegado, dio la señal a sus secuaces y estos dieron inicio al acto más vil de traición conocido hasta ese momento. Todos al mismo momento desenfundaron sus espadas y la emprendieron primero con los guardias elfos, estos al verse atacados intentaron defenderse en medio de su aturdimiento por el alcohol, pero los atacantes estaban más lúcidos y los superaban en número así que la muerte les vino rápido, en seguida las víctimas fueron los asistentes, los atacantes no tuvieron piedad con nadie, mujeres y jóvenes fueron brutalmente masacrados sin nadie que detuviera este holocausto, muchos intentaron salir desesperadamente del castillo pero los 75 Elohim eran demasiados y sin ningún remordimiento les dieron muerte. Esta fue la primera gran matanza de elfos a manos de elfos. Los gritos provenientes del salón del castillo despertaron al rey quien en medio de su aturdimiento entendió aquel presentimiento que había tenido el mismo día en que había llegado a la ciudad Miriahn, se levantó rápido de la cama, se puso rápido la ropa y fue en busca de la espada, la desenvainó y se dirigió al gran salón consiente de lo que ocurría y de lo que estaba por venir, pasó por las habitaciones de algunos de sus hombres de confianza, afortunadamente algunos de ellos, pocos, estaban en sus aposentos, Tireber los enteró de la situación y pidió que todos buscaran espadas y se alistaran para defender al pueblo, llamó a uno de sus colaboradores quien respondía al nombre de Ilusir y le dijo –con mucho cuidado ve y anda a la habitación del señor Thorab y dile lo que está pasando-. Este último asintió y partió raudo. Cuando Tireber entró al gran salón, no podía creer lo que estaba viendo, la imagen que le mostraba aquel lugar lo conmovió y a la vez lo llenó de ira y de rabia, muchos elfos indefensos, inocentes, cruelmente asesinados, hizo que Tireber el primer gran rey elfo del reino de los lagos se abalanzara sobre los asesinos. Ilusir con la fuerza y rapidez que le daban sus piernas llegó a la 18

habitación de Thorab, con suavidad pero a la vez con premura tocó la puerta, inmediatamente el Elohim respondió. Ilusir le contó lo ocurrido, Thorab consternado por tal noticia pero con rapidez alistó su espada y salió en compañía de Ilusir. El gran rey elfo como poseído por una fuerza superior y junto a los pocos hombres de confianza sobrevivientes retaron a los agresores y empezó una gran lucha de espadas, los elfos leales al rey no pusieron mucha resistencia y murieron de manera heroica , no sin antes también matar a algunos pocos de los traidores, pero el que no moría aún era el rey elfo que impulsado por la ira, peleó de manera admirable, matando a otros 15 traidores antes de morir a manos de Eryanor el más poderoso de los elfos rebeldes o elfos negros como desde ese momento se llamaron. Cuando Thorab llegó al salón ya era demasiado tarde, el gran rey elfo yacía en el piso en una laguna de sangre con múltiples heridas, también sus fieles elfos e igual todos los guardias; sin entender muy bien lo que pasaba dijo – ¿qué has hecho Miriahn, que has hecho?-. Miriahn sin mostrar remordimiento alguno contestó -solo lo necesario, esta tierra nos pertenece solo a los tres Elohim que lo creamos todo, yo solo reclamo lo que es nuestro, ahora bien-. Siguió diciendo Miriahn. –te brindo la posibilidad de que te me unas, trae tu Timbilis y dámelo y juntos reinaremos en esta tierra, nuestro nombre será honrado y temido, gobernaremos toda la tierra a placer, si tanto amas a estas criaturas ellos tendrán su tierra solo con el compromiso de darnos parte de lo que acumulen de riquezas, que me dices hermano, por tu bien piensa bien tu respuesta pues de ella depende tu vida-. Thorab como no creyendo lo que escuchaba, desenvainó la espada, la tomó con su mano izquierda (pues los tres Elohim lo eran), la miró, bajó la cabeza y luego con una voz que era una mezcla de tristeza y decepción, pero también con orgullo dijo –esta matanza sin razón debe ser vengada-. -supongo que eso es un no-. Replicó Miriahn. –pues bien si esa es tu decisión-. Siguió diciendo. –No tendré más remedio que apoderarme de tu piedra por la fuerza-. Thorab con voz firme respondió –pues la única forma en que la tendrás, es si me la quitas de mi mano fría y tiesa, y créeme no te será fácil-. Y dicho esto, dio un gran salto para atacar a Miriahn. El gran combate comenzó, bajo la mirada de los sobrevivientes de los elfos negros, la destreza y habilidad con la espada de Thorab sorprendió a Miriahn, aunque este último también era bastante dúctil, la fortaleza de Thorab iba menguando sus fuerzas, movimiento tras movimiento Miriahn sentía que sus fuerzas desfallecían, no 19

