El hombre y la era Atómica

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Published on March 2, 2014

Author: onix951

Source: slideshare.net

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Filosofía y formación humana y social

BENEMERITA UNIVERSIDAD AUTONOMA DE PUEBLA MATERIA: Formacion Humana y Social PROFESOR: Alberto Isaac Herrera Martinez ALUMNO: Isaac Aldemar Castrejón Armenta ESPECIALIDAD: Lic. En Farmacia

El hombre “instrumentalizado” formado por la sociedad industrial, no ha estado, ni está – ni con sus capacidades representativas, ni con su sensibilidad- a la altura de sus desmesuradas producciones tecnológicas. Esto es algo que no le facilita el evitar acciones abominables, ni contribuye a que asuma su culpabilidad por ellas. Frente a los peligros que se ciernen sobre la existencia humana desde que el hombre atraviesa el umbral de la era atómica, a los que hoy se agregan -provenientes de nuevas tecnociencias- amenazas a lo humano en cuanto tal, es imperativo recomendarnos, con Günther Anders, ampliar nuestra imaginación moral y estar vigilantes. La atención al diálogo de Anders con C. Eatherly debe ayudarnos a comprender las implicaciones existenciales para el hombre –especialmente la de la culpa- en la singular situación humana de la era atómica.

(1902-1922) Günther Anders nació en Breslau en 1902 y murió en Viena en 1992 al cabo de una vida larga e intelectualmente fértil. Los primeros trabajos de de Anders se inscribían en la línea de la fenomenología y se orientaban hacia una ontología del hombre, a los 15 años ya había vivido la primera guerra mundial, hubo de huir de Alemania ante la llegada del nazismo en 1933. Emigró a EEUU, en tiempos en que, con el taylorismo, se había impuesto la organización científica del trabajo en la sociedad industrial. Al volver a Europa, se instaló en Viena. Realiza diferentes libros, a su actividad de periodista y escritor, unirá una importante militancia antinucleartiempo despues a pesar de aver huido a alemania la onda expansiva de la segunda guerra mundial lo afecto su vida se vio marcada por esos dos enormes acontecimientos que fueron el genocidio judío bajo el Tercer Reich y el ataque atómico de la aviación de los EEUU contra Japón en 1945.

Los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki fueron ataques nucleares ordenados por Harry Truman, Presidente de los Estados Unidos, contra el Imperio de Japón. Los ataques se efectuaron el 6 y el 9 de agosto de 1945, y pusieron el punto final a la Segunda Guerra Mundial. Después de seis meses de intenso bombardeo de otras 67 ciudades, el arma nuclear Little Boy fue soltada sobre Hiroshima el lunes 6 de agosto de 1945, seguida por la detonación de la bomba Fat Man el jueves 9 de agosto sobre Nagasaki. Hasta la fecha estos bombardeos constituyen los únicos ataques nucleares de la historia. Se estima que hacia finales de 1945, las bombas habían matado a 140.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki, aunque sólo la mitad había fallecido los días de los bombardeos. Entre las víctimas, del 15 al 20% murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación. Desde entonces, algunas otras personas han fallecido de leucemia (231 casos observados) y distintos cánceres (334 observados) atribuidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas. En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles.

El 6 de agosto de 1945, Claude R. Eatherly cumple la orden de destruir el puente situado entre el cuartel general y la ciudad de Hiroshima. Un error de cálculo hace que la bomba caiga sobre la ciudad. De regreso a la base militar, “el piloto de Hiroshima” promete dedicar su vida a la lucha contra las armas nucleares.

Según Anders, Eatherly personifica la conciencia en un mundo que persuade al individuo de que no es responsable de las consecuencias de su acción. El mundo tecnificado nos implica en hechos cuyos efectos somos incapaces de representarnos. Esto hace que podamos ser inocentemente culpables como nunca antes. Eatherly es el “predecesor” de todos nosotros. Pero lo que sobrepasa la conciencia, aquello que está más allá de sus límites, impone una labor de concienciación: en el “No más Hiroshima” coinciden el verdugo, las víctimas y el intelectual

Sin buscar un interés puramente literario ni ornamental, a pesar de la fascinación que desprenden las palabras escritas por su valor moral, “El piloto de Hiroshima. Más allá de los límites de la conciencia”, es mucho más que la descripción de un arrepentimiento y su posterior intento por saldar las cuentas, se trata en verdad de un análisis, utilizando un caso concreto, de a dónde nos lleva la “era atómica”; en definitiva un modo de gobernar y ejercer el poder desde la pura violencia.

El 6 de agosto de 1945, el Día de Hiroshima, una nueva era comenzó: la era en la que en cualquier momento disponemos del poder para transformar cualquier lugar de nuestro planeta, y aún nuestro planeta mismo, en una Hiroshima. Desde ese día somos, al menos de modo negativo, omnipotentes pero, puesto que, por otra parte, en cualquier momento podemos ser “borrados”, también desde ese día somos totalmente impotentes. Cualquiera que sea el tiempo que esta era pueda durar, aún si durara por siempre, ésta es “La última edad” la posibilidad de nuestra autoextinción, pueda terminar sino con el final mismo.

Por lo tanto, por su naturaleza propia, esta era es un “aplazamiento”, y nuestra “manera de ser” en esta era debe de ser definida como “no-todavía no-existente”, “aún no-es no existente”. Por tanto, la pregunta básica de la moral de tiempos anteriores debe de ser radicalmente reformulada: en vez de preguntar, “¿Cómo deberíamos vivir?”, ahora debemos preguntar “¿Viviremos?”. Para nosotros, que no somos todavía noexistentes en esta Era del Aplazamiento, solamente existe una respuesta: pese a que en cualquier momento el tiempo del final puede convertirse en el final del tiempo, debemos hacer todo lo que podamos para que el final del tiempo sea interminable. Puesto que creemos en la posibilidad del final del tiempo, somos apocalípticos pero, puesto que luchamos contra ese Apocalipsis hecho por el hombre también somos –y esto es algo que nunca antes existió– antiapocalípticos.

Pese a que suena totalmente plausible, es un error decir que las armas atómicas existen en nuestra situación política. En tanto que la situación actual está determinada y definida exclusivamente por la existencia de “armas atómicas”, debemos decir que las situaciones y los desarrollos políticos tienen lugar dentro de la situación atómica.

ARMA NO ENEMIGO Contra lo que luchamos no es contra éste o aquel enemigo que podría ser atacado o eliminado por medios atómicos, sino contra la situación atómica en cuanto tal.

Puesto que las nubes radioactivas no se molestan por fronteras nacionales, las distancias han sido abolidas. Por tanto, en este tiempo del final todo mundo está a mortal alcance de todo mundo.

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