casa de octubre

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Information about casa de octubre
Books

Published on March 13, 2014

Author: luisgomez66

Source: slideshare.net

Description

introducción, casi

viví como pude las jornadas de septiembre y octubre de 2003 en las que los aymaras en bolivia contuvieron por fin las fuerzas que los antagonizaron por siglos —condenándolos a un lento genocidio—, y aprendí mucho con ellos.

armados de sí mismos, mis hermanas y hermanos de las comunidades y de las provincias, de los barrios alteños (y hasta de las laderas paceñas) fueron una enorme persona que, lo dije en otro libro, dice desde entonces su palabra con fuerza inusitada.

no soy poeta, soy apenas testigo. lo que aquí encierro son las imágenes que fueron quedando rezagadas en mis cuadernos: otro modo de sentir y mirar lo que vivimos.

hay palabras incomprensibles para algunos. no se preocupen, confío en que lo dicho y un par de herramientas sirvan para despejar sus dudas, llenar los huecos… más de uno habrá que no entenderá nada, pero quizá es porque nunca ha entendido.

perdonen las minúsculas… tienen sentido.

kolkata, diciembre de 2013.

casa de octubre luis a. gómez

casa de octubre cantar de gesta de lo aymara luis a. gómez

para rufo yanarico, rogelio mayta y su gente, toda su gente.

la imagen de la portada salió de una fotografía de juan carlos candia... todo es responsabilidad mía. no me reconozco por ahora más derecho que la autoría, no tengo porque licenciar ni su lectura ni creo que lo que aquí he puesto sea apropiable (al menos no como mercancía)... leer, compartir.

7 introducción, casi viví como pude las jornadas de septiembre y octubre de 2003 en las que los aymaras en bolivia contuvieronporfinlasfuerzasquelosantagonizaron por siglos —condenándolos a un lento genocidio—, y aprendí mucho con ellos. armados de sí mismos, mis hermanas y hermanos de las comunidades y de las provincias, de los barrios alteños (y hasta de las laderas paceñas) fueron una enorme persona que, lo dije en otro libro, dice desde entonces su palabra con fuerza inusitada. no soy poeta, soy apenas testigo. lo que aquí encierro son las imágenes que fueron quedando rezagadas en mis cuadernos: otro modo de sentir y mirar lo que vivimos. hay palabras incomprensibles para algunos. no se preocupen, confío en que lo dicho y un par de herramientas sirvan para despejar sus dudas, llenar los huecos... más de uno habrá que no entenderá nada, pero quizá es porque nunca ha entendido. perdonen las minúsculas... tienen sentido. kolkata, diciembre de 2013.

9 de la piedra su lugar en gran poder agudo y mineral sobre la acera el viejo, severo y ebrio, amonesta al gentío que bebe y saborea esta última fiesta. “hay que mear delgadito, pelotudos”. no está permitido, dice, alzar la cara ni el tono de voz. nadie le escucha: el canto sideral de las trompetas el oro resollante de las tubas y en cada tarima, en cada silla, los vítores y aplausos. no es hora todavía.

10 madre amorosa amaneció rellovido calle lustrosa y firme. cobijadas unas con otras las papas en el mercado todo lo miran serias. comadres y tías de todo lo viviente sus siseos saco adentro tienen el sabor áspero de la querella eterna: no parimos cobardes, nos insultan. las ocas las secundan y las habas verdecidas... para servir no los amamantamos, mierdas. las mujeres sobre el empedrado sonrojando en silencio siguen descargando flores semillas y hortalizas. los hombres de viacha de rioabajo y las provincias callan sin dejar de sudar. nadie comprende el reclamo todos lo escuchan.

11 aire de ciegos i homero sobre la acera percibe esas nubes cargadas que nacen en la cumbre con las esquinas de su cabeza. choquela en mano comienza a entibiar la caña. sentado como señor de antes sobre el cajón de madera... toda la mañana hasta el almuerzo soplará titubeante dentro del instrumento que ayer nomás fabricó su abuelo. la tonada añeja mortifica sus dedos. mientras, con precisión infinita traduce los pasos que percuten sobre la piedra comanche: voces, bufidos, jadeos, son palabras, son ideas. al anochecer, mascando, tomará el último micro que escale la gris ladera ya poblada de focos y de silbidos. sólo el ciego sabe que los zapatos aprietan y la marcha de los días hace brotar la amargura y el dolor en cada esquina.

12 por eso las rocas renegridas, incapaces de resistir el peso de tantas cavilaciones, comienzan a salirse de sus tumbas cotidianas. la calle se hunde, la acera estalla calladamente.