encontraba un punto flaco para atacar a Thorab, y este a su vez se sentía con las fuerzas intactas y en un movimiento rápido de su espada, hirió en el hombro a Miriahn quien retrocedió entre una mezcla de dolor y sorpresa por la agilidad de Thorab. Dominado por mas odio, Miriahn se abalanzó en contra de Thorab, mas con vértigo que con fuerza y dejando muchos puntos flacos en su defensa, situación que aprovechó Thorab para herir en contadas ocasiones a Miriahn quien consumido por el dolor cayó de rodillas al suelo; justo cuando Thorab se alistaba para asestar el golpe mortal y hacer justicia, Miriahn uso la última de sus artimañas, rompió en llanto, arrojando la espada lejos dijo –lo siento, tienes razón me equivoqué, lo que hice no tiene perdón, lo único que merezco es la muerte, ahora haz lo que tengas que hacer-. Esto le sonó tan honesto a Thorab que se le ablandó el corazón y retomando la calma le respondió con lo siguiente –sabes que te equivocaste, lo que hiciste es imperdonable, pero no seré yo el que te juzgue y mucho menos te quite la vida, eso le corresponde a nuestro padre, es a él a quien tendrás que rendirle cuentas y aceptar el veredicto que él te dé, y lo mismo para ustedes-. Dirigiéndose a los demás elfos traidores, quienes estaban sorprendidos con la reacción de Miriahn. Después de esto, Thorab se dirigió hacia Miriahn y le tendió la mano para ayudarlo a parar, pero el arrepentimiento de Miriahn era fingido pues ahora que se veía herido sabía que tenía que pensar rápido, cuando Thorab le estiró la mano, la tomó y en ese momento de la otra mano sacó una daga que ocultaba en el cinto y con rapidez le dio una puñalada justo en la zona abdominal. Thorab, herido se tambaleo hacia atrás y trató con desesperación de tomar otra vez su espada, pero la herida era demasiado profunda y el dolor era insoportable lo que hizo que sus piernas flaquearan y cayera al suelo. Miriahn riendo con una risa maléfica, se levantó, tomó la espada y dijo –de verdad creíste lo que dije, mi querido Thorab, tu que tanto hablas de Menaih, mira que no está aquí justo cuando lo necesitas, ahora que tu vida expira, estas solo, te abandonó, solo toma mi mano, bésala y te ayudaré a curar tus heridas- y le extendió la mano a Thorab, pero este último con lágrimas en sus ojos y con sus últimas fuerzas, le escupió en la cara, esto último enfadó aún más a Miriahn quien con la espada atravesó el pecho del Elohim quitándole la vida. Y así murió Thorab, amante del agua, gran Elohim del reino de los lagos y defensor de los elfos azules. 20

CAPITULO IV La creación de las tierras negras. Cuando la sangre de Thorab llenó el suelo, la tierra se sacudió salvajemente, de los mares se alzaron gigantescas olas que devastaron todas las costas, los volcanes hicieron erupción arrojando lava ardiente, el suelo se agrietó, del cielo y acompañado por salvajes lluvias cayó granizo ardiente, el día que apenas empezaba se oscureció. Cientos de elfos murieron y otros tantos se horrorizaron por estos fenómenos nuevos para ellos. En Gwangur mientras tanto, los elfos sintieron miedo pues esta era la primera vez que experimentaban algo así, todos fueron en busca de la sabiduría del Elohim Arish, quien también estaba un poco preocupado y a la vez pensativo tratando de imaginar que habría ocasionado esta furia de la madre tierra. Los temblores debilitaron la estructura del gran castillo, cientos de casas fueron destruidas pues no resistieron la fuerza de los temblores, los daños fueron cuantiosos no solo en Gwangur sino en todas en todas las ciudades incluyendo Portenense. ♦♦♦♦♦ Después de Asesinar a su hermano y sin ningún remordimiento aparente, Miriahn se dirigió a donde Thorab tenía guardado el Timbilis, abrió la pequeña caja de oro y lo tomó, en ese momento y ante el asombro de los demás elfos traidores, Menaih se presentó en presencia de Miriahn, este último al verlo desenfundó de nuevo la espada. -¿qué harás Miriahn, también me asesinarás de la misma manera como lo hiciste con tu hermano?-. Preguntó Menaih visiblemente afectado. Miriahn titubeó no sabiendo que decir pero sostuvo la espada esta vez mas amenazante, entonces Menaih hizo un ademan con la mano y de pronto la espada le empezó a pesar mucho a Miriahn tanto así que no pudo sostenerla ni siquiera con las dos manos, también sintió que las heridas de la pelea con Thorab, ahora le dolían más, así que no pudo soportar el dolor y se inclinó. Lo mismo les pasó a todos los demás elfos quienes entraron en un extraño sueño y cayeron al piso. 21

-lo que hiciste es imperdonable, trajiste el dolor a este mundo, ahora por tu culpa los habitantes de este lugar conocerán el sufrimiento, debería quitarte la vida pues sería lo más justo, pero no es lo más conveniente dar muerte por muerte, además eres hijo mío, por eso y solo por eso te dejo vivir, pero la vida que tendrás estará sumida en el dolor y la oscuridad, día tras día tus pensamientos se perderán en los profundos recodos del infierno que crearás, tu cuerpo se deteriorará a causa de la maldad, las heridas que tienes nunca se cerraran, ¿mataste a tu hermano por el Timbilis?, tu vida se unirá a el destino de esas joyas, cuando las gemas desaparezcan también tu vida dejara de existir-. Esta fue la maldición que Menaih le impuso a Miriahn por su pecado. Cuando despertaron los elfos de aquel extraño sueño, vieron a su líder parado, pensativo tratando de disimular su dolor, no solo por las heridas de la batalla sino por la maldición de Menaih, cuando los vio despertar y pararse, trató de disimular y dijo –los estaba esperando, muévanse rápido pues tenemos que partir lo antes posible, la armada de Gwangur vendrá para acá y a ellos no tendremos como enfrentarlos al menos no por el momento-. -¿y a dónde iremos?-. Preguntó Eryanor. –Al occidente-. Solo eso contestó Miriahn. ♦♦♦♦♦ Arish se encontraba en el castillo, preparándose para responder las preguntas que seguro tenían los elfos acerca de lo que había pasado, cuando Menaih se materializó en su presencia, al verlo el Elohim se arrodilló. –Soy portador de malas y oscuras noticias-. Dijo Menaih. –eso lo sospechaba-. Contestó un poco confuso Arish. – ¿qué fue lo que produjo esta ira de la madre tierra?-. Preguntó. El creador respondió con voz severa –Miriahn, llevado por la ambición mató a muchos elfos en Aqarad incluido el rey Tireber y también a tu hermano ThorabAl oír esto Arish rompió en llanto, pues amaba en demasía a los elfos y también en igual proporción a su hermano Thorab quien en los primeros días había ayudado al crecimiento de esta raza. -¿pero por qué?, ¿Qué malignos pensamientos llevaron a Miriahn a cometer tal acto de crueldad?-. 22

