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Globalización, constitucionalismo

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Published on March 8, 2014

Author: ramsescerv

Source: slideshare.net

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238 JOSÉ RAMÓN COSSÍO D. jurídico~ se .lle~e a garantizarla. Esta visión requiere, entonces, . f el const1tuc10nahsmo no sea considerado como la mera emana ·,. ~e I~~ con~enidos de un orden concreto (en particular de su utuc1on) , smo de un mo~o mucho más ambicioso, como el supu . e~ el cual. descansan los ordenes modernos, sea esto a nivel nacio o mterna~1on.al. ¿<¿5mo llevar a cabo la transmisión de las ideas pro del consutu~1onahsmo sin que ello resulte sospechoso o parezca. re~~ltado mas de Ja occidentalización del mundo? En primer lu · u.~hzando con plenitud sus propios supuestos en cuan. o a la t CJon del hombre, la I).aturalidad de sus contenidos, la dialéctica s~ po~tulados, etcétera; en segundo lugar, insertándolo dentro d " d1~am~ca ~~ la globali;zación, al punto de hacerlo aparecer dentrO'' la meV1tab1hdad que esta última conlleva. Al plantearse en este se · · ~o ~lano, la globaliza~ión no tiene que imponer el contexto ex s10n~sta de su discurse¡>, sino que debido a que este último le sirv" aquella, ~prov~cha el contexto que ya tiene construida la globali . ' y, a parur ~e el, Io~ra !~ suya propi~. Si hoy en día se acepta c • meVIt:_abl~ la ~lobahzaCJon, ¿por que no darle el mismo carácter'.. consutuc1onahsmo en tanto éste es la ideoJo11Ía j'urídica de ese · . • ;i l oVlmiento. E otro aspecto a destacar de esta tercera cuestión estrech·ª· ;elación con el primero. Si la globalización es la vía ~ tran~m1s10n del constitucionalismo, como ya quedó dicho, tamb' · funciona como gran generador de consensos y legitimidad hacia/ segundo. La globalizatión, como se ha repetido, es vista como pr.oceso "natural". Si dentro de ese proceso natural se da una de ~~nada representación; del derecho, ¿no es también esa represen ' cion complet~men~~ "patural''? Desde el momento en que se . ·. lo~ado la umficac1on ·apuntada, el sucesivo movimiento de la bahdad produce la sucesiva incorporación del constitucionalismo,,· cada ~?º de estos procesos provoca, a su vez, la idea de que la inc . · porac10n es el mero r~sultado de la naturaleza de las cosas. GLOBALIZACIÓN, CONSTITUCIONALISMO Y DERECHOS: lAS VÍAS DEL COSMOPOLITISMO JURÍDICO Gerardo PISARELLO l. Las trampas del discurso gf.obaliuuúrr. II. Un constitucionalismo mercantil contra /.os derechos y la ~ocracia. 111. Un constitucionalisTTW cosmopolita: model.o para armar. IV. Posibilidades y límites de la rehabilitación del EstadQ. V. Cuatro contratos para un constitucionalismo gl.obal: necesidades básicas, multiculturalisTTW, ecol.ogía, deTTWcracia. VI. RealisTTW y utopía en el constitucionalisTTW cosmopolita. SUMARIO: Desde su gestación, a mediados de la década de los ochenta, y sobre todo, con su creciente difusión a partir del desplome de los regímenes burocrádcos del Este y del fin del mundo bipolar de la posguerra, el concepto de "globalización" ha pasado a constituir un elemento omnipresente en toda reflexión teórica que pretenda dar cuenta acabada de la configuración económica, cultural o jurídica de las sociedades de fin de siglo. En ese marco, ha supuesto también un desafío central al paradigma constitucional, entendido como sistema de vínculos y controles a los poderes públicos y privados en beneficio de los derechos de las personas. Este trabajo, precisamente, pretende abordar de manera sucinta tres grandes cuestiones relacionadas con este extendido fenómeno. Como punto de partida, se intentarán develar, de modo esquemático, algunos equívocos que subyacen a los discursos dominantes sobre la "globalización". En segundo término, se procurará establecer cómo dichas lecturas han afectado la articulación de las nociones tradicionales de universalismo, derechos .humanos y constitucionalismo, tal como han venido evolucionando desde la modernidad. Por último, se indagarán las posibles respuestas que el constitucionalismo de fin de siglo podría ofrecer frente al proceso de mundialización en curso. 1 r I~ 1 A pesar de la relevancia del tema, son más bien escasos los trabajos que han enfrentado directamente las aporías derivadas de la relación entre constitucionalismo y 239 , ~.

240 GERARDO PISARELLO l. LAS TRAMPAS DEL DISCURSO GLOBALIZADOR Básicamente, las aproximaciones apologéticas a la globaliza~¡· ·ti i podrían resumirse en dos constataciones. Ambas se presentan com '-. afirmaciones descriptivas. Una de ellas, sin embargo, viene preña . de fuertes elementos prescriptivos. 1) La primera afirmación consiste en caracterizar el proceso . mundialización en curso, por un lado, como un fenómeno compl , lamente novedoso, y por otro, como una tendencia irreversible red ·.. cida prácticamente a un único aspecto: el económico, concebido e forma lineal como la existencia de un mercado libre globalizado q ·. favorecería una permanente circulación de capitales y mercancí ' incluso en las .zonas más recónditas del planeta. ;f.' 2) La segunda aseveración, por su parte, pretende atribuir a ·· supuesta sociedad mundial integrada por un entramado de mercad " ágiles y eficientes una serie de virtudes destinadas a profundizarse c ..· la expansión del proceso hasta sus últimas consecuencias: una ge . · ralización "'por goteo" de la riqueza planetaria, la neutralización d .:., una serie de constriccio nes burocráticas impuestas por unos Estad°"i' nacionales propensos al clientelismo y el despilfarro o la generació~: de una identidad global fundada sobre los valores de la democraQ.4 y el libre mercado. 2 " No son necesarias las dotes de un observador sagaz para adve · '.... que la perspectiva globalista peca de un tremendo simplismo. Obsef : J vados con algún detenimiento, los discursos dominantes sobre l~l 1 globalización suelen configurarse más bien como una ideología qu~ ~{ pretende convertirse en explicación y orientación exclusiva del pré>J,'i ceso de ~undialización que está ten~endo Jugar. 3 En la mayorí~ d~~; los casos, mcluso, comportan una vanante desembozada de fatahsm'tt V globalización. Algunas lúcidas excepciones, si bien desde enfoques no siempre coincidenteS. :· pueden encontrarse en Ferrajoli, L., "Beyond sovereignity and citizenship: a global constin>; ¡ , úonalism", Constitutionalism, Dmwcracy and Savereignity, Londres, Richard Bellamy ed., Avebury.} · 1996, nad. al castellano de Gerardo Pisarello incluida en Carbone!!, Miguel (comp.), 1toría de la ' Constitución. Ensayos escogidos, México, Porrúa-UNAM, 2000; Vega, Pedro de, "Mundialización . ¡ y derecho constitucional: la crisis del pensamiento democrático en el consútucionalismo 1 • actual", Revista de Estudios Políticos, Madrid, níam. 100, 1998 (ahora incluido en este libro); ; ' .Já uregui, Gurutz, "Estado, soberanía y Consúmción: algunos retos del d erecho constitu· ,_ cional ante el siglo XXI", en Carbonell, M. (comp.), Teoria de la Constitución, op. cit. 2 Vid. Wanner, Eric, "Au-dessus et en dessous de I' État", en Darnton, Ro bert Y Duhamel, Olivier (dirs.), Démocratie, París, Éditions du Rocher, 1998, pp. 198 y ss. ' Desde perspectivas disciplinarias dinintas pueden verse al respecto, entre otros, Beck, Ulrich , ¿Q;.i.é es la globaliwción ?, Barcelona, Paidós, 1998; Estefanía, Joaquín , La nueva economía. La globalú.ación, Madrid, Debate, 1996; Ramonet, Ignacio, "El pensamiento úni· co", Le Monde Diplomatique (ed. española), Madrid, n(am. 7, 1996. L __ ___ GLOBALIZACIÓN, CONSTITUCIO~ IERECHOS 241 histórico. Una inadmisible violación dfOOr;o de Hume, en la medida en que no sólo pretenden qumob pr~ceso de m.undialización que está teniendo lugar stny¡:' ommcomprens1vo, 11 nilateral e irreversible, sino que adenMi'"" En el fondo, este análisis no es ni tan novedoso ni tan mf¡¡.mo pretende. a) En primer lugar, porque, com•Ht: apuntado, lleva el sello añejo de las ideologías destinacháj1r e~ post la exp~n­ sión y hegemonía militar, cultural y emlOJrl!le ciertas potencias mundiales y de macropoderes privadOl ,.cil;~ulados. De hecho, no es casual que el nacimiento del demliillfllacional moderno haya coincidido con las reflexiones solr ~i11uista desan:olladas en el siglo XVI por teólogos y juristas!!mcomo Francisco de Vi toria y, más tarde, Baltasar de Ayala ofli!Il3uárez. Ya en aquel entonces, el genocidio y el sistema .de l1l2tfl del cual fue prorlucto fueron legiúmados mediante w qa que, falseando la realidad, proclámaba como derechos millo que ~~ re~li~ad no eran sino derechos de los conqu•¡.na func1on s1m1lar cumpliría la doctrina de Ja libertad h~ts, elaborada hacia 1605 por el emdito holandés Hugo Ot~ .iitinada a poner fin a la división de los océanos decretadm~oles y portugueses y sancio_ ada por el papa. O las tesis dt't;¡¡:.rar~o sobre las v~n­ n tajas comparaúvas de costos, que sirviaa¡m suficar la. supenoridad comercial británica en los siglos ili~ que, precisamente por eso, han sido desempolvadas ahora?J11 sútu~iones y organismos vinculados a las grandes corpoaHnsnac1?n~Jes y a los intereses de unos pocos países avanzamild~o, pnnc1palmente los Estados Unidos. 4 Claro que esta observación no s"Ctr;ehar sin m~ todas las pretensiones de originalidad con l!l!'l'. re.se~ta .C.¡ discurso globalizador, reduciendo el actual prO<l!lu1d1ahzac1on a aquel surgido en los albores de la modemidadllii!!~ cambios relevan.tes han tenido lugar en las últimas décadas.bi~ constatar, ~sp~c1al­ mente a partir de la crisis económica h~ta, el ~rec1m1ento masivo de flujos financieros o las prodf:01~formac1on~s tecnológicas, con su importante impacto soliiii11Cturas so~1ales, las '1 formas de producción económica y el lli&Uen su co_nJunt~. De lo que se trata, simplemente, es de po!l!'.utliesto como nmgu1 Para un análisis más detenido de las teo~¡ 1 ¡11aron las conquistas económicas a partir del siglo XVI, vid. Ferrajoli, Luí~' "" nel mondo moderno, ~ari, Laterza, 1997, pp. 11 y ss. Desde presupuestos opir.11·1r1<?rl, El nomos de la tierra, 1 trad. de Dora Schilling Thon, Madrid, Centro de fm :zt;c10nales, 1979, pp. 96 Yss. ¡,