13 ciudad doble chukiagu en ciudad como ésta hablamos de nuestra derrota y de los errores de nuestros padres. bamboleantes sobre las baldosas navegamos de oscuridad a oscuridad nuestra desdicha. aroma somos carga y paciencia, como llama discreta rumiando a casa, pijchando. destino silencioso forjado por estaños y carne de papa imilla, no les dejamos mirar bajo nuestros awayus. su amarga claridad no habrá de penetrar en nuestros corazones.

14 cemento marka despacio y reconcentrado camina un jovencito entre la muchedumbre. la ceja canta desaforada como una jaula de pájaros. la tarde es naranja y rosa el viento helado. “huele a mierda, a desperdicio” escupe un borracho bilioso bajo un semáforo inútil “no es lugar para persona”. es.

15 palacio ebrio no así, no, imposible pues la vida, mierdas. carajo. no le van a seguir cascando qué cosa más quieren, ladrones, he gritado, frente a palacio quemado. de tristeza nomás estaba yo chupando. a empujones me han entrado al palacio, como a trapo me han jalado. oscuro en domingo, severo, calabozo señorial. en ahí me han depositado los dos sargentos colorados. cómo te llamas, pues cojudo, me admira insolente el guardia. yo, como viajero eterno, le he contestado: “nadies”. y el guardia me mira recio desde la viserita. nada le digo mientras como sobre gelatina pienso a resbalones: “cuando tenga nombre estita será mi casa”.

16 aire de ciegos ii en la plaza que va a morir cantaba el ciego esa tarde. la barba escasa, los ojos grises. entre las polleritas y bolsas negras compitiendo sin rabia con los pajpakus. la voz renqueante en tonos graves, homero entona lo que ha de ser no lo que ha sido. me dijo antes de morir no llores hijo, silencio. he de volver otro día. tú nada más no olvides cómo cantaba mi voz alegre, como agua fría. una pierna derecha y firme se agita lejos de ahí al son del ciego. su dueño, padre recién hoy día, habrá de perderla corriendo por su vida.

17 casa de octubre ventana del tiempo en nuestra pampa hosca la fuerza de gravedad es cosa seria. no volamos, no. jilatas, kullakas somos. y es nuestro corazón quizá un puño más grande. en nuestra parcialidad apenas han crecido flores más bien raíces. somos el otro extremo de la vida.

18 horno de adobe sobre el carbón ardiente pusieron piedras. pero seguimos quemando ansias y pareceres. nada hemos entregado sin protestar. lo que no era de nadie no será pues, no ha sido. ni coca ni agua, ni dignidad hemos perdido. ahora, que en la marcha yo decía para mí que respetar contratos se puede y luego que se vayan, lejos. pero a su partida nadita iba a quedar ahí dentro. ni gas, ni luz, ni vida. qué vivos estos señores.

19 colchón y testamento no venderás lo que nos pertenece vendremos a recogerlo. la sangre no secará nunca y la ofensa será una herida abierta. como la lluvia nuestra vuelta no será detenida. trabaja, no mientas a tu corazón: ahí volveremos a encontrarnos.

20 espejo ajado mirame pues, te digo, dispará si no aprecias, solloza un viejo de abarcas y poncho triste.

21 alacena cerramos la ciudad, la silenciamos y durante varios días sólo habló el viento. en los remolinos llegó papa, cebolla, chuño. resistan, decían las tuntas de escoma. coman, no se preocupen, resistan, era la canción que susurraban los sacos que de lejos llegaban, como desde otro tiempo. resistan, decía el viento con voz arrugada contra las ventanas y los rostros. ya falta poco.

22 canilla patio adentro la ciudad nos verá venir gritando desde la cordilllera como se mira a lo lejos nacer un tornado en el altiplano. nos hemos de derramar sobre la tierra hasta inundarlo todo. mazamorra de carne y de madera tumba, retumba, calla, parece volver de hule la carretera. junto al estandarte, al frente, en manos de un hombre justo pliego de nuevo, pliego de siempre.

23 jardín de muerte [matorral de jueves] sobre la tierra mojada y fría medio minero yace ensangrentado. respira todavía, no llora no siente ya el horror en las entrañas. entre las casas sin terminar se hace una cacería de guardatojos. más tarde tras dos macetas, un niño recibirá en el pecho una bala curiosa. el sol no quiere mirar tanta miseria (el cielo lo esconde desde temprano): no a los pobres ni a los abandonados sino a sus hijos, de uniforme... matando. tendrá que volver la lluvia acongojada pero no es suficiente para apartarlos a todos. de noche, atendiendo al viento de primavera harán guardia el fuego y la madre coca. callada junto a la sangre seca condolida, todo atestigua una kiswara vieja. [viernes, sábado, calvario] no es que nos callen pero parece que morimos en silencio.