En seguida Menaih le contó lo sucedido y el porqué de las acciones del Elohim traidor, le habló de su amor por su Timbilis y de la obsesión con la joya, también le previno y le advirtió que Miriahn no se detendría en su oscuro camino que había empezado a recorrer hasta tener los tres Timbilis juntos, le ordenó que armara a su ejército y que partieran lo antes posible hacia el reino de los lagos para ayudar a los elfos sobrevivientes. ♦♦♦♦♦ Con el Timbilis de Thorab en su poder, Miriahn partió junto con casi 50 elfos hacia las tierras occidentales, después de muchos días de cabalgata llegaron a un sitio conocido por Miriahn, el cual lo había conocido en su travesía de los primeros días. Mingart esta ves estaba muy diferente de cómo Miriahn recordaba, Gordolin había hecho erupción y había devastado todo a su alrededor, el paisaje que mostraba aquel lugar era lúgubre, riscos impenetrables, cataratas de lava, ninguna señal de arbustos, un olor indescriptible y en el centro del lugar un gran valle muerto, además todo bien resguardado por montañas intransitables y al norte por una gran cadena montañosa de hielo llamada Mitrang. –He aquí el lugar que será de ahora en adelante nuestro hogar-. Le dijo Miriahn a sus acompañantes. Ninguno de ellos objetaron tal decisión pues el Elohim era amo y señor de todos sus pensamientos, veía por sus ojos, escuchaba por sus oídos, respiraba por sus narices, ahora la voluntad de los elfos negros estaba sometida a los caprichos del Elohim maldito. ♦♦♦♦♦ Cuando Arish le contó todo lo ocurrido a Elenor, hubo grandes muestras de dolor en toda la ciudad y en las ciudades vecinas de todo el reino se escucharon llantos de dolor, rezos, maldiciones hacia Miriahn, nadie podía creer lo que escuchaban, no entendían como alguien hijo mismo del creador podía ser tan cruel y asesinar a seres indefensos; no tardaron mucho para alistar su ejército y marchar hacia Aqarad, miles de elfos armados con escudos, espadas y lanzas, partieron hacia las tierras orientales incluyendo el rey Elenor, por supuesto también Arish iba en primera fila y con él su Timbilis pues el creador le había ordenado que siempre lo llevara consigo, pues el próximo objetivo de Miriahn seria apoderarse de él. Pasaron largos días de interminables caminatas, cuando por fin vieron el reino de los lagos. La primera impresión fue de asombro por aquella tierra tan hermosa llena de ríos, lagos, cataratas, afluentes de cristalinas aguas por doquier; siguieron caminando un par de días más cuando divisaron el gran lago Obelet y en sus costas la gran ciudad de Aqarad otrora hermosa y 23

radiante, ahora fría y con una gris sepulcral, pocos elfos en las pequeñas viviendas de las afueras de la ciudad, todos con caras de tristeza y aun de miedo; el gran ejercito llegó al centro mismo de la ciudad, a las propias puertas del castillo, el panorama era desolador. Arish junto con el rey Elenor descendieron de los caballos y se dispusieron a entrar al castillo no sin antes el rey dar órdenes a los soldados elfos de su ejército de asegurar la ciudad y de ayudar en todo lo que pudieran necesitar sus hermanos. Aquel castillo era realmente hermoso, construido con gran maestría, decorado con igual dedicación, mientras Arish y Elenor lo caminaban en dirección al gran salón conducido por uno de los elfos locales sobrevivientes, ambos miraban asombrados la majestuosidad de aquella construcción, al fin después de recorrer hermosas habitaciones y pasillos llegaron al gran salón, en el centro del mismo estaba un gran cuadro gigantesco en dónde se apreciaba al rey Tireber y postrado ante él estaba Nieber, su hijo, quien lo lloraba desconsoladamente. Con mucha tristeza Arish y Elenor se acercaron al joven príncipe elfo y le dijeron -compartimos tu dolor, estamos contigo, todo Gwangur está contigo-. Al principio el joven pareció no advertir la presencia de los dos visitantes y no hizo caso de las palabras que le dijeron, pero luego de un rato salió de su aturdimiento y aun con lágrimas en los ojos respondió – ¿dónde estaba Gwangur cuando esto pasó?, ¿dónde estaban ustedes cuando mi padre fue asesinado?, ¿dónde estaban cuando los asesinos se fueron de la ciudad sin ningún obstáculo?-. Elenor entendiendo el dolor del joven príncipe lo abrazó con fuerza y mientras lo hacía le dijo –te prometo que esto no se quedará así, la muerte del rey será vengada, Miriahn pagará por lo que hizo-. Nieber se aferró con fuerza al rey Elenor, pero Arish también dijo –sé que esto es duro pero tienes que ser fuerte porque tu pueblo te necesita, la esperanza y el futuro de tu gente ahora depende ti, tú eres el heredero al trono, tienes el deber de ser el líder de tu pueblo, debes levantarte de estos momentos trágicos y mirar hacia delante-. El muchacho como entendiendo lo que le decía Arish, se levantó y empezó a dar órdenes a los elfos presentes. Los siguientes días no fueron menos tristes, Nieber les contó como su padre había sido despedido: se había mandado anclar un gran bote en la costa del lago Obelet, cuando todo estuvo listo se habían puesto en el bote los cadáveres de todos los elfos, también el cuerpo del Rey Tireber y del Elohim Thorab quienes habían sido acompañados en un solemne 24