242 GERARDO PISARELLO GLOBALIZACIÓN, CONSTITUCIONALISMO Y DERECHOS na de estas mutaciones comporta un escenario radicalmente nuevo .,; si se lo coteja, por ejemplo, con el panorama de la mundialización,· ) anticipado, con notable lucidez, por Marx y Engels en su Manifie~ .,de 1848.5 " · b) En segundo término, y sumado a las reflexiones anteriores; ·~ debe decirse que la globalización no es tan amplia ni tan librecambista ~ . . como pretenden sus partidanos. ~:· Sólo en África, un continente con mil etnias, habitado por set~:~ cientos millones de personas, una gran parte de los Estados ignora 1';, presencia de los formidables flujos financieros o del impacto de la I"et -' volución tecnológica.6 La mayor parte del comercio internacional ~; efectúa entre los países del primer mundo, con economías muJ¡ parecidas y producciones en muchos casos similares. Más aún, regio,r · nes enteras que no logran satisfacer las exigencias derivadas de la -t competitividad o que no concitan interés suficiente para los capitalce.'~~i' internacionales, son declaradas "prescindibles" o "inviables", y sus vagot_·}:~ nes son desenganchados sin contemplaciones del tren de la historia! •. 1 Por otro lado, el llamado comercio libre mundial, a pesar det ':(,. · retroceso real de algunas prácticas proteccionistas, no deja de ser .+ una idea metafísica, desmentida por la realidad en más de un aspee- ·~1 : to. No existe tal cosa como los mercados libres: todos están de algún " modo intervenidos. El debilitamiento del Estado en beneficio de lo9 poderes privados, de hecho, sólo ha podido producirse a través del propio Estado, el cual, paradójicamente, debe ser lo suficientemente ~ fuerte como para provocar y asegurar con coherencia y eficacia su ·:· propia debilidad.' La desregulación de la actuación del Estado sólo .. es concebible en términos de una decidida re-regulación que lo oriente " hacia la protección de intereses distintos, pero igualmente tangibles1 ~ ~ "La gran induslria -<:onstataban Marx y Engels- creó el mercado mundial,. .. que... imprimió un gigantesco impulso al comercio, a la navegación, a las comunicacionet por tierra ... la necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta a otra del planeta. Por lodas partes anida, en lodas partes construye, por doquier establece relaciones. La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. (Po r lo tanto... ) ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba a sí mismo y do nde no entraba nada de afuera; ahora la red del comercio es universal y en ella .entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu... La burguesía ... crea un mundo hecho a su imagen y semejanza". Vid. El manifie51'1 comunista, trad. de W. Roces, Madrid, Editorial Ayuso, 1977, pp. 24 y ss. 4 Vid. Estefanía, J., Contra el pensamiento único, Madrid, Tauros, 1997, p. 287. ' Santos, B. de Sousa, Rnnventar la democracia. Rnnventar el Estado, trad. de Diego Palacios Cerezales y Javier Eraso Ceballos, Madrid, Sequitur, 1999, pp. 17 y 57. 1, 243 Sólo el intervencionismo y las manos visibles de los poderes públicos pueden explicar el. fuerte monopolio tecno!ó¡pco de los países avanzados, cuya vigencia, por otro lado, resultana impe~sable sin un celoso soporte militar. Sólo el férreo control de las vanantes monetarias, como la inflación o los tipos de cambio, a la vez que la sacralización de objetivos como la estabilidad económica en detrimento de otros como el empleo, permiten garantizar las irrestrictas condiciones de movilidad de los grandes capitales financieros. Movilidad, cabe agregar, que resultaría imposible sin la oscilante re~lación estatal, al mismo tiempo represiva y flexible, que afecta a los millones de emigrantes expulsados por el deterioro de las condiciones de vida dentro de sus países o regiones y sometidos, en sus puertos de llegada, al fuego cruzado de un régimen admin~tra.~vo y penal xe?ófo~o e inquisitorial y a un sistema de contractuahza.cion laboral regido, sm inhibiciones, por la lógica del contrato leonmo. . Además, ¿cómo se puede hablar de un mercado hbre de comunicaciones, cuando la información se concentra progresivamente en grandes holdings empresariales, erosionando así las prá~ticas de.mocráticas en casi todas las naciones?, ¿cómo se puede predicar la libertad de consumo, cuando la comercialización de los principales recursos del planeta tiene lugar en condiciones de oligopolio, fundadas en una destructiva racionalidad a corto plazo, que vulneran el derecho a la salud y a la información de los consumidores y socaY<l;n. a ~eces irreversiblemente, los derechos fundamentales de las generaciones futuras? 8 1 Más aún: la propia idea de "interdependencia" a la que suele asociarse la globalización queda reducida a sofisma escandaloso apenas se constatan las condiciones de abierta desigualdad en las que se relacionan en el mundo actual los distintos agentes políticos, sociales y económicos. Así las cosas, y con el fin de evitar análisis distorsionados ~e los que puedan derivarse consecuencias equívocas, parece razon~b~e i~'!'°: <lucir una distinción analítica entre los conceptos de "mundiahzac1on y "globalización". Se podría, llegado el caso, hablar de "m~ndializa­ ción", e incluso de "mundializaciones", en plural, para designar los progresivos y complejos procesos de in~emacional_iza.ción de fue~ sociales y productivas que operan, no sm contradicciones y con distinta intensidad, desde los albores del capitalismo. El concepto de globalización, en cambio, tal como viene presentado en buena parte 8 Vid. Amín, S., El capitalismo en la era de la gú>baliuición, trad. de Rafael Grasa, Barcelona, Paidós, 1999, pp. 17 y ss. 111