24 la señora de allá cae el joven aquél sangra, aúlla sin ruido. como a enemigos nos gritan desde sus cañones nuevos. en la carretera los heridos quedan echados como un hato de ovejas. de rosas pampa a alto lima los perseguimos con piedras, decididas. perros, les hemos dicho nos pueden humillar, no nos detienen. en la boca de la tierra, combatimos con ellos toda la tarde. de noche en tupaj katari un recital de signos dio la consigna. no han podido pasar descansen, y cuiden a los caídos. [domingo de rosas rojas] temprano sobre la acera dormida comenzaron a brotar los soldaditos. se tardó en nacer ese día, y entonces, sin norte ni sur, diluvió la balacera. nuestra ciudad oscura y deforme se convirtió en un charco de sangre.

25 en el kenko huyeron todos de la avenida menos ese señor que se arrastra, maltratado. en el puente un ciclista lloró de miedo mientras pasaban vociferando granadas y balas. de bronce, le digo, como nosotros... sólo así se han atrevido éstos a matarnos. en la plaza del minero gritan y sollozan los que han podido volver sin rasguños. y en la de ballivián juegan los soldaditos a bajar personas con emeuno. frente a la cordillera y sus dioses teodocia y su wawa irán a morirse temprano: reposando el embarazo sobre el sofá, no vieron venir un obús callejero. no daba tiempo ni de morir bajo esa lluvia de fierros y de desprecio. la tarde llegará con su granizo fértil y llevará la sangre al interior de la tierra. el dolor no se irá nunca será ya nuestro como este doce de octubre. [lunes, cascada de sal] ante el viejo templo de san francisco se apiñaron miles de almas sin pedir asilo.

26 ese río que bramaba gritos y lágrimas contradecía a la historia manando hacia su origen. bajaron mamanis, pacos y huaychos, maytas y quispes, del lago y de la cordillera. sólo las balas los replegaron esa tarde, volvieron para sostener la mirada de los capitancitos. mortificada esta capital, estas callejas, por unas horas silencio, luto y cabildo: ¡fuera! [cenizas un martes] hoy no venderán las pescaderas ni cantarán los voceros su ruta colectiva. el joven comerciante de bisuterías y de listones se quedará en su cuadra, amotinado. bajo el dintel de la puerta una abuelita ha hilado copos de llama y gemidos. sigue reinando el silencio sobre esta urbe de adobe hecha de sueños. abajo el poder, agazapado no sabe si el próximo asalto será su despedida. [último viernes] el padrecito se ha sacado la sotana y ha marchado con nosotros, rabiando.

27 con él volvimos a sumergirnos en la ladera adoloridos, gritando en cada esquina. pena vieja de amor es esta guerra, sabemos que no comenzó ahorita. se tejió entre nosotros por años hasta que la arrancamos peleando. luego de agonizar siglos y días me pregunta usted qué siempre hacíamos. fuimos a recuperar gas, tiempo, palabra ¿a qué si no hemos bajado al infierno?

28 alcantarilla en río seco caminando para atrás y apuntando al suelo un soldadito llora. en la tranca que separa dos mundos, hace guardia pero se rehúsa enternecido a recetar gatillo este domingo. no se acerquen, mierdas voa disparar sin pena, dice desconsoladamente. sobre el puente comienza la masacre y el muchachito sigue retrocediendo. no llegará lejos con su dolor: sobre una acera olvidada tratará de abandonar el arma y su capitán, con modos de ángel, revolverá todo en su cabeza con una cuarentaycinco.

29 balcón veranda en estas pasarelas que duermen ya pecho tierra bailaban los soldaditos con sus fusiles. salimos con sogas a derribar, tirando dellas a mano limpia. si nos van a matar que tengan el valor de mirarnos a los ojos tantito antes.

30 radio de pilas el gas no se vende, carajo. si el goni quiere plata que venda a su mujer.

31 portón de metal forjado frente a los oxidados vagones descoyuntados sobre el asfalto mirando desde la riel estuvimos parados doña juanita, miguel, el llokallita del frente. todos hemos empujado, hasta levantar con rabia esa barricada de acero y de deseo. sin locomotora, derrotados, eran como el poder que subía del palacio, un olvido ante tanta gente. cerrado el paso a nuestra ciudad de indios la tierra se agitaba conmovida. con el sudor y con la sangre regando esta severa roca comenzamos a retoñar.

32 diario de ayer mi nombre es cristóbal crispín mamani de provincia pacajes. nos felicito: harto hemos sufrido pero se han ido.