y multitudinario cortejo fúnebre desde el palacio hasta las costas de la ciudad, cuando todos los cuerpos estuvieron en el bote, se le prendió fuego y se desancló, el bote llevado por la corriente fue en dirección al centro del gran lago mientras las llamas se avivaban, luego de un minuto todo el bote ardió en llamas y en cuestión de minutos se redujo a cenizas. Ese fue el día más triste que hasta ese momento se había conocido en estas tierras; según contó Nieber. Después de varios días en el que el ejército de Gwangur permaneció como guardián de la ciudad de Aqarad y el joven Nieber fuera coronado como nuevo soberano del reino de los lagos, llegó el momento de partir, Arish y el rey Elenor se despidieron del joven rey, le dieron consejos para su reinado, consejos que fueron bien recibidos por el nuevo rey, este último con mucha tristeza despidió a sus amigos no sin antes decirles –nunca olvidaré lo que ustedes mis amigos han hecho, les juro que algún día se los pagaré-. 25

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CAPITULO V El primer ataque a las tierras negras. Muchos años pasaron, el joven rey Nieber creció y se convirtió en un elfo hermoso, poderoso y sabio. Aqarad fue reconstruida y ahora lucia tan esplendida como aquellos primeros días de antaño, los habitantes de la ciudad vieron el futuro con caras de esperanza pero sin olvidar a los héroes caídos, cada año se les recordaba con una gran celebración. El reino creció y se construyó otra gran ciudad al otro lado del Obelet la cual llamaron Escalat, otra gran ciudad igual de hermosa que Aqarad. Pero en la mente y en el corazón del rey Nieber siempre estaba presente la muerte de su padre y esperaba muy en el fondo de su corazón el día en el que pudiera vengarse de Miriahn, por eso siempre les insistió a los de su pueblo el hecho de tener un ejército lo suficientemente grande para defender al reino de otro posible ataque. Mas sin embargo, él tenía otras intenciones las cuales eran marchar hacia el oeste con un ejército nunca antes visto y arribar a las tierras negras y allí darle sentencia a Miriahn y a los elfos negros y vengar así la muerte de su padre, tales propósitos los mantuvo en secreto tanto para la gente de su reino como para Arish y el rey Elenor. ♦♦♦♦♦ Por su parte el reino de Gwangur ahora era más esplendido que nunca, Gwangur y Portenense lucían imponentes, la belleza de estas dos ciudades era el orgullo de su rey Elenor también el de Arish, además se construyó una tercera gran cuidad esta vez en la costa que daba al gran mar Tormentoso, llamado así porque era imposible que algún navío lo cruzara, esta tercera ciudad se llamó Endelesh. Pero algo le intranquilizaba el corazón al Elohim, la traición de Miriahn y las recomendaciones de Menaih, lo hicieron prevenir al rey y entonces Elenor siguiendo las recomendaciones de Arish construyó una gran muralla alrededor de la ciudad de Gwangur mas no así en Portenense, tal muralla rodeaba toda la ciudad protegiéndola de posibles ataques haciendo a la ciudad infranqueable, por su parte en Portenense se construyó una gran torre de vigilancia y se asentó allí una gran compañía de soldados elfos para defender a la ciudad de futuros ataques. 27

Mientras Los dos reinos elfos crecían en esplendor, el reino oscuro de Mingart lo hacía también. Con la ayuda de su Timbilis, Miriahn despertó de las profundidades de la tierra a criaturas abominables que nunca debieron ser despertadas, en oscuras cuevas de estas tierras malditas las criaturas llamadas orcos se reprodujeron como moscas, lo mismo los uruks y los trolls, así como otras tantas criaturas infernales que serían parte del ejercito negro de Miriahn. Con ayuda de estas criaturas se construyó en el gran valle muerto la ciudad oscura de Agbard y en ella la gran torre de Borag, construida en la misma montaña de Gordolin, aquella torre fue el hogar de Miriahn y desde allí fue tramando sus maléficos planes, fue así como las tierras malditas o las tierras negras como fueron conocidas desde ese momento en adelante, se alistaron para la conquista de la tierra conocida. Pero las criaturas infernales despertadas por Miriahn se expandieron más allá de los muros de Agbard, muchas fueron enviadas a distintos lugares de la tierra para que sirvieran de espías de Miriahn y así conocer que estaba pasando con los dos reinos elficos, de este modo el señor oscuro se enteró de la construcción de Escalat y Endelesh, también de la muralla de Gwangur y del esplendor de estos dos reinos, tal cosa llenó más de odio el corazón negro del señor oscuro. ♦♦♦♦♦ Transcurrió cierto tiempo y Menaih se volvió a presentar a Arish con estas palabras –este mundo ha cambiado, los elfos han crecido hasta convertirse en una raza poderosa pero en el norte una amenaza a despertado, Miriahn está reuniendo un ejército nunca antes visto para atacar estas tierras hermosas y apoderarse del timbilis que le falta, con él en su poder será indestructible. Tu deber será detenerlo y destruirlo junto con los Timbilis con ayuda de los elfos y también de dos nuevas razas que por mi voluntad se han creado, una de ellas es la de los hombres, seres débiles físicamente y de corazón frágil, pero de gran bondad y amor, ellos serán los herederos de esta tierra después de la batalla, batalla en la que su participación será clave y decisiva, por otra parte la otra raza es la de los enanos, pequeños en estatura no tanto así en fuerza y coraje, nunca los subestimes pues son seres de verdad admirables aunque de temperamento fuerte-. Con estas palabras Menaih se despidió de su hijo y solo sería visto por última vez más adelante en esta historia. Y así lo dicho por Menaih se hizo realidad, los primeros hombres empezaron a habitar la tierra, en sus primeros años vivieron en el reino de Gwangur bajo el 28