244 GERARDO PISARELLO GLOBALIZACIÓN, CONSTITUCIONALISMO Y DERECHOS de las soflamas conservadoras, debería denunciarse como sim ideología destinada a justificar la extensión del capital a distin ámbitos geográficos bajo las reglas y en interés de un puñado',· poderes privados, y por lo tanto, sin regulaciones públicas democ. ticas. Una vez dicho esto, ¿qué queda de las incontestables virtucfJ:" con las que la globalización se reviste en un irresponsable ejerci · · ~. de autocomplacencia? · ''- ·..-tii> '''f .' .~a-~ 11. U N CONSTITUCIONALISMO MERCANTIL CONTRA LOS DERECHOS .. Y LA DEMOCRACIA ., '.t) )í '· ·~ a) En primer lugar, debe decirse, desde un punto de vista j . · dico-político , que en la medida en que Jos derechos de una p ' creciente de la humanidad son enunciados cada vez más co · · mercancías, y no como auténticos derechos; esto es, indisponiblet,' · 1 innegociables, la globalización contradice y usurpa el principio · trado de universalidad concebido como un ideal de emancipad ' • , humana y, en ese sentido, de progreso rnoral. 9 1 b) En segundo término, también coloca en entredicho la i~ misma de constitucionalismo, entendida, en un sentido norrnati~ como sister:ia de vínculos y límites a los poderes públicos y priva~<f¡ en beneficio de los derechos de las personas; acepción contenid.I de modo embrionario, en el artículo 16 de la Declaración francesa cú!. > ~1 d erech os de 1789. :~~ Los derechos de ciudadanía, de hecho, son expuestos a un do , . frente de ataques. Uno de ellos pretende imponer un haz de re . ' ladones poscontractuales en las que grupos e intereses rnayoritari.1, • hasta entonces i'ncluidos en el contrato social queden excluidos d mismo, sin perspectivas de poder regresar a su seno. El otro, por · · lado, pugna por introducir una serie de mecanismos precontractu . dirigidos, por el contrario, a blindar el acceso a la ciudadanía,' . colectivos sociales con fundadas expectativas de poder alcanzarla. , Ocurre, en realidad, que a la internacionalización de los in sores y de los grandes propietarios transnacionales no le ha corr ... ~ pondido una globalización de derechos para la gran mayoría de . humanidad, del mismo modo que Ja mundialización de la ló · 9 Lucas, Javier de, "La globalización no significa universalidad d e los dercctMi¡ humanos. (En el 50 aniversario de la Declaración del 48)", ]Wtces para la democracia, n~~ 32, 1998, pp. 3 y SS. { 'º Sousa Santos, B., Reinventar la democracia .. ., ap. cit., nota 7, p. 15. " 245 económica del beneficio privado no ha venido acompañada por la internacionalización de la lógica política de la satisfacción de necesidades básicas y la extensión de garantías de libertad e igualdad. En dirección coincidente, mientras determinados aspectos -los mercantiles, monetarios y financieros- se supranacionalizan, los políticos y fiscales se mantienen en el estricto ámbito de los Estadosnación, impotentes ya para limitar al poder económico y corregir los fallos y las enormes desigualdades que se generan en los mercados cuando se les abandona a su propia lógica. Ya en siglo XVIII, las tesis de Montesquieu y Robertson sobre el doux commerce eran desmentidas por las aberraciones del comercio de esclavos y el carácter arriesgado, aventurero y a menudo violento, del comercio en general. El cinismo de sus epígonos contemporáneos no tiene sin embargo parangón.U Sólo tornando en consideración el producto del tráfico de drogas, las ventas Ílícitas de armas, el contrabando de materiales nucleares o las ganancias de actividades controladas por las mafias (pro~titución, juego, mercado negro, divisas) , Naciones u.nid~ ha d~n~nc1ado que los ingresos mundiales anuales de las orgamzac1ones cnrnmales transnacionales equivalen al PNB de los países de ingreso débil (según la categorización de la banca mundial) y de sus tres mil mill?nes ?e habitantes. Un cálculo que, por otro lado, no contempla las mvers10nes y constricciones que las organizaciones criminales introducen en vastos sectores de la economía legal. 12 Así, mientras los mercados financieros despliegan una actividad febril y sin cortapisas, inmersos en un capitalismo de "casino" ~om­ pletamente desligado de los procesos productivos, zonas enteras asisten a Ja pérdida de su autonomía política y jurídica, así como al desgarramiento de sus estructuras sociales y productivas, con un futuro que se presenta -basta con repasar los últimos informes del Programa 13 de Naciones Unidas para el Desarrollo- más sombrío que nunca. 11 "El comercio - sostenía Montesquieu- cura los prejuicios destructores. Es cas~ una re gla general que allí donde hay costumbres apacibles existe el comerc10 Y que alh donde hay comercio hay costumbres apacibles". Vid. El espíritu de las leyes, hbro XX, _c~~1, trad. Me rcedes Blazquez y Pedro de Vega, Madrid, Tecnos, 1993, p. 221. Para un anallSIS crítico de esta posició n , vid. el excele nte libro de Albert O. Hir~chman, Las pasiones Y ~s intereses. Argumentos politicos a Javur del capitalismo previos a su tnunfo, trad. de Joan Sole, .. Barcelo na, Península, 1999. 12 Chossud ovsky, Michel, "La corruption mondialisée", Géopolitique du Chaos. Maniere dJ! Voir, Paris, Le Monde Diplomatique, núm. 3, 1997. " Vid. , entre otros. Horman, D., "¿Inje rencia o solidaridad?. El debate sobre la 'condicionalidad' en las relaciones Norte-Sur", Viento Sur, Madrid, núm. 42, 1999 . .