33 aire de ciegos iii [celebración, un lunes] helo ahí, como si nada mientras la marcha pasa. toca y toca y toca con su pink’illo alado. junto a él, iluminada por un sol pálido y febril canta elenita, voz de jazmín. nado bajo piedras trazando la veta radical del sentimiento. arriba, abajo ya me cansé de esperar voy descontento. y sé que voy a sufrir no le hace llorando aprendo. cholita lo que me has dado el patrón no me lo quita vuelve a bailar en la plaza y prestame tu boquita.

35 historia derramada cielo de arriba aquí no hay descanso ni movimiento. agua, luz y la nada transparente. la niña sonríe torciendo el alma aquella mujer hurga en su atado hemos venido al cielo muertos y huidos, aquí están todos. “no es cielo” dice marleny “nada de nubes, mamacita”. a otra parte hemos venido no hay dioses ni puertas. en “nada” estamos. aquí todo renace el aire, los sollozos... tendremos que esperar que toque de nuevo nuestro turno (de vivir).

36 muertos de pena en ese camposanto sobre la colina un coro de gaviotas reposa a mediodía. nichos y tumbas dejan escapar suspiros. hinchado y verdeciente, un hombre inmenso revienta su cajón de pino crudo: “a mi casa nomás estaba yendo ¿qué va a decir florentina? no pues, no me entretengan”. las señoras lloran desde sus rincones un hombre mayor pide silencio. “calma”, dice sereno un niño que reposa en la parcela de al lado. “ya para vos, papacito, no es tarde. a bala te han reventado. calma”. pero el hombretón forcejea con la podredumbre y la tierra. habrá de salir de ahí a golpe de llanto y de misterio: de abajo vendrán señoras hombres con palas y picos a rescatarlo de sus urgencias. por ahora muere de pena enterrado y solo en este cementerio. no acepta que más allá en la ciudad de cobre y lava endurecida estén su viuda y sus dos hijos soñando entre gemidos que la estrella de su tiempo gire hacia atrás compadecida.

37 hechizo del poniente un enterrador borracho gordo, inmenso escupe alcohol con acullico sobre la tierra removida. les digo que así nomás no se hace no pues, no han hecho. a cada ataúd cuatro vueltas al lado izquierdo. y un papelito que pide inquietud para el asesino. traelos así de uno en uno yo veré que sus rostros miren al poniente siempre, al sol cayendo. así, lo que le han hecho... va a cambiar su suerte.

38 centinela cuando ya no hay voces ni gritos, sólo oscuridad, una columna de carne, maltrecha y llena de cicatrices se levanta de entre las losas y los mausoleos de piedra basta. la pierna del albañil extraña el cuerpo que ha perdido y se estremece bajo las aguas lunares. tampoco reposará. mira de frente con ojos de sangre.

39 preguntas a warisata ¿qué será la felicidad, etelvina? perdiste una hija ganaste otra del mismo nombre. tu casa sigue siendo la misma. preguntar a eloy sería distinto porque vencimos y hubo justicia. su amor de padre es pan, el tuyo lagua. tú que viste caer fulminada a tu hermosa niña sabes que todo cambió y somos otros. vos dime, ¿valió la pena?

40 carta desde llallagua (para filomena) he visitado en sueños a mi hijo menor. te recuerda. mañana despertará ligero sintiendo tu risa, tu voz. los demás no te olvidan suspiran con tu fotografía. irán todos a corretear en los chacos y los cerros. ninguno entrará al socavón a maltratar sus pulmones. igual mi cuerpo es memoria de tus ojos tersos, damascos, y esa elegante pollera que hemos comprado en oruro. te extraño, pero me conformo desde este nicho de piedra. vos has dejado la luz y la nada para vivir y bailar, allá lejos. no te inquietes, es sueño: no hay hueco en tu cuerpo. y ese disparo traidor no se ha comido tus besos.

41 iré yendo no nos vas a olvidar, susurra el viento. has de venir, ñato, con tu coquita a visitarnos. en villa ingenio unas cuadras más lejos: un clamor de zanahorias y de hortensias. un rumor de zapatillas un río de autos un canto interminable. ahora andá, dicen los nichos viejos y los pétalos sin barrer del cementerio. es domingo en la plaza y están vendiendo cerveza.

42 en la cola del cometa cambió la suerte...

este libro, poemario, ramo de flores, se hizo realidad también gracias a mi familia diversa. hasta diez habitantes de mi corazón me hicieron el favor de leer la primera versión... si alguna vez puedo hacerlo papel, será como con tipos bookman old style y en este tamaño (el papel será amarfilado y suave)... mientras, se hace lo que se puede.

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