amparo , la protección y la sabiduría de los Elfos, este pueblo de los hombres creció en sabiduría y amor hacia los elfos, pero también en número, tanto así que después de muchos años el consejo del reino decidió que ya era hora de que el pueblo de los hombres se gobernara solo y construyeran su reino en otro lugar, fue así como Elnor fue coronado como el primer rey del pueblo de los hombres y la primera decisión de este fue marchar con toda su gente hacia el este, más allá del bosque de Othis. Después de muchas semanas de largas caminatas, por fin encontraron la tierra que sería su hogar y en donde se construiría el reino más grande conocido por los hombres, el reino de Henaith o el gran reino de los prados, por la gran cantidad de valles y pastizales que allí se encontraban. La primera gran ciudad humana fue Eroth. Por otra parte la otra nueva raza, los enanos, forjaron su conocimiento por ellos mismos, siempre estuvieron muy alejados de los elfos y de los hombres solo aceptaron el conocimiento, la ayuda y la protección de Arish, de quien aprendieron la labor que más los apasionó, la minería. El Elohim amaba a estas criaturas por su temperamento y tenacidad, les enseño la lengua de los elfos pero los enanos decidieron crear su propia lengua, aunque nunca les interesó crear un reino en sí, nombraron a su primer rey, Goim, y también construyeron su primera y única gran ciudad llamada Kilinyz, pero mucho decidieron vivir en la profundidad de la montaña misma, fue así como se construyeron las famosas cuevas de Kazam-Kun en el corazón de las montañas de hierro. Este pueblo creció tanto en número como en talento para todo lo que tiene que ver con la minería y la construcción sobre la roca, eran unos trabajadores formidables. Y así quedaron distribuidos los reinos de los pueblos que habitaron la tierra nueva, los elfos divididos en dos reinos, uno el reino de los lagos en el Noroeste, cuyas dos grandes ciudades eran Aqarad la capital y Escalat, ambas en la ribera del gran lago Obelet. El otro reino elfico era el reino de Gwangur, con tres ciudades, Gwangur, la capital, Portenense un poco más al norte y la ciudad costera de Endelesh. En el éste más allá del bosque de Othis, en la región de las grandes llanuras los hombres establecieron su reino, el reino de Henaith y su gran ciudad Eroth; por su parte los señores enanos no establecieron un reino en sí, solo construyeron su ciudad Kilinyz y también las cuevas de Kazam-Kun en el corazón de las montañas de hierro y la cadena montañosa del mismo nombre; pero en el norte también se estableció el reino oscuro de Mingart y su ciudad negra de Agbard y la torre de Borag construida sobre el Volcán Gordolin y en cuyas entrañas miles de criaturas infernales fueron despertadas. ♦♦♦♦♦ 29

Como se dijo antes el rey elfo del reino de los lagos, Nieber, guardó siempre en su corazón un remordimiento hacia los asesinos de su padre y de muchos elfos de su pueblo, además de un ánimo de venganza, para lo cual instó a muchos de sus conciudadanos a formar parte de un ejército nunca antes visto para atacar el reino de Mingart, pero lo que no se esperaba Nieber era que muchos de los suyos no tenían la mínima intención de ir a una guerra donde seguramente morirían, para eso el pueblo del reino decidió delegar a un elfo llamado Ileveter para que hablara con el rey y lo convenciera de desistir de llevar a muchos elfos de su ejército a una guerra innecesaria, fue así como Ileveter se dirigió donde el rey y le dijo -mi señor, el pueblo ha hablado, compartimos tu dolor de perder a tú padre, pero muchos de nosotros también perdimos a alguien en aquella masacre, pero no por eso iremos hacia el oeste a una guerra de la cual no sabremos si regresaremos con vida o si siquiera encontraremos a Miriahn y cobrar venganza-. hubo un largo silencio en el gran salón del palacio, Nieber después de escuchar al elfo se paró de su silla y con voz dura pero respetuosa dijo –hay mucha razón en lo que dices mi querido amigo, se bien que marchar hacia el oeste seguramente será muy difícil y más difícil será encontrar en las inmensas tierras negras a Miriahn y sus secuaces, pero también entiéndeme, esto es algo que se tiene que hacer, La muerte de mi padre fue un sacrificio, lo mismo la muerte de los muchos otros elfos asesinados, es por eso que yo también como homenaje a sus muertes estoy dispuesto a sacrificar mi vida, para que aquel hecho no quede impune, por ultimo mi querido Ileveter, no estoy obligando a nadie a ir a la guerra, puedes hablar con cada uno de mis soldados, ellos están dispuestos también a ofrendar su vida por su pueblo-. -¿pero esta ofrenda mi señor, es necesaria?-. Preguntó Ileveter. –para que marchar al oeste cuando aquí podemos vivir en paz y armonía como ahora-. Nieber visiblemente molesto pero con calma prosiguió –¿esa paz y armonía de la que tanto hablas, crees que durara para siempre? cuando Miriahn arme su ejército negro ¿cuál crees que será su primer blanco? no Ileveter, mi decisión está tomada, el ejercito del reino marchara hacia el oeste, lo cierto quizá es que muchos de los nuestros no regresaran, pero prefiero eso que quedarme de brazos cruzados esperando el próximo movimiento de mi enemigo, prefiero atacar ahora que no está tan fuerte y no después cuando sea imposible establecer batalla con el-. 30

Ileveter agotó su último recurso diciendo – ya tu decisión está tomada, pero por lo menos pide ayuda al reino de Gwangur mi señor, ellos estoy seguro, responderán a tu llamado-. -Gwangur ya ha hecho mucho por nosotros-. Respondió Nieber. –esto es algo que lo tenemos que hacer solos- . Y dicho esto dio por terminada la conversación y salió del gran salón con rumbo a sus aposentos. Pasaron unos cuantos meses, Nieber y su ejército estaban preparados para partir, pero antes del día señalado para la marcha, el rey llamó a Ileveter a el gran palacio y con el convocó también a los más prestantes elfos no solo de Aqarad sino también de Escalat, sin ninguna objeción todos los citados se hicieron presentes, viéndolos allí a todos reunidos el rey Nieber tomo la palabra y dijo – mis hermanos, me alegra verlos a todos aquí hoy, como ya sabrán en estos últimos meses he estado alistando mi ejército para marchar hacia el oeste, las razones ya son de todos conocidas y no vale la pena traerlas a discusión, más sin embargo lo que quiero comunicarles hoy es que en tres días el ejército del reino en cabeza mía, empezará la larga travesía que nos llevara hasta Miriahn, pero eso no es lo único que tengo que comunicarles, he tomado la decisión de que en mi ausencia, un grupo de los más sabios e inteligentes elfos de mi pueblo gobiernen el reino y quiero que en cabeza de ellos esté Ileveter-. Hubo en el salón murmullos y voces bajas hasta que uno de los asistentes tomó la palabra –mi rey, dices que Ileveter y un grupo de los nuestros gobiernen el reino, ¿eso significa que tú no volverás de la guerra?-. -es lo más probable-. Respondió con franqueza Nieber. –la misión que estoy a punto de emprender, se podría decir que es una misión suicida, por lo cual no quiero que se aferren a falsas esperanzas de mi regreso, mi pueblo necesita a elfos sabios que los lideren y que los defiendan de futuros ataques y creo que Ileveter y ustedes son los más apropiados para eso-. Ileveter visiblemente conmocionado declaró – es una decisión sabia mi señor, no se arrepentirá de dejar el reino en nuestras manos-. Como había anticipado el rey Nieber el día señalado para el inicio de la marcha del ejercito del reino llegó, en total más de mil elfos impecablemente vestidos con la armadura del reino en formación esperaban la orden para el inicio de la gran caminata; los habitantes de Aqarad se votaron a las calles para despedir a el ejército y a su rey, les hicieron una calle de honor. Cuando el momento llegó, Nieber montó su caballo blanco y a su lado sus más allegados colaboradores 31

entre ellos uno con el estandarte del reino en alto, este estandarte era una inmensa embarcación en forma de cisne sobre un lecho azul. Cuando Nieber dio la orden, aquel ejercito de elfos empezó su marcha a través de la calle de honor que los habitantes de la ciudad habían hecho, muchas mujeres del reino al paso de los caminantes arrojaban toda clases de flores. Al frente de tal ejército iba Nieber, impecablemente vestido con su armadura, como si aquellos momentos no fueran lo suficientemente tristes y grises, de la nada el cielo se nubló y se desató una fuerte llovizna que no permitió diferenciar las lágrimas de aquellos que despedían a sus seres queridos hacia la guerra. Los tres mil soldados del reino de los lagos emprendieron el largo camino hacia tierras oscuras del oeste, aquel viaje iba a ser agotador, eran muchos kilómetros lo que les esperaba por recorrer y muchas sorpresas les acaparaba aquel camino traicionero. Habían ya recorrido cierto trecho y se hacía de noche, el ejercito del reino arribó a un gran valle que estaba en la rivera del rio bravo, entonces Nieber ordenó que en aquel lugar hicieran un campamento para pasar la noche, más sin embargo Nieber no queriendo sorpresas llamó a tres de sus elfos que iban en caballos y les dio la orden de adelantarse y explorar la zona y traer noticias del camino que les esperaba, y así fue como estos tres elfos obedeciendo las ordenes, montaron sus caballos y en medio de la oscuridad salieron a explorar la zona y a elegir el mejor camino a seguir, lo que no contaban los elfos era que como ya es sabido Miriahn tenía muchos espías en toda la tierra y se había enterado del inicio de la marcha de aquel ejército y había tomado ciertas medidas para que aquel ataque no lo fuera a tomar por sorpresas y muy pronto Nieber se iba a dar cuenta de eso. La mañana llegó, y no había señal de los tres jinetes que habían salido a altas horas de la noche anterior, entonces hubo gran preocupación en Nieber y sus elfos más cercanos. –Ya era hora de que estuvieran de vuelta-. Dijo uno de los elfos de nombre Galdero, dirigiéndose a Nieber. -lo mejor será que retomemos la marcha, que se alisten para la partida-. Ordenó el rey a Galdero, así fue como en menos de lo pensado ya el ejército estaba listo para irse de aquel lugar y a la orden de nuevo del rey empezó otra jornada de marcha. Pasaron muchas jornadas de extensas y agotadoras marchas cuando por fin cruzaron los límites del reino y se prestaban para adentrarse en el reino oscuro. Cada jornada era más agotadora que la anterior, mientras más se adentraban en 32