., '.~¡ . .: ,1 GERARDO PISARELLO ~, /1~ 246 1 . ,:i~t.: En ese sentido, tampoco parece que las ensoñaciones del gle>! , ; balismo hayan conducido a restringir los márgenes de arbitrarle~ ,' del Estado, o si se prefiere, a ampliar la autonomía de las personal'/ f~ente yoder. Por el contrario, l~ tr~~enda c?n~tricción de es~;, cios pohucos generada por la globahzacion economica ha cargado dé ~~ opacidad el .funcionamient? .de las sociedades actuales, de suerte tifj; que los gobiernos democraucos han r_ asignado buena parte de sdS e autoridad a unas elites que operan de forma .casi invisible, lejos de~­ c~ntrol. del ~lectorado y con un poder que ni Mosca ni Pareto h1'i~ hieran 1magmado. u. ¿A qué lógica obedece, si no, visto desde una óptica democrá/ tica, el progresivo desguace de las instituciones públicas en benefid& ~e unas agencias "independientes y autónomas" que el discurso glo~¡ hsta procura presentar como el resultado de simples ajustes técnic~; neutrales en su significación ideológica y muy convenientes desde éf/ punto de vista social? ··; ¿Ante quién responden, por ejemplo, el Banco Central Europeo-;€.~ las Agencias de Calificación de Deuda, los todopoderosos Grupos def;~, G-7, G-8 y sus periódicamente actualizadas versiones? ¿Qué tipo ~L controles fiscalizan su actuación? ¿Qué efectos tendría sobre la autó-1. : nomía política de los Estados y los derechos· de los ciudadanos lál ': imposición de unas normas como las del llamado Acuerdo Multilateráh1 de Inversiones (AMI), que desde 1995 comenzó a negociarse en el'··~ marco de la Organización de Cooperación y Desarrollo EconómicO*:."~ (OCDE), o de la prolongación casi "clónica" del mismo malogradaJ en Seattle? ,, Baste con recordar cómo, a pesar de su nombre, el objetivo de]; ' AMI no consistía en regular a las inversiones, sino a los gobiernos, • y pretendía adquirir el status jurídico de un tratado internacional, ,· inmune a los controles económicos, ambientales, sanitarios o labo-.) rales de cualquier reglamento o ley nacional. Sus disposiciones, de. claro contenido antigarantista, estaban dirigidas a eliminar la capa. cidad de los gobiernos para regular la entrada y salida de capitales. . En su capítulo IV, por ejemplo, se preveían límites inadmisibles a las' ~ facultades expropiatorias de los gobiernos nacionales y se proscribía· : buena parte de los instrumentos jurídicos tradicionalmente previstos · para el control de servicios públicos privatizados. Más aún: el AMI disponía que si algún país quería salirse del Acuerdo una vez firmado, no lo podía hacer durante cinco años y, en caso de hacerlo, sus exigencias normativas protegerían a las compañías inversoras durante quince años más. De este modo, se violaba en forma palmaria el principio democrático defendido, ya en los orígenes del constitucio- ª! GLOBALIZACIÓN, CONSTITUCIONALISMO Y DERECHOS 247 nalismo moderno, por pensadores como Jefferson o Paine y recogido en el artículo 28 de la Constitución jacobina de 1793, conforme al cual "una generación no puede sujetar a sus leyes a las generaciones futuras". De esta suerte, no resultó extraño que el propio secretario general de la Organización Mundial del Com.ercio (OMC), Renato Ruggiero, declarase explícitamente que la ~nahdad d~l ~I ~ra la de 1 · redactar la "Constitución de una economia global umca . Así las cosas este panorama revela de forma dramática, cómo, a pesar de que ~n el plano formal ha tenido lugar u~a progr:esiva "apertf.ira" de las Constituciones nacionales al derecho mternacional de los derechos humanos, en el plano real lo que se ha produc~do es una "apertura" a normas y disposiciones mercantiles ~ás bien secretas impuestas en beneficio de unos pocos poderes pnvados y 15 ' . ·1 públicos transnacionales, en ocasiones i egal es y extra1egal es. De esta manera, los Estados acaban subordinados a una suerte de constitucionalismo mercantil global, no dirigido a ~ontr~lar a los poderes, sino más bien a liberarlos, eleyando. a una s~ne de mteres~~ corporativos a Grundnorm del ordenamiento mternacional. Este fe~o­ meno a su vez se traduce en una degradación del derecho oficial, que debe coexÍstir COI) un derecho no oficial dictado _p~r múltiples legisladores fácticos. Estos, merced ª. su ~oder econom1co, acaban transformando lo fáctico en norma, d1sputandole al Estado el mono1 polio de la violencia y del derecho. ~ . La globalización, en consecuencia, se convierte en l~ cobertura de un nuevo derecho económico internacional que supn~~ la_ participación democrática en beneficio de '!n descarnado d~cis~o~usmo tecnocrático, a la vez que sepulta los mas elementales pnncip1os de publicidad bajo el imperio de la opacidad y del seer~~º· En ese contexto, amplios contingentes sociales resultan constr~mdos en sus derechos más básicos por normas que directamente ignoran. A_Probad~ por una elite que muy pocas veces opera en la superfi~1e, Y c siempre en los subsuelos del entramado político y social, dichas nor.. Acerca del fracaso parcial del Acuerdo Multilateral de Inversiones, gracias a la r. , modelo• movilización de organizaciones ciudadanas y de algunos sectores po iucos, as• co . · ·1 ·do por el mundo de los negoc1m nuevos proyectos puestos en march a, con s1m1 ar canten! , . . • 'AMI' vi nculados a la OMC, Estados Unidos y Europa, vid. Bne, Chnsuan de, Un nuevo se prepara", Le Monde Diplomatique, ed. española, Madrid, mayo de 1999, P· 3. . . ' n " Sobre las disúnra:s direcciones que puede tomar la apertura de la Consutucw vid Lucas Ve rdú Pablo La Constitución abierta y sus enemigos, Universidad Complutense dt 1 M<;drid, 1993. S~bre los.poderes públicos y privados transnacionales, ilega.les Yexti:;lega es · · F · l' "G ra1·1u ·smo e poten selvaggi , Tt{JT'!< vid. la úpología propuesta por Lmgt erraJO 1 en a . ' . m . . Politica, Milano, XIV, núm. 3. 1998, pp. 11-24. Trad. al castellano en FerraJoh, L., El garantlS y la jilosofia del derecho, Bogotá, Universidad del Externado, 2000. 1• Santos, B. de Sousa, Reinuentar la democraaa ... , op. cit., nota 7, P· 10. ,,,

  • 248 GERARDO PISARELLO mas tornan ab~urdos ciertos apotegmas ~e los que a menudo el pode~:· presume con hgereza, como el que sosuene que "el derecho se pr~'·; sume conocido por todos" o, peor aún, aquel conforme al cual i.l·.democracia supone la atribución a cada persona de uno y un mismQ' ; voto. 17 ' .. . e) En tercer término, parece altamente improbable que u :· i adhesió n escrupulosa al consejo de Guizot: enrichissez vous, pue~ ~ ' conv~r_tirse ~n fibr~ moral de una iden~idad democ.rática plural y coq) voca~1on ~mversahsta; ~ Por el contran~, el globahsi_no, al promovef,;~ una 1dent1dad monoht1camente constrmda sobre la imagen del honro~ economicus que pe~igue sus "vicios privados" .e~ contraposición a lo,,;¡ de l. resto d~ la s?c1~~ad, bloqu~a las poten_ iahdades_de un proc~ ¡ c de mternac1onahzac1on complejo que podna y debena aprovecharse. ; en. e.lave g~nuinamente .cosm.opolita.19 Así'. ~l tiem~o que se hom~·'; gem1za el ideal de una 1denudad mercanuhsta, regida por la lógica!:' de la ganancia y el cálculo, se generan las condiciones propicias paia) ,' la explosión d e identidades particularistas, concebidas como reaccio.- ~}' nes solipsistas frente a un creciente proceso de fragmentación sociaf;{ y económica. Más aún, bajo la coartada de la resistencia a la globa.'. '1 ; lización, estas identidades suelen aglutinarse en o casiones, antes que. 'i en torno a diferencias culturales legítimas, alrededor de estratifi~.· ·~: cionesjerárquicas (religiosas, sexuales, étnicas) ilegítimas y exduyenteS.: ) e injusticias, la brecha creciente entre el mundo opulento y _ exlos cluidos de la tierra, 0 la permanente amenaza de guerras y catastro~~s - ·cas han colocado a la humanidad en una innegable cns1s eco1ogi • · · ·de una civilizatoria que podría conducir a la exunc1on, como poco, • •, buena parte d e ella.20 Sin embargo, acaso sea precisamente esa s1tua~1on la que permite sumarse a la esperanza de Hólderin . de que alh donde crece el eligro crece también lo que puede conJ~rarlo: Por ~~º· e n un p~­ p orama límite como el actual, sólo un fatalismo mmovihzador ~o~na n nunciar a la lucha por un pacifismo jurídico exigente, confüct1vo, ~~paz d e garantizar la supervivencia digna de la especie hu.mana y de hacer honor, en suma, a la perdurable imagen de Ihenng de ~n derecho que sólo se reconoce a sí mismo en incesante lucha y res1s. . . . 21 tencia contra l a mJUSt1.c1a. _ . . Ahora bien, aceptado este análisis, ¿cuáles serían las vias 10~1nen tes y mediatas para una reconstrucción global y con sentido garantista del constitucionalismo y de los derech.os de las. personas, con objeto de invertir, o si se p~;fiere, d~ ~orregir, el senu~o d e ?~ proceso cuyos "dáños colaterales se muluphcan con tanta virulencia. 1 111. UN CONSTITUCIONALISMO COSMOPOLITA: MODELO PARA ARMAR . : ~. Pocas dudas caben de que el panorama descrito justifica el pesi·. /" mismo de cualquier inteligencia medianamente crítica. La existenc~. '; de una economía inte rnacional incontrolada, fuente de desequilibri~ .i; 17 249 GLOBALIZACIÓN, CONSTITUCIONALISMO Y DERECHOS ;~t~ Sobre a lgunas de estas cuestiones, vid. Cárcova, C. M., La opacidad del derech9, · ( Madrid, Trotta, 1998. .:!~, 18 Vid. Przeworski, A. et al., Democracia sust.entable, trad. de Sebastián Mazzuca, Buenos· :0f Aires, Paidós, p. 94. ;> 19 Según la descarnada opinión de Rousseau, "los sistemas financieros forman almas .:t venales, y dado que no se piensa más que en ganar se gana más siendo un ladrón que un :_;;! hombre honesto". Vid. Pruyecto de Constitución para Cúrcega/Ccnsideraciones solm el Gobinno ·' ~ f'_olonia, trad. de Antonio Hermosa Andujar, Madrid, Tecnos, 1988, p. II4. En un sentido .:., s1mtlar, aunque con un le nguaje algo más liviano, el propio Financia/ TimLS del 30 de · septiembre de 1994 reconocía que "porque son e llos los que ma nejan billones y billones de dólares de capitales que transitan de un país a otro cada día, Jos mercados financieros se h an convertido a la vez e n el gendarme, el juez y el jurado de la economía mundial, ·;, lo que no deja de ser inquietante dada su propensión a ver los acontecimientos y las ', . políticas a través de los cristales del miedo y la codicia". Cit. por Chesnais, F., La rrumdialisation du capital, París, Syros, 1994, p. 205. r 1 IV. POSIBILIDADES y LÍMITES DE lA REHABILITACIÓN DEL ESTADO Desde los supuestos aquí def~i:tdi~~s, un primer paso. f?ndamental debería consistir en la rehabihtacion del Estado al serv1C10 del constitucionalismo social y democrático. Y todo ello porque, a pe~ar de las lecturas disolve ntes del globalismo y d e las prema~uras c:iraoon es fúnebres pronunciadas en su no~bre, el Estado s.1gue s1end?, desde una lectura realista, el actor pohuco por excelen~1a, ~l espacio concre to en el que se juegan un sinnúmero de garanuas vmculadas a la libertad y la igualdad d e las personas.2 2 Más aú~, bajo el influjo de las presiones globalizadoras, los Estados se CO?Vlerten a men~~o en agentes activos encargados de adecuar sus sooedades en func10n de los intereses de los grandes poderes privados internacionales. Por 20 Vid., en este sentido, Capella, J. R., Los ciudadunos siervos, Madrid, Trotta, 1993, . . . especialmente partes I y 11. 21 Ihering, R., La lucha por el derecho, versión de Alfonso Posada, Madnd, C1Y1tas, 1985, p. 60. 2'l . . J" . 1 Así, Vega, Pedro de, "Mundializació.n y derecho consutuc1 ona , op. cit., nota , P· 54; Jáuregui, G., "Estado, soberanía y Constitución ...", op. cil., nota 1, p. 57. ,A_cerca de la compleja situación del Estado frente a Ja mundialización , a la vez de deb1!11am1ento Y fortalecimiento, vid., asimismo, Cabo, Carlos de, Contra el consenso. Estudios sobre el Estado constitucional y el constitucionalismo social, México, UNAM , 1997, p. 337. j 1 1, 1'

    250 GERARDO PISARELLO r '.jf t: 1 GLOBALilACIÓN, CONSTITUCIONALISMO Y DERECHOS 251 W· ,.t . ·. ¡ ello, es evidente que la recuperación de lo público no es posible partir de cualquier tipo de Estado. Mucho menos de uno colonizad~ ·.f~ . por poderes burocráticos y mercantiles y fundado en una idea beli- ·s:~ gerante y excluyente de soberanía, de la que se derive la necesidad ; de anular a los antagonistas interiores y la tendencia, de cara al ·; exterior, al imperialismo o la "catolicidad" en el sentido de la teología política de Carl Schmitt.25 1 Bien se ha dicho, por el contrario, que si en el p~ado se buscó ~ democratizar el monopolio regulador del Estado, ahora se debe, an~ / todo, democratizar la desaparición de ese monopolio. Es decir, que ·¡ no tiene sentido democratizar al Estado si no se democratiza la esfe. . ra no estatal. 24 •. 1 Precisamente por eso, una estrategia de recuperación y profundi- .,. zación del principio democrático en relación con el Estado debería, '.: : según los casos y contextos concretos, impulsar sus propósitos en .) distintos y simultáneos frentes: ·~¡. a) En y desde el Estado, en la medida en que constituye un instrumento insustituible para disciplinar a los poderes privados nacionales y a veces internacionales, promover ámbitos genuinos de participación institucional y poner en marcha un sistema extensivo de garantías ciudadanas en consonancia con el programa normativo de un Estado social y democrático de derecho.25 b) Fuera del Estado (y en ocasiones contra él), con el fin de neutralizar sus tendencias paternalistas, represivas e ilegítimamente centralizadoras, de mantener bajo control toda propensión a la osificación burocrática y, sobre todo, de impulsar espacios públicos no estatales y ámbitos ciudadanos de poder social directo, entendidos en una relación más de profundización y mutuo soporte que de contraposició n con aquellos de democracia representativa.26 e) Y por último, más allá del Estado, habida cuenta que un proyecto que pretenda superar las constricciones del tipo d e constitucio nalismo impulsado por el discurso globalizador, no puede asentarse n Sobre la crisis de esta idea de soberanía, vid. Zagrebelsky, G., El dmcho dúctil, trad. de Marina Gascón, Madrid, Trotta, 1995, pp. 10 y ss. 2 ' Santos, B. de Sousa, Reinvenlar la democracia.. ., op. cit., nota 7, pp. 40 y 41. 2 ' Para una fundada defensa de este papel del Esiado, vid., López Calera, N. M., Yo, el Estado, Madrid, Trolla, 1992. 26 Vid. Ferrajoli, L., Dmcho ~ razón, trad. de Perfecto A. Ibáñez et al., Madrid, Trotta, 1997, pp. 947 y 948. Es conocida, entre las experiencias más novedosas y efectivas de democracia directa, la de la elaboración participativa de los presupuestos en algunos municipios brasileños, sobre todo aquellas llevadas a cabo en Ria Grande do Sul. Vid., al respecto, Fedozzi, L., Or~amento participativo: reflexoes sobre a experiincia de Porto A/.egre, Porto Alegre, Tomo Editorial, 1997. + f ·:,; ..~ . '., ~l · >; .Í: : ', .~; ;f rt: .~ ~ ·.i"~ ," ·, l exclusivamente en el Estado-nación.27 Por el contrario, una búsqueda regresivamente utópica de la autarquía o, si se i;>refiere, una apues?por el modelo inaugurado con la Paz de Westfaha de 1648, resultarta atacable tanto por razones de eficacia como en sus fundamentos morales. Por un lado, porque las instituciones estatales nacional;s resultan insuficientes para conjurar la aceitada capacidad de mamobra de unos poderes privados que se m~even co? l~gereza de una_ fro?tera a otra, desvinculando sus beneficios econom1cos de sus obhgac1 ones fiscales, ecológicas, sanitarias, o laborales. En segundo término, porque si. la existencia de t;>ºd~res de merc.ado incontrolados contradice cualqmer modelo consutuoonal·garanusta, tampoco el proteccionismo estatal puede emplearse de manera universal e ilimitada, sin poner en riesgo los derechos de las personas y los pueblos. La sola idea de un,,Estado volc~do sob~e sus frontera:-, de un "Estado comercial cerrado , en el senudo de F1chte, resultana insostenibl~ si todos los países pretendieran adoptarla en su propio beneficio.2s Frente a esta salida, más compatible con la imagen de Hobbes de unos Estados en los preliminares de una batalla, enfilados Jos cañones contra Jos vecinos circundantes,29 resultaría más razonable plantear toda apertura como un proceso gradual, sólo posible en Ja medida en que se garantice, a través de los debidos controles jurídicos, el tejido productivo local y los mínimos sociales que p ermitan competir con el exterior. . . . , En tercer lugar, una regresión nacionalista y estatahsta 1gn~rana las exigencias morales que toda socied~d debe tei:er frei:re a qmenes no forman parte de ella y frente a qmenes, ~un mtegrandola: reclaman para sí el legítimo derecho a una idenudad ~lural, que incluya concepciones de vida no necesariamente compa~udas con las de la mayoría. En ese sentido, si es cierto, como mantiene Kelsen, que el genuino espíritu democrático se funda en "el hombre 9ue, al contemplar a los demás, oye dentro de sí una voz 9ue le die~ : ese er_es tú",w resulta una completa aberración que la idea de cmdadama, -n Así, Jáuregui, G., "Estado, soberanía y Constitución :.. :", op. cit., noca ~ , P· 58'. 20 Vid. Fichte, J. G., El EstadlJ co~ cerrado, trad.' d e Jaime ~ranco .Barna, Ma~nd, Ternos, 1991 . El propio Fichle, en cualquier caso, era, leJOS d e toda 111genu1dad, consciente d e algunos de estos riesgos. Por ejemplo, sostenía que para "un Esta~o completam~nte empobrecido", el cemi.rse no constituiría "una apropiación de las ve ntajas de ~tras pa1s~s, sino 1111 forzoso conformarse con su propia pobreza". Por lo que, recomendaba, no necesita nuestras medidas, y nuestro discurso no va dirigido a él", pp. 140 Y 141.. . 'l'J Vid. Leviatán, parte 11, cap. 18, trad. de Manuel Sánchez Sarta, Mex1 co, Fondo de Cultura Económica, 1940, p. 175. "° Esencia y vawr de la democracia, trad. de R. Luengo Tapia y L. Legaz y Lacambra, Barcelona, Labor, 1934, pp. 138 y 139 . .,

    ·~ :f ' )r .~~w 252 GERARDO PISARELLO . GLOBALIZACIÓN, CONSTITUCIONALISMO Y DERECHOS ,.d?. . anclada en la noción de nacionalidad, haya pasado a funcionar COQ01 c?bertura del privilegio y .como fue~te de exclusión y dis~riminació1li~.'t. 1 bien frente a los no nacionales, bien frente a los no crndadanos."',1:). · En el actual contexto internacional, en efecto, resulta retró~ j_¡ · do y, a mediano plazo, ilusorio, pretender la consecución de UQ;,. . ·, r Estado de derecho en un solo país o en una sola región dentro de ·k , ese país, al precio de su inexistencia o su degradación en el resto dcli;)' mundo o en otras regiones de ese Estado.32 En otras palab~: ningúq¡.:;, Estado puede aspirar a ser un Estado democrático y de derecho primiendo a la inmigración pobre de otros Estados y atrincheránd en lo que Habermas ha denominado "chauvinismo del bienestar",35.. ni tampoco imponiendo, a nivel central, regional o local, identidade$ culturales excluyentes que operen como fuente de discriminación! :'.; '· política y social de otros colectivos y ciudadanos. .g. ( · • 1· V. CUATRO CONTRATOS PARA UN CONSTITUCIONALISMO GLOBAL: NECESIDADES BÁSICAS, MULTICULTURALISMO, ECOLOGÍA, DEMOCRACIA ., A partir de estas consideraciones, resulta evidente, como ha apunf :;~; tado Gomes Canotilho, que un constitucionalismo ceñido a la id~ del Estado-nación no puede arrogarse ya el papel de palanca déi¡· '. Arquímedes con fuerza para transformar el mundo, sin atender al .:~hecho de que también él está cercado por otros mundos.!14 ' De esa suerte, resurge con más fuerza que nunca la necesidad :·: de un constitucionalismo garantista a nivel mundial, capaz de coor- ,_, dinar sus exigencias en diferentes instancias: planetarias, regionales,,· _:. estatales y, sobre todo, locales, sin renunciar por eso a ninguna de· ellas. No se trataría, claro está, de un mero cosmopolitismo fugitivo, ··f dirigido a liquidar las diferencias nacionales o los elementos clásicos del Estado constitucional, 35 sino de la puesta en marcha de una nueva i " Ferrajoli, L., "Beyoncl sovereignity and ... ", op. cit., nota l , pp. 152 y ss. 2 ' Vid. Ferrajoli, L., "Diritti fondamentali", Teoría Politica, Milano, XIV, núm. 2, 1998, p. 19. " Vid. Habermas, J., "Ciudadanía e identidad nacional", incluido en Facticidad 'j ~ 253 idea del derecho que permita la posibilidad de solapamientos e interacciones entre diversos sistemas legales, sin que ello tenga que suponer, necesariamente, una rígida subordinación de unos frente a otros, o con respecto a terceros sistemas. 36 Todo ello, pr~~is:-me?te, favorecería la convivencia multicultural a la vez que perm1una onentar las técnicas constitucionales de controles y límites a los poderes en una dirección que pudiera ofrecer respuestas internacionales a problemas internacionales. . Desde un punto de vista jurídico, un proyecto de este upo comportaría sentar las bases de un constitucionalismo mundial garantista, en abierta tensión con la lógica de la globalización y que, al menos en su dimensión normativa, se encuentra parcialmente esbózado en documentos como la Carta de Naciones Unidas, la Declaración de Derechos de 1948 o los Pactos de 1966, por mencionar sólo algunos. "Tomarlos en serio", para usar la conocida fórmula. de DworI??' supondría, por un lado, hacerlos valer como clave de mterpretac1on y como fuei;ites :de crítica y de deslegitimación de lo existe~_te, sobre todo de las actuaciones de actores internacionales -tamb1en de los más 'p oderosos- llevadas a cabo contra el derecho internacional y apelando a argumentos más o menos solapados de ":az~n ~e Estado". Pero también demandaría proyectar las formas msutuc1onales, las garantías y reformas jurídicas y l~ es~tegias ~eces~rias para su realización.37 En cierto modo, estas eX1genc1as podnan vincularse, no sin tensiones, a través de cuatro grandes contratos mundiales: 38 a) Por un lado, debería promoverse un contrato global para la satisfacción de las necesidades básicas, dirigido a suprimir l~ ilegí~mas desigualdades socioeconómicas entre clases, géneros, etnias, regiones y naciones. Ello entrañaría afinar los mecanismos de control y garantía de los distintos documentos internacionales, aprobados o ratificados, que prevén el recono_ cimiento de derechos sociales para todos y todas los habitantes del planeta. Desde el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, cuyo artículo 2.1 compromete a los Estados miembros a adoptar medidas "hasta el máximo de los re- validez, trad. de Manuel Jiménez Redondo, Madrid, Trotta, 1998, pp. 636 y ss. "Comes Canotilho,J.J., "¿Revisar/ la o romper la Constitución dirigente?", Reuüto Española de Derecho Corutitucicma~ Madrid, núm. 43, 1995, p. 13. " Hace tiempo ya, Habermas difundió el concepto de "patriotismo constitucionar para designar el sentimiento ele lealtad, no a la comunidad, entendida desde premisas "organicistas", sino a los valores republicanos y a los principios abstractos y universalizabl~ de los derechos fundamental es. Vid. "Patriotismo de la Constitución, en general y en particular ", en La mcesidad de revisión de la iu¡uierda, trad. de M. Jiménez Redondo, Madrid, Tecnos, 1991 , pp. 212 y ss. Una interesante aproximació n a la polémica entre cosmopo- L _____ - litismo y patriotismo, en tre internacionalis_ o y proteccionismo, puede verse la compilam ció n de artículos realizada por Joshua Cohen en Los límites del patriotismo. Identidad, pert~ 11mria y "ciudadanía mundial". trad. de Carme Castells, Barcelona, Paidós, 1999. "' Jáuregu i, C., "Estado, soberanía y Constitución .. .", op. cit., nota 1, pp. 71 y ss. " Ferrajoli , L., La sovranita nel mondo moderno. op. cit., nota 4, pp. . 45 y ss. '8 Para una exposició n más detallada del conte nido de estos hipotéticos contratos globales, vid. Groupe de Lisbonne, Limites a la compétitiviti . Por un nouveau contra/ mondial, R. Petrella (dir.), Bruselas, Labor, 1995, pp. 204 y ss.

    254 GERARDO PISARELLO GLOBALIZACIÓN, CONSTITUCIONALISMO Y DERECHOS cursos que disponga, para lograr, progresivamente, por todos los. medios apropiados", la plena efectividad de los derechos allí reco~ cidos, pasando por impo rtantes documentos regionales como la~· Social Europea, de 1961, la Carta Comunitaria de Derech os Sociales Fundamentales de los Trabajadores, de 1989, la Carta Africana de lo$ Derechos Humanos y de los Pueblos, de 1981 , o el Protocolo adicionai a la Convención Americana sobre Derechos Humanos, adoptado en, San Salvador, si bien aún no ratificado, en 1988.. Asimisr.no, h abría quq .. · estipular, tanto frente a los poderes públicos como frente a los priva- ,:. . ·· dos, el deber de progresividad y la prohibición de regresividad de loSt ¡ ··· derechos sociales,59 así como la observación de los derechos fundamell-l ·; tales definidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).40, ·.J · ' Sin duda, un objetivo de este tipo demandaría, como poco, una, ' reestructuración profunda del Fondo Monetario Internacional ( FMl) ~ : ; el Banco Mundial (BM) o la OMC, en un sentido que los transfor-· jl{ mase e n agentes que contengan las crisis y no que las propicien,• :~1i como ahora, para lo cual debería negociarse en términos radicales· ·J$ la condonación de la deuda externa d e los países pobres del planeta; ,'.1 '1 p ermiti r a dichos países una cierta desconexión d el mercado muo-. .J. i dial, establecer un flujo positivo de recursos financieros hacia los. . ~~. mismos e impon er condiciones racionales de consumo e intercambio. ·"' : entre las region es satisfechas del planeta y aquellas sumergidas.41 ! , Asimismo, habría que extender al plano internacional el piin- ~ : cipio de eficacia de los derechos fundamentales frente a terceros (Driuwirkung der Grundrechte), promoviendo, por ejemplo, un control global del régimen de créditos ban carios a empresas transnacionales, ·' así como el desarme progresivo de los grandes mercados financieros .¡. a través de un acuerdo -también global- para gravar los intercam- ' bios especulativos, las inversiones directas en el extranjero o aquellas con impacto ambiental. ~'1 Sobre la obligación de p rogresividad y la interdicción de la regresividad en materia de derechos económicos, sociales y culturales, vid. Abramovich, V. y Courtis, Christian, "Hacia la exigibilidad de los derechos económicos, sociales y culturales. Estándares internacio nales y criterios de aplicación ante los tri bunales locales", La aplicación de los tratados sobre derechos humanos por los tribunaks locaks, Buenos Aires, Centro de Estudios Legales Y Sociales. 1997, pp. 334 y ss. Re producido en Carbonell, M., Cruz Parcero,J. A. y Vázquez, R. (comps.), Derechos sociales y derechos de las minorías, 2a. ed., México, Porrúa-UNAM, 2001. "° Constatando que la OIT no dispone de un sistema de sanciones para obligar a los países a hacer respetar sus convenciones, las organizaciones sindicales internacionales sugieren que se cree un comité consultivo conjunto de la OIT y la OMC que sea capaz. si fuera necesario, de impon er represalias comerciales contra los países recalcitrantes. " Cfr., e ntre otros, Amin, S., El capitalismo en la era de la globaliz.ación, op. cit., nota 8, pp. 24 y ss.; 70 y ss. ; 157 y ss.; y 177 y ss. ' 255 También habría que prestar atención, en ese contexto, a la llamada tasa Tobin, un impuesto global dirigido a gra~~ con una tasa del 0.5% todas las transacciones en los mercados de diVIsas. Propuesta por el Premio Nobel de Economía de 1974, James T<?bii:1, se trataría, de acuerdo con la metáfora utilizada por su propio impulsor, de "echar algo de arena en los engrasados mecanismos del mercado financiero global", con objeto de devolver a l?~ Estados .un margen de regulación macroeconómica que les perrm1:1era ~~h~r su capacidad distributiva y defenderse de las especulaciones dmgidas con tra sus monedas.42 b) Por otra parte, habría que adoptar un contrato global para la paz, la tolerancia y el diálogo_ entre cul~U1:~· . . Una contrato de esta mdole exigma, ante todo, que las idenudades religiosas; nacionales o cultura.les no vin~eran impuestas sobre bases organicistas o primordialistas, smo a parur de una p ermanente circulación., definición y redefinició n de acuerdos colectivos.~ de ~r­ gumentos en los que se respete también el derecho a la disidencia dentro de las comunidades en cuestión. Todo ello comportaría la articulaci? n ?e un m?delo .de derechos human os capaz de combinar aspira~i~nes umversah~~s con prácticas multiculturales. Las primeras servi~an d e prevenoon contra ·aquellas variantes de relativismo cultural i~cap~es de_e~~blecer cualquier distinción entre políticas de emanc1pa:1on y poh?c~ represivas o de dar cuenta de las dimensiones o_bJetlvas del sufnm1ento humano. Las segundas, por su parte, deb.enan o.perar. c<?mo s~l.va­ guarda contra las tentaciones de etnocentnsm_?. e imp_en ahsmo euco incapaces de reconocer el carácter pro~le~auco e mcompl_eto de todas las concepciones culturales de la digmdad h':1~ana, as1 com? ctc la consiguiente n ecesidad de un p erman ente diálogo entre um. ·ersos de sentido diferente y, en ocas10nes, . mconmen_sura bles. o Un proyecto de este tipo, en tod<:> ~aso, no. pasa~a de se~ una fugaz ensoñación si se ign oraran las distintas exigencias. que, simultán eamente, condicionan su puesta en Marcha como flUJO de comu•2 Sobre ]a taSa Tobin, vid. Warde, lbrahim, "El proyecto de impuesto Tobin, ~estia negra de los especuladores, blanco de los censores", Le Monde diplomatique (ed. esp~nola), Madrid, núm . 16, 1997, pp. 10 y 11. Se trata de un d ebate que no debe subesumarse. Piénsese que incluso con una tasa muy baja, el potencial recaudador seda enonn~: una tasa de tan sólo 0.1 % sobre el volumen actual de transacciones de cambio generan~ una suma de 250 billones de dólares, es decir, 25 veces los gastos de todo. el sistema de Naciones Unidas en 1995. " "Santos, B. de Sousa, "Una concepción multicul!ural de los derechos humanos • Memoria, México, núm. 101, 1997.

    256 GERARDO PISARELLO ::,t~~ nicación genuino, abierto a todos los involucrados, y sobre t<><IO•úi •· libre de constricciones. · . .~ . Así, sería necesario promover una paz duradera entendida :tt.f(. sólo en forma negativa como la ausencia de guerra, sino ade~ como la promoción positiva de. las garantías sociales y materiales q~ mantengan las eventuales tensiones entre los pueblos en los lími · de una multidiversidad plural, alejada de la posibilidad de mu · supresión. · :.. Ello supondría, ante todo, abordar una progresiva desmili • "·· zación y desburocratización de todos los Estados (y no sólo de !~¡­ débiles en beneficio de los fuertes), con objeto de desmilitarizar desburocratizar las relaciones sociales. Además de reemplazar l....~ respuestas represivas y excluyentes a los fenómenos masivos de refij..:, giados e. in~igrant~s periféricos c~n u~1'.1 progresiva desvinculaciq~~'.' de ~~s cntenos nacionales en la atnbucion de la ciudadanía socialyif pohuca. 44 , .A ; ¡ .; . Por el contrario, en la mec,lida en qu:_ los Estados. desarrollaclq!l.'~'1 , sig~n fomentai;ido que sus propias compamas transnac10nales, naciq. nahzadas .º pnva~as, obtengan en el Sur o en el Este las ganancias "<' que co~sideran '?tales, o contin~_en apoyando la ~ilitarización ~ i , ';. ~st_~s paises a traves de la exportac1on de armas, o reahcen una compiq-- ·:~1 t1cion feroz por los nuevos mercados agrícolas, no existe posibilida4) f. alguna "de que su democracia llegue a ser otra cosa que una farsa".:fS '} Por otra parte, en la medida en que, como sostuviera Canetti, · ~ "el ~ec_reto_ ocupa la médula misma del poder'', 46 la garantía de un~ ,·~ autentica hbertad de expresión e información sólo sería posible mer- ·:~ ced a u~ estricto control de las concentraciones privadas y públicas (l de medios de comunicación y a una rehabilitación, en las relacione$ , internacionales, del principio kantiano, conforme al cual "son injus- ·~ tas todas las acciones que se refieren al derecho de otros hombres .: cuyos principios no soportan ser publicados".47 No es de recibo, sin ;i i'. t' ;i "Ferrajoli, L., La sovranítá nel mondó mo<kmo, op. cit., nota 4, pp. 16 y ss. ' .; 45 Vid. Frenkel, Boris, Los utopistas postindustriales, Buenos Aires, Nueva Visión, 1988, p. 242. .. Canetti, E., Masa y poder, trad. de Horst Vogel, Madrid, Alianza, 1997, pp. 286 y 292. · .~ Más aún, partiendo de los propios análisis de Canetti podría afirmarse que el actual proceso de globalización económica comporta una verdadera, "concentración del secreto", en la medida en que "nuestros modernos secretos técnicos son los más concentrados y peligrosos que jamás hubo. Afectan a todos, pero sólo un ínfim o número sabe acerca de ellos, "• y de cinco o diez hombre depende el que sean utilizados". 47 La paz. perpetua, trad. de Joaquín Abellán, Madrid, Ternos, 1996, pp. 61 y 62. "Un principio --defendía allí Kant- que no pueda manifestarse en voz alta sin que se arruine al mismo tiempo mi propio propósito, un principio que, por lo tanto, debería permanecer GLOBALIZACIÓN, CONSTITUCIONALISMO Y DERECHOS 257 embargo, que esta rehabilitación se realice selectivamente, promoviéndose una "política de supervisibilidad" cuando se trate de violaciones a los derechos humanos cometidas por determinados Estados y otra de práctica "invisibilidad" cuando los atropellos provengan de Estados privilegiados, generalmente los más poderosos.48 e) En tercer lugar, habría que establecer un contrato planetario sobre desarrollo sostenible. Este acuerdo debería fundarse, sobre todo, en la evidencia de que los sistemas socioeconómicos humanos han crecido irracionalmente en relación con la biosfera que lo contiene, desatando una crisis ecológica que globaliza, aquí sí, los riesgos para todos los habitantes del planeta. De hecho, la socialización de la economía producida con el progresivo desarrollo de la modernidad sólo se consiguió a costa de la des-socialización de la naturaleza, lo que condujo a que los actores sociales más relevantes -incluidas las organizaciones sindicales-;- no se percatasen, y en algunos casos aún sigan sin hacerlo, de los graves delitos ecológicos a menudo perpetuados en la esfera del trabajo y la producción.49 De esa suerte, los límites éticos que para las acciones y proyectos humanos se derivan de la finitud y vulnerabilidad de la biosfera, del carácter entrópico del universo y de las características orgánicas, psíquicas y sociales del ser humano, deberían traducirse. en. un s~ste­ ma de límites jurídicos capaces de garantizar un núcleo mdispomble de deberes y derechos humanos, no sólo para las generaciones presentes, sino también para las futuras. 50 Para ello, bien podrían tomarse secreto para poder prosperar y al que no puedo confesar públicamente sin provocar indefectiblemente la oposición de todos, un principio semejante sólo puede obtener esta universal y necesaria reacción de todos contra mí, cognoscible a priori, por la injusticia con que amenaza a todos". Una reflexión de este tipo, sin duda, mantiene toda su actualidad si se tiene en cuenta el modo anónimo en que se suelen poner en marcha muchos de los programas de organismos e instituciones financieras internacionales que condicionan la vida de millones de personas. . • 8 Sobre la manipulación de la temática de los derechos humanos en Estados Umdos por los medios d'e comunicación social en la década de los 80, Richard Falk recuerda'. por ejemplo, el contraste entre la ocultación del genocidio del pueblo maubere en Timor Oriental o la situación de millones de intocables en la India, con la exuberancia del retrato de los atropellos posrevolucionarios de los derechos humanos en Irán ? Vietna~. :-Sta hipocresía se ha mamenido, ya en los 90, en el juicio desigual de las hmp1ezas etn1cas cometidas en la ex Yugoslavia,' de las realizadas por el gobierno de Turquía _cono: el pueblo kurdo, o de las matanzas perpetradas por Indonesia contra el pueblo umores .. o por Rusia contra el pueblo checheno. Vid. Falk, Richa rd, Human Ri.ghts and State SOVt'Tatgnity, Nueva York, Holmes and Meier Publishers, 1981. 49 Santos, B., Reinventar la democracia .., op. cit. , nota 7, p. 8. "" Revirtiendo, por ejemplo, unos patrones globales de consumo que sólo pueden mantenerse al precio de su restricción a una minoría privilegiada. De ahí que pe nsadores

    258 GERARDO PISARELLO GLOBALIZAC IÓN, CONSTITUCIONALISMO Y DERECHOS como punto de partida los compromisos y prescripciones adopta por más de ciento treinta gobiernos en la Conferencia de Río Janeiro, de 1992, así como aqu ellos suscritos en la Convención M so?re Ca~mbio Climático y sobre Diversidad Biológica, también dtif' mismo ano, o en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos <fi·• Naciones Unidas, de 1993. .;1; d) Finalmente, todos los contratos anteriores deberían ve~ supeditados y garantizados por la efectiva pue~ta en marcha de uril contrato global democrático para un nuevo régi.men político internacional.J.~: . Un arreglo de este tipo exigiría, dentro de un catálogo más a~ pho de reformas que no podría agotarse en estas líneas, una recomí{ trucción desde abajo del principio democrático, capaz de imponer '-; vigencia en ámbitos locales y de impulsarlo, desde allí, hacia instanc· ·~ regionales más amplias, donde, por una simple cuestión de exte~; sión, las formas asequibles de democracia son más indirectas y remota$!;:¡ A pe~ar de ello, y sin menospreciar los obstáculos que un proyecto '. semeJ~nte ~ntraña, resultaría imprescindible profundizar y proyectar•~: las exigencias constitucio nales y democráticas de los Estados haciaill instancias federales que permitieran fortalecer los sistemas regionales/'.. de protección d e derechos humanos, a la vez que neutralizar y co:- ~· r~egir la unidimensionalidad burocrát~ca y mercantil que anida, por / ejemplo, en la Europa de los Tratados de Maastricht y Amsterdam 51 o en acuerdos como Mercosur o el Tratado de Libre Comercio de Am~ "; rica del Norte. · Ese proceso, evidentemente, debería culminar e n una imposter: '.'. gable democratización de Naciones Unidas unida a una reforma ·, profunda del Consejo de Seguridad y a la cr~ación de un verdadera' ', Parlamento mundial y de una Corte Internacio nal d e Justicia inde- X ' como Hans .Jonas propongan complementar e l imperativo categórico de Kam ("actúa de manera que puedas querer que la máxima de tu acción se convie rta en ley general") con . u.n nuevo "imperativo de la responsabilidad" que diría: "no pongas en peligro las condi- ) c10nes Pª1: la supervivencia indefinida de la humanidad sobre Ja tie rra". Vid., por ejemplo, Pour une eth1que du futur, trad. d e Sabine Cornille y Philippe Iverne!, París, Rivages Poche; 1998. 51 Sobre el proceso de constitucio na lización de Europa, puede consultarse Ja polémica entre Habennas y Dieter Grimm recogida en The Question of Eurvpe, P. Gowan y P. Anderson (ed s.), Londres, Verso, 1997. En la d octrina española, vid. Díez-Picazo, L., "La constitucionalización de Europa", Claves de la ra.uin práctica, Madrid. núm . 64, 1996; o Rubio Llorente, F.. "El constitucionalismo de los Estados integrados de Europa", RevisllJ Española de Derecho Constitucional, Madrid, núm . 48. 1996. Para una reforma del proyecto europeo en un sentido social, vid. igualmente, del "Comité de Sabios" integrado, entre otros, po r Maria Lourdes Pintasilgo, Louka Katseli, Frédéric Pascal y Eduardo García de Enterría, Informe: Par una Europa de los derechos cívicos y sociales, Bruselas, Comisión Europea, 1996. 259 pendiente y vinculante, así ~o.mo de un_ Tribunal Penal lnternac~onal capaz de prevenir el genocidio y los cnmenes co~tra. la huma~id~d, en un sentido que permita superar los ?obles cntenos y las. limitaciones impuestos por las grandes potenci~ al act.~almente exi.ste~~e. Todo esto, hay que decirlo, no tendría por ob.ieto la constttucion de un improbable y acaso indeseable gobierno mundial, que e~t~aña­ ría el riesgo cierto de transformars~ en una ~u~rte ~e .iacobn~ismo cosmopolita al servicio de las potencias hegemomcas.5 Se tratana, en cambio, de una efectiva limitación de la s~beranía de . los ~sta??s nacionales, también de los poderosos, mediante la nacionahzac1on del derecho internacional de los derechos humanos, por un lado'. y la internacionalización de garantías jurisdiccionales co~tra las violaci~ nes a la paz exterior, por o tro. 53 Algu~as de es~ medidas, avanzad~s por Kelsen hace más de cincuenta anos en ~u hbro L<j- paz por medio del derecho deberían basarse, para ser efectivas, no solo y n o tanto armando ~ Naciones Unidas como policía internacional, 54 siguiendo las pautas generales del título VII de la Carta, cu~nto sobre t~~o desarmando a todos los Estados y utilizando medidas de sancion preventivas no armadas, como las económicas, de expulsión y sobre todo las diplomáticas. 55 • • Las jurídica y moralmente desastr~sa:' mterve~c~ones ~~ lrak Y la ex Yugoslavia, más eficaces para multiphcar las VIcUmas C IVIies que •2 La expresión es de Da nilo Zolo, quien sostiene que la co~strucción d e 1~~ s'.stema legal internacional sobre la analogía domés.tica de los Es~do~ nacionales conducma mexorablemente a un Leviatán mundial despótico o totalitario, mdeseable desde el punto de vista de los d erechos humanos y el pluralismo cultural. Vid. su arúculo ''. Hans Kelsen: International Peace through International law", European j ournal of l ntei:iat1onal Law, vol. 9, núm. 2, 1998, pp. 306 y ss. También, en la misma publicación, Bobb10, N. ~ Zolo, D ., "Hans Kelsen . The Theory of Law and the lnternational Legal System: A Ta lk • P· 364. ,, Un paradigma que los Estados Unidos, por ejemplo, h~n negado, a pe~ar ~e su prédica, e n más de una ocasión. Así, oponiéndose a las inspecc10nes en .su .te~rit~_rio d~ la Comisión Inte ramericana de Derechos Humanos, desconociendo la JUrisd~cc10n _de Tribunal Internacional de La Haya cuando fue condenado por minar puertos mcaraguenses, boicoteando la implantación del Tribunal Pena l Internacional o escudán~ose e~ una inadmisible "end ogamia constitucional", que el senador .Jesse Helms expuso sm tapUJOS al · ·

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