aquel reino más se sentían cansados. El aire era más pesado y traía horribles aromas, las noches eran sumamente frías y los días en extremo calurosos, cada vez había menos fuentes de agua para que los soldados y los caballos bebieran y menos pastizales para que las bestias se alimentaran; en un principio la idea de Nieber y sus colaboradores era asaltar las tierras oscuras por el sur, rodeando la cadena montañosa de Gordolin, este era un viaje más largo pero más seguro, pero debido al agotamiento que Nieber veía en los miembros de su ejército, se vio obligado a tomar el camino más rápido pero no necesariamente el más seguro como veremos a continuación. Nieber y sus tropas se dispusieron a adentrarse en la cadena montañosa de Gordolin, una serie de riscos y elevaciones muy peligrosas, con ríos y cataratas de lava que significaban otro inconveniente más, esto sumado al cansancio acumulado por el largo viaje ya que sumaban más de tres meses de largas y agotadoras jornadas de marchas. El clima también era un enemigo pues los días eran muy calurosos con temperaturas que sobrepasaban los 35 ° centígrados. Como se dijo antes las fuentes de agua limpia cada vez escaseaban más, las provisiones de alimento también empezaban a escasear y los soldados elfos ya mostraban signos de inconformidad latentes, más aun así seguían al frente adentrándose más y más a estas tierras agrestes. Si bien la parte física empezaba a pasarles factura, aún tenían la fuerza en el espíritu. El paisaje que mostraban aquellas montañas era sombrío, casi no había ninguna señal de vida animal o vegetal, tan solo unos pocos árboles muertos, y demasiado polvo alrededor, también rocas, muchas rocas, acantilados y despeñaderos peligrosos, tanto así que llegado a un sitio les era imposible a los caballos cruzar aquellos pasajes tan peligrosos, entonces Nieber decidió prescindir de ellos, les ordenó a todos los caballistas que desmontaran, pues desde ese lugar debían seguir a pie, de inmediato todos obedecieron, les quitaron las cargas que traían los caballos y las repartieron entre todos, luego Galdero pronunció estas palabras –son libres de regresar al reino o esperarnos aquí-. Refiriéndose a los caballos; desde ese punto la marcha de todos fue a pie. 33

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CAPITULO VI Una derrota aplastante. Siguieron muchos días de largas caminatas, cada vez más se adentraban en Gordolin y cada vez más la visión que les brindaba el paisaje era lúgubre, de pronto oyeron unos relinchos de caballos a la distancia, más allá de una inclinación, la subieron sin problema y cuando miraron desde su sima lo que vieron los sorprendió, parecía que aquel terreno les daba una tregua, pues el paisaje que se mostraba ante sus ojos era como un oasis en el desierto. Era un valle, rodeado de riscos, desde lo alto de unos de esos riscos caía un pequeño hilo de agua limpia y cristalina, en el centro de aquel valle habían crecido unos árboles frutales y estos estaban cargados de frutos para alegría de todos los elfos, y en uno de estos árboles estaban amarrados los tres caballos de los tres elfos que tiempo atrás habían salido a explorar la zona; sin pensarlo dos veces todos bajaron raudos y muchos se precipitaron sobre los frutos de los arboles mientras que otros se prestaron a beber del agua que en su caída había hecho un pequeño pozo. Nieber sin pensar en la desventaja estratégica de aquel lugar ordenó que hicieran campamento en ese valle. Luego de saciar su sed y hambre, Galdero inspeccionó los tres caballos de los elfos desaparecidos y lo que encontró lo sorprendió a tal punto que mandó llamar al rey Nieber, cuando este último se presentó, Galdero le mostró lo que había encontrado. –No es posible, pero si hace más de 40 días que no tenemos noticias de ellos, no puede ser que todas las provisiones estén intactas-. Reclamó el rey con notable extrañeza. En efecto las provisiones que cargaban los caballos estaban todas intactas, el alimento estaba casi completo y las botas de agua estaban llenas, así mismo los caballos parecían estar bien comidos. -esto es demasiado raro-. Comentó Galdero. – ¿Me pregunto cómo los jinetes llegaron a este lugar y porque no regresaron, es más donde están en este momento?-. Preguntó de nuevo Galdero. Con preocupación pero con serenidad respondió Nieber –esperemos que estén por aquí cerca y que regresen pronto, por lo pronto oscurecerá dentro de muy poco así que todos dispónganse a descansar, pero organicen la vigilancia, recuerden que así este lugar parezca muy confortable no olviden que estamos en el reino oscuro de Mingart-. 35

La oscuridad en estas tierras oscuras era mucho más pesada, no había luna, unas nubes la ocultaban no dejando que iluminara estas tierras. Mientras muchos de los soldados dormían unos pocos estaban en los turnos de vigilancia, pero era una vigilancia inútil pues la noche negra no les dejaba ver más allá de lo que alumbraban sus tímidas antorchas, en este punto el ejército del reino de los lagos estaba más vulnerable que nunca tal como lo había previsto Miriahn. Con el sigilo que los caracterizaba y con la oscuridad como cómplice, los orcos tomaban posiciones estratégicas en lo alto de los riscos, muchos de ellos con arcos y flechas, otros con catapultas y muchos otros con escudos y espadas. Habían estado esperando este momento por muchos días, preparando minuciosamente el terreno, y aquel valle era el lugar ideal para el ataque sorpresa, pues desde lo alto brindaba a los orcos una ventaja estratégica. Desde que los espías habían hecho llegar las noticias de que un ejército del reino de los lagos había salido de Aqarad con dirección a Mingart, las hordas de orcos bajo la capitanía de Eryanor, el elfo negro, quien a su vez seguía las órdenes estrictas de Miriahn, habían trazado un plan para que el ejército del reino de los lagos fuera derrotado y aniquilado en aquellos parajes lejanos, lejos de toda ayuda, lejos de toda misericordia. Lo primero que se escuchó fue el sonido de unas catapultas activadas, de pronto cayeron tres proyectiles y se estrellaron en algunas tiendas de campaña, por supuesto hubo una gran algarabía y confusión y más cuando al ver los proyectiles que habían sido lanzados por las catapultas se dieron cuenta que eran las cabezas de los tres elfos que muchos días atrás habían salido a explorar la zona, de pronto Nieber se dio cuenta de la realidad de las cosas, entendió que todo era una trampa y que él y todo su ejército habían caído muy fácilmente, dio una breve vista a su alrededor y se dio cuenta de la posición tan desventajosa en la que su ejército estaba, pero ya era demasiado tarde para reproches pues cientos de orcos bajaban raudos para entablar batalla, mientras que otros tantos apostados en la cima de los riscos dispararon una lluvia de flechas sobre los soldados que aturdidos por la sorpresa de aquel ataque y más aún en la oscuridad de la noche no adivinaban de dónde venían sus enemigos, más sin embargo muy valerosamente desenfundaron sus espadas y se aprestaron para luchar. Tal lucha era de cualquier manera desigual para el ejército del reino de los lagos, ya que no solo los orcos tenían mejor posición estratégica para sus arqueros y sus catapultas, sino que en número eran casi el doble y seguían llegando más y más. En medio de tal oscuridad total que solo se interrumpía cuando los orcos lanzaban con sus catapultas bolas de fuego, el fragor de la 36

lucha se hizo sentir, muchos elfos murieron con la lluvia de flechas, otros tantos fueron alcanzados por las bolas de fuego, pero muchos otros resistieron el ataque de los orcos y en combates cuerpo a cuerpo eran más dúctiles con la espada ya que los orcos basaban sus ataques en la fuerza bruta y los elfos contrarrestaban esto con una técnica depurada con la espada y la lanza. En medio de la confusión Nieber se las arregló para que sus tropas hicieran una formación estratégica para así soportar mejor la estampida de los orcos, pero aquel ataque era interminable, por cada orco muerto aparecían otros tres más en el campo de batalla, pero así y todo aquellos valerosos soldados lograron repeler el ataque durante buena parte de la noche oscura. La mañana despuntaba, el astro sol se disponía a salir y la lucha aún continuaba, muchos eran los elfos que yacían muertos en el campo de batalla, muchos eran los orcos asesinados, pero eso no era problema para aquel ejercito oscuro pues a diferencia de los elfos, ellos tenían refuerzos que llegaban a cada minuto y eso sin contar que solo los orcos eran los que luchaban y no se había requerido la presencia de los Uruks o de los trolls o de las tantas otras criaturas infernales que Miriahn había despertado del inframundo. Desde un punto elevado estaba Eryanor junto a un Uruk de nombre Kreig, dirigiendo a sus soldados y llevando a cabo las órdenes impartidas por Miriahn. Eryanor tenía órdenes claras y precisas, sabía muy bien lo que tenía que hacer y también sabía lo que le pasaría si fallaba en la tarea que le había sido impuesta, de ahí que sin misericordia dirigía a su ejército y esperaba con ansias la salida del sol pues sabía muy bien que bajo los rayos incandescentes de aquel astro, la victoria iba a llegar. En efecto, cuando la mañana comenzó a avanzar, los rayos del sol hicieron su trabajo, la temperatura se elevó considerablemente y volvió ese aroma mortecino que infestaba aquel país; bajo estas condiciones Nieber veía como perdía cada vez más y más a elfos valientes, entre ellos a su fiel sirviente y a uno de los mejores soldados, Galdero. El cansancio era evidente en cada uno de ellos, aunque habían matado a muchos orcos, aquel infernal ejercito parecía intacto, pues como se dijo antes por cada orco muerto tres aparecían para sumarse a la batalla, además que los orcos no sentían cansancio pues se alimentaban de la carne de cada elfo asesinado y saciaban su sed con la sangre de las víctimas, Nieber se dio cuenta de que esta batalla era perdida pero aun así seguía luchando con más gallardía. Eryanor montado en una bestia horrible en forma de hiena gigante, sintió que era el momento para dar el siguiente paso, llamó a Kreig y le dijo –es hora de dar el golpe definitivo, que entren tus soldados-. 37

Kreig al oír estas palabras solo atinó a hacer un ademán de una sonrisa con su horrible cara, luego elevó una especie de cuerno que tenía en la mano, se lo llevó al boca y lo hizo sonar; aquel sonido se escuchó por todo el lugar de batalla, paralizando a los combatientes, los orcos que conocían aquel sonido se hicieron un poco para atrás y abrieron una especie de camino entre ellos, mientras tanto los elfos sorprendidos por aquel sonido y por la actitud de los orcos trataron de reunirse de nuevo y hacer una formación defensiva. Para sorpresa y preocupación de Nieber, aquella decisión le mostro la aterradora verdad, su ejército había disminuido de manera considerable, de los tres mil soldados elfos que habían salido de Gwangur, ahora quedaban algo menos de la mitad, más sin embargo se dirigió al frente de la formación y con la espada en alto gritó –¡sin miedo, aquí resistiremos. A la victoria!-. cuando terminó de decir esto se escucharon voces de respaldo a su espalda; de pronto de un momento a otro se sintieron pisadas, y del medio del camino que habían hecho los orcos entre ellos, hicieron su aparición unas criaturas nuevas para los elfos, los Uruks, eran un poco más de 500 pero aun así eso significaban malas noticias para los elfos pues estas criaturas eran mucho más fuertes, resistentes, inteligentes y más sanguinarios que los orcos y eso muy pronto los elfos lo iban a experimentar en carne propia. Cuando la batalla se reanudó el sol estaba en lo más alto y sus rayos caían con más fuerza, pero unas nubes grises aparecieron en el cielo como prediciendo el futuro del ejercito del reino de los lagos. Aquellos uruks entraron a la batalla y junto a los orcos muy pronto desequilibraron la balanza de la guerra, muchos elfos fueron muertos pues no eran rivales para los uruks, la matanza fue terrible. Mientras más se encapotaba el cielo más elfos eran asesinados sin compasión. Ya llegada la tarde el cielo estaba totalmente gris y la victoria de las fuerzas de Miriahn era inminente, los últimos elfos eran muertos, los elfos heridos que clamaba